Amigos invisibles
Allá por los lejanos ochentas, Arturo Uslar Pietri, uno de los más grandes intelectuales de Venezuela, llamaba “amigos invisibles” a los televidentes de su programa “Valores Humanos” que se transmitía por el canal estatal venezolano. Salvando las distancias, al igual que él, yo también tengo amigos invisibles a los que no conozco personalmente.
Son esos seres virtuales que encontré (o me encontraron) en la red por un azar de esta vida. Viven lejos, a miles de kilómetros de mi casa. Se conectan en el Messenger o en el ICQ y conversamos horas sobre cualquier cosa. Me cuentan su día a día, sus rutinas, sus sueños y esperanzas, sus tristezas y fracasos. Me hablan de amigos, familiares y conocidos. Me muestran fotos de sus viajes, de su gente, de sus ciudades, de sus mascotas.
A veces transcurren largas temporadas sin que nos “veamos” y cuando se produce un nuevo encuentro simplemente retomamos la conversación como si la hubiéramos dejado ayer. Nos ponemos al día, reímos, lloramos y muchas veces contamos cosas que no nos atreveríamos a confesar cara a cara a nuestros amigos “reales”.
En esos instantes de conversación, yo vivo con sus historias una vida que no es la mía. La imaginación me lleva a esos lugares sobre los que me hablan, miro los cielos que ellos ven, veo los mares que ellos describen. Me asfixio en el smog de sus ciudades, me aburro con ellos en el tedio de sus domingos, bebo en sus bares, paseo en sus parques y, sobre todo, disfruto de su compañía.
Existen otros con los que no “converso”, pero a los que leo con avidez. Si, son esos, los bloggers, gente que a través de sus espacios en la red nos abre una ventana a su cotidianidad, a sus ideas y sentimientos. Son páginas que también me hacen soñar y por breves momentos evadir mi propia cotidianidad y rutina.
Ahora bien, detrás de toda esa virtualidad, de esos juegos de la imaginación y la fantasía, hay seres de carne y hueso que yo me imagino buenos, especiales, sensibles, sin mezquindades y bajezas. Personas a las que admiro y respeto por la simple proeza de sobrevivir en este agreste mundo, a las que le tengo simpatía, aprecio y ¿por qué no? cariño también.
Aunque no lo saben, con todos ellos tengo una deuda pendiente que espero saldar un día no muy lejano: zanjar esas distancias que nos separan y en un enorme abrazo agradecerles personalmente, allí donde viven, por las horas de compañía, aventura y fantasía que me han brindado en la soledad de la red.
Son esos seres virtuales que encontré (o me encontraron) en la red por un azar de esta vida. Viven lejos, a miles de kilómetros de mi casa. Se conectan en el Messenger o en el ICQ y conversamos horas sobre cualquier cosa. Me cuentan su día a día, sus rutinas, sus sueños y esperanzas, sus tristezas y fracasos. Me hablan de amigos, familiares y conocidos. Me muestran fotos de sus viajes, de su gente, de sus ciudades, de sus mascotas.
A veces transcurren largas temporadas sin que nos “veamos” y cuando se produce un nuevo encuentro simplemente retomamos la conversación como si la hubiéramos dejado ayer. Nos ponemos al día, reímos, lloramos y muchas veces contamos cosas que no nos atreveríamos a confesar cara a cara a nuestros amigos “reales”.
En esos instantes de conversación, yo vivo con sus historias una vida que no es la mía. La imaginación me lleva a esos lugares sobre los que me hablan, miro los cielos que ellos ven, veo los mares que ellos describen. Me asfixio en el smog de sus ciudades, me aburro con ellos en el tedio de sus domingos, bebo en sus bares, paseo en sus parques y, sobre todo, disfruto de su compañía.
Existen otros con los que no “converso”, pero a los que leo con avidez. Si, son esos, los bloggers, gente que a través de sus espacios en la red nos abre una ventana a su cotidianidad, a sus ideas y sentimientos. Son páginas que también me hacen soñar y por breves momentos evadir mi propia cotidianidad y rutina.
Ahora bien, detrás de toda esa virtualidad, de esos juegos de la imaginación y la fantasía, hay seres de carne y hueso que yo me imagino buenos, especiales, sensibles, sin mezquindades y bajezas. Personas a las que admiro y respeto por la simple proeza de sobrevivir en este agreste mundo, a las que le tengo simpatía, aprecio y ¿por qué no? cariño también.
Aunque no lo saben, con todos ellos tengo una deuda pendiente que espero saldar un día no muy lejano: zanjar esas distancias que nos separan y en un enorme abrazo agradecerles personalmente, allí donde viven, por las horas de compañía, aventura y fantasía que me han brindado en la soledad de la red.
Madurez
En este largo sendero que hemos dado en llamar “vida”, todos los acontecimientos a nuestro alrededor se van engranando poco a poco, movidos por la mano invisible del destino. Incluso, las respuestas y salidas que buscamos se nos aparecen de manera providencial e inesperada, dictadas por nuestro propio sino.
