¡A por los zoos!
Bueno, voy a meterme esta vez con los zoológicos. Después de haber hecho de "abogado del diablo" de los toros hace unos cuantos artículos, voy a centrarme ahora en la tortura animal socialmente más aceptada que se lleva a cabo en la actualidad: sacar a un animal de su entorno natural y meterlo en una jaula o un recinto enano para que nosotros, los humanos, podamos verlos en vivo y en directo, sin riesgo ni esfuerzo, ni tampoco encanto ni dignidad. Escondido tras una cortina pretendidamente educativa, se encuentra un espectáculo triste que nos recuerda lo cerca que estamos de la crueldad y el egoísmo de los cazadores de King Kong. ¿Ni siquiera nos sirve verter unas lagrimillas viendo a la fabulosa bestia encerrada y condenada a morir entre un montón de asfalto, para plantearnos por qué hacemos nosotros lo mismo? Bueno, dejando de lado las películas, no sólo condenamos a los animales a una vida esclava y antinatural sino que nos condenamos a nosotros mismos a la pérdida de la emoción, del encanto, de la magia de viajar a su entorno y poder verlos allí, en su medio de vida, desarrollando su vida habitual... Por supuesto para ello hay que asumir unos costes, unos riesgos, unas dificultades.., pero éstos son necesarios para disfrutar en todo su esplendor de las bondades que pueden reportarnos. Y si no estamos dispuestos, pues los vemos por la tele, que hay magníficos documentales sobre animales salvajes en su entorno natural hechos con respeto a sus costumbres y sin molestarles. ¿Qué clase de mensaje estamos transmitiendo al llevar a los niños al zoo? Educativo, desde luego, no me parece. Salvo que sea para explicarles lo que significan los zoos y lo que sufren aquellos animales encerrados en aquellas jaulas. Hablaba un día con un amigo que trabaja de profesor en un colegio de primaria, y que se negaba a llevar a los niños al zoo. Él lo hacía por las mismas razones que yo, sin embargo creo que cometía un error. Si no les lleva él, lo hará otra persona, y él perderá la oportunidad de hacer mirar a los niños a aquellos animales con otros ojos, como seres semejantes, capturados, privados de su libertad y no como caprichos puestos allí para entretenernos.
Telebebé (Felicidades, David)
Hola a todos, el otro día estuve escuchando una noticia sobre un nuevo canal vía satélite que se ha estrenado recientemente, y cuya programación está totalmente dedicada a los bebés. "Parece que ya no se salvan ni los recién nacidos" es lo primero que decían algunos padres cuando se les consultaba al respecto. "Estoy absolutamente en contra y es espeluznante que ya desde tan pequeñitos se les acostumbre a ver la tele", decían algunos psicólogos, pedagogos, etc. Los creadores del canal se defendían, simplemente, aludiendo a la opción de la libertad de elección de los padres, pues nadie les obliga a sentar a sus bebés ante la tele. Igualmente, argumentaban que ellos no creen que sea bueno poner al niño sistemáticamente delante de la tele, pero que actualmente la realidad es que muchos padres mientras cocinan, planchan, o hacen lo que tengan que hacer, dejan al niño delante de la tele. Desde este punto de vista, alegan, siempre será mejor que al encender la tele puedan disponer de un canal apropiado para ellos en lugar de tener que ver otros contenidos más agresivos, violentos, inadecuados... Desde luego, a mí me parece una buena argumentación desde la empresa que dirige el canal, pues se basa en la libertad de elección de los padres y justifica su necesidad de existir, basándose en los hábitos ya establecidos de los padres. Yo opino que la tarea de los psicólogos, pedagogos, etc., no es ir en contra de este canal, sino seguir proponiendo iniciativas educativas que muestren a los padres lo que es beneficioso para sus hijos y lo que no lo es (dicho sea de paso, no estaría nada mal un canal o un programa dedicado exclusivamente a esto...) La postura contraria, la de ir contra el canal, a mi juicio sería la derivada de pensar que los padres no están preparados para elegir y que, por tanto, alguien debe hacerlo por ellos. No sé si habría que meter en la cárcel a los padres que dejen a sus bebés todo el día ante el televisor, pero si pueden elegir hacerlo, mejor darles una opción de elegir algo que no sea tan nocivo. Esa es mi opinión.
La educación de adultos
La educación de adultos, si bien puede parecer que debe seguir estrategias diferentes a la educación formal, vemos que en esencia se apoya en los mismos pilares: aprovechar las habilidades y conocimientos previos de los alumnos para desarrollar nuevas capacidades y conceptos.
