Palabra de Dios
Me llamarán apóstata, pero yo no vuelvo a pisar una iglesia. A partir de ahora escucharé a Dios en directo, sin intermediarios.... ah!.. y en versión digital.
Te alabamos Señor!
La verdad de hoy:
“Un hombre sin religión es como un pez sin bicicleta” (Ley de Vique).
Te alabamos Señor!
La verdad de hoy:
“Un hombre sin religión es como un pez sin bicicleta” (Ley de Vique).
Tiempos pasados fueron mejores
Yo tampoco escapo a eso que los humanos hacen con el paso de los años: decir que antes, en nuestros tiempos, las cosas eran mejores. Pero a diferencia de los demás mortales, cuando yo afirmo que el pasado fue mejor, es porque añoro una época que no viví. Llegué tarde a la vida y en consecuencia vivo de la nostalgia ajena.
Me explico... apenas era un bebé en los ’60 cuando en la tierra estaban ocurriendo cosas importantes: Sartre se daba cogotazos filosóficos con Aron y el mundo paría a los hippies, el mayo francés, las luchas de liberación en Africa, la primavera de Praga, Vietnam, la revolución sexual, la bossa nova, Woodstock, la carrera espacial, el LSD (la marihuana me la fumé después), la amenaza nuclear y un largo etcétera. Mientras yo me hacía caca en los pañales, afuera la vida pasaba.
Al llegar a la adolescencia, esa etapa en que te abres a la vida y descubres ideas, sensaciones y experiencias, resulta que morían los ’70, la época del hedonismo y la cultura disco (¿recuerdas Travolta y afines?). Ahí lo que importaba eran las discotecas, la moda, los peinados, Village People, los Bee Gees, el glam, y bailar, bailar y otra vez bailar. Olvídate de asuntos densos y profundos.
Cuando estuve en la universidad en busca del conocimiento, en los ’80, resultó ser que yo formaba parte de una generación que más tarde se empezaría a conocer como la “generación boba”, por aquello de la carencia de ideales sociales y políticos:
Para completar el asunto, cuando por fin parecía que en los ‘90 podíamos hallar una causa común en el medio ambiente y la antiglobalización, aderezada con buenas dosis de New Age, ocurrió que con el cuento del fin de las ideologías y el de la historia, me alcanzaron los coletazos del debate postmodernista, que es una cosa que nadie sabía con qué se comía pero en la que todos querían estar. Vamos, que era muy chic hablar postmo:
No me negarás que la frasecita es impresionante, pero como todavía hoy no logro entender que coño quería decir eso, mi vida social es un asco y vivo navegando en internet.
Ahora, en esta primera década del siglo XXI azotada por el terrorismo y el imperialismo de Bush, tenemos otra vez motivos para tomar conciencia política y social. Claro, la cosa es que han sido muchos años de vivir sin darme cuenta y ya no estoy como para esfuerzos sobrehumanos de concientización... venga, que mis neuronas no dan pa’ más!
En fin, que el pasado que no viví es mejor que el presente que tampoco vivo. Y te juro que realmente ya todo me importa un pepino.... muy postmoderno yo, pues.
Escuchado en el Bohemio’s Café:
“No es que seamos gente superficial, es culpa de la época que nos tocó vivir” (Alguien en la mesa de al lado, al son de El Cantor Post-Moderno de Virulo).
"El Cantor Post-Moderno" - Alejandro García (Virulo)
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Me explico... apenas era un bebé en los ’60 cuando en la tierra estaban ocurriendo cosas importantes: Sartre se daba cogotazos filosóficos con Aron y el mundo paría a los hippies, el mayo francés, las luchas de liberación en Africa, la primavera de Praga, Vietnam, la revolución sexual, la bossa nova, Woodstock, la carrera espacial, el LSD (la marihuana me la fumé después), la amenaza nuclear y un largo etcétera. Mientras yo me hacía caca en los pañales, afuera la vida pasaba.
Al llegar a la adolescencia, esa etapa en que te abres a la vida y descubres ideas, sensaciones y experiencias, resulta que morían los ’70, la época del hedonismo y la cultura disco (¿recuerdas Travolta y afines?). Ahí lo que importaba eran las discotecas, la moda, los peinados, Village People, los Bee Gees, el glam, y bailar, bailar y otra vez bailar. Olvídate de asuntos densos y profundos.
Cuando estuve en la universidad en busca del conocimiento, en los ’80, resultó ser que yo formaba parte de una generación que más tarde se empezaría a conocer como la “generación boba”, por aquello de la carencia de ideales sociales y políticos:
“¿Derrumbaron el muro de Berlín?... ¡cuidado con los ladrillos!!!”. “¿La Guerra de las Galaxias de Reagan?... no, no, no... te digo que esa película es de George Lucas, coño!!!”. “¿Hambre en Africa?... que extraño, ¿es que allí no hay restaurantes?”. "¿Tiananmen?... no gracias, tráigame el pollo Szechuan con Chop Suey”.
