Una hora en un siglo
“Y los días pasan. Pero lo hacen con tantos defectos en sus hechuras que aparecen bajo la forma difusa de los años, lustros, decenios, siglos y milenios. Los años se escurren por encima de mi en los instantes en que, en medio del bosque humano de las calles de Madrid, me envuelven inesperadamente los aromas de las naranjas y violetas de su piel. Entonces es cuando vuelvo la mirada esperando encontrar la suya para darme cuenta, una vez más, de que no está ahí, a mi lado.
Desde ayer hasta hoy han pasado cinco largos años. Cuando la veo, cuando está tan cerca que la podría tocar con las yemas de los dedos, comienza el tiempo de un lustro en que la tensión de las lágrimas contenidas anula la razón y envenena la vida que parece intentar escapar a través de la piel. Y al final recupero el sentido de la realidad cuando esas horas, agriamente disfrazadas de años, acaban por disolverse en el vértigo de una hiperactividad que se ha convertido en mi mejor amiga.
Las horas tranquilas y cotidianas de silencio, que ya no son otra cosa que inacabables decenios, ahora me niegan el aire esperando escuchar una señal al otro lado de ese pequeño rectángulo, triste y sin luz, que toco inquieto en alguno de mis bolsillos esperando que parpadee, gritando, que su voz se acerca. Pero nunca ocurre.
Y así, implacablemente van transcurriendo los siglos, que antes eran momentos que llenábamos juntos, en los lugares que compartíamos y descubríamos los dos.
Y los milenios, que hasta hace tan sólo un mes eran sencillas horas, me ahogan el pulso y me llevan hasta la noche. Es entonces cuando el delirio parece cesar y, por fin, la vorágine constante y enloquecida de sus recuerdos cede el paso al descanso que regala la falta de conciencia. Pero es una droga que, como todas, miente, porque ya en la madrugada Isabel aparece de nuevo y sin quererlo una y mil veces desde algún resquicio inalcanzable de los sueños al que tengo la certeza de que nunca podré llegar.
Ni siquiera cuando los días, con sus hechuras defectuosas y deformes, acaben por convertirse en eternidad."
Raúl
Para escuchar este y otros audios ir: ------->>>> Te Busco A Ti
Desde ayer hasta hoy han pasado cinco largos años. Cuando la veo, cuando está tan cerca que la podría tocar con las yemas de los dedos, comienza el tiempo de un lustro en que la tensión de las lágrimas contenidas anula la razón y envenena la vida que parece intentar escapar a través de la piel. Y al final recupero el sentido de la realidad cuando esas horas, agriamente disfrazadas de años, acaban por disolverse en el vértigo de una hiperactividad que se ha convertido en mi mejor amiga.
Las horas tranquilas y cotidianas de silencio, que ya no son otra cosa que inacabables decenios, ahora me niegan el aire esperando escuchar una señal al otro lado de ese pequeño rectángulo, triste y sin luz, que toco inquieto en alguno de mis bolsillos esperando que parpadee, gritando, que su voz se acerca. Pero nunca ocurre.
Y así, implacablemente van transcurriendo los siglos, que antes eran momentos que llenábamos juntos, en los lugares que compartíamos y descubríamos los dos.
Y los milenios, que hasta hace tan sólo un mes eran sencillas horas, me ahogan el pulso y me llevan hasta la noche. Es entonces cuando el delirio parece cesar y, por fin, la vorágine constante y enloquecida de sus recuerdos cede el paso al descanso que regala la falta de conciencia. Pero es una droga que, como todas, miente, porque ya en la madrugada Isabel aparece de nuevo y sin quererlo una y mil veces desde algún resquicio inalcanzable de los sueños al que tengo la certeza de que nunca podré llegar.
Ni siquiera cuando los días, con sus hechuras defectuosas y deformes, acaben por convertirse en eternidad."
Raúl
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