En el caso de la educación de adultos, este hecho se agudiza al tener éstos unos valores y unas formas de ser y de aprender más asentadas que en otras formas de educación. La clave está en afrontar este bagaje experiencial como una oportunidad, no como una amenaza. Ver esta construcción como una fortaleza, no como una dificultad. Si conseguimos darle la vuelta a la situación y ver nosotros mismos estos puntos de manera positiva, probablemente actuaremos en consecuencia y transmitiremos esa confianza en el reto del aprendizaje a la persona que está aprendiendo, propiciando su motivación hacia el crecimiento y el cambio y consiguiendo unos resultados poco esperables de otra manera. Para poder construir algo, hay que tener claro cuáles son los cimientos de los que partimos y observar cómo poco a poco vamos añadiendo y quitando cosas para llegar a donde queremos. Esta concepción debe tenerla el alumno, y difícilmente podemos ayudarle a adquirirla si nosotros mismos no estamos convencidos de ello.
En el caso de la educación de adultos, este hecho se agudiza al tener éstos unos valores y unas formas de ser y de aprender más asentadas que en otras formas de educación. La clave está en afrontar este bagaje experiencial como una oportunidad, no como una amenaza. Ver esta construcción como una fortaleza, no como una dificultad. Si conseguimos darle la vuelta a la situación y ver nosotros mismos estos puntos de manera positiva, probablemente actuaremos en consecuencia y transmitiremos esa confianza en el reto del aprendizaje a la persona que está aprendiendo, propiciando su motivación hacia el crecimiento y el cambio y consiguiendo unos resultados poco esperables de otra manera. Para poder construir algo, hay que tener claro cuáles son los cimientos de los que partimos y observar cómo poco a poco vamos añadiendo y quitando cosas para llegar a donde queremos. Esta concepción debe tenerla el alumno, y difícilmente podemos ayudarle a adquirirla si nosotros mismos no estamos convencidos de ello.
Los Toros: ¿debate de pedagogía social?
Escribo este tema a raíz de unas conversaciones que tuve el otro día con una amiga de clase a la que respeto mucho y que me aportó su punto de vista al respecto. Mi opinión es, por supuesto, muy discutible y posiblemente polémica. ¿Son las corridas de toros un espectáculo de tortura indigno? ¿Suponen un contenido educativo pernicioso que la pedagogía social debe luchar por eliminar?
El acto del toreo en sí, a mí no me parece un espectáculo indigno, me resulta incluso bonito, quitando las escenas en las que se daña al animal mediante las banderillas los puyazos y la muerte. En cuanto a dichas torturas, voy a distinguir entre las que se realizan durante el toreo y la acción de matar al toro. ¿Por qué esta distinción? Porque siempre que éste se utilice para comer, me resisto a ver su muerte como un acto horrible mientras me voy al restaurante tan feliz a comerme un filete de ternera o lechal (que encima son jóvenes). Si es tan malo matar a los toros, entonces también lo es hacerlo con los otros animales. Diferente es el caso de las personas que piensen así y sean vegetarianas, ellas tienen todo mi respeto y toda mi admiración.
Dejando claro que estoy en contra de cualquier tortura ilegal a la que se pueda someter a los toros antes de salir al ruedo y también contra los banderillazos y los puyazos, mi pregunta es: ¿no sería mejor eliminar estas fases del toreo que eliminar totalmente las corridas de toros? Habría una tercera opción, que sería eliminar también la muerte del toro en el ruedo para matarlo después en el matadero. Quizá ésta sería la opción mejor para el toro, pero yo voy a hacer de abogado del diablo y voy a defender la muerte del toro en la plaza (que no las banderillas ni los puyazos) frente a la desaparición de las corridas de toros.
Los animales que nos comemos cada día: cerdos, vacas, pollos... viven bastante bastante peor que los toros de lidia y no mueren mucho mejor. Intentando ponerme en la piel del animal, que es lo más justo que acierto a hacer, si yo tuviera que elegir entre ser un pollo que está metido toda su vida en una jaula y cuya vida es en sí una tortura para acabar degollado o ser un toro que vive toda la vida en el campo y que acaba muriendo con dolor mientras le clavan una espada, me lo pensaría... Entonces, esto se convierte en un problema ético no basado ya en si se mata o no a los toros, sino en si es digno que el hecho de matarlos mueva dinero y la gente disfrute con ello, ¿verdad? Si yo fuera toro y me quitaran las banderillas y los puyazos, preferiría una vida en el campo y una muerte en la plaza que una vida en la cuadra y una muerte en el matadero. Por tanto yo no abogaría por quitar los toros, sino por quitar las torturas que preceden a la muerte del toro. En cuanto a la educación para la dignidad o para la defensa de los animales, yo invitaría a la gente que come carne a ver cómo se matan los cerdos y cualquier otro animal que se coman. Creo que todos los que carnívoros debemos saber por lo que pasa el animal antes de llegar al plato. Y si seguimos comiendo carne, ser conscientes de eso en lugar de mirar para otro lado... Por otro lado, creo que existen otras formas de tortura animal más aceptadas socialmente pero que encierran una tristeza excepcional. De ellas creo que hablaré en el próximo artículo.
