
Ya han pasado cinco años desde que apareció el primer cómic en solitario de Enrique Vegas. Tras el formidable Arbillos y el flojo Cambotero (realizadas por el Estudio DECE) se publicó Es-piderman donde ya mostraba cuales iban a ser sus características principales: personajes rechonchos y cabezones en fondos poco desarrollados, guión poco trabajado basado en la risa fácil, abuso de las viñetas a toda página y tres o cuatro viñetas por página.
Después vino Vlade, Julk, ... hasta el actual 600.
“600” es una parodia de la película de Zack Snyder y funciona como tal, con un formato apaisado al modo de la obra de Frank Miller, Vegas muestra los clichés que tan bien le han funcionado en los últimos años y descritos anteriormente. En cinco años, no encontramos una evolución en el desarrollo de la historia, en el humor de sal gorda y el grafismo de página completa aunque mantiene, eso sí, su magnífico dibujo (lo mejor de este autor). Parece un autor cómodo en su posición en un tipo determinado de cómic, sin pretensiones y con un público fiel que disfruta de su dibujo. Se lee rápido, muy rápido con una sonrisa en la cara pero cuando lo terminamos no queda más recuerdo que si leyeramos un powerpoint de email cualquiera, sin dar la sensación de haber realizado una buena compra. Todo lo contrario.
Este tipo de parodias ligeras se han prodigado mucho últimamente en las librerías especializadas pero la calidad de éstas depende, en gran parte, de la solidez de la historia -pese a su dependencia de la materia prima- y ese es, quizás, el factor que ha hecho de Sergio Aragonés, Cels Piñol o Jesús Martínez del Vas auténticos ejemplos de este género.

















Esta colección de tiras humorísticas publicada originariamente en 1989 nos llega a nuestras manos con la incertidumbre propia de un autor griego. El desconocimiento del humor heleno lleva a su atracción primaria, buscando algo nuevo que ofrecer al mundo de la tira humorística. Esta ilusión se manifiesta de igual manera al tiempo que se tarda en leerla y comprobar que su novedad tan sólo reside en la nacionalidad del autor. Esta obra muestra los rasgos propios del género, cuatro viñetas por tira, con gag final y la dualidad de personajes que mantienen la historia, uno ingenuo y otro gamberro, bueno y malo. El planteamiento es simple, un personaje condenado a 621 años de cárcel, con una pequeña celda y nada que hacer, unido a una rata que la contrata para que le haga compañía, a cambio de su comida. Perpetuo -así llamado dicho trencilla- y Montecristo elaborar el noventa por ciento de los gags, cayendo, en la mayoría de los casos, en la risa fácil o, lo que es peor, en la indiferencia. El verdadero fuerte se encuentra en sus personajes secundarios, un preso condenado a muerte y otro al que su mujer se dedica a serle infiel de forma abierta, eso sí, sin dejar de visitarle, manteniendo el humor y dando un aire fresco al conjunto.
En resumen, tenemos una obra más,en la línea de cualquier recopilación de tiras humorísticas sin conseguir llegar a la altura de los grandes del género. Uno más
Kion Ediciones. 2002.
Guión y dibujo: Arkas.

Hace uno años Planeta nos sorprendió con la publicación de una selección de la obra de Sergio Aragonés desconocida hasta la fecha, la de humorista gráfico. En esta obra, llamada, "Silencio a gritos", el autor catalán realizaba tiras cómicas, en blanco y negro, en las cuales no se pronunciaba ninguna palabra, eran, por tanto, mudas. Esta formula, tan común en nuestro país gracias a la prensa gráfica, suponía la existencia de humor gráfico más allá de Quino, Mingote, Ángel y Guillermo o Ricardo y Nacho, y además proveniente del cómic mas "comercial", el americano, y en cima de nacionalidad hispana.
Sin embargo, esta obra pasó desapercibida para el gran público, quedando ligada a las estanterías de las librerías especializadas. Ahora nos llega la segunda edición, "Obras son amores", en la que Aragonés recopila las tiras realizadas en el primer semestre del año 2001. Esta segunda obra nos muestra todas aquellas virtudes y defectos que asomaron en el primer tomo. Por una parte, tenemos un humor blanco, amable, sin dobles interpretaciones que limitan, la mayoría de las secuencias, al gag o al chiste gracioso. Esta falta de mala intención es lo que le imposibilita equipararse a los grandes del humor gráfico. En cuanto al aspecto gráfico, destacar las características esenciales de su estilo, gusto por el detalle, por las grandes masas, por una línea precisa, alejada de emborronamientos, que sabe plasmar con eficiencia lo que quiere contar. por contra, la ausencia de color le juega una mala pasada, su estilo, se encuentra muy ligado al color en cuanto en cuanto es el que le permite la diferenciación o jerarquías en las escenas, lo importante de lo que no lo es. En varias tiras, su gusto por el detalle y la no utilización de trazos de diferente matiz confunden el seguimiento rápido, visual y armónico que caracterizan este género de la historieta.
En conclusión, nos encontramos ante una obra amable, continuación, a la baja, de su "Silencio a gritos" muy trabajada técnicamente pero con defectos que la catalogan como una lectura más de género, eso sí, una lectura de la que la sonrisa no desaparecerá de nuestro rostro a lo largo del volumen.
Editorial Planeta DeAgostini. 2002
Guión y Dibujo: Sergio Aragonés.









