Advertencia
A mi único y consecuente lector:
Por motivos de trabajo, esta noche debo viajar a Brasilia por cuatro días. Estaré de vuelta este domingo. Espero tener algún momento libre para postear algo. Si no puedo hacerlo, espero me perdones.
Como dijera el inmortal Vinicius "adeus, que eu vou partir"...
Por motivos de trabajo, esta noche debo viajar a Brasilia por cuatro días. Estaré de vuelta este domingo. Espero tener algún momento libre para postear algo. Si no puedo hacerlo, espero me perdones.
Como dijera el inmortal Vinicius "adeus, que eu vou partir"...
Crepúsculo
Uno de los pocos placeres que aún me depara la vida es la posibilidad de contemplar los hermosos atardeceres que día a día nos regalan los cielos de por aquí. Siempre es agradable hacer un alto en el trajín y la rutina diaria, para disfrutar la serena belleza del sol que se oculta tras las lomas del oeste. Son breves instantes que invitan a la reflexión, al recogimiento y al diálogo intimista de nuestros pensamientos. Como dijera aquel poeta cubano:
En esos minutos de quietud, cuando nuestro espíritu vaga a la sombra de lo ignoto, las brumas crepusculares se empeñan en mostrarme la imagen de un ser especial que me brinda su cariño y amistad. Cada uno de los colores de la tarde que nos deja es el fiel reflejo de ella... dulce y afectuosa como los pálidos rosas... sosegada y serena como los tenues amarillos... cálida como el encendido naranja... con la pasión e intensidad del fulgurante rojo... mágica y encantadora como los subyugantes dorados. Pero también misteriosa como los enigmas y arcanos que encierra la noche que sigue al ocaso... distante como los astros que pueblan el nocturno firmamento... y cautivadora y alegre, como la esperanza que nos deja la promesa de un nuevo día.
Dime que desvarío, pero te juro que yo la veo así en los matices de ese fugaz momento, cuando aún sin ser de noche dejó de ser de día.
"Quinta Anauco" - Aldemaro Romero
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Hora de soledad y de melancolía,
en que casi es de noche y casi no es de día.
Hora para que vuelva todo lo que se fue,
hora para estar triste, sin preguntar por qué.
POEMA PARA EL CRESPUSCULO (fragmento)
José Angel Buesa
En esos minutos de quietud, cuando nuestro espíritu vaga a la sombra de lo ignoto, las brumas crepusculares se empeñan en mostrarme la imagen de un ser especial que me brinda su cariño y amistad. Cada uno de los colores de la tarde que nos deja es el fiel reflejo de ella... dulce y afectuosa como los pálidos rosas... sosegada y serena como los tenues amarillos... cálida como el encendido naranja... con la pasión e intensidad del fulgurante rojo... mágica y encantadora como los subyugantes dorados. Pero también misteriosa como los enigmas y arcanos que encierra la noche que sigue al ocaso... distante como los astros que pueblan el nocturno firmamento... y cautivadora y alegre, como la esperanza que nos deja la promesa de un nuevo día.
Dime que desvarío, pero te juro que yo la veo así en los matices de ese fugaz momento, cuando aún sin ser de noche dejó de ser de día.
"Quinta Anauco" - Aldemaro Romero
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Algo especial
Tengo una amistad muy especial con una persona de mi trabajo, quien sin saberlo me iluminó el sendero en algunas de mis horas más oscuras, al hacerme recordar, sin ella proponérselo, que nuestros conflictos existenciales no son el centro del universo y que, salvo la muerte, todo tiene solución.
Estaba pensando en ella, cuando recordé un hermoso poema que hace muchos años el poeta nicaragüense Martínez Rivas le dedicó a una mujer llamada Elvira. Aunque en el fondo los versos se refieren a las trampas de la feminidad, creo que resumen muy bien las cualidades que hoy veo en esta amiga.
Me temo que no de muchas mujeres podemos decir todo esto.
Estaba pensando en ella, cuando recordé un hermoso poema que hace muchos años el poeta nicaragüense Martínez Rivas le dedicó a una mujer llamada Elvira. Aunque en el fondo los versos se refieren a las trampas de la feminidad, creo que resumen muy bien las cualidades que hoy veo en esta amiga.