Tengo tras de mi una larga hilera de catástrofes amorosas o desencuentros, como poéticamente los llamó Vinicius de Moraes. El último de ellos lo sufrí hace un año al enamorarme perdidamente de una amiga entrañable (y casada… una minucia, vamos), luego de muchos años de amistad. Tal vez siempre estuve enamorado de ella y no lo reconocía, pero eso es parte de otra historia. Superado el incidente, me intereso recientemente en alguien y, por varias razones que ahora tampoco vienen al caso, la historia muere al nacer.
Desde entonces, vengo dándole vueltas a este asunto de las relaciones de pareja, el amor y la búsqueda o encuentro, según como se mire, de la persona ideal. Como no tiene sentido llorar por la leche derramada, no me lamento por el pasado. Muy por el contrario, mis interrogaciones me las planteo con visión de futuro, tratando de aprender de los errores del pasado. Son innumerables las dudas que me abruman… ¿me enamoré de las mujeres equivocadas?, ¿dejé que el amor muriera?, ¿confundí cariño con amor?, ¿nunca las entendí?, ¿fui egoísta?, ¿qué debo cambiar?...
Y he aquí que, como decía al principio del post, el destino me ha dado hoy una respuesta a mis inquietudes, cual oráculo divino. Esta mañana, un colega, que desconoce mis cavilaciones sobre este tema, me ha enviado un e-mail en el que anexa un escrito anónimo cuyo contenido, en líneas generales, se parece muchísimo a lo que ha sido mi vida hasta ahora. A tal punto es la coincidencia que, aún no siendo mío, te digo que lo puedo suscribir en un noventa por ciento, pues me resulta casi autobiográfico.
La sabiduría final que encierran esas líneas, que a continuación transcribo, me ha hecho reflexionar profundamente. Al cabo de una corta pero densa meditación, he concluido que todos mis reveses en el amor no han sido otra cosa que un producto de mi inmadurez.
¡He ahí la respuesta: madurez!!!... Así que, con miras a futuras relaciones, han de ser tetonas y culonas; lo demás es accesorio. Hay que madurar!. A fin de cuentas ya va siendo hora, ¿verdad?...
Tengo tras de mi una larga hilera de catástrofes amorosas o desencuentros, como poéticamente los llamó Vinicius de Moraes. El último de ellos lo sufrí hace un año al enamorarme perdidamente de una amiga entrañable (y casada… una minucia, vamos), luego de muchos años de amistad. Tal vez siempre estuve enamorado de ella y no lo reconocía, pero eso es parte de otra historia. Superado el incidente, me intereso recientemente en alguien y, por varias razones que ahora tampoco vienen al caso, la historia muere al nacer.
Desde entonces, vengo dándole vueltas a este asunto de las relaciones de pareja, el amor y la búsqueda o encuentro, según como se mire, de la persona ideal. Como no tiene sentido llorar por la leche derramada, no me lamento por el pasado. Muy por el contrario, mis interrogaciones me las planteo con visión de futuro, tratando de aprender de los errores del pasado. Son innumerables las dudas que me abruman… ¿me enamoré de las mujeres equivocadas?, ¿dejé que el amor muriera?, ¿confundí cariño con amor?, ¿nunca las entendí?, ¿fui egoísta?, ¿qué debo cambiar?...
Y he aquí que, como decía al principio del post, el destino me ha dado hoy una respuesta a mis inquietudes, cual oráculo divino. Esta mañana, un colega, que desconoce mis cavilaciones sobre este tema, me ha enviado un e-mail en el que anexa un escrito anónimo cuyo contenido, en líneas generales, se parece muchísimo a lo que ha sido mi vida hasta ahora. A tal punto es la coincidencia que, aún no siendo mío, te digo que lo puedo suscribir en un noventa por ciento, pues me resulta casi autobiográfico.
La sabiduría final que encierran esas líneas, que a continuación transcribo, me ha hecho reflexionar profundamente. Al cabo de una corta pero densa meditación, he concluido que todos mis reveses en el amor no han sido otra cosa que un producto de mi inmadurez.
ASI ES LA VIDA
Cuando cumplí 14 años esperaba algún día tener una novia.
A los 16 tuve una novia, pero no había pasión. Entonces decidí que necesitaba una mujer apasionada, con ganas de vivir.
En la facultad salí con una mujer apasionada, pero era demasiado emocional. Todo era terrible, era la reina de los dramas, lloraba todo el tiempo y amenazaba con suicidarse. Entonces decidí que necesitaba una mujer estable.
Cuando tuve 25 años encontré una mujer muy estable, pero aburrida. Era totalmente predecible y nunca la excitaba nada. La vida se hizo tan plomiza que decidí que necesitaba una mujer más emocionante.
A los 28 encontré una mujer excitante, pero no pude seguir su ritmo. Iba de un lado a otro sin detenerse en nada. Hacía cosas impetuosas y coqueteaba con cualquiera que se le cruzara.
