logotipo

img_google
Curso Nuevo, Vida Nueva =)
.. y de repente aparece Él
Acerca de
Mi nombre es Paula, tengo 26 años recién cumpliditos y soy profesora de Lengua y Literatura desde hace un año. Si. Un año. Justo y exacto. Un año hace desde ese día que, entonces no lo sabía, pero cambiaría mi vida. Y no el trabajo, ni el Señor Director, ni el Centro, ni los alumnos... No. Cambió por Él. Alejandro. “Álex” para los amigos, “Jandro” para las amigas...
Sindicación
 
DE SÁBADO EN SÁBADO Y TIRO PORQUE ME TOCA
Al día siguiente me levanté con resaca. Y sólo me tomé dos copas la noche de antes. ¿Cómo era posible? Tal vez porque mi cuerpo ya estaba tan acostumbrado que ya el solito ejercía el mecanismo de resaca cada sábado y domingo. Así que estuve durmiendo hasta las 14:00. Estuvimos, mejor dicho. La llevé después de comer al centro. A tomar café y a hacer unas compras. Le enseñé el resto de la ciudad. La playa, el puerto, monumentos y demás. Más o menos como a mi primo. Y fuimos a cenar al restaurante donde fui con mis compis. Después directas a casa a arreglarnos a la velocidad de la luz. Recibí un mensaje de Tamy: “Contamos con vosotras, no?”. Mi respuesta fue clara y concisa: “Por supuesto. Comprad Cacique para dos más =P”. Todos bebíamos Cacique, perfecto.

Llegamos al paseo, donde se hacía botellón. Había menos gente que cuando fue mi primo. Pero estaba lleno igualmente. Laura estaba fascinada. No estamos acostumbradas a hacer botellón al lado de la playita. Allí estaba él, hablando con Noe. Nos presentaron. Muy maja también. No hablé mucho con ella esa noche. Ni con ella ni con él. Estaban ocupados el uno con el otro. Se les veía bien. Bien no, muy bien. No sabía ni por qué me fijaba. Me lo estaba pasando estupendamente. Riendo mucho con el resto de los chicos y con Tamy.

Nos fuimos a la discoteca. Era la inauguración y estaba a rebosar de gente. Genial, eso era lo que necesitábamos para completar el fin de semana Laurita y yo. Una buena fiesta, y con buena compañía. Laura también se lo estaba pasando bien con ellos. Con ellos, y con Tamy, que la incluyo en “ellos”. Alex y Noe seguían acaramelados, así que no hable casi nada con él. Sin querer los miraba. Y Laura me lo dijo al ir al baño:

- Muy majos tus amigos
- Si, ¿verdad? ¿Te caen bien?
- Si, mucho. Me lo estoy pasando genial. Me caen muy bien todos. Y son muy guapos, ¿eh? ¿De dónde los has sacado?
- Jajaja los compré en eBay. Amigos guapos a domicilio.
- Necesito informarme... Guapos, simpáticos, inteligentes... ¿Gays?
- Que yo sepa ninguno.
- Pues con novia, seguro.
- Bueno, de novia sólo se Alex.
- Si si, ya veo que sabes. No le quitas ojo.
- ¿Que qué? =O No flipes. No estoy yo para líos.

Me puso cara de “no hay quien se lo crea”. Qué bien me conoce esta chiquilla...

Cuando salimos del baño Noe y Tamy se habían ido. Pregunté que por qué siempre se iban tan pronto. Alex me contestó. Me habló por primera vez en toda la noche, aparte del “hola” de llegada. Los domingos trabajaban voluntarias en el hospital, con niños. De animadoras de niños hospitalizados. Algo que siempre he admirado.

Seguimos bailando, y hablando y riendo. Alex me vio sin copa y me preguntó que si quería una. Le dije que sí, pero pensaba que me lo dijo para que fuera a la barra con él y comprarnos cada uno la nuestra. Pero no. Se empeñó en invitarme, me dijo que ya le rechacé una el primer día, que rechazarle dos era muy feo ya... Habladurías suyas. Acepté. Y cuando volvimos, Laura estaba enganchada a Iván. Enganchada de la boca. O de la lengua a la campanilla. No me lo esperaba. Me asusté, pero después me dio por reír. Nando y el Zipi se fueron a buscar chicas, así que nos quedamos toda la noche solos. Mejor dicho, “solos”. Bailando. Qué bien bailaba. Estaba en una nube. Y también hablamos mucho. Los zapatos me hacían daño y fuimos a sentarnos en la barra. Seguimos hablando. Al día siguiente se iba a Granada, ya empezaba el curso. Conversamos sobre muchas cosas. Pero nada serio ni personal. Me gustaba el ir cogiendo confianza poco a poco. Muchos ya hubieran soltado lo de “¿y tu novio?” o “tu novio debe de estar loco, dejar que una chica tan guapa salga sola”. Típicas que muchos me habían soltado. Recuerdo que me dijo que yo era como la oca, que me veía de sábado en sábado. Con el alcohol me hizo mucha gracia. Y también me reprochó el haberle dado antes mi número a Tamy que a él. Y sonreí, y se lo di. Pero se había dejado el móvil en casa, así que pidió un bolígrafo a la camarera y se lo apunto en la palma de la mano.