Van dirigidas estas líneas a quien poseyó:
la Belleza, sin la arrogancia
la Virtud, sin la gazmoñería
la Coquetería, sin la liviandad
el Desinterés, sin la desesperación
el Ingenio, sin la mofa
la Ingenuidad, sin la ignorancia
todas las trampas de la feminidad, sin usarlas.PEQUEÑA MORAL (A ELVIRA)
Carlos Martínez Rivas
(La Insurrección Solitaria - 1953)
Me temo que no de muchas mujeres podemos decir todo esto.
Recompensa
Rescatado del baúl de los recuerdos:
Y qué te puedo decir?... no es para un Nobel, pero razón no le falta.
El Estado no me ofrece
ni seguridad ni aventura:
estoy contra el Estado.
Tú tampoco me ofreces
ni seguridad ni aventura.
Pero si me acuesto
con el Estado
no amanezco con un jardín en la cabeza.RECOMPENSA
Juan Gonzalo Rose
(Peldaños sin escalera - Lima, 1974).
Y qué te puedo decir?... no es para un Nobel, pero razón no le falta.
¡Me harté!
“Por motivo de urgente renovación, regalo supuestos, falsos y/o pseudo amigos con poco uso. Interesados preguntar por Mutato Nomine en el Bohemio’s Café”.
"Fake Friends" - Joan Jett and The Blackhearts
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"Fake Friends" - Joan Jett and The Blackhearts
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Motivos de un blog personal
Ayer, en el Bohemio’s Café, escuché que alguien en la mesa de al lado preguntaba las razones para escribir un blog. No sé cuáles serán los motivos ajenos, pero en mi caso lo hice con la intención de desgranar aquí todas y cada una de mis miserias, al igual que muchas de las bitácoras que hay por ahí. La idea era obligarme a una reflexión sobre lo que ha sido mi vida hasta ahora, pues al escribir no solo debes pensar en lo ocurrido (verdad de perogrullo, ya lo sé), sino que también ves las cosas en perspectiva, desde la distancia, lo cual ayuda a digerir el asunto. Catarsis que le dicen. De allí ese primer post patético titulado “Confieso que he mentido”.
No pude pasar de ahí. No hay caso, no me sale. No puedo sentarme y escribirte mis miserias. Por muchas razones. La principal de ellas porque me costaba escribir lo que pensaba y una vez que lo veía en blanco y negro me parecía aburrido, patético. Vamos, que una cosa es pensar y otra escribir. Y la verdad a mi el papelito de llorón no me va.
Entonces intenté seguir el estilo de otros blogs y narrar aquí, a manera de diario, los acontecimientos que vivo día a día. ¡Craso error!. Mi vida es tan común y corriente, tan cotidiana y falta de emociones que te juro que me dormí releyendo los borradores de posts que iba a publicar. Resultado: todos a la papelera de un solo click en “delete”.
Así que la idea primigenia del blog murió al nacer y éste pasó a convertirse en una serie de comentarios y reflexiones, si es que así se le puede llamar a estos posts, sobre algunas cosas que de una u otra manera tienen que ver conmigo. El resultado ha sido interesante. Cuando digo interesante no me refiero a los posts publicados, que son inmamables, sino a lo que he descubierto al escribir.
Me he dado cuenta que en general no tengo ni p..eregrina idea de lo que hablo, que en muchos temas poseo un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad (esto se lo plagié a alguien, seguro) y que a mi no me ha alcanzado la sabiduría que se supone llega con la madurez.
Si, tienes razón, esto no explica que motiva realmente a tener una bitácora personal. Porque si a ver vamos, se pueden obtener los mismos resultados escribiendo en una libretita con lindas hojas o en el Microsoft Word. El punto es ¿por qué hacerlo público?, ¿por qué lanzarlo a un medio donde cualquiera puede leerlo?, ¿para qué exponerse a los comentarios de desconocidos?...
Ahí si entramos en honduras. Pueden ser muchas cosas. ¿Soledad?, ¿matar el aburrimiento?, ¿necesidad de afecto, de expresarnos, de que alguien nos escuche?, ¿afán de reconocimiento?, ¿escapismo?... simple pasatiempo... o porque si, porque me sale de los cojones... Incluso, en mis escasos momentos de lucidez, me pregunto si en el fondo no es más que un ejercicio de vanidad, de puro ego, como dijo este sujeto en Cambio:
¿Qué tal?... por las dudas, al terminar de escribir esto, corro a ver a mi psiquiatra, que por un par de tragos me atiende feliz en la barra del Bohemio’s.
