UNA HACHE INTERCALADA

No eres más que un desajuste hormonal.
2 llamadas perdidas, 25 o 30 mensajes de texto
tres "Post-it "de despedida
un par de recopilatorios grabados en un cd "Verbatim"
No eres más que un desajuste hormonal.
Dos días de taquicardias sin café,
Tres noches de mordiscos,
una tarde de carcoma pulmonar
Un autobús con su santa espera,
Un llanto alelado en el aseo de la oficina
una mañana de rostro lívido, sin poder pensar.
Lo repito hasta sabérmelo
Lo mastico hasta creérmelo
No eres más que un desajuste hormonal
Una poquita de Bio de Danone

Ando un poco descolocado con esto del curro de turronero cultureta. Nos fuimos de Baeza con sobredosis de arquitectura del XVI y nos han metido unas pocas semanas en la Rábida, en medio de una nada de pinares. Es como vivir en un poblado del Oeste con vistas a la ría de Huelva (lo más parecido a Springfield de todo el skyline español). Es como vivir en Gran Hermano: un montón de gente viéndonos las caras días y días, aunque al menos en Big Brother tienen piscina y Jacuzzi, aquí no tenemos ni una triste manguera.
Vale, es verdad que tenemos la playa cerca, pero como no tengo carné de poco me sirve. Eso sí, todo tiene su recompensa, la semana pasada estuve entrevistando a los actores de “Los cómicos de carro” una gente que lleva más de 15 años llevando entremeses por los pueblos, tal y como hacían los cómicos de la legua y me va a salir un reportaje chulísimo.
Despierta el Alfredo Landa que hay en ti

No nos engañemos, Málaga puede ser muchas cosas menos bella. Ciudad desestructurada, con una densidad de población que poco o nada tiene que envidiar a las grandes capitales de países del tercer mundo y que ha sufrido dos de los mayores males urbanísticos del Siglo XX: los bombardeos durante la Guerra Civil y la especulación inmobiliaria más feroz de toda España.
...Y no sé por qué, pero siento que mi destino está unido a esta ciudad. Cada vez que creo que me he separado de ella, un zarpazo de fiera me lleva repentinamente a la madriguera del monstruo de la calle Larios. Antes me cabreaba y me revolvía, llamando a gritos a mamá Alameda (de Hércules). Ahora, no. Ahora me relajo y consigo disfrutar a ratos mirando a ese horizonte de ladrillo y mediterráneo. Paseo por la Malagueta y veo a los merdellones con un interés antropológico ¿Será tal vez que el amor de mi vida está escondido en ese mar de hormiguitas ácratas y uniformadas?
Me veo como el señor Landa por Torremolinos, luciendo vellos pectorales ante manadas de suecas y gritando eslóganes del Ministerio de Turismo en perfecto spanglish.