Como Iván y Laura seguían a lo suyo, fuimos a jugar una partida de dardos. Me lo propuso él, y le advertí que era bastante buena. Él se rió, e intentó buscarme las cosquillas. Que si las mujeres la puntería y la conducción... Y me piqué. Y dije la palabra “apuesta” y él automáticamente respondió con “cena”. Acepté. Y gané una cena. Quien avisa no es traidor. Laura e Iván vinieron, y ya nos fuimos. A por una napolitana de jamón york y queso. Laurita no se podía ir sin probarla. Ya después casi no hablé con él. Fue hablando con Laura y yo con Iván. A Laura le encantó la napolitana, cosa que ya sabía. Nos despedimos. Dos besos, dos besos. Cuando ya nos íbamos, Alex me llamó. Se le había borrado mi número de la mano. Me apunté yo su número, y me dijo tres veces “envíame ahora un mensaje para tener yo también el tuyo”. Ese interés a Laura le sirvió para chincharme de vuelta a casa.

Laura se fue a la mañana siguiente. Se lo pasó muy bien. Prometió volver pronto. Volvíamos a estar como antes. Y yo era un poquito más feliz. Laura siempre había sido una imprescindible en mi vida. Y lo sigue siendo.
 
DÍA 'R'
Y llegó el viernes. El tan esperado día. El día R, como después lo bautizaría Laura. “R” de Reencuentro. Tenía ganas de verla. La echaba mucho de menos. Nos vendría muy bien pasar unos días juntas. Ese salía de trabajar a las dos y media, y tenía un mensaje suyo: “Ya estoy aquí. Qué ciudad más fea. Me he perdido tres veces, y eso que no andaba buscando nada xD llámame cuando salgas. Tq”. La llamé y quedamos en un sitio que no tenía pérdida. Y allí estaba ella. Con su pelo recogido y grandes gafas, apoyada en su New Beetle amarillo–pollo que cegaba a cualquiera. Una sonrisa grandísima me salió de repente. Y a ella otra al verme llegar con el coche. No nos dijimos nada. Me abrazó y empecé a llorar. Y Laura es de llanto contagioso. Sea una persona cercana o conocida, o alguien de la calle. Recuerdo una vez que estábamos en un parque, y en el banco de enfrente una chica estaba dejando a un chico. Y el chico lloraba mucho, y le pedía que no se fuera. Y la chica también lloraba pero sin mirarlo. Y escuché un “pobrecito” con voz temblorosa. Si, era Laura. Me la llevé, antes de que empezara a llorar a moco tendido delante de ellos.

Subimos las cosas a mi casa. Le encantó. Me trajo un montaje con fotos de las dos, enmarcado. Para decorar el piso. Me hizo mucha ilusión. Esa tarde estuvimos hablando, poniéndonos al día. Hacía mucho que no conversábamos. Lloramos mucho, pero reímos aun más. La echaba de menos. Estábamos cansadas las dos, así que esa noche la fiesta quedaba descartada. Una vuelta por la ciudad si. Y una copa, antes de dormir. Al estilo del Cola-Cao que me daba mi madre de pequeña.

Después del paseo, fuimos al pub de siempre. Le gustó mucho. Sabía que le gustaría. Eran las 2 ya, quizás podría ver a Alex, aunque fuera de pasada. Pero llegaron todos y él no estaba. Ni él ni Noe, su novia. El Zipi me reconoció, y se acercó a saludarme. Le presenté a Laura. Y ya saludé a los demás. Presentaciones varias. Se quedaron donde nosotras. Conocí a la otra chica que siempre va con ellos, Tamy. La mejor amiga por excelencia de Alex. Me dijo que me había visto varias veces aunque nunca hubiésemos hablado. Que me conocía de vista. Mientras Iván intentaba ligar con Laura, estuve hablando con ella. Me preguntó por mí. Le dije que trabajaba de profesora. También le daba clase a su hermano, otro Alejandro, amigo de Paola. El lunes me fijaría. Me cayó muy bien, hablamos bastante.

Se hizo tarde y ya nos íbamos para casa. Cuando salíamos Tamy salió detrás de nosotras, y me preguntó que qué haríamos la noche siguiente. Abrían una nueva discoteca, todo el mundo iba a ir. Intentó explicarme cómo llegar, pero no conocía del todo la ciudad. Quedamos antes, para hacer botellón con ellos, y después ir juntos a la discoteca. Me dio su número, por si había cambios de planes. Perfecto. Me alegré mucho. Sabía que no significaba nada, pero bueno. Quizás algún día llegaríamos a ser buenas amigas...
 
