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un extintor bajo el agua
Me aburre tanto mi vida que estoy por vivir la tuya.
Acerca de
Si alguna vez decides crecer, no me dejes solo en el columpio
Sindicación
 
Un principado para un burgués (venido a menos)
Me voy a Asturias a trabajar con contrato hasta diciembre. Os ruego me echéis de menos en grupos de cuatro.


Para 4 Comensales

¾ kilo de fabes de la Granja
2 Morcillas de cerdo
2 Chorizos de cerdo
½ kilo de Lacón
100 Grs. de Tocino
Ajo
Cebolla
Perejil
Un chorro de aceite
Azafrán

Se ponen las alubias (que deben de ser necesariamente las de "la granja" o "del cura", que son las que están protegidas por el consejo regulador de la denominación de origen de faba asturiana) en remojo en agua fría, durante la noche, y en agua templada el lacón.

En una cacerola proporcionada a las cantidades, se ponen las alubias, el lacón, las morcillas, los chorizos, el tocino, la cebolla cortada en cuatro trozos, el ajo picado, el perejil atado, un chorro de aceite. Se cubre con agua fría y se acerca al fuego, espumándolo cuidadosamente. Roto el hervor, se separa a un lado y se deja cocer lentamente, un poco destapado, procurando que las alubias estésn siempre cubiertas de agua para que no suelten la piel. Se añadirá de vez en cuando agua fría en pequeñas cantidades. Debe vigilarse con frecuencia para que el hervor siempre sea lento y sacudir con frecuencia la cazuela para que no se agarren al fondo. a media cocción se sazonan de azafrán, ligeramente tostado y muy desecho. Cuando estén cocidas se sazonan de sal, teniendo en cuenta la cantidad de carne salada que llevan. Si al terminar la cocción el caldo hubiera quedado demasiado delgado, se pasan una pocas judías por el pasador y se incorporan, dejando reposar a un lado una media hora. En el momento de trasladarlas a la fuente para llevarlas a la mesa, se retiran el perejil y la cebolla.

Se sirven con la carne cortada en trozos.

 
Sortilegio musicado para enderezar el destino


Io penso positivo perché son vivo, perché son vivo
Io penso positivo perché son vivo, perché son vivo
niente e nessuno al mondo potrà fermarmi dal ragionare
niente e nessuno al mondo potrà fermare, fermare, fermare
quest'onda che va
quest'onda che viene e che va
quest'onda che va
quest'onda che viene e che va
quest'onda che va
quest'onda che viene e che va
quest'onda che va
quest'onda che viene e che va
Io penso positivo ma non vuol dire che non ci vedo
Io penso positivo in quanto credo
non credo nelle divise né tanto meno negli abiti sacri
che più di una volta furono pronti a benedir massacri
non credo ai fraterni abbracci che si confondon con le catene
io credo soltanto che
tra il male e il bene
è più forte il bene
Io penso positivo perché son vivo, perché son vivo
Io penso positivo perché son vivo e finché son vivo...

Jovanotti
 
Que tengas un buen Vueling


Cuando entras, las azafatas te sonríen con mandíbula desencajada. Es como si hubieran cogido a chicas telecupón y después de hacerlas pasar por tres malos partos y dos divorcios las metieran a azafatas de vuelo.
Suena una música Chill Out de algún Cd imitación del Café del Mar de Ibiza de hace diez veranos (Morcheeba, Portishead, Crustation…). Te sientas y cuando la tripulación da las explicaciones, te tutean. “Tienes la mascarilla arriba y el salvavidas lo puedes encontrar debajo”. Los azafatos hacen el gilipollas con el dichoso chaleco y se ríen todo el rato de alguna broma que tienen entre ellos. Se confunden varias veces y la risa termina en descojone. Luego, entre vítores, se presenta todo el equipo y se jalean los unos a los otros como si fueran un equipo de fútbol de instituto de secundaria. Se inicia el vuelo y como en todos lados te dan la brasa con sus productos trescientas veces en media hora. El capitán se dirige a los pasajeros, tuteándolos también. Dice que el avión es de los más seguros del mercado y que todo está bajo control. El tono de voz es el de un chulo-disco que se dirige a la tía buenorra y le dice aquello de: “Nena, vente conmigo que no hay nada que temer”.
Llegamos a Valencia tras un descenso bastante brusco y finalmente salgo mascullando del avión. No sé si será por costumbre o porque me estoy haciendo viejo, pero eso de que me tuteen en el avión no me da ninguna confianza. Antes me parecía que aquellos señores tan serios y respetuosos llevaban volando desde que Leonardo inventó el ala delta y después de este vuelo, me da la impresión de que los comandantes de líneas aéreas tienen la misma preparación que un guardia de seguridad.
Yo soy el primero que defiendo la desaparición del usted y cuando me enteré que Julio Anguita hacía a sus alumnos dirigírsele de usted, me parecío un gilipollas y un comunista incoherente, dentro de lo incoherente que ya de por sí conlleva la palabra comunista en el siglo XXI. Pero qué queréis que os diga, en esas situaciones en las que uno está predispuesto a pensar que se enfrenta a una muerte segura, si la peña te habla como si fueran empleados de la discoteca Kapital, uno se acojona tela y piensa que hay algo que está fallando.
Eso sí, por una vez mi maleta fue la primera en salir en la recogida de equipajes ¡Aleluya!