¡A por los zoos!
Bueno, voy a meterme esta vez con los zoológicos. Después de haber hecho de "abogado del diablo" de los toros hace unos cuantos artículos, voy a centrarme ahora en la tortura animal socialmente más aceptada que se lleva a cabo en la actualidad: sacar a un animal de su entorno natural y meterlo en una jaula o un recinto enano para que nosotros, los humanos, podamos verlos en vivo y en directo, sin riesgo ni esfuerzo, ni tampoco encanto ni dignidad. Escondido tras una cortina pretendidamente educativa, se encuentra un espectáculo triste que nos recuerda lo cerca que estamos de la crueldad y el egoísmo de los cazadores de King Kong. ¿Ni siquiera nos sirve verter unas lagrimillas viendo a la fabulosa bestia encerrada y condenada a morir entre un montón de asfalto, para plantearnos por qué hacemos nosotros lo mismo? Bueno, dejando de lado las películas, no sólo condenamos a los animales a una vida esclava y antinatural sino que nos condenamos a nosotros mismos a la pérdida de la emoción, del encanto, de la magia de viajar a su entorno y poder verlos allí, en su medio de vida, desarrollando su vida habitual... Por supuesto para ello hay que asumir unos costes, unos riesgos, unas dificultades.., pero éstos son necesarios para disfrutar en todo su esplendor de las bondades que pueden reportarnos. Y si no estamos dispuestos, pues los vemos por la tele, que hay magníficos documentales sobre animales salvajes en su entorno natural hechos con respeto a sus costumbres y sin molestarles. ¿Qué clase de mensaje estamos transmitiendo al llevar a los niños al zoo? Educativo, desde luego, no me parece. Salvo que sea para explicarles lo que significan los zoos y lo que sufren aquellos animales encerrados en aquellas jaulas. Hablaba un día con un amigo que trabaja de profesor en un colegio de primaria, y que se negaba a llevar a los niños al zoo. Él lo hacía por las mismas razones que yo, sin embargo creo que cometía un error. Si no les lleva él, lo hará otra persona, y él perderá la oportunidad de hacer mirar a los niños a aquellos animales con otros ojos, como seres semejantes, capturados, privados de su libertad y no como caprichos puestos allí para entretenernos.





