Muerte en vida
Sumergido en el fastidio de una tarde lluviosa, vi en el cable una película titulada en inglés Defending your life. Filmada en 1991, es una historia romántica en la que Albert Brooks y Meryl Streeps, luego de morir, se conocen en una estación intermedia camino al cielo, donde deben defender ante unos jueces lo que hicieron con su vida. La trama es de lo más convencional y el final feliz es totalmente previsible como ocurre con estas películas norteamericanas. No es un film denso o profundo. Por el contrario, su línea argumental tiene huecos por todas partes, pero en honor a la verdad no creo que los realizadores tuvieran otra intención que la de ofrecer un rato de esparcimiento romanticón, sin mayores pretensiones.
Lo que me pareció rescatable es que allí se expresa que una de las razones por las cuales venimos a este mundo es para superar nuestros miedos. No el miedo instintivo a los peligros, sino el miedo a ser felices, el miedo de arriesgarnos por lo que creemos y anhelamos, el miedo a amar, el miedo a dejar nuestra insatisfecha existencia, aunque cómoda y segura, para perseguir nuestro sueños.
¿Cuánta gente habrá sobrellevando una vida rutinaria por el temor a salir a lo desconocido en pos de su destino?. Me pregunto que cantidad de veces habremos callado nuestros impulsos, postergado nuestros sueños y sepultado nuestros deseos bajo la fachada de la prudencia, el autocontrol, la ponderación, lo socialmente correcto. Miedo, ¿sabes?, no es otra cosa que el simple miedo a emprender la aventura de vivir conforme a los dictados de nuestro espíritu.
Si lo pensamos bien, resignarse a esa existencia de hastío es un poco como estar muerto en vida....
La verdad de hoy:
“¿Por qué morir si siempre es hora de partir y hay un camino por andar?” (Osorio Calatrava).
Lo que me pareció rescatable es que allí se expresa que una de las razones por las cuales venimos a este mundo es para superar nuestros miedos. No el miedo instintivo a los peligros, sino el miedo a ser felices, el miedo de arriesgarnos por lo que creemos y anhelamos, el miedo a amar, el miedo a dejar nuestra insatisfecha existencia, aunque cómoda y segura, para perseguir nuestro sueños.
¿Cuánta gente habrá sobrellevando una vida rutinaria por el temor a salir a lo desconocido en pos de su destino?. Me pregunto que cantidad de veces habremos callado nuestros impulsos, postergado nuestros sueños y sepultado nuestros deseos bajo la fachada de la prudencia, el autocontrol, la ponderación, lo socialmente correcto. Miedo, ¿sabes?, no es otra cosa que el simple miedo a emprender la aventura de vivir conforme a los dictados de nuestro espíritu.
Si lo pensamos bien, resignarse a esa existencia de hastío es un poco como estar muerto en vida....
La verdad de hoy:
“¿Por qué morir si siempre es hora de partir y hay un camino por andar?” (Osorio Calatrava).























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