La verdad de hoy:
"Vanitas vanitatum et omnia vanitas" (Latinazo cuyo autor intelectual desconozco)
No pude pasar de ahí. No hay caso, no me sale. No puedo sentarme y escribirte mis miserias. Por muchas razones. La principal de ellas porque me costaba escribir lo que pensaba y una vez que lo veía en blanco y negro me parecía aburrido, patético. Vamos, que una cosa es pensar y otra escribir. Y la verdad a mi el papelito de llorón no me va.
Entonces intenté seguir el estilo de otros blogs y narrar aquí, a manera de diario, los acontecimientos que vivo día a día. ¡Craso error!. Mi vida es tan común y corriente, tan cotidiana y falta de emociones que te juro que me dormí releyendo los borradores de posts que iba a publicar. Resultado: todos a la papelera de un solo click en “delete”.
Así que la idea primigenia del blog murió al nacer y éste pasó a convertirse en una serie de comentarios y reflexiones, si es que así se le puede llamar a estos posts, sobre algunas cosas que de una u otra manera tienen que ver conmigo. El resultado ha sido interesante. Cuando digo interesante no me refiero a los posts publicados, que son inmamables, sino a lo que he descubierto al escribir.
Me he dado cuenta que en general no tengo ni p..eregrina idea de lo que hablo, que en muchos temas poseo un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad (esto se lo plagié a alguien, seguro) y que a mi no me ha alcanzado la sabiduría que se supone llega con la madurez.
Si, tienes razón, esto no explica que motiva realmente a tener una bitácora personal. Porque si a ver vamos, se pueden obtener los mismos resultados escribiendo en una libretita con lindas hojas o en el Microsoft Word. El punto es ¿por qué hacerlo público?, ¿por qué lanzarlo a un medio donde cualquiera puede leerlo?, ¿para qué exponerse a los comentarios de desconocidos?...
Ahí si entramos en honduras. Pueden ser muchas cosas. ¿Soledad?, ¿matar el aburrimiento?, ¿necesidad de afecto, de expresarnos, de que alguien nos escuche?, ¿afán de reconocimiento?, ¿escapismo?... simple pasatiempo... o porque si, porque me sale de los cojones... Incluso, en mis escasos momentos de lucidez, me pregunto si en el fondo no es más que un ejercicio de vanidad, de puro ego, como dijo este sujeto en Cambio:
“Sería interesante estudiar la psicología de quienes crean blogs, pues sospecho que en muchos casos se trata de seres con el deseo voyeurista de analizarse, fascinados por el espectáculo cotidiano de sus vidas, o de sus ideas u obsesiones, dejando ver una pizca de megalomanía disfrazada de amor al debate, un ego hipertrófico escondido tras conceptos como la alegría de compartir o lo hermoso que es interactuar sanamente con los demás, ¡oh, los demás!, esa entelequia en nombre de la cual todo se justifica.”
¿Qué tal?... por las dudas, al terminar de escribir esto, corro a ver a mi psiquiatra, que por un par de tragos me atiende feliz en la barra del Bohemio’s.
La verdad de hoy:
"Vanitas vanitatum et omnia vanitas" (Latinazo cuyo autor intelectual desconozco)
¿Por qué morir?
Por razones que no vienen ahora al caso, esta semana he estado monotemático con la muerte. Dándole vueltas al asunto me ha venido a la memoria el neogranadino Andrés Caicedo, quien una vez afirmó que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza, una insensatez. Fiel a su palabra, este joven escritor se suicidó ingiriendo pastillas del barbitúrico “Seconal” poco antes de cumplir los 26 años, en marzo de 1977. Demás está decir que su suicidio lo convirtió en el mito de una generación de colombianos y en el símbolo de una contracultura suburbana.
Vamos, que algo de razón no le faltaba. A los 25 estamos en la flor de la vida (si, frasecita cliché, ya lo sé, pero no se me ocurrió otra), llenos de vitalidad, confianza, expectativas, anhelos y metas, dispuestos a conquistar el mundo. Y entonces viene la vida y se encarga de patearte el trasero.