VOLVIENDO A SONREIR
A parte de lo de Laura, esa semana fue normalita. Tuve una pequeña conversación con Paola y sus amigas. Eran muy majas. Me dijeron que a todos los chicos del instituto yo les parecía guapa. Y que uno de la clase había soñado conmigo. Me dio por reír. Les dije que mejor no me explicaran el sueño. Con lo salidos que van a esa edad... Bueno, a esa edad y siempre. Esa semana estuve algo liada preparando el programa de 4º de ESO. No tuve casi tiempo ni de aburrirme. El jueves por la noche fui a cenar con mis compañeras. Y compañero. Me lo pasé muy bien. Hablamos de todo. Cada uno me fue contando más o menos su vida.

Raquel, 31 años, con novio desde hacía diez y conviviendo por tercer año ya. Alérgica al matrimonio, y su madre no lo llevaba bien. Así que lo de tener hijos mejor ni se lo planteaban. María, 29 años. Con novio desde los catorce años. Una pena, la verdad. Me asombré muchísimo. Y su novio en Jaén, trabajando también de profesor. Esperando a poder coincidir más o menos cerca para vivir juntos. Cris, 28 años, soltera, y entera. Dejó a su novio dos años antes. No estaba preparada para el compromiso. Y Nacho, 29 años, soltero y buscando novia. Tuvo novia hasta los 24, y después nada importante. Muy majo el chico. Pero la mejor, la estrella de la noche. Paula, 25 años, soltera. Dejó a su novio un mes antes porque lo pilló en la cama con su amiga. Llevaban cinco años y en dos semanas se iban a ir a vivir juntos... No, no lo conté. Pero hubiese sido gracioso ver sus caras, ¿verdad? No quería dar pena. Además de que los acababa de conocer. Resumí. Tenía novio pero lo deje el mes pasado antes de venirme porque la cosa estaba muy mal. Punto. A coro: “Ay pobre”. Si supieran...

Después de eso a un karaoke. ¿Por qué no? Nada mejor que hacer el ridículo públicamente para perder la vergüenza y coger confianza con tus recién estrenados compañeros de trabajo. Dentro de lo que cabe, fui la que mejor cantó. Estuvo muy bien la noche. La repetiríamos. Intercambiamos números de teléfono. Y Nacho me envió un mensaje al llegar a casa: “Lo he pasado genial esta noche. Gracias. Nos vemos mañana”. Pensé que nos lo había enviado a todas, pero al día siguiente comprobé que no. Y las demás empezaron con las bromitas típicas. Pero no. Y menos del trabajo. No podía ser.




PD: A petición de Chiripitiflautica, haré un avance de capítulos. Aunque en realidad no sé a qué se refiere con avance... Si a un "en el próximo capítulo" o a un resumen del sigiente mes...
Creo que aún faltan un par de post para que vuelva a aparecer Alex, no teníamos mucha relación en ese momento. Pero pronto cambia la cosa =)
Bueno, os dejo con un pequeño resumen-adelanto del próximo encuentro:
Alex - Paula - Solos - Discoteca - Intercambio de números - Cena pendiente
Ya puse esto en un comentario ayer, pero aquí lo leereis mejor.
Advierto: nada es lo que parece! ;)
 
WELCOME BACK TO MY LIFE
El domingo por la mañana se fue mi primo. De nuevo estaba sola en casa. Me sirvió de mucho el haber pasado unos días con él. Desconecté completamente. No me acordé de nada lo relacionado con el trabajo, ni de nada relacionado con Sevilla. Sólo cuando hablamos del tema. Lloramos, reímos, hablamos, jugamos, bebimos, bailamos, discutimos (como siempre, es como mi hermano y como buenos hermanos siempre discutimos) comimos, hablamos y lloramos. De todo. Fue un fin de semana terapéutico. Lo que necesitaba para empezar la semana con buen pie.

Y el lunes por la mañana fue bien. Empecé a congeniar con más compañeros. Para ser más exactos, con dos compañeras, aparte de Raquel, que fue la que me metió en el grupo. Ellas eran María y Cris, y con un compañero, Nacho. Quedamos para ir a cenar ese jueves a un restaurante al parecer muy conocido que me querían enseñar. Todo iba bien. Hasta que salí de una clase. Tenía el móvil en silencio en el bolso, y al llegar a la sala de profesores y mirarlo, tenía tres llamadas perdidas. Y era un número desconocido. Desconocido pero me sonaba demasiado. Creía saber de quien era, pero quería asegurarme. Envié un mensaje a mi primo, para que comprobara si tenía ese número. Al cambiar de móvil perdí toda la agenda. Podría haberla conservado, pero tampoco tenía interés. Quería empezar de cero. Como mi primo y yo teníamos el mismo grupo de amigos, le consulté. Mi primo me contestó a los diez minutos. Si, creía bien. Era de Laura. Mi mejor amiga. Bueno, la que había sido durante tantos años mi mejor amiga. Llamé a mi madre, y le pregunté. Efectivamente, Laura llamó a mi casa para preguntar por mí y estuvo hablando con mi madre. Contándole la situación. Al parecer Laura se enteró una semana antes que yo. Y estaba pensando en cómo solucionarlo justo cuando yo me enteré. Qué casualidad. Y mi madre diciéndome que no dejé explicarse a la pobre, y que parecía preocupada y le dio mi número.