Me hizo tan miserable como feliz. De entrada fue divertido y energizante, pero sin futuro. Entonces decidí buscar una mujer con alguna ambición.
Cuando llegué a los 31, encontré una chica inteligente, ambiciosa y con los pies sobre la tierra. Decidí casarme. Era tan ambiciosa que me pidió el divorcio y se quedó con todo lo que yo tenía.
Ahora, a los 40, me gustan las mujeres con tetas grandes, un buen culo y punto.
Por fin maduré...
¡He ahí la respuesta: madurez!!!... Así que, con miras a futuras relaciones, han de ser tetonas y culonas; lo demás es accesorio. Hay que madurar!. A fin de cuentas ya va siendo hora, ¿verdad?...
Blackout!
O apagón, en cristiano… pero venga, que es muy fashion esto de meter locuciones extranjeras de vez en cuando. Te aclaro por las dudas: eso es pedantería en los demás, pero cuando el anglicismo, el galicismo o el latinazo lo escribimos nosotros es muestra de amplia cultura y savoir faire.
A lo que iba. Yo no sé como hacen los otros bloggers, pero a mí esto de las bitácoras se me está convirtiendo en una especie de maldición gitana, que dicen que son las peores a excepción del matrimonio. Cuando empecé esta “aventura”, como la llaman los animosos muchachos de Blogs Ya.com, el asunto me resultaba bastante divertido, pues nomás era escribir algunas cosas de vez en cuando (que por demás ya las tenía algo trabajadas como borradores), colgarlo en el blog y a otra cosa, mariposa.
Pero en la medida en que esto va avanzando, se está convirtiendo en una obsesión. Ahora me sorprendo pensando en el blog cada dos por tres. Veo una película y pienso que sería bueno comentarla por aquí. Leo una noticia y ¡zaz! ahí mismo me la estoy imaginando como un post. Escucho una canción y ¡hop! pa’l blog. En el auto, caminando, de compras, en una tediosa reunión, oyendo los mensajes del gerente general de la empresa… cualquier ocasión es buena para que mi mente divague y convierta una nimiedad en la madre de todos los temas. No, lo siento, sentado en el WC no, porque ahí sólo saldrían textos escatológicos y además hay que tener algo de pudor.
Así las cosas, me asaltan mil brillantes pensamientos para producir ingeniosos, mordaces, interesantes y apasionantes escritos. He llegado incluso al colmo de pensar que sería conveniente tener permanentemente a mano la cámara digital, como apéndice de mi cuerpo, para tomar fotos de cualquier cosa, que luego colocaré en el blog. Pero en fin, apartando este comportamiento obsesivo-compulsivo (creo que así lo llamó mi psiquiatra.. si, ese, el borracho del Bohemio’s) hasta aquí todo va bien. El asunto se pone cuesta arriba cuando llega el momento de verter esas ideas en el procesador de palabras (vulgar Microsoft Word). Ahí se viene encima el título de este blog: ¡¡¡apagón!!!. Todo en negro: mente, el monitor y la brillante idea que ipso facto se convierte en moribunda divagación.
Porque te cuento que una cosa es pensar y otra muy distinta escribir. Lo que me pareció interesante antes, ya no lo es al verlo en blanco y negro. Si fue divertido al pensarlo, dejó de serlo al escribirlo. Y así voy desechando una idea tras otra. Por supuesto que mientras eso ocurre, me va carcomiendo la angustia al ver que pasan los días desde que colgué el último post y no me sale ni un triste párrafo.
Para terminar de deprimirme, por ahí me enteré que hay tipos que en sus blogs escriben de dos a cuatro posts DIARIOS!!!!... joder, que bestias, si yo apenas alcanzo a los dos semanales y eso con mucho esfuerzo. Se me ocurre que voy a empezar a escribir posts cortitos al estilo de “me acabo de levantar y un negro augurio me anuncia que será un mal día”, para tres horas después publicar otro que diga “la lluvia triste enluta mi alma” y otros más así por el estilo. No sé si será efectivo, pero por lo menos me divertiré pensando en la confusión de mi único y consecuente lector, que no alcanzará a entender si esas frases son mensajes en clave, genialidades ocultas, estados de ánimo, ausencia de ideas o simple majadería de quien esto escribe.
Queda pues advertido que si no escribo con más frecuencia no es porque no tenga nada que decir, sino simplemente porque no sé como decirlo. Por lo pronto, cambio “sopotocientas” ideas geniales por unos cuantos posts medianamente digeribles. Interesados preguntar en la barra del Bohemio’s Café.
Leído por ahí:
“¿Cómo puede algo ser tan plausible en el momento y tan idiota en retrospectiva?” (Calvin, personaje de la tira animada Calvin & Hobbes de Bill Watterson).
