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El mentiroso siempre es pródigo en juramentos (Pierre Corneille)




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The bridges of Madison County
Hoy volví a ver aquella película de Eastwood intitulada en español Los puentes de Madison. Me gustó desde la primera vez que la vi años atrás. Creo que a pesar de lo triste, o tal vez precisamente por ello, es una hermosa historia de amor. Me recuerda a un tipo de mi barrio.

Dos años antes de su estreno y a punto de irse a otro país por motivos de trabajo, este sujeto, al que llamaremos Eme, conoció a Efe, una chica hermosa, libre, alegre, apasionada por la vida. Eme en cambio, era casado y con un hijo, con una existencia aburrida, monótona a pesar de su juventud. Eme la amó desde el primer día y vivió junto a ella el mes más feliz que recuerda. Pero al igual que Francesca, la protagonista del film, Eme terminó apostando por lo seguro, por la responsabilidad.

Así que se fue al extranjero en pos de su carrera. Porque era lo correcto, por la familia, por el deber. Sin embargo, durante años mantuvo viva la llama de esa relación, como una forma de evadir su gris realidad. En la distancia la alentaba, sabiendo muy dentro de si que mentía, pues aunque la amaba no iba a sacrificar la seguridad que entonces tenía, por la aventura y emoción que Efe le ofrecía.

Finalmente sobrevino el desengaño, el desencuentro y ella, cansada de esperar, terminó casándose con otro. Eme, hoy solo y divorciado, aunque pudo dejar de amarla todavía se pregunta qué habría pasado con su vida si, en lugar de atender a la razón, hubiera seguido el impulso de su corazón.

¿Tú que habrías hecho?


La verdad de hoy:
“Este tipo de certeza sólo se da una vez en la vida” (Clint Eastwood como Robert Kincaid en “Los puentes de Madison”).

No