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un extintor bajo el agua
Me aburre tanto mi vida que estoy por vivir la tuya.
Acerca de
Si alguna vez decides crecer, no me dejes solo en el columpio
Sindicación
 
Recuerdos del ùtero


Mañana día 29 de octubre es mi cumpleaños. Estaba pensando en los 34 años que voy a cumplir y se me ocurrió que era una edad perfecta para ir a Disneyland-Paris. Así que hice las maletas y me regalé un viaje a París a secas, ya que mi parte más americanofoba decidió dejar al tito Walter en su congelador. El caso es que aquí estoy en París con Elisa y Guillaume llevando una vida de “BOBO” y tomando vino en vasos de plástico a orilla de unos canales cuyos nombres me resultan imposible recordar.

¿Os imagináis a Nani Moretti con su vespa paseando por la noche por las calles de Montmartre y diciendo gilipolleces al horizonte de la ciudad de París? Ese era yo ayer. Si lo pienso bien, la estampa me viene que ni pintada. Se podría decir que mi carácter, a veces es una mezcla entre el divertido caos del romano y la soberbia doliente del parisino.

Sí, definitivamente escribo esto para daros envidia. La gente normal se hace fotos con los monumentos más significativos de fondo para luego dar por culo a los presentes en la oficina o en las reuniones de amigos. Yo escribo en el blog aquello de “chincha rabincha” y ya me quedo tranquilo, con lo cual me ahorro una pasta en revelados y Fotoprixes varios.

De momento decir en lenguaje infantil que París sigue molando mogollón y casi diría que se está volviendo una ciudad más habitable, al menos así es como la he encontrado esta vez ¿será porque he venido con más dinero que de costumbre?

Continuaré a la vuelta de Bretaña relatando las experiencias franco-rurales. Nos vamos unas 12 personas de mentalidad peligrosamente existencialista a una casa de campesinos franceses (esos que tiraban las naranjas valencianas en la frontera). La experiencia suena a Eric Rohmer haciendo una versión descafeinada de “Los amigos de Peter”, a ver qué resulta de todo esto.
 
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Siempre me gustó el barrio de Delicias. Es como un limbo entre la vorágine del centro y el tedio de los barrios de extrarradio. Las chicas hace un mes que se mudaron aquí y yo estoy encantado, Chamberí no está mal, pero siempre me pareció un sitio contaminado por la cercanía de Salamanca. El piso está situado en unos barracones de antiguos trabajadores de RENFE, me recuerda muchísimo a las viviendas sociales de los trabajadores de los astilleros militares de mi pueblo. Son edificios, recios y toscos, sucedáneos pobretones de los edificios castrenses, toda una metáfora en ladrillo del régimen franquista. Por la tarde, cuando el cielo no amenaza lluvia, se ve a algunas de esas viudas solitarias capitalinas que tanto abundan, tender toallas con el logotipo de RENFE, como las que colgaban en los baños de los cercanías Cádiz-Sevilla, cuando cogía el tren los fines de semana que me dejaban salir del internado.
Me apetecía mucho vivir en este barrio, lástima que no pueda ser.
 
MDrZ


El caos de Madrid es como un caleidoscopio de cristales grises. Cada vez que llego se me manifiesta con formas diferentes, después de haber sido agitado en mi ausencia. Las obras interminables e insoportables (esa M30 soterrada me recuerda a la escena del taxi de El Quinto Elemento, ya no son carriles sino pisos de autopistas), ese contraste entre los transeúntes sin voz y votantes reaccionarios de la tercera edad, incapaces de admitir a los que les pagan su pensión. Estas cosas no son más que el pico de lanza de una serie de incoherencias que para bien y para mal dan carácter a esta ciudad… (continuará)
 
En reconstrucción


Tengo la vida patas arriba. No tengo tiempo de bloguear y eso que he vuelto al desempleo. Os ruego que no me abandonéis, prometo retomar la frecuencia semanal de publicaciones en cuanto pueda, pero es que esta semana va a ser de aupa, me voy a Madrid y voy a estar de mudanza, así que me esperan los sevibuses, los trenes metropolitanos y las extrañas tardes de Lavapiés. Os pido perdón por ser tan desordenado con mi vida y con las vuestras, pronto volveré a comentar a los compañeros blogueros.