Tal vez uno debería morir joven, en pleno uso de las facultades físicas y mentales, antes que te abrumen las responsabilidades y la rutina del cotidiano vivir (¿o existir?), antes que te asalten las dudas y las preocupaciones sobre el futuro, la economía, y la política y, mejor aún, antes que la realidad te muestre su fea cara de miseria y maldad. Además ¿si supieras que te mueres a los 25 no vivirías a fondo, desesperadamente?... yo diría que sí....
Ya hablando en serio, no sé en qué estaría pensando Andrés Caicedo cuando decidió abandonar esta vida. Seguro no fueron las razones pueriles y baladíes que acabo de esgrimir. Pero lo que sea que haya sido, debió ser tan abrumador como para nublarle la razón y llevarlo a esa decisión. Sólo así se puede explicar que un alma atormentada opte por esa salida. Pero difícilmente se puede estar de acuerdo con esa idea.
Y es que al final de cuentas, el suicidio es una solución definitiva, y nada racional, a un problema temporal. Yo, que hace bastante rato pasé la curva de los veinticinco, prefiero asumir una perspectiva optimista y buscar mil causas para seguir viviendo, aún cuando a veces pareciera que están todos los motivos agotados. Un poeta del oriente venezolano, Manuel Osorio, encontró estas sencillas razones que creo son valederas:
¿Naif?... ¿frívolas?... ¿color rosa adolescente?.... lo podemos discutir. Por lo pronto, esas razones me bastan para no convertirme en una estadística más de la OMS. Al fin y al cabo, no hay razón para adelantar lo que inexorablemente nos va a alcanzar.
"Suicide is painless" - Johnny Mandel and the MASH
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Vamos, que algo de razón no le faltaba. A los 25 estamos en la flor de la vida (si, frasecita cliché, ya lo sé, pero no se me ocurrió otra), llenos de vitalidad, confianza, expectativas, anhelos y metas, dispuestos a conquistar el mundo. Y entonces viene la vida y se encarga de patearte el trasero.
Tal vez uno debería morir joven, en pleno uso de las facultades físicas y mentales, antes que te abrumen las responsabilidades y la rutina del cotidiano vivir (¿o existir?), antes que te asalten las dudas y las preocupaciones sobre el futuro, la economía, y la política y, mejor aún, antes que la realidad te muestre su fea cara de miseria y maldad. Además ¿si supieras que te mueres a los 25 no vivirías a fondo, desesperadamente?... yo diría que sí....
Ya hablando en serio, no sé en qué estaría pensando Andrés Caicedo cuando decidió abandonar esta vida. Seguro no fueron las razones pueriles y baladíes que acabo de esgrimir. Pero lo que sea que haya sido, debió ser tan abrumador como para nublarle la razón y llevarlo a esa decisión. Sólo así se puede explicar que un alma atormentada opte por esa salida. Pero difícilmente se puede estar de acuerdo con esa idea.
Y es que al final de cuentas, el suicidio es una solución definitiva, y nada racional, a un problema temporal. Yo, que hace bastante rato pasé la curva de los veinticinco, prefiero asumir una perspectiva optimista y buscar mil causas para seguir viviendo, aún cuando a veces pareciera que están todos los motivos agotados. Un poeta del oriente venezolano, Manuel Osorio, encontró estas sencillas razones que creo son valederas:
Aunque sea para soñar,
vale la pena este vivir.
Y si vivimos para amar,
¿por qué morir?
Aunque tengamos que llorar
y aunque tengamos que sufrir,
si llega el día de cantar,
¿por qué morir?
Si ella jamás ha de llegar.
Si ella jamás ha de existir.
Mientras la puedo desear,
¿por qué morir?
Si hay unos labios que besar
y una palabra que decir
y otra palabra que escuchar,
¿por qué morir?
Si siempre es hora de esperar,
y siempre es hora de partir,
y hay un camino por andar,
¿por qué morir?¿POR QUÉ MORIR?
(Manuel Osorio Calatrava)
¿Naif?... ¿frívolas?... ¿color rosa adolescente?.... lo podemos discutir. Por lo pronto, esas razones me bastan para no convertirme en una estadística más de la OMS. Al fin y al cabo, no hay razón para adelantar lo que inexorablemente nos va a alcanzar.
"Suicide is painless" - Johnny Mandel and the MASH
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New Orleans
Navegando en la red, buscando información sobre la situación de New Orleans, llegué por casualidad a Google Maps, donde se pueden ver las imágenes satelitales de esa ciudad luego del paso del huracán Katrina.
