Imprimiendo mis huesos
Las impresoras en 3D son máquinas que tienen un par de décadas. Aunque poco conocidas fuera de la industria, tras la evolución y el abaratamiento de la tecnología que utilizan, estamos a las puertas de que empiecen a comercializarse para el usuario doméstico. Esto abre una cantidad inimaginable de posibilidades en diseño y comercio al alcance del ciudadano de a pie.Arbir un programa de 3D, crear nuestro diseño, darle a imprimir y ya tenemos la maqueta, el prototipo o por qué no, el producto final en un abrir y cerrar de ojos. Las posibilidades son infinitas. Podemos diseñar y crear desde nuestros propios objetos de decoración hasta muñecos de nosotros mismos. Casi cualquier cosa que se nos pase por la mente y que seamos capaces de plasmar en un programa de diseño 3D puede ser fabricada con estas máquinas.
Esto que parece estar sacado de una película de ciencia ficción se convertirá en una realidad antes de lo que creemos. Las impresoras tridimensionales se llevan utilizando para la creación de prototipos y maquetas desde hace ya más de diez años. Actualmente estas máquinas tienen precios desorbitados para la economía doméstica (entre 30.000 y 80.000 euros), por lo que solo se utilizan en algunas industrias. Sin embargo, su tamaño y su precio se está reduciendo a muy buen ritmo, lo cual propicia su adaptación a los pequeños comercios y próximamente a los hogares.

La utilidad de este sistema se puede ver desde muchos puntos de vista. Es obvio que para los profesionales de muchos tipos de industrias (automóviles, electrodomésticos, arquitectura...) se está convirtiendo en una herramienta de trabajo cada vez más indispensable, ya que les ahorra una gran cantidad de tiempo a la hora de construir maquetas o prototipos. Pero el abaratamiento de esta tecnología afectará sobre todo a artistas y comerciantes, que ven en esto una posibilidad real de comercializar sus productos a través de La Red, o hacer diseños virtuales sin depender de nadie más para realizar su producción final.
En el ámbito en el que más posibilidades se abren es en el de la venta por Internet. Por ejemplo, si se nos rompe la montura de las gafas podríamos acceder a la página web de la marca de éstas, descargarnos (previo pago, o no) el archivo tridimensional de su diseño e imprimirlo y así arreglar las gafas sin tener ni que pasar por la óptica.
Al igual que con las gafas, se podría hacer con cualquier objeto que se pueda reducir a polvo literalmente, ya que el funcionamiento de las impresoras 3D se basa en la compactación por capas de un polvo similar (en apariencia) a los polvos de talco. Actualmente este polvo puede dar como resultado varios materiales distintos como cerámica o metal, sin embargo en un futuro podrían desarrollarse polvos para tejidos como cuero u otros. Actualmente, investigadores canadienses y alemanes han desarrollado mediante este método prótesis óseas que son idénticas a los huesos humanos mediante el escaneo en 3D de los huesos y su posterior impresión en material cerámico. Una vez más, la tecnología al servicio de la ciencia.