A lo que iba. Yo no sé como hacen los otros bloggers, pero a mí esto de las bitácoras se me está convirtiendo en una especie de maldición gitana, que dicen que son las peores a excepción del matrimonio. Cuando empecé esta “aventura”, como la llaman los animosos muchachos de Blogs Ya.com, el asunto me resultaba bastante divertido, pues nomás era escribir algunas cosas de vez en cuando (que por demás ya las tenía algo trabajadas como borradores), colgarlo en el blog y a otra cosa, mariposa.
Pero en la medida en que esto va avanzando, se está convirtiendo en una obsesión. Ahora me sorprendo pensando en el blog cada dos por tres. Veo una película y pienso que sería bueno comentarla por aquí. Leo una noticia y ¡zaz! ahí mismo me la estoy imaginando como un post. Escucho una canción y ¡hop! pa’l blog. En el auto, caminando, de compras, en una tediosa reunión, oyendo los mensajes del gerente general de la empresa… cualquier ocasión es buena para que mi mente divague y convierta una nimiedad en la madre de todos los temas. No, lo siento, sentado en el WC no, porque ahí sólo saldrían textos escatológicos y además hay que tener algo de pudor.
Así las cosas, me asaltan mil brillantes pensamientos para producir ingeniosos, mordaces, interesantes y apasionantes escritos. He llegado incluso al colmo de pensar que sería conveniente tener permanentemente a mano la cámara digital, como apéndice de mi cuerpo, para tomar fotos de cualquier cosa, que luego colocaré en el blog. Pero en fin, apartando este comportamiento obsesivo-compulsivo (creo que así lo llamó mi psiquiatra.. si, ese, el borracho del Bohemio’s) hasta aquí todo va bien. El asunto se pone cuesta arriba cuando llega el momento de verter esas ideas en el procesador de palabras (vulgar Microsoft Word). Ahí se viene encima el título de este blog: ¡¡¡apagón!!!. Todo en negro: mente, el monitor y la brillante idea que ipso facto se convierte en moribunda divagación.
Porque te cuento que una cosa es pensar y otra muy distinta escribir. Lo que me pareció interesante antes, ya no lo es al verlo en blanco y negro. Si fue divertido al pensarlo, dejó de serlo al escribirlo. Y así voy desechando una idea tras otra. Por supuesto que mientras eso ocurre, me va carcomiendo la angustia al ver que pasan los días desde que colgué el último post y no me sale ni un triste párrafo.
Para terminar de deprimirme, por ahí me enteré que hay tipos que en sus blogs escriben de dos a cuatro posts DIARIOS!!!!... joder, que bestias, si yo apenas alcanzo a los dos semanales y eso con mucho esfuerzo. Se me ocurre que voy a empezar a escribir posts cortitos al estilo de “me acabo de levantar y un negro augurio me anuncia que será un mal día”, para tres horas después publicar otro que diga “la lluvia triste enluta mi alma” y otros más así por el estilo. No sé si será efectivo, pero por lo menos me divertiré pensando en la confusión de mi único y consecuente lector, que no alcanzará a entender si esas frases son mensajes en clave, genialidades ocultas, estados de ánimo, ausencia de ideas o simple majadería de quien esto escribe.
Queda pues advertido que si no escribo con más frecuencia no es porque no tenga nada que decir, sino simplemente porque no sé como decirlo. Por lo pronto, cambio “sopotocientas” ideas geniales por unos cuantos posts medianamente digeribles. Interesados preguntar en la barra del Bohemio’s Café.
Leído por ahí:
“¿Cómo puede algo ser tan plausible en el momento y tan idiota en retrospectiva?” (Calvin, personaje de la tira animada Calvin & Hobbes de Bill Watterson).
Hoy la vi
Al término de un pesado día laboral, me encuentro solo y algo deprimido en la barra del Bohemios’s Café. Espero a una amiga que demora mucho en llegar. Mientras bebo el segundo vodka tonic, entra un grupo bullicioso de personas, entre las cuales veo a alguien a quien años atrás juré amar para siempre. Pero fue un "para siempre" por la mitad, como todos mis “para siempre”. Me reconoce, me saluda en la distancia (adivino cierto sarcasmo en su gesto) y sigue su camino hacia la terraza.
Obnibulado por los efluvios etílicos, me reafirmo en la idea de que todas mis ex son como las olas que bañan la playa y regresan al mar, vienen y van en un perenne fluir. No, no es poesía, no te confundas, es una joda del destino, que hace que de manera reiterativa me las consiga fortuitamente en los peores momentos. Los peores momentos míos, por supuesto.
A ver si me explico… un domingo te vas a desayunar a esa famosa pastelería que casualmente queda a dos calles de tu casa. Llevas el periódico dominical bajo el brazo, barba sin afeitar, bermudas, sandalias y camiseta descolorida por los años de continuas lavadas. Vamos, que es domingo y andas cómodo. Te ubicas en la terraza, en esa clara y soleada mañana, desde donde ves el movimiento de la calle.