Como todo el mundo he visto en las noticias las fotos y filmaciones de algunas áreas del desastre, pero creo que ninguna alcanzó a darme una idea exacta de la magnitud de las inundaciones. Si claro, te impacta la visión de infraestructura destruida y casas sumergidas, te abruman las cifras de muertos, heridos, desaparecidos y damnificados, intentas imaginar cómo será eso de que el 70 por ciento de la ciudad esté prácticamente bajo agua. Pero una cosa es imaginarlo y otra muy distinta constatarlo con estas fotografías tomadas desde satélite. Una imagen vale más etc. etc. etc.
Este interés por New Orleans viene a cuento por los recuerdos que tengo de esa ciudad. En ella pasé una etapa de mi vida que, aunque muy breve, me marcó profundamente. Allí viví solo y lejos de mi familia por primera vez, olvidé mi primer desamor y descubrí que eso del amor eterno es paja loca, me fumé los primeros porros y agarré las primeras borracheras, conocí el jazz y me corté las venas con el blues, me enamoré platónicamente de la primera y única puta que he conocido en mi vida (pagada, quiero decir, porque después hubo otras, pero a esas las llamo putas por puro despecho) y adquirí el vicio de ver la vida pasar bebiendo plácidamente un buen café (si, café gourmet, no esa porquería química, instantánea y de maquinita de Nescafé).
Y como esas, mil vivencias más que para un tardío adolescente a inicios de los ochenta significaron en su momento algo así como descubrir el mundo. Recuerdos tristes de un pasado alegre como dicen en mi barrio, que aquí entre nos (antes que tú me lo digas) son memorias pendejas y superfluas de niño bien, instalado cómodamente en casa, comparados con los amargos recuerdos y experiencias que le quedarán a las víctimas sobrevivientes de este devastador huracán.
"(What did i do to be so) Black and Blue" - Louis Armstrong
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Como todo el mundo he visto en las noticias las fotos y filmaciones de algunas áreas del desastre, pero creo que ninguna alcanzó a darme una idea exacta de la magnitud de las inundaciones. Si claro, te impacta la visión de infraestructura destruida y casas sumergidas, te abruman las cifras de muertos, heridos, desaparecidos y damnificados, intentas imaginar cómo será eso de que el 70 por ciento de la ciudad esté prácticamente bajo agua. Pero una cosa es imaginarlo y otra muy distinta constatarlo con estas fotografías tomadas desde satélite. Una imagen vale más etc. etc. etc.
Este interés por New Orleans viene a cuento por los recuerdos que tengo de esa ciudad. En ella pasé una etapa de mi vida que, aunque muy breve, me marcó profundamente. Allí viví solo y lejos de mi familia por primera vez, olvidé mi primer desamor y descubrí que eso del amor eterno es paja loca, me fumé los primeros porros y agarré las primeras borracheras, conocí el jazz y me corté las venas con el blues, me enamoré platónicamente de la primera y única puta que he conocido en mi vida (pagada, quiero decir, porque después hubo otras, pero a esas las llamo putas por puro despecho) y adquirí el vicio de ver la vida pasar bebiendo plácidamente un buen café (si, café gourmet, no esa porquería química, instantánea y de maquinita de Nescafé).
Y como esas, mil vivencias más que para un tardío adolescente a inicios de los ochenta significaron en su momento algo así como descubrir el mundo. Recuerdos tristes de un pasado alegre como dicen en mi barrio, que aquí entre nos (antes que tú me lo digas) son memorias pendejas y superfluas de niño bien, instalado cómodamente en casa, comparados con los amargos recuerdos y experiencias que le quedarán a las víctimas sobrevivientes de este devastador huracán.
"(What did i do to be so) Black and Blue" - Louis Armstrong
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Apología breve del bolero
Yo no sé como será en otras latitudes, pero por estas tierras un despecho que se respete se sufre al ritmo del bolero. ¿Una pena de amor?... bolero con eso. ¿Te dejó tu mujer?... vacílate al Inquieto Anacobero. ¿Te pusieron los cuernos?... vengan Los Panchos. ¿Un amor no correspondido?.... invoca a Nelson Pinedo. Y es que los mejores amigos de un corazón destrozado son gente como Olimpo Cárdenas, Olga Guillot y Antonio Machín.... y una buena botella de ron.