Me pasé la mañana dándole vueltas. No iba a llamarla. Si de verdad le interesaba lo volvería a intentar. Y así fue. A la hora de comer, hora que todo el mundo está localizable. Chica lista. El corazón me latía deprisa, y el pulso me temblaba. Agarré el móvil con intención de cogerlo pero justo colgó. Solté el móvil, y aun no me había dado tiempo a pensar si era lo mejor hablar con ella o no, cuando volvía a llamarme. Se lo cogí.

Fue una conversación un tanto extraña. Me explicó todo. Se enteró cinco días antes que yo. Y que estaba mediando las cosas con Ana y Raúl para que dejaran lo que tenían y Raúl me lo explicara, o me lo diría ella. Pero los pillé. Y no hablé con ella. Hablé con todas a la vez y les dije de todo lo malo que está escrito y aun por escribir. Y desaparecí.

Que no sabía cómo contactar conmigo. Que me echaba de menos. Estaba muy preocupada por mí. Quería ayudarme. Lo sentía mucho. Lloró, y lloré. Me derrumbé por completo. Y la perdoné. Después de eso me preguntó por cómo me iba aquí, y me dijo que si podía venir a verme, que necesitaba verme. Y así le enseñaba la ciudad y el piso. Acepté. Me vendría bien. Pasar un fin de semana con ella y solucionarlo todo. Necesitaba una amiga, y ella nunca me había fallado. Excepto esta vez. Y, aclaradas las cosas, no se portó tan mal.
Quedamos en que ese viernes vendría. Que no diría nada a nadie. Ni que tenía mi número, ni que habíamos hablado, ni que vendría a visitarme. Nos despedimos, como siempre. “- Te quiero golfa” “- Yo también”.
 
LUNES...
Hoy no ha sido un buen día, y no me apetece seguir recordando y escribiendo, creo que me afectaría demasiado. Por eso aprovecho para hacer una cosa que llevo días pensando hacer. Necesito aclarar algo.

Los que estéis leyendo esto (de paso os lo agradezco: ¡GRACIAS!) quizás pensaréis que cómo una chica que había descubierto un mes antes que su novio la había estado engañando, podía estar ilusionándose por un niño de veinte años guaperas con novia que casi no conocía. No es así. Releyendo mi blog he pensado que quizás diera esa impresión. Pero no. De esto ha pasado un año, y ya tengo superado lo de Raúl. Probablemente si el blog lo hubiera escrito el año pasado, la mayor parte del contenido hubiese sido: “¿Pero por qué? Si estábamos bien. Nos queríamos. Íbamos a vivir juntos. Estaba ilusionado. No me merezco esto”. Y os contaría que me pasé un mes a base de pastillas para el dolor de cabeza y la fiebre de tanto llorar. Añadiendo los tranquilizantes e infusiones para dormir. Pero lo omito, porque visto ahora me parece absurdo. O que ya teníamos nombres para nuestros hijos. Sería un blog patético.

También en este año han pasado incontables cosas con Alex. Cosas que hacen que ahora, al recordar mi historia, lo ponga de chico perfecto de primeras. O que parezca que desde el principio yo sabía que pasaría algo con él. Para nada. Estaba muy confusa. Pensaba en él sin querer, y me agobiaba, y me asustaba. ¿Por qué pensaba en un desconocido después de lo que me había pasado? No podría volver a confiar. Y menos de un canalla como Alex. Pero no sabía que hacía pensando en eso. ¿Yo con Alex? Baja de las nubes Paula, tiene novia. Y es un crío...

Y así me pasaba las horas. Hablando con mí misma y peleándome con mi niña interior. Sí, queda demostrado que esas conversaciones te dejan aun peor. Alex me parecía atractivo, y guapo. Y que estaba bueno. Pero nada más. Me gustaba verlo. Pero sólo eso. Quería quitarle importancia.

Bien, dicho esto, creo que puedo seguir con mi historia tranquilamente =)
 
CONOCIÉNDONOS UN POCO
Pusieron house y mi primo ya se animó a bailar. Antes fue al baño, y yo a la barra a pedir. Cuando, de repente, veo a Alex a mi derecha, apoyado en la barra sonriendo. Mirándome hasta que lo miré. Y me saludó sin mirarme. Le devolví el saludo, sin mirarlo, está claro. Y estuvimos hablando. Que desde cuándo llevaba ahí, que no me había visto. Le expliqué que es que había estado sentada en una mesa. Y justo llegó mi primo, y dijo “¿Algún problema?” y Alex se quedo algo parado. Se lo vi en la cara. Y los presenté. Cuando dije ‘primo’ le cambió de nuevo la expresión. Se le notó, y tiempo después me lo reconoció. Él nos presentó a sus amigos. Y nos pusimos a bailar cerca de donde estaban ellos. No quería creérmelo, pero me miraba. Disimuladamente. Pero lo hacía. Hasta mi primo se dio cuenta. Pedimos una ronda de chupitos y, al brindar, Alex dijo “por la nueva profe de mi hermana y su primo”. Y por eso brindamos. Por mí y por mi primo. Me lo estaba pasando genial. Aunque casi sin hablar con él.