Todo es perfecto: el día, la comida, el ambiente, hasta que de pronto “Ella”, a quien no veías desde tiempo atrás, hace su aparición, radiante, de impecable lino blanco, perfumada, la suave brisa ondea su bien arreglada cabellera. Todos voltean a verla. Y ahí estás tú, en aquella facha miserable, con tu bocota bien abierta para morder un croissant, cuando ella fija su vista en ti. Tierra trágame!
Jueves en la noche. Llegas al teatro directo desde el trabajo, luego de una larga, pesada y complicada jornada. Algo desaliñado por el trajín y visiblemente cansado. Te acompaña una amiga del alma que tiene evidentes problemas de sobrepeso. Muy simpática, pero más fea que pelea a navajazos en un ascensor. Y ahí el hado vuelve a escupirte.
Entra en el lobby “Aquella”, esbelta, más hermosa que nunca, con un vestido espectacular, del brazo de un joven Adonis de dos metros de alto y un metro de espaldas. Y ahí mismo sientes como su mirada de sorna te va recorriendo de arriba a bajo a ti y a tu adorada amiga. Aunque intentes disimular y hacerte el loco, “Aquella” invariablemente se acercará a presentarte al Adonis y decirte, sarcásticamente, que haces linda pareja con tu “novia”. Dime que no te quisieras morir en ese instante.
Lo peor es esa actitud desdeñosa y el tonito de voz con que te hablan, como diciendo “mira que bien me la paso sin ti, piltrafa”. Y como esas, mil situaciones más en las que la única constante es que ellas están siempre radiantes, bellas, deslumbrantes y yo vuelto un trapo. En eso no hay vuelta de hoja, siempre es lo mismo, las desgraciadas reaparecen en los instantes más inoportunos. ¡Déjame la botella!
Escuchado en el Bohemios’s Café:
“Dios me ignora…” (alguien sentado en la barra, al calor de un vodka).
“Hoy la vi” - Pablo Milanés
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Obnibulado por los efluvios etílicos, me reafirmo en la idea de que todas mis ex son como las olas que bañan la playa y regresan al mar, vienen y van en un perenne fluir. No, no es poesía, no te confundas, es una joda del destino, que hace que de manera reiterativa me las consiga fortuitamente en los peores momentos. Los peores momentos míos, por supuesto.
A ver si me explico… un domingo te vas a desayunar a esa famosa pastelería que casualmente queda a dos calles de tu casa. Llevas el periódico dominical bajo el brazo, barba sin afeitar, bermudas, sandalias y camiseta descolorida por los años de continuas lavadas. Vamos, que es domingo y andas cómodo. Te ubicas en la terraza, en esa clara y soleada mañana, desde donde ves el movimiento de la calle.
Todo es perfecto: el día, la comida, el ambiente, hasta que de pronto “Ella”, a quien no veías desde tiempo atrás, hace su aparición, radiante, de impecable lino blanco, perfumada, la suave brisa ondea su bien arreglada cabellera. Todos voltean a verla. Y ahí estás tú, en aquella facha miserable, con tu bocota bien abierta para morder un croissant, cuando ella fija su vista en ti. Tierra trágame!
Jueves en la noche. Llegas al teatro directo desde el trabajo, luego de una larga, pesada y complicada jornada. Algo desaliñado por el trajín y visiblemente cansado. Te acompaña una amiga del alma que tiene evidentes problemas de sobrepeso. Muy simpática, pero más fea que pelea a navajazos en un ascensor. Y ahí el hado vuelve a escupirte.
Entra en el lobby “Aquella”, esbelta, más hermosa que nunca, con un vestido espectacular, del brazo de un joven Adonis de dos metros de alto y un metro de espaldas. Y ahí mismo sientes como su mirada de sorna te va recorriendo de arriba a bajo a ti y a tu adorada amiga. Aunque intentes disimular y hacerte el loco, “Aquella” invariablemente se acercará a presentarte al Adonis y decirte, sarcásticamente, que haces linda pareja con tu “novia”. Dime que no te quisieras morir en ese instante.
Lo peor es esa actitud desdeñosa y el tonito de voz con que te hablan, como diciendo “mira que bien me la paso sin ti, piltrafa”. Y como esas, mil situaciones más en las que la única constante es que ellas están siempre radiantes, bellas, deslumbrantes y yo vuelto un trapo. En eso no hay vuelta de hoja, siempre es lo mismo, las desgraciadas reaparecen en los instantes más inoportunos. ¡Déjame la botella!
Escuchado en el Bohemios’s Café:
“Dios me ignora…” (alguien sentado en la barra, al calor de un vodka).
“Hoy la vi” - Pablo Milanés
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2600 metros más cerca de las estrellas
Dice la conseja popular que no se debe regresar a los lugares donde alguna vez uno fue feliz. La verdad es que yo, que siempre moría por retornar a donde fui feliz, nunca entendí esa frase. Recuerdo que hace una pila de años un poeta cubano, Delfín Prats, intentaba explicar eso al recomendar no volver a tales sitios y paisajes pues eran invenciones de la nostalgia. Claro, él vinculaba esos lugares con la mujer amada, así que yo aún menos entendía cosa alguna.
