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un extintor bajo el agua
Me aburre tanto mi vida que estoy por vivir la tuya.
Acerca de
Si alguna vez decides crecer, no me dejes solo en el columpio
Sindicación
 
Un ilustrador llamado Don Pablos


Los dibujos de Pablo Auladell son como una puerta hecha con lápices plastidecores. Cuando la abres se te llena la retina de pasteles y bollos de crema cubiertos de chocolate amargo. Para colmo, el tal Pablo escribe tal y como dibuja, con una línea fina entre la melancolía y la esperanza.
Hace unos meses compré La Torre Blanca, sin saber muy bien por qué, ya que ni siquiera había leído reseñas de la novela gráfica gastándome nada menos que 18 aurelios en plena época de desempleo. Fue un impulso irrefrenable el que sentí al ver la portada, como cuando compraba discos de vinilo en Sevilla Rock. Desde entonces no paro de hojearlo y de buscar cosas suyas. El otro día encontré su blog en Internet y por eso hoy escribo esta cursilada aduladora que apesta a panegírico.
 
Del amor y otros defectos
A Israel se le quería más por sus defectos que por sus virtudes, él era tan conflictivo como el país del que tomaron sus padres el nombre. Algunos decían que su gran asignatura pendiente era la de conciliar su cabeza templada con su sangre exaltada, ya que parecía condenado a una adolescencia a perpetuidad.
El jueves quedó claro que sus amigos le queríamos mucho, probablemente porque cometió muchos errores… La gente dice que su mayor fallo fue quitarse la vida, yo creo que el peor de todos fue que durante cinco años estuvo jugando a ser mayor, pero ésa es sólo mi opinión.

No voy a decir que soy incapaz de imaginarme una vida sin él, tampoco le voy a hacer una lista de reproches por haberse marchado sin avisar; pero sí que me gustaría hacerle saber de alguna manera que según nuestro contrato de amistad, nos quedaban algunas risas que echarnos y que ahora que él no está, me siento en cierta manera estafado. Isra, estés donde estés, que sepas que me debes un chiste.
 
Chicos Ostras del mundo


Toda la vida negándolo, escondiéndolo, ocultándoselo a mis padres, a mis amigos… Ha llegado la hora de admitirlo sin problemas… Mamá, soy friki
 
Se alquila cráneo abuhardillado, a reformar.


Montmartre, Chicago, Los Beatles, una postal de Belmondo en Al Final de la Escapada, otra de Sin City, un disco del sello London que se titula “A journey into Stereo Sound”, un colchón de 1,35 y una maleta Roncato de 125 litros. Esto es todo lo que tengo en el cuarto de Gijón. La mayoría de mis libros, comics, vinilos y demás fetichismos están en unas cajas, bebiendo chupitos de humedad en algún lugar de la Bahía de Cádiz, y aún no he podido peregrinar al Ikea de Oviedo en busca de la sagrada repisa.

Perdonad si no escribo con la regularidad que debiera, pero es que… entre que las cosas me van bien y no tengo de qué quejarme... y que cuando termino de trabajar no me quedan chistes malos a los que recurrir, pues se hace un poco difícil bloguear.

Creo que me adapto rápido a Gijón, tal vez me hagan falta un par de compañeros para un comando de acción nocturna, pero por lo demás estoy encantado y hasta sorprendido. Comprendo que resulto un poco aburrido cuando estoy equilibrado, probablemente aquellas cartas de desesperación que escribía desde Ceuta eran mucho más divertidas que estas, ya que si algo tengo escribiendo es facilidad para el esperpento, con el debido respeto a Don Ramón. En fin, no me esfuerzo más, que por el momento, el hemisferio satírico de mi cerebro anda alquilado a una productora de televisión.
 
Buenas noches, príncipes de Asturias, reyes del Cantábrico


Ya tengo casa en el centro, al ladito del Paseo de Begoña. Después de haberme metido en la cueva de Altamira (una leñera en un quinto sin ascensor al que la dueña llamaba ático y con un compañero de piso con pinta de mariquita antigua, cuarentona y reprimida con una pegatina de la bandera de España en la puerta) y justo cuando ya estaba a punto de irme a vivir a Oviedo, el Señor escuchó mis ruegos y encontré una habitación en un piso de película en pleno centro de Gijón.
Comparto piso con una pareja de trabajadores, una estudiante de Arte Dramático y un artista plástico… a eso me uno yo, el poeta prostituido al servicio del mal. Si estuviéramos en el Paris de principios del Siglo XX, ese piso sería un movimiento artístico de carácter bohemio, el begoñismo, lo llamaría yo.
Por otro lado, en el trabajo me va bien aunque a veces un poco perdido. Gijón no es una ciudad que quite el sentido, pero no está mal y Asturias mola… tal vez sólo una pega, y es que mi dieta equilibrada corre peligro… Sólo faltan vuestras visitas, para que esto sea absolutamente perfecto.
 
Covadonga resiste
No me ha dado mucho tiempo a interiorizar nada. De Gijón lo único que he visto es el camino de la estación de tren (donde está mi pensión de Alfredo Landa recien llegado) a donde trabajo (otro parque tecnológico de esos que parece que estás entrando en una base de Spectra). Hoy me he sentido tan perdido que cuando me he dado cuenta estaba comiendo una ensalada en un Mc Donalds, mientras mojaba mis principios en Coca Cola Light. El curro se promete duro de cojones, pero hay muchas posibilidades y si me o monto bien puedo acabar en ficción y dejar de escribir estupideces para marujas hackers.
Lo de la casa lo llevo fatal, siempre fui muy malo buscando piso, me da ansiedad y me bloqueo. Para colmo, los compañeros de trabajo son todos de Oviedo, por lo que no puedo irme con nadie de cañas al salir... Sí, ya estoy otra vez soltando bilis, tal vez demasiado pronto... pero es que me doy cuenta de lo duro que va a ser estar tan lejos y me acuerdo del peluche Trsitón que sólo quiere un amiguito y de la cara de gili que debo tener