Motivos de un blog personal
Ayer, en el Bohemio’s Café, escuché que alguien en la mesa de al lado preguntaba las razones para escribir un blog. No sé cuáles serán los motivos ajenos, pero en mi caso lo hice con la intención de desgranar aquí todas y cada una de mis miserias, al igual que muchas de las bitácoras que hay por ahí. La idea era obligarme a una reflexión sobre lo que ha sido mi vida hasta ahora, pues al escribir no solo debes pensar en lo ocurrido (verdad de perogrullo, ya lo sé), sino que también ves las cosas en perspectiva, desde la distancia, lo cual ayuda a digerir el asunto. Catarsis que le dicen. De allí ese primer post patético titulado “Confieso que he mentido”.
No pude pasar de ahí. No hay caso, no me sale. No puedo sentarme y escribirte mis miserias. Por muchas razones. La principal de ellas porque me costaba escribir lo que pensaba y una vez que lo veía en blanco y negro me parecía aburrido, patético. Vamos, que una cosa es pensar y otra escribir. Y la verdad a mi el papelito de llorón no me va.
Entonces intenté seguir el estilo de otros blogs y narrar aquí, a manera de diario, los acontecimientos que vivo día a día. ¡Craso error!. Mi vida es tan común y corriente, tan cotidiana y falta de emociones que te juro que me dormí releyendo los borradores de posts que iba a publicar. Resultado: todos a la papelera de un solo click en “delete”.
Así que la idea primigenia del blog murió al nacer y éste pasó a convertirse en una serie de comentarios y reflexiones, si es que así se le puede llamar a estos posts, sobre algunas cosas que de una u otra manera tienen que ver conmigo. El resultado ha sido interesante. Cuando digo interesante no me refiero a los posts publicados, que son inmamables, sino a lo que he descubierto al escribir.
Me he dado cuenta que en general no tengo ni p..eregrina idea de lo que hablo, que en muchos temas poseo un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad (esto se lo plagié a alguien, seguro) y que a mi no me ha alcanzado la sabiduría que se supone llega con la madurez.
Si, tienes razón, esto no explica que motiva realmente a tener una bitácora personal. Porque si a ver vamos, se pueden obtener los mismos resultados escribiendo en una libretita con lindas hojas o en el Microsoft Word. El punto es ¿por qué hacerlo público?, ¿por qué lanzarlo a un medio donde cualquiera puede leerlo?, ¿para qué exponerse a los comentarios de desconocidos?...
Ahí si entramos en honduras. Pueden ser muchas cosas. ¿Soledad?, ¿matar el aburrimiento?, ¿necesidad de afecto, de expresarnos, de que alguien nos escuche?, ¿afán de reconocimiento?, ¿escapismo?... simple pasatiempo... o porque si, porque me sale de los cojones... Incluso, en mis escasos momentos de lucidez, me pregunto si en el fondo no es más que un ejercicio de vanidad, de puro ego, como dijo este sujeto en Cambio:
¿Qué tal?... por las dudas, al terminar de escribir esto, corro a ver a mi psiquiatra, que por un par de tragos me atiende feliz en la barra del Bohemio’s.
La verdad de hoy:
"Vanitas vanitatum et omnia vanitas" (Latinazo cuyo autor intelectual desconozco)
No pude pasar de ahí. No hay caso, no me sale. No puedo sentarme y escribirte mis miserias. Por muchas razones. La principal de ellas porque me costaba escribir lo que pensaba y una vez que lo veía en blanco y negro me parecía aburrido, patético. Vamos, que una cosa es pensar y otra escribir. Y la verdad a mi el papelito de llorón no me va.
Entonces intenté seguir el estilo de otros blogs y narrar aquí, a manera de diario, los acontecimientos que vivo día a día. ¡Craso error!. Mi vida es tan común y corriente, tan cotidiana y falta de emociones que te juro que me dormí releyendo los borradores de posts que iba a publicar. Resultado: todos a la papelera de un solo click en “delete”.
Así que la idea primigenia del blog murió al nacer y éste pasó a convertirse en una serie de comentarios y reflexiones, si es que así se le puede llamar a estos posts, sobre algunas cosas que de una u otra manera tienen que ver conmigo. El resultado ha sido interesante. Cuando digo interesante no me refiero a los posts publicados, que son inmamables, sino a lo que he descubierto al escribir.
Me he dado cuenta que en general no tengo ni p..eregrina idea de lo que hablo, que en muchos temas poseo un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad (esto se lo plagié a alguien, seguro) y que a mi no me ha alcanzado la sabiduría que se supone llega con la madurez.
Si, tienes razón, esto no explica que motiva realmente a tener una bitácora personal. Porque si a ver vamos, se pueden obtener los mismos resultados escribiendo en una libretita con lindas hojas o en el Microsoft Word. El punto es ¿por qué hacerlo público?, ¿por qué lanzarlo a un medio donde cualquiera puede leerlo?, ¿para qué exponerse a los comentarios de desconocidos?...
Ahí si entramos en honduras. Pueden ser muchas cosas. ¿Soledad?, ¿matar el aburrimiento?, ¿necesidad de afecto, de expresarnos, de que alguien nos escuche?, ¿afán de reconocimiento?, ¿escapismo?... simple pasatiempo... o porque si, porque me sale de los cojones... Incluso, en mis escasos momentos de lucidez, me pregunto si en el fondo no es más que un ejercicio de vanidad, de puro ego, como dijo este sujeto en Cambio:
“Sería interesante estudiar la psicología de quienes crean blogs, pues sospecho que en muchos casos se trata de seres con el deseo voyeurista de analizarse, fascinados por el espectáculo cotidiano de sus vidas, o de sus ideas u obsesiones, dejando ver una pizca de megalomanía disfrazada de amor al debate, un ego hipertrófico escondido tras conceptos como la alegría de compartir o lo hermoso que es interactuar sanamente con los demás, ¡oh, los demás!, esa entelequia en nombre de la cual todo se justifica.”
¿Qué tal?... por las dudas, al terminar de escribir esto, corro a ver a mi psiquiatra, que por un par de tragos me atiende feliz en la barra del Bohemio’s.
La verdad de hoy:
"Vanitas vanitatum et omnia vanitas" (Latinazo cuyo autor intelectual desconozco)























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