Pero he aquí que como sólo aprendemos por las experiencias sufridas, me correspondió entender el asunto por vivencia en carne propia. Hace cinco años salí de Bogotá dejando atrás 36 felices meses de mi vida. Fueron tres años de profundas experiencias en lo profesional y en lo personal, al cabo de los cuales llegué a sentir Bogotá, en particular, y Colombia, en general, tan mías y amadas como lo puede sentir cualquiera de los habitantes allí nacidos.
En ella sufrí con sus desgracias y pesares, reí con sus alegrías, me entusiasmé con sus logros, conocí cada rincón suyo, pateé todas y cada una de sus calles, viví locas aventuras y amé a una mujer maravillosa que me dejó honda huella. Sin abandonar mi idiosincrasia, nunca me sentí extranjero.
Desde aquel triste diciembre del 2000 en que partí, he regresado a Bogotá una y otra vez como el hijo pródigo. Retorno buscando sus ladrillos rojos, las callejuelas de La Candelaria, los rincones de Usaquén, el melancólico gotear de su llovizna, los brumosos colores de los cerros al oriente, el verde de su sabana, la fría brisa de sus noches y los luceros que se asoman en las claras madrugadas bogotanas.
Vuelvo a ella cargado de nostalgia, añorando lo que fue, extrañando a los amigos y el recuerdo del amor que perdí. Busco con ansia aquel bar y aquel café donde las horas de conversación parecían breves minutos. Pero en verdad regreso a una Bogotá que cada vez es menos mía y cada vez me es más ajena. Y es que ella no es la misma ciudad que dejé y yo no soy el mismo que partió.
Cuando buscaba en Internet la referencia al poeta Prats, para este post, me conseguí con un hermoso poema del español Félix Grande, que explica infinitamente mejor aquello que sentimos los que neciamente volvemos a los lugares donde fuimos felices:
Y así, como el perro fiel, habré de regresar a mi entrañable Bogotá, sin importar que mientras más lejanos se hagan mis recuerdos, más duela el presente que yo a ratos viva en ella.
La verdad de hoy:
“Bogotá: 2600 metros más cerca de las estrellas” (Lema oficial de las actividades públicas de la Alcaldía de Bogotá en el año 2000).
Pero he aquí que como sólo aprendemos por las experiencias sufridas, me correspondió entender el asunto por vivencia en carne propia. Hace cinco años salí de Bogotá dejando atrás 36 felices meses de mi vida. Fueron tres años de profundas experiencias en lo profesional y en lo personal, al cabo de los cuales llegué a sentir Bogotá, en particular, y Colombia, en general, tan mías y amadas como lo puede sentir cualquiera de los habitantes allí nacidos.
En ella sufrí con sus desgracias y pesares, reí con sus alegrías, me entusiasmé con sus logros, conocí cada rincón suyo, pateé todas y cada una de sus calles, viví locas aventuras y amé a una mujer maravillosa que me dejó honda huella. Sin abandonar mi idiosincrasia, nunca me sentí extranjero.
Desde aquel triste diciembre del 2000 en que partí, he regresado a Bogotá una y otra vez como el hijo pródigo. Retorno buscando sus ladrillos rojos, las callejuelas de La Candelaria, los rincones de Usaquén, el melancólico gotear de su llovizna, los brumosos colores de los cerros al oriente, el verde de su sabana, la fría brisa de sus noches y los luceros que se asoman en las claras madrugadas bogotanas.
Vuelvo a ella cargado de nostalgia, añorando lo que fue, extrañando a los amigos y el recuerdo del amor que perdí. Busco con ansia aquel bar y aquel café donde las horas de conversación parecían breves minutos. Pero en verdad regreso a una Bogotá que cada vez es menos mía y cada vez me es más ajena. Y es que ella no es la misma ciudad que dejé y yo no soy el mismo que partió.
Cuando buscaba en Internet la referencia al poeta Prats, para este post, me conseguí con un hermoso poema del español Félix Grande, que explica infinitamente mejor aquello que sentimos los que neciamente volvemos a los lugares donde fuimos felices:
Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.
Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
-el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad, te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.
No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.
Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su victima
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño... su dueño... su dueño...DONDE FUISTE FELIZ...
Félix Grande
Y así, como el perro fiel, habré de regresar a mi entrañable Bogotá, sin importar que mientras más lejanos se hagan mis recuerdos, más duela el presente que yo a ratos viva en ella.
La verdad de hoy:
“Bogotá: 2600 metros más cerca de las estrellas” (Lema oficial de las actividades públicas de la Alcaldía de Bogotá en el año 2000).
Murphy
La ley de Murphy es inexorable. Cuando por fin creo superar mi más reciente revés amoroso y empiezo a interesarme seriamente en una agradable mujer, resulta que ésta decide, profundamente desilusionada por el fracaso de su última relación, renunciar a la vida en pareja y dedicarse en cambio, en cuerpo y alma, a su trabajo y a su pequeña hija. Voluntariamente, sin más, cierra las puertas a cualquier posibilidad de ser feliz.