Mi primo y yo fuimos a sentarnos en una mesa, y dos de sus amigos vinieron con nosotros. Nando y Alex, alias ‘El Zipi’ (Jandro es el Zape, al parecer le pusieron el mote de pequeños por buenos). El Zipi quería sacarse las oposiciones de Guardia Civil o Bombero, por lo que estuvo un buen rato hablando con mi primo, que ya ejercía. Nando estaba demasiado bebido, casi no sostenía la cabeza firme. Yo seguía la conversación de mi primo y el Zipi cuando llegaron Alex y su otro amigo, Iván. Iván se quedó al lado de Nando intentando mantenerlo despierto. Y Alex se sentó a mi lado. Y, curiosamente, me puse nerviosa. Empezamos a hablar. Y mientras hablamos yo sólo pensaba “¿Por qué te pones nerviosa? Cálmate, cálmate”. No quería que me lo notara. Me sentía muy cómoda charlando con él, por lo que se me pasó.

Hablamos de todo. Hora y media hablando sin parar. Iván se llevó a Nando a casa. Y mi primo y el Zipi seguían hablando de lo suyo. Hablamos de mí, de dónde era, dónde vivía ahora, cómo me había ido la primera semana de clase... Hablamos de él, lo que estudiaba, cómo le iba (cosa que ya sabía). Después hablamos de hobbies y demás. Deportes, música, cine, lectura, Internet. Lo típico. Coincidíamos más o menos en gustos musicales. A raíz de eso salió lo del surf, y de la vez aquella que nos vimos. Me reprochó que no lo saludara. Lo normal. Pero había buen rollo. Eran las 6 y nos echaban del local. Se me pasó la noche volando.

Salimos juntos del pub, y ya nos despedíamos cuando nos dijeron que era tradición desayunar. Yo me quedé un poco loca, a las 6 de la mañana no había nada abierto. Pero nos llevaron a una panadería con la que tenían bastante confianza, que no estaba abierta, pero tocaban por la puerta de atrás y nos atendían. Me aconsejó la napolitana de jamón york y queso. Buenísima. Después de eso me sentía más integrada en la ciudad. Volvimos al aparcamiento y mi primo le pidió que le enseñara el coche por dentro. Estaba dudando comprarse el A3 y el Golf GTI. Pero le convenció, y se decantó por el A3.

Nos despedimos, dos besos a cada uno. Buenas noches, nos vemos. Adiós.

Me lo pasé en grande esa noche, y hablé mucho con él. Era muy inteligente y divertido. Hablador también, y bromista. A primera vista aparentaba otra cosa. Después de hablar con él me parecía más guapo aún. Seguía pensando que era un canalla. Tenía toda la pinta. Pero no era nada creído. Si muy simpático, y algo payasete. Me sentía algo rara por la sensación de no saber si volvería a verlo, ni cuándo.
 
CONVERSANDO CON MI NIÑA INTERIOR
Empezaba a ilusionarme. No me lo acababa de creer. Pensaría que después de lo de Raúl y Ana me hundiría. Y casi. Pero no. Me iba todo tan bien en mi nueva vida que casi ni pensaba en ellos. Sólo quería olvidar. Olvidar no, es muy difícil. Quería recordar sin que me doliera.

Y llegó el fin de semana. Tenía ganas de ver a mi primo. Y de pasar tiempo con alguien de confianza. Sé que se me pasaría rapidísimo. Pero menos era nada. El viernes por la noche llegó algo cansado, por lo que estuvimos hablando y viendo la tele y nos fuimos a dormir. El sábado por la mañana lo llevé a desayunar a una cafetería que hacen unos churros que quitan el sentido. Le estuve enseñando la ciudad, monumentos, sitios de interés, y después dimos una vuelta por el centro e hicimos unas compras. Fuimos a almorzar al puerto, y acto seguido a la playita. Hacía mal tiempo. Bastante viento y muchas olas. Había gente haciendo surf, y a mí que me encanta ese deporte (aunque no lo practico, por miedo) estuve entretenida. La playa es preciosa, y fuimos a dar un paseo por la orilla. Sorpresa la mía cuando nos cruzamos con uno de los surfistas. De lejos me pareció muy atractivo, por el pelo, el cuerpo y la forma de andar. Adivináis quien era, ¿verdad? Si, el mismo. Alex. Me miró, le miré. Miró a mi primo, agachó la mirada y pasó de largo. Y me sentí mal. ¿Por qué? Pues no sé. Porque soy tonta. Tuve una conversación interior conmigo misma que aun recuerdo:

- “Seguro que se habrá pensado que mi primo es mi novio”
- “¿Y? Él también tiene novia. Ni se acordará de ti.”
- “Me ha mirado. Quizás si hubiese ido sola me hubiera saludado”
- “No flipes”
- “Si, es verdad. Parece que tengo 16 años. Soy tonta”

La conclusión era la misma: soy tonta. Y un año después aun no ha cambiado. Estuve dándole vueltas a lo mismo toda la tarde. Inconscientemente pensaba en él. Iba recopilando los datos que tenía sobre él. Y, en ese momento no quería aceptarlo, pero pensaba en ir al mismo pub del sábado anterior por si me encontraba con él.

Por fin sábado noche. La semana de antes la camarera me informó dónde se hacía el botellón y los locales que después se llenaban más. Así que llevé a mi primo de botellón. Había muchísima gente. Con los coches con diferentes músicas. Mi primo estaba encantado. Encima justo al lado de la playa. Estaba genial.

Nos dieron publicidad de varios locales, pero yo ya sabía a cual iríamos. Tenía ganas de encontrármelo. Sabía que no hablaríamos, pero aunque fuera verlo e intercambiar alguna mirada. No sabía por qué, me sentía tonta. Tenía novia. Y se les veía bien. O por lo menos hacían buena pareja. Pero yo seguía pensando y pensando... No sabía qué me pasaba, e intentaba quitarle importancia. Así me pasaba gran parte del tiempo. Y entonces pasó el. En un Audi A3. Él no me vio. Iba con la novia al lado y amigos detrás. Y su otra amiga lo seguía en un Mini, con más gente. Definitivamente, eran gente bien.

Nos fuimos al pub y al irnos los vi que seguían allí bebiendo. Pero no tardaron mucho en llegar. Iba guapísimo. Aun me acuerdo de la ropa que llevaba: tejanos denim caiditos, camisa blanca con listas naranjas de manga larga, remangada y por fuera. Y un calzado mezcla entre zapatos y zapatillas marrones. No me gustan los pijos. Los pijos "señoritos andaluces" como se les conoce por aquí. Pero él no era el típico pijo - señorito. Vestía bien. Tenía el pelito largo pero no el flequillazo que suelen llevar. Lo llevaba así hacia delante y un poquito hacia al lado. Un look surfero - pijo. Me encantaba. Y cuanto más bebía, más me gustaba.

El pub estaba abarrotado, y yo estaba sentada en una mesa y ellos bailando, así que no me vio. Encima bailaba de miedo. Ya lo que faltaba. Estaba hablando con mi primo y sin querer (evitarlo) mirándolo. A las 4 salieron él, su novia y la otra chica que iba siempre con ellos. Pensaba que se iría. Sus amigos si se quedaron.
 
PRESENTACIONES FORMALES
Estaba muy nerviosa. No sabía ni que ropa ponerme. Que si esto es muy informal, que si esto es muy serio... Era mi primer día. Desayuné bien, tomé aire y salí de casa. Llegué media hora antes, para ir conociendo aquello. Daría clases a varios grupos 4º de ESO y 1º de Bachillerato. Y era tutora del grupo “C” de 4º d ESO. Recogí horarios, lista de alumnos, todo. Bajé al patio cuando aun quedaban diez minutos para empezar las clases. Y el director estaba allí. Vino a saludarme. Era la única profesora nueva, y se quería interesar por mí. Entonces llegó por su espalda un chico. Le tocó el hombro y el director, al darse la vuelta, hizo un gran gesto de alegría. Le dio un abrazo, y le vi la cara al chico. Era Él. Y me reconoció. Hice el amago de irme, pero el director, D. Antonio, me agarró y me dijo que le disculpara, que es que era un antiguo alumno, uno de los mejores estudiantes y personas que habían pasado por su centro. Algo vago. Muchos halagos. Y el chico sólo sonreía mientras me miraba de vez en cuando pero esquivándome. Y nos presentó. Alejandro, Paula; Paula, Alejandro. “Es la nueva profesora”, le dijo, “y le da clases a tu hermana”. Entonces me sostuvo la mirada. Sonrío y me dijo que era buena alumna. Sonreí también. No sabía qué decir, ni qué hacer, ni cómo actuar. Era lo más extraño que me había pasado. La primera impresión que tuve de él era de un canalla. Esta vez cambió. Si. Canalla, guaperas, creído, pero buen estudiante y sabía cómo dar la impresión de ser buenecito a sus superiores. Seguro que copiaba. D. Antonio había mencionado que era algo vago. Peor que peor. Siguieron hablando, pero llegó una compañera y comencé a hablar con ella. Pero no nos alejamos de ellos. Escuché cómo seguían hablando. Estudiaba fisioterapia en Granada, era el tercero de su promoción y ese año terminaba. Es decir, tenía 20 años, para 21. Alejandro...