El acto del toreo en sí, a mí no me parece un espectáculo indigno, me resulta incluso bonito, quitando las escenas en las que se daña al animal mediante las banderillas los puyazos y la muerte. En cuanto a dichas torturas, voy a distinguir entre las que se realizan durante el toreo y la acción de matar al toro. ¿Por qué esta distinción? Porque siempre que éste se utilice para comer, me resisto a ver su muerte como un acto horrible mientras me voy al restaurante tan feliz a comerme un filete de ternera o lechal (que encima son jóvenes). Si es tan malo matar a los toros, entonces también lo es hacerlo con los otros animales. Diferente es el caso de las personas que piensen así y sean vegetarianas, ellas tienen todo mi respeto y toda mi admiración.
Dejando claro que estoy en contra de cualquier tortura ilegal a la que se pueda someter a los toros antes de salir al ruedo y también contra los banderillazos y los puyazos, mi pregunta es: ¿no sería mejor eliminar estas fases del toreo que eliminar totalmente las corridas de toros? Habría una tercera opción, que sería eliminar también la muerte del toro en el ruedo para matarlo después en el matadero. Quizá ésta sería la opción mejor para el toro, pero yo voy a hacer de abogado del diablo y voy a defender la muerte del toro en la plaza (que no las banderillas ni los puyazos) frente a la desaparición de las corridas de toros.
Los animales que nos comemos cada día: cerdos, vacas, pollos... viven bastante bastante peor que los toros de lidia y no mueren mucho mejor. Intentando ponerme en la piel del animal, que es lo más justo que acierto a hacer, si yo tuviera que elegir entre ser un pollo que está metido toda su vida en una jaula y cuya vida es en sí una tortura para acabar degollado o ser un toro que vive toda la vida en el campo y que acaba muriendo con dolor mientras le clavan una espada, me lo pensaría... Entonces, esto se convierte en un problema ético no basado ya en si se mata o no a los toros, sino en si es digno que el hecho de matarlos mueva dinero y la gente disfrute con ello, ¿verdad? Si yo fuera toro y me quitaran las banderillas y los puyazos, preferiría una vida en el campo y una muerte en la plaza que una vida en la cuadra y una muerte en el matadero. Por tanto yo no abogaría por quitar los toros, sino por quitar las torturas que preceden a la muerte del toro. En cuanto a la educación para la dignidad o para la defensa de los animales, yo invitaría a la gente que come carne a ver cómo se matan los cerdos y cualquier otro animal que se coman. Creo que todos los que carnívoros debemos saber por lo que pasa el animal antes de llegar al plato. Y si seguimos comiendo carne, ser conscientes de eso en lugar de mirar para otro lado... Por otro lado, creo que existen otras formas de tortura animal más aceptadas socialmente pero que encierran una tristeza excepcional. De ellas creo que hablaré en el próximo artículo.
Pedagogía social y el aburrimiento (y no me refiero al tiempo de clase)
Yo definiría el aburrimiento como el estado en el que estamos cuando no sabemos qué hacer con nuestro cerebro. Creo que la base de estar aburrido es no tener ninguna inquietud mental cuando queremos o necesitamos tenerla, bien por estar realizando una actividad que no requiera pensar, bien por no estar realizando ninguna actividad en absoluto. No estoy totalmente de acuerdo en que el aburrimiento sea la falta de novedad. Yo puedo intentar relajarme, dejar la mente en blanco, simplemente reposar y no pensar en nada y no estar aburrido. El aburrimiento es en sí un pensamiento, una sensación que nos aborda cuando queremos tener alguna actividad que no tenemos, es un anhelo, un deseo de cambio. Por eso muchas veces se reduce únicamente realizando cualquier actividad física, por insignificante que sea, pero que nos ayuda a quitar ese pensamiento de la cabeza, aunque sólo estemos "matando el tiempo" y la actividad en sí no sea nuestro máximo objetivo en la vida. Creo que debe existir esa sensación de disconformidad para poder estar aburrido (al menos según el significado que esta palabra tiene para mí). Si yo estoy sin hacer nada, pero es el estado en el que quiero estar, ya no es un estado de aburrimiento, es un estado de pausa, de descanso. Dicho esto, quería hacer referencia a la gran cantidad de gente a punto de jubilarse que tiene terror al fin del trabajo. ¿Qué van a hacer ahora con su tiempo? Si no lo saben rellenar adecuadamente, puede llevar a una merma de sus condiciones mentales y/o físicas. ¿Cuántas cosas hay por hacer, por conocer en la vida? No creo que exista nadie que no pueda llegar a sentir interés por más cosas de las que sea capaz de abarcar. Tan sólo debe averiguar cuáles son esas cosas, encontrarlas, construirlas... Aquí es donde la pedagogía social tiene algo que decir, ayudando a las personas a buscar esas actividades que les llenen física y mentalmente, cuando ellas solas no sean capaces de hacerlo.





