logotipo

img_google
un extintor bajo el agua
Me aburre tanto mi vida que estoy por vivir la tuya.
Acerca de
Si alguna vez decides crecer, no me dejes solo en el columpio
Sindicación
 
Buscando a Nina Hagen desesperadamente


Entorno messenger miércoles 22 de Noviembre

-Tarko: ¿Podríamos hacer algún viaje después del puente?

-Adhair: Creo que puedo coger vacaciones, miramos algo y hablamos.


Email recibido jueves 23


Échale un vistazo a estos enlaces de lastminute. Zurich 400 € , Estambul, antes conocido como Constantinopla 350€.


Email mandado jueves 23
Sin duda Constantinopla.

Email recibido viernes 24
Me han cambiado fechas en el curro. No puedo, pero sigo mirando del 2 al 10 de Diciembre.

¡Ring! Llamada recibida viernes 24

-Adhair: Nene, Berlín 350 €, hotel y vuelo del 2 al 8 de Diciembre.

-Tarko: Compra, no lo pienses.

Así que dos años después de que se hayan pasado de moda el tecnoclash y el revival electroteutón, para allá que me voy a jugar a la guerra fría y a matar con mi mirada láser a esos malditos jovenes artistas que despiertan mi envidia, por jóvenes más que por artistas... aunque, por otro lado, seguro que también despierto la vuestra ¿Cómo se dirá "chincha rabincha" en alemán?
 
Del laberinto al treinta


Cuando jugabas a la oca. Mucho peor que la muerte o la cárcel, era cuando te mandaban del laberinto al treinta. Se te quedaba una cara de gilipollas tremenda.Las otras penas impuestas en el juego eran bastante extremas y te llevaban al correspondiente cabreo con los dioses, lo cual te daba cierto aire de jugador pendenciero y maldito; pero el laberinto era como un castigo tibio, el purgatorio de los ludópatas infantiles. Así estoy ahora después de haberme recorrido medio tablero. Me encuentro en la misma casilla que hace un año: desempleado, buscando piso en Sevilla y empezando a retomar los mismos proyectos que dejé aparcados el otoño pasado. Esperemos que no aparezca el Flequi precedido de Emilio Aragón, queriéndome cortar el pelo.

 
No tears


Ya he salido del fango. Ha sido mucho el tiempo que me he llevado en silencio, aunque tampoco tenía mucho que contar. Lo primero que hice fue pegarme una semana de encierro tatareando una y otra vez la palabra odio a ritmo de ranchera.
Un día recibí la llamada de Chema, que andaba por Cádiz. Me recogió y me llevó a Málaga para tenerme unos días entretenido, fuera del alcance de las cuchillas de afeitar y los tranquilizantes de caballo. Al tercer día nos marchamos a Extremadura, porque él tenía que trabajar por allí y le cargó mis gastos también a la empresa. Después de la Semana Internacional de la Bellota, me apeé del coche de Chema con mi maleta sarcófago en pleno centro de Sevilla. Dormí, bebí, charlé, quise y me sentí querido por los de siempre. Me di cuenta de que el trabajo desde casa ése que había cogido era una cochinada y acto seguido llamé al coordinador para despedirme. Todavía sufro algún que otro cortocircuito, pero Frankenstein vuelve a caminar.