Para completar el asunto, cuando por fin parecía que en los ‘90 podíamos hallar una causa común en el medio ambiente y la antiglobalización, aderezada con buenas dosis de New Age, ocurrió que con el cuento del fin de las ideologías y el de la historia, me alcanzaron los coletazos del debate postmodernista, que es una cosa que nadie sabía con qué se comía pero en la que todos querían estar. Vamos, que era muy chic hablar postmo:
“Para la metacomprensión del ser, se debe deconstruir la intertextualidad del discurso transhistórico del otro yo postcolonial....“
No me negarás que la frasecita es impresionante, pero como todavía hoy no logro entender que coño quería decir eso, mi vida social es un asco y vivo navegando en internet.
Ahora, en esta primera década del siglo XXI azotada por el terrorismo y el imperialismo de Bush, tenemos otra vez motivos para tomar conciencia política y social. Claro, la cosa es que han sido muchos años de vivir sin darme cuenta y ya no estoy como para esfuerzos sobrehumanos de concientización... venga, que mis neuronas no dan pa’ más!
En fin, que el pasado que no viví es mejor que el presente que tampoco vivo. Y te juro que realmente ya todo me importa un pepino.... muy postmoderno yo, pues.
Escuchado en el Bohemio’s Café:
“No es que seamos gente superficial, es culpa de la época que nos tocó vivir” (Alguien en la mesa de al lado, al son de El Cantor Post-Moderno de Virulo).
"El Cantor Post-Moderno" - Alejandro García (Virulo)
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The bridges of Madison County
Hoy volví a ver aquella película de Eastwood intitulada en español Los puentes de Madison. Me gustó desde la primera vez que la vi años atrás. Creo que a pesar de lo triste, o tal vez precisamente por ello, es una hermosa historia de amor. Me recuerda a un tipo de mi barrio.
Dos años antes de su estreno y a punto de irse a otro país por motivos de trabajo, este sujeto, al que llamaremos Eme, conoció a Efe, una chica hermosa, libre, alegre, apasionada por la vida. Eme en cambio, era casado y con un hijo, con una existencia aburrida, monótona a pesar de su juventud. Eme la amó desde el primer día y vivió junto a ella el mes más feliz que recuerda. Pero al igual que Francesca, la protagonista del film, Eme terminó apostando por lo seguro, por la responsabilidad.
Así que se fue al extranjero en pos de su carrera. Porque era lo correcto, por la familia, por el deber. Sin embargo, durante años mantuvo viva la llama de esa relación, como una forma de evadir su gris realidad. En la distancia la alentaba, sabiendo muy dentro de si que mentía, pues aunque la amaba no iba a sacrificar la seguridad que entonces tenía, por la aventura y emoción que Efe le ofrecía.
Finalmente sobrevino el desengaño, el desencuentro y ella, cansada de esperar, terminó casándose con otro. Eme, hoy solo y divorciado, aunque pudo dejar de amarla todavía se pregunta qué habría pasado con su vida si, en lugar de atender a la razón, hubiera seguido el impulso de su corazón.
¿Tú que habrías hecho?
La verdad de hoy:
“Este tipo de certeza sólo se da una vez en la vida” (Clint Eastwood como Robert Kincaid en “Los puentes de Madison”).
Dos años antes de su estreno y a punto de irse a otro país por motivos de trabajo, este sujeto, al que llamaremos Eme, conoció a Efe, una chica hermosa, libre, alegre, apasionada por la vida. Eme en cambio, era casado y con un hijo, con una existencia aburrida, monótona a pesar de su juventud. Eme la amó desde el primer día y vivió junto a ella el mes más feliz que recuerda. Pero al igual que Francesca, la protagonista del film, Eme terminó apostando por lo seguro, por la responsabilidad.
Así que se fue al extranjero en pos de su carrera. Porque era lo correcto, por la familia, por el deber. Sin embargo, durante años mantuvo viva la llama de esa relación, como una forma de evadir su gris realidad. En la distancia la alentaba, sabiendo muy dentro de si que mentía, pues aunque la amaba no iba a sacrificar la seguridad que entonces tenía, por la aventura y emoción que Efe le ofrecía.
Finalmente sobrevino el desengaño, el desencuentro y ella, cansada de esperar, terminó casándose con otro. Eme, hoy solo y divorciado, aunque pudo dejar de amarla todavía se pregunta qué habría pasado con su vida si, en lugar de atender a la razón, hubiera seguido el impulso de su corazón.
¿Tú que habrías hecho?
La verdad de hoy:
“Este tipo de certeza sólo se da una vez en la vida” (Clint Eastwood como Robert Kincaid en “Los puentes de Madison”).
Mi madre no fue puta
Una de las vecinas de este condominio dice que el 90% (si, noventa por ciento... no más, no menos) de la gente es básicamente hija de puta. Eso incluye a mucha gente.