Esa semana se me pasó muy rápido. Se me daba bien eso de dar clases, y caí bien a los alumnos. Jugaba con la ventaja de ser la profesora más joven, y eso al parecer gustó a mis alumnos y alumnas. Me llevaba muy bien con una compañera. Me llevaba bien con todos, pero en especial con ella. Se llama Raquel, tiene 31 años e impartía Biología. Hicimos buenas migas. Y me puso al día en cosas importantes del colegio, tales como líos, infidelidades, despidos, bajas, depresiones... Lo típico de los institutos.

Y en las clases mejor que bien. Nada más entrar en clase el primer día supe quien era la hermana de Alex. Tenía su sonrisa. Era igual de guapa. Paola. No estaba segura, porque también había otra chica muy guapa que se daba cierto aire a Alex. Pero el segundo día de clase les mandé unas oraciones para analizar. Lo típico de sujeto, predicado, objeto directo y complemento circunstancial. Y fui sacando a algunos alumnos a la pizarra. A Paola le tocó una frase que decía algo de “mi hermano”. No la recuerdo bien. ‘Mi madre ordenó a mi hermano recoger la habitación desordenada”. O algo así. Entonces, al escribir la frase, una chica amiga suya dijo “Ay tu hermano, que me recoja a mí también”. Y hubo carcajada general. Hasta de Paola, que le contestó: “Ya quisieras tú”. Deduje que era él. No era yo la única a la que le parecía guapo.
 
ASÍ ENTRÓ EN MI VIDA
El sábado por la mañana me llamó mi primo. Mi primo Alberto y mejor amigo. Está trabajando lejos y no se había enterado. No lo llamé. No llamé a nadie, no quería dar pena. Mi madre le dio mi nuevo número. Hablar con él me animó bastante. Me dijo que la semana siguiente vendría a hacerme una visita, tan bien que le hablaba de mi piso y la ciudad. Y me animó a salir esa noche. A conocer los pubs y demás y enseñárselos la semana siguiente. Fue tan fortalecedora y optimista nuestra conversación que me animé. Y después de esa tarde de playa salí. A conocer la ciudad de noche, y a ver el ambiente.

Entré en el primer pub y me salí sin pedir copa. No era mi tipo de ambiente. No acerté a la primera. Pero el segundo pub si. Era muy bonito, y con buena música. Su zona de baile, su zona de barra y su zona de mesas y sofás. Me quedé en la barra. Era temprano, las 11, y a esa hora la juventud está de botellón, por lo que no había mucha gente. En la barra una pareja, y en una mesa un grupo de amigos. Y yo. La camarera se me acercó y estuvimos hablando. Muy maja la chica. Me estuvo preguntando si era nueva, y explicándome más o menos por dónde se mueve la gente joven. Ese pub estaba de moda, tuve suerte.

A las 12 empezó a llenarse. Y yo a sentirme algo incómoda. Nunca había estado de fiesta sola. Así que pensé “la última y me voy”. Empecé a mirar a mi alrededor, a ver la gente. Nadie pasaba de los 22, aunque yo tampoco es que aparente mi edad, ni tenga buen ojo para adivinar años. Cuando estaba absorta mirando decoración y gente, entró un grupo de gente. Cuatro chicos y tres chicas. Bastante pijines todos. Las chicas muy monas y los chicos también. Pero me llamó la atención uno. Me llamó la atención su sonrisa. Y me cazó mirándolo. Se acercó a la barra, se puso a mi lado, y yo en ese momento estaba rezando para que la tierra me tragara. Pero llamó a la camarera, le dio dos besos bastante efusivos, por lo que deduje que se conocían, y pidió ronda para él y los amigos. Pagó todo él. Se veían gente de dinero. Quizás no fueran ni de allí. Cuando fue a pagar dijo “Cóbrate también lo de esta chica”. Pero me negué. Además que ya estaba pagado. Le di las gracias, y me sonrío, y me quedé embobada. Ya no era sólo su sonrisa, también era su mirada. Pero no me gustaban ese tipo de chicos. Guaperas, creído mujeriego que iba invitando a copas a chicas solas. Tenía pinta de ser un canalla de cuidado. No gracias. Pero, por otra parte... Cara de niño bueno, con sonrisa preciosa y mirada picarona. Y todos le adoraban. La que más, su novia. Una chica guapísima de su grupo de amigos acorde con él. Muy maja también, al acercarse a la barra me saludó sonriendo. Muchas por el simple hecho de estar hablando con su novio me hubiesen mirado mal. Me fui a casa, sin querer darle más importancia. Seguramente no lo vería nunca más...
 