Un macho que se despecha lo hace con boleros, nada de baladitas desabridas. Qué corazón "partio" ni que niño muerto, eso es para pusilánimes!!. Y nada de ron blanco, y menos Bacardí, que eso es para coctelitos de niñas buenas. El despechado se toma el ron a palo seco.
Chistes aparte, por aquí en el Caribe en tiempos de desamor el bolero nos remite al sufrimiento con alcohol y rockola en noches de soledad y desesperanza. Es desgarrador, es abandono del propio ser, es agonía, es fracaso:
“triste agonía vivir sin ti”
“sin ti no podré vivir jamás”
“mi desgracia fue quererte”
“me duele el corazón, no siento el alma”
Y dime tú que no te sientes así cuando te dejan en la estacada. Ahora bien, curiosamente, en el bolero el amante está abandonado a su suerte, su pena obedece a los designios de Dios. La tragedia amorosa es obra del destino:
“¿por qué Dios me hizo quererte para hacerme sufrir más?”
“culpable es mi destino, que me hizo comprender que no era mío tu amor”
“es mi destino vivir así”
“la vida inclemente te separa de mí”
Venga, que estoy frito porque así está escrito en alguna parte y no puedo hacer nada por remediarlo. Por supuesto, ya que no está en mis manos, mi condena es amarte por siempre y sin remedio. Es pues la exclamación pura y desgarrada, sin comprensión, sin medición, de un enamorado, es la afirmación del sentimiento de entrega, aunque esa entrega no se cumpla:
“no podré querer a nadie más”
“sólo a ti entregaré mi cariño, mi corazón, mi fe”
“regálame esta noche, retrásame la muerte”
“aunque me cueste la vida, sigo buscando tu amor”
La mejor parte, por aquello de que la culpa siempre es de los otros, es que en el bolero el desamor casi siempre es traición, perfidia, mentira. Hablando mal y pronto, me abandona no porque yo soy un hijo de puta, sino porque es una mujer perjura. Me rechaza porque es pérfida, mentirosa, no porque yo sea un troglodita machista. Ah! como sufro por esa malvada:
“fuiste muy canalla al abandonarme”
“ninguna tan perversa como tú”
“eres una pobre aventurera”
“te entregaste a un ser malvado”
Ahora, si resulta que no estás despechado, no importa. El bolero no es solo letra y música, es también baile y ya sabemos que por aquí el baile es la frustración vertical de un deseo horizontal. No, no, no me refiero a ese baile insípido, egocéntrico y onanista de la música moderna, en el que cada quien se mueve por su cuenta. Es un ritual sensual de cuerpos apretados, piernas que se rozan, manos entrelazadas, cercanías de aliento y susurros al oído.
En fin, que el bolero es eso, pasión, arrebato, traición, fatalidad, sinsabores, deseos, esperanzas. Como la propia vida.... y además eterno, a pesar de los cuatro intentos de asesinarlo perpetrados por Luis Miguel.
"Entre risas, copas y discos" - Leo Marini y la Sonara Matancera
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Un macho que se despecha lo hace con boleros, nada de baladitas desabridas. Qué corazón "partio" ni que niño muerto, eso es para pusilánimes!!. Y nada de ron blanco, y menos Bacardí, que eso es para coctelitos de niñas buenas. El despechado se toma el ron a palo seco.
Chistes aparte, por aquí en el Caribe en tiempos de desamor el bolero nos remite al sufrimiento con alcohol y rockola en noches de soledad y desesperanza. Es desgarrador, es abandono del propio ser, es agonía, es fracaso:
Y dime tú que no te sientes así cuando te dejan en la estacada. Ahora bien, curiosamente, en el bolero el amante está abandonado a su suerte, su pena obedece a los designios de Dios. La tragedia amorosa es obra del destino:
Venga, que estoy frito porque así está escrito en alguna parte y no puedo hacer nada por remediarlo. Por supuesto, ya que no está en mis manos, mi condena es amarte por siempre y sin remedio. Es pues la exclamación pura y desgarrada, sin comprensión, sin medición, de un enamorado, es la afirmación del sentimiento de entrega, aunque esa entrega no se cumpla:
La mejor parte, por aquello de que la culpa siempre es de los otros, es que en el bolero el desamor casi siempre es traición, perfidia, mentira. Hablando mal y pronto, me abandona no porque yo soy un hijo de puta, sino porque es una mujer perjura. Me rechaza porque es pérfida, mentirosa, no porque yo sea un troglodita machista. Ah! como sufro por esa malvada:
Ahora, si resulta que no estás despechado, no importa. El bolero no es solo letra y música, es también baile y ya sabemos que por aquí el baile es la frustración vertical de un deseo horizontal. No, no, no me refiero a ese baile insípido, egocéntrico y onanista de la música moderna, en el que cada quien se mueve por su cuenta. Es un ritual sensual de cuerpos apretados, piernas que se rozan, manos entrelazadas, cercanías de aliento y susurros al oído.