Al margen de que no sepamos qué cuernos es el otro 10% (pueden ser desgraciados, bastardos, hijos de perra, etc. etc. o más bien buena gente, que creo es a lo que se refería mi vecina), el caso es que yo debo estar en ese grupo del 90%, por lo que te dije en el post anterior.
Y la verdad es que eso ya no me mortifica mucho. En mi pueblo una de las formas más comunes de insultar a alguien es precisamente esa, decir que lo parió una prostituta. Mi señora madre, divorciada desde hace 20 años y pensionada, oyó una vez cuando, en medio de una discusión, la novia de turno me endilgaba ese epíteto. Lejos de indignarse, la pobre suspiró profundamente y terció en la refriega verbal diciendo: “ojalá eso fuera verdad.... me habría divertido mucho y ganado más dinero”.
Te juro que hoy día, cuando me insultan así, en vez de molestarme siento pena por mi madre... no fue puta, a pesar de haber parido a un h de p.
La verdad de hoy:
"Las putas al poder, porque con los hijos no nos fue bien" (Graffiti en una pared cualquiera).
Al margen de que no sepamos qué cuernos es el otro 10% (pueden ser desgraciados, bastardos, hijos de perra, etc. etc. o más bien buena gente, que creo es a lo que se refería mi vecina), el caso es que yo debo estar en ese grupo del 90%, por lo que te dije en el post anterior.
Y la verdad es que eso ya no me mortifica mucho. En mi pueblo una de las formas más comunes de insultar a alguien es precisamente esa, decir que lo parió una prostituta. Mi señora madre, divorciada desde hace 20 años y pensionada, oyó una vez cuando, en medio de una discusión, la novia de turno me endilgaba ese epíteto. Lejos de indignarse, la pobre suspiró profundamente y terció en la refriega verbal diciendo: “ojalá eso fuera verdad.... me habría divertido mucho y ganado más dinero”.
Te juro que hoy día, cuando me insultan así, en vez de molestarme siento pena por mi madre... no fue puta, a pesar de haber parido a un h de p.
La verdad de hoy:
"Las putas al poder, porque con los hijos no nos fue bien" (Graffiti en una pared cualquiera).
Confieso que he mentido
No es fácil decirlo.... he mentido. No sólo mentiras blancas, no sólo mentiras piadosas, sino también mentiras de las que aún perdonándose no se olvidan. He faltado a la verdad, por acción y por omisión.
Juré amor eterno y sólo duró un suspiro. Prometí la luna y ni siquiera llegó a triste lucecita de 15 watts. He sido infiel, que ya de por si es mentir, y ante la evidencia acusadora lo he negado descaradamente. He plagiado trabajos, ideas. He mentido para evadir responsabilidades. He mentido para aparentar y no ser menos.
Peor aún, el principal objeto de mis mentiras he sido yo mismo. Me he mentido durante largos años. He llevado una existencia social y políticamente correcta, he hecho lo que se esperaba que hiciera, complaciendo a todo el mundo, asumiendo cargas y culpas que no tenían por que ser mías. Y me he dicho que eso estaba bien, que así era feliz.
He dejado de arriesgarme por miedo a los resultados y lo oculté bajo el manto de la prudencia. Me negué locas aventuras por temor a lo desconocido y lo disfracé con el velo de la madurez. Me inhibí pensando en el qué dirán y lo revestí del sentido del ridículo. Y me creí todo eso...
Me quedé con una mujer cuando amaba a otra y me dije que eso era lealtad y responsabilidad. Y también me lo creí...
Hoy ya no sé que ha sido mentira y que ha sido realidad. Por eso estas páginas, para exorcizar mis demonios y expiar mis pecados...... y poder seguir mintiendo!!!!
"Little Lies" - Fleetwood Mac
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Juré amor eterno y sólo duró un suspiro. Prometí la luna y ni siquiera llegó a triste lucecita de 15 watts. He sido infiel, que ya de por si es mentir, y ante la evidencia acusadora lo he negado descaradamente. He plagiado trabajos, ideas. He mentido para evadir responsabilidades. He mentido para aparentar y no ser menos.
Peor aún, el principal objeto de mis mentiras he sido yo mismo. Me he mentido durante largos años. He llevado una existencia social y políticamente correcta, he hecho lo que se esperaba que hiciera, complaciendo a todo el mundo, asumiendo cargas y culpas que no tenían por que ser mías. Y me he dicho que eso estaba bien, que así era feliz.
He dejado de arriesgarme por miedo a los resultados y lo oculté bajo el manto de la prudencia. Me negué locas aventuras por temor a lo desconocido y lo disfracé con el velo de la madurez. Me inhibí pensando en el qué dirán y lo revestí del sentido del ridículo. Y me creí todo eso...
Me quedé con una mujer cuando amaba a otra y me dije que eso era lealtad y responsabilidad. Y también me lo creí...
Hoy ya no sé que ha sido mentira y que ha sido realidad. Por eso estas páginas, para exorcizar mis demonios y expiar mis pecados...... y poder seguir mintiendo!!!!
"Little Lies" - Fleetwood Mac
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