Es de no creer. Menos mal que por allí dicen que la vida no es para entenderla, sino para vivirla, porque te juro que yo no entiendo nada.
La verdad de hoy:
“Cuando parece que las cosas están mejorando, debes estar olvidando algo” (Corolario No. 2 de la Segunda Ley de Chisholm).
Es de no creer. Menos mal que por allí dicen que la vida no es para entenderla, sino para vivirla, porque te juro que yo no entiendo nada.
La verdad de hoy:
“Cuando parece que las cosas están mejorando, debes estar olvidando algo” (Corolario No. 2 de la Segunda Ley de Chisholm).
Pa’ Bogotá
Su merced, venga y le digo que en unas horas salgo para Bogotá a ver como marchan los negocios con nuestros socios colombianos. Aunque es un viaje cortito de ida por vuelta (estaré de regreso el jueves) y ésta es la cuarta vez que voy por aquellos lares en lo que va de año, el asunto me entusiasma pues allí pasé tres estupendos años de mi vida. A la vuelta le cuento, "hombe".
Mientras tanto, para ir entrando en ambiente, vea que por aquí le dejo una muestra musical de ese colombiano mundial: Carlos Vives (… y a Juanes que le den por donde él sabe).
“La tierra del olvido” – Carlos Vives
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Mientras tanto, para ir entrando en ambiente, vea que por aquí le dejo una muestra musical de ese colombiano mundial: Carlos Vives (… y a Juanes que le den por donde él sabe).
“La tierra del olvido” – Carlos Vives
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Desde los afectos
Este poema de Benedetti va para Andaya, a quien no conozco pero que por esas inexplicables razones del mundo virtual comienzo a apreciar un montón. En estos días pasa por una etapa algo difícil, de esas que a todos nos llegan alguna vez, cuando parece que las cosas se nos vienen encima, no vemos salidas claras y el presente es a duras penas una excusa de vida.
Siendo como ella es, un alma sensible, seguramente ya conocerá estos versos, pero nunca está demás recordar estas sencillas lecciones para andar por ese sendero que hemos dado en llamar vida.
Siendo como ella es, un alma sensible, seguramente ya conocerá estos versos, pero nunca está demás recordar estas sencillas lecciones para andar por ese sendero que hemos dado en llamar vida.
Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno tiene que buscarlo y dárselo...
Que nadie establece normas, salvo la vida...
Que la vida sin ciertas normas pierde formas...
Que la forma no se pierde con abrirnos...
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente...
Que no está prohibido amar...
Que también se puede odiar...
Que el odio y el amor son afectos...
Que la agresión porque sí, hiere mucho...
Que las heridas se cierran...
Que las puertas no deben cerrarse...
Que la mayor puerta es el afecto...
Que los afectos, nos definen...
Que definirse no es remar contra la corriente...
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja...
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio...
Que negar palabras, es abrir distancias...
Que encontrarse es muy hermoso...
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida...
Que la vida parte del sexo...
Que el por qué de los niños, tiene su por qué...
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad...
Que saber todo de todos, es curiosidad mal sana...
Que nunca está de más agradecer...
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo...
Que nadie quiere estar solo...
Que para no estar solo hay que dar...
Que para dar, debemos recibir antes...
Que para que nos den también hay que saber pedir...
Que saber pedir no es regalarse...
Que regalarse en definitiva no es quererse...
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos...
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo...
Que ayudar es poder alentar y apoyar...
Que adular no es apoyar...
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara...
Que las cosas cara a cara son honestas...
Que nadie es honesto porque no robe...
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo...
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte...
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente...
Que con los oídos se escucha...
Que cuesta ser sensible y no herirse...
Que herirse no es desangrarse...
Que para no ser heridos levantamos muros...
Que sería mejor construir puentes...
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve...
Que volver no implica retroceder...
Que retroceder también puede ser avanzar...
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...
Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?DESDE LOS AFECTOS
Mario Benedetti
Mutato Nomine
Tal vez este post debió ser el primero o el segundo que escribiera en el blog, pues el sobrenombre que oculta la identidad de quien esto escribe puede parecer extraño y valdría la pena explicar su significado.
¿Recuerdas cuando años atrás aparecieron los PC a precios asequibles y se daba el boom de Internet y las salas de chat?. Bien, éste que aquí te habla se sumó entusiastamente a esa moda y armado con una computadora (u ordenador como le dicen en otras partes) y un modem antediluviano se sumergió en el “fascinante” mundo de los chats.
Para ingresar en ellos se usaba un “nickname” o sobrenombre, que nos mantenía en el anonimato. Como siempre me han gustado los latinazos y como quiera que en esa época todavía creía que podía ser original (cosas de la juventud, vamos), se me ocurrió usar alguna expresión en latín. Para ello recurrí al diccionario Larousse, que en sus más viejas ediciones incluía un glosario de términos latinos.