CURSO NUEVO, VIDA NUEVA
No aguantaba más en Sevilla. Aunque es una ciudad, a veces funciona como los pueblos. En mi barrio todos se habían enterado de lo ocurrido y era el tema de conversación. El punto donde todos los dedos señalaban. La destinataria de miles de millones de “Oh, pobrecita, con su amiga”, “Qué pena, con lo bien que se les veía”,
, “Qué mal debe de estar, se iban a ir a vivir juntos” y muchas más frases de ese estilo. Bueno, quizás exagero. Miles de millones no. Pero si muchos. Incluso escuché que YO estaba embarazada y que iba a abortar. Esa fue la gota que colmó el vaso. Así que me fui. Empezaba las clases el día 18, y yo el día 6 ya estaba instalada en mi piso. De alquiler. Pero bastante bonito. Reformado, amplio, luminoso, en una zona residencial. Algo que me salía bien. La ciudad era bonita. Me esperaba un pueblucho, pero no. Era la segunda ciudad más importante de la provincia, después de la capital. Y, como ciudad que es, tiene de todo. Desde puerto, circunvalación y mucho tráfico; hasta McDonald’s y playa; pasando por Centro Comercial, tiendas de ropa y bastantes pubs y discotecas donde salir.

Mis vecinos eran todos personas mayores y algún que otro matrimonio joven con hijos. No esperaba encontrarme con jóvenes, no era ciudad universitaria. Pero, no sé. No me acababa de agradar la idea de vivir pared con pared con una mujer de 70 años, que a la mínima estarían dando golpes en la pared. Bueno, no tenía amigas, así que fiestas seguro que no iba a hacer.

Esos días antes de clase me dediqué a decorar el piso. A comprar mobiliario y cosas que faltaban. A pasear por la ciudad y conocerla. No había recibido ninguna llamada de Raúl ni de mis amigas, pero si muchos mensajes de gente que se había enterado. Mensajes tipo pésame. “Lo siento mucho”, “Espero que puedas recuperarte”. Gracias por tus ánimos. Así seguro que sí. Y me cansé. Cambié de número de móvil y se lo di sólo a mis padres y mi hermano, y prohibí que se lo dieran a nadie. Tampoco me atrevía a entrar al messenger. Pero en realidad así estaba mejor dentro de lo bien que podía estar, desconectada y aislada de todo.

Siempre he sido una chica bastante callejera. Fiestas, tapas, cafés, playa... Nada hogareña. Pero había cambiado todo, tanto, que empezaba a gustarme la vida en casa. Un dvd y unas palomitas me hacían feliz. Junto a mi inseparable Kira, mi yorkshire, que aún no la había bautizado.

A finales de esa semana fui al instituto. No estaba nada mal. Era amplio, con buenas instalaciones, un jardín central, pistas deportivas, gimnasio, salón de actos inmenso... Y los pocos compañeros que conocí me cayeron bien. Estaba bastante ilusionada, y tenía ganas de que llegara el lunes y empezar las clases. Empezaba a aburrirme ya de la vida doméstica...
 
EMPEZAMOS
Hola a todos. Estoy nerviosa, no sé cómo empezar. Nunca pensé que escribiría un blog. Y en realidad supongo que sigo sin saber por qué lo hago. Imagino que necesito ser escuchada. O leída. O simplemente necesito ser entendida. Para ello os contaré mi historia desde el principio de los tiempos. Es decir, cuando Él entró en mi vida.

Bien. Retrocedamos un año...

Corría el verano de 2006. Yo era feliz, creía que lo tenía todo. Una familia muy unida. Un grupo de amigas inseparables desde el instituto, que nunca me fallarían ni me dejarían sola. Un recién conseguido puesto de trabajo fijo en un colegio – instituto privado. Y lo más importante: un novio perfecto, que me quería, que lo quería, que llevábamos 5 años casi y que vendría a vivir conmigo al empezar el curso. Ah, si... y un coche nuevo, regalo de mis padres por terminar la carrera y encontrar trabajo. Lo único malo era que soy de Sevilla y el trabajo era en la costa de Granada, pero con mi novio (Raúl) a mi lado, todo sería más fácil.

En fin... Mi visión de la vida de color de rosa. El día 31 de Agosto cambió todo. De lo enumerado anteriormente sólo me quedaba la familia unida y el puesto de trabajo. Ah, sí... y el coche. La explicación es rápida y sencilla. Indolora no. Éramos un grupo de 8 amigas, inseparables, como ya he dicho. Super-amigas. De las de juntas hasta la muerte. Mi novio estaba liado con una desde diez meses atrás, todas lo sabían menos yo, y yo me enteré porque los pillé en su casa. Imaginaos el resto... Llantos, voces, peleas, llantos, peleas, confesiones, voces, tilas... Y ya os haréis una idea sobre mi situación. Me iba a 300km sola, a una ciudad que no conocía a nadie, a un trabajo que no sabía cómo se me daría... Miento, sola no, con la compañía de mi nueva perrita: una yorkshire terrier preciosa que me regaló mi hermano. Menos era nada.