En fin, que el bolero es eso, pasión, arrebato, traición, fatalidad, sinsabores, deseos, esperanzas. Como la propia vida.... y además eterno, a pesar de los cuatro intentos de asesinarlo perpetrados por Luis Miguel.
"Entre risas, copas y discos" - Leo Marini y la Sonara Matancera
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Pragmatismo
Calvin and Hobbes by Bill Watterson

© 2005 Bill Watterson
Yo, por principio de vida, soy caprichosamente pragmático.... y tú?

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Yo, por principio de vida, soy caprichosamente pragmático.... y tú?
Muerte en vida
Sumergido en el fastidio de una tarde lluviosa, vi en el cable una película titulada en inglés Defending your life. Filmada en 1991, es una historia romántica en la que Albert Brooks y Meryl Streeps, luego de morir, se conocen en una estación intermedia camino al cielo, donde deben defender ante unos jueces lo que hicieron con su vida. La trama es de lo más convencional y el final feliz es totalmente previsible como ocurre con estas películas norteamericanas. No es un film denso o profundo. Por el contrario, su línea argumental tiene huecos por todas partes, pero en honor a la verdad no creo que los realizadores tuvieran otra intención que la de ofrecer un rato de esparcimiento romanticón, sin mayores pretensiones.
Lo que me pareció rescatable es que allí se expresa que una de las razones por las cuales venimos a este mundo es para superar nuestros miedos. No el miedo instintivo a los peligros, sino el miedo a ser felices, el miedo de arriesgarnos por lo que creemos y anhelamos, el miedo a amar, el miedo a dejar nuestra insatisfecha existencia, aunque cómoda y segura, para perseguir nuestro sueños.
¿Cuánta gente habrá sobrellevando una vida rutinaria por el temor a salir a lo desconocido en pos de su destino?. Me pregunto que cantidad de veces habremos callado nuestros impulsos, postergado nuestros sueños y sepultado nuestros deseos bajo la fachada de la prudencia, el autocontrol, la ponderación, lo socialmente correcto. Miedo, ¿sabes?, no es otra cosa que el simple miedo a emprender la aventura de vivir conforme a los dictados de nuestro espíritu.
Si lo pensamos bien, resignarse a esa existencia de hastío es un poco como estar muerto en vida....
La verdad de hoy:
“¿Por qué morir si siempre es hora de partir y hay un camino por andar?” (Osorio Calatrava).
Lo que me pareció rescatable es que allí se expresa que una de las razones por las cuales venimos a este mundo es para superar nuestros miedos. No el miedo instintivo a los peligros, sino el miedo a ser felices, el miedo de arriesgarnos por lo que creemos y anhelamos, el miedo a amar, el miedo a dejar nuestra insatisfecha existencia, aunque cómoda y segura, para perseguir nuestro sueños.
¿Cuánta gente habrá sobrellevando una vida rutinaria por el temor a salir a lo desconocido en pos de su destino?. Me pregunto que cantidad de veces habremos callado nuestros impulsos, postergado nuestros sueños y sepultado nuestros deseos bajo la fachada de la prudencia, el autocontrol, la ponderación, lo socialmente correcto. Miedo, ¿sabes?, no es otra cosa que el simple miedo a emprender la aventura de vivir conforme a los dictados de nuestro espíritu.
Si lo pensamos bien, resignarse a esa existencia de hastío es un poco como estar muerto en vida....
La verdad de hoy:
“¿Por qué morir si siempre es hora de partir y hay un camino por andar?” (Osorio Calatrava).























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