Allí fue que me encontré con “Mutato Nomine”, que no significa otra cosa que “cambiado el nombre”. Inmediatamente lo adopté para identificarme en los chats. Si bien me sirvió como gancho para iniciar conversaciones, pues la gente preguntaba por ese extraño nick, pronto lo cambié por otros sobrenombres menos serios y más emocionantes (creía yo, cosas de adolescente tardío).
Tiempo después, ya abandonada (por cansancio y por asco) la fiebre de los chats, descubrí que “Mutato Nomine” se emplea en Derecho cuando se quiere señalar que algo ya ha sido dicho con otras palabras o con la sola variación del nombre. Asimismo, me enteré que el autor de la frasecita de marras es Horacio, uno de los máximos representantes de la lírica latina, quien la acuñó en su obra "Sátiras", en la cual critica, no sin cierta benevolencia, los vicios y las pasiones más funestas del ser humano. Para ello recurrió a sencillas lecciones bajo la forma de charlas entre interlocutores anónimos que intercambiaban puntos de vista por medio de procedimientos teatrales, diálogos, fábulas y ejemplos.
Es en el Libro I, sátira 1, verso 69, de esa obra donde aparece la expresión “¿Quid rides?, mutato nomine de te fabula narratur”. Eso traducido al cristiano y hablando mal y rápido quiere decir "¿de qué te ríes? cambiado el nombre, a ti se refiere el cuento”. Hoy día se cita este verso de Horacio para significar que es aplicable a uno lo que ya se ha dicho de otro.
Así las cosas, cuando abrí este espacio virtual, retomé ese viejo sobrenombre porque todo lo que aquí se escribe seguramente ya ha sido dicho antes por alguien más, con otras palabras o con otros nombres (y sin hablar de la calidad, por supuesto). Y en cuestión de sentimientos y pasiones humanas, que es lo que reflejan la mayoría de los blogs, aquello que se critica y juzga e incluso que se celebra y aprecia en otros, muchas veces también se aplica mutato nomine a nosotros mismos.
Nota: Espero que la curiosidad de mi único y consecuente lector quede satisfecha con esta explicación.
¿Recuerdas cuando años atrás aparecieron los PC a precios asequibles y se daba el boom de Internet y las salas de chat?. Bien, éste que aquí te habla se sumó entusiastamente a esa moda y armado con una computadora (u ordenador como le dicen en otras partes) y un modem antediluviano se sumergió en el “fascinante” mundo de los chats.
Para ingresar en ellos se usaba un “nickname” o sobrenombre, que nos mantenía en el anonimato. Como siempre me han gustado los latinazos y como quiera que en esa época todavía creía que podía ser original (cosas de la juventud, vamos), se me ocurrió usar alguna expresión en latín. Para ello recurrí al diccionario Larousse, que en sus más viejas ediciones incluía un glosario de términos latinos.
Allí fue que me encontré con “Mutato Nomine”, que no significa otra cosa que “cambiado el nombre”. Inmediatamente lo adopté para identificarme en los chats. Si bien me sirvió como gancho para iniciar conversaciones, pues la gente preguntaba por ese extraño nick, pronto lo cambié por otros sobrenombres menos serios y más emocionantes (creía yo, cosas de adolescente tardío).
Tiempo después, ya abandonada (por cansancio y por asco) la fiebre de los chats, descubrí que “Mutato Nomine” se emplea en Derecho cuando se quiere señalar que algo ya ha sido dicho con otras palabras o con la sola variación del nombre. Asimismo, me enteré que el autor de la frasecita de marras es Horacio, uno de los máximos representantes de la lírica latina, quien la acuñó en su obra "Sátiras", en la cual critica, no sin cierta benevolencia, los vicios y las pasiones más funestas del ser humano. Para ello recurrió a sencillas lecciones bajo la forma de charlas entre interlocutores anónimos que intercambiaban puntos de vista por medio de procedimientos teatrales, diálogos, fábulas y ejemplos.
Es en el Libro I, sátira 1, verso 69, de esa obra donde aparece la expresión “¿Quid rides?, mutato nomine de te fabula narratur”. Eso traducido al cristiano y hablando mal y rápido quiere decir "¿de qué te ríes? cambiado el nombre, a ti se refiere el cuento”. Hoy día se cita este verso de Horacio para significar que es aplicable a uno lo que ya se ha dicho de otro.
Así las cosas, cuando abrí este espacio virtual, retomé ese viejo sobrenombre porque todo lo que aquí se escribe seguramente ya ha sido dicho antes por alguien más, con otras palabras o con otros nombres (y sin hablar de la calidad, por supuesto). Y en cuestión de sentimientos y pasiones humanas, que es lo que reflejan la mayoría de los blogs, aquello que se critica y juzga e incluso que se celebra y aprecia en otros, muchas veces también se aplica mutato nomine a nosotros mismos.
Nota: Espero que la curiosidad de mi único y consecuente lector quede satisfecha con esta explicación.

















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