Madurez
En este largo sendero que hemos dado en llamar “vida”, todos los acontecimientos a nuestro alrededor se van engranando poco a poco, movidos por la mano invisible del destino. Incluso, las respuestas y salidas que buscamos se nos aparecen de manera providencial e inesperada, dictadas por nuestro propio sino.
Tengo tras de mi una larga hilera de catástrofes amorosas o desencuentros, como poéticamente los llamó Vinicius de Moraes. El último de ellos lo sufrí hace un año al enamorarme perdidamente de una amiga entrañable (y casada… una minucia, vamos), luego de muchos años de amistad. Tal vez siempre estuve enamorado de ella y no lo reconocía, pero eso es parte de otra historia. Superado el incidente, me intereso recientemente en alguien y, por varias razones que ahora tampoco vienen al caso, la historia muere al nacer.
Desde entonces, vengo dándole vueltas a este asunto de las relaciones de pareja, el amor y la búsqueda o encuentro, según como se mire, de la persona ideal. Como no tiene sentido llorar por la leche derramada, no me lamento por el pasado. Muy por el contrario, mis interrogaciones me las planteo con visión de futuro, tratando de aprender de los errores del pasado. Son innumerables las dudas que me abruman… ¿me enamoré de las mujeres equivocadas?, ¿dejé que el amor muriera?, ¿confundí cariño con amor?, ¿nunca las entendí?, ¿fui egoísta?, ¿qué debo cambiar?...
Y he aquí que, como decía al principio del post, el destino me ha dado hoy una respuesta a mis inquietudes, cual oráculo divino. Esta mañana, un colega, que desconoce mis cavilaciones sobre este tema, me ha enviado un e-mail en el que anexa un escrito anónimo cuyo contenido, en líneas generales, se parece muchísimo a lo que ha sido mi vida hasta ahora. A tal punto es la coincidencia que, aún no siendo mío, te digo que lo puedo suscribir en un noventa por ciento, pues me resulta casi autobiográfico.
La sabiduría final que encierran esas líneas, que a continuación transcribo, me ha hecho reflexionar profundamente. Al cabo de una corta pero densa meditación, he concluido que todos mis reveses en el amor no han sido otra cosa que un producto de mi inmadurez.
¡He ahí la respuesta: madurez!!!... Así que, con miras a futuras relaciones, han de ser tetonas y culonas; lo demás es accesorio. Hay que madurar!. A fin de cuentas ya va siendo hora, ¿verdad?...
Tengo tras de mi una larga hilera de catástrofes amorosas o desencuentros, como poéticamente los llamó Vinicius de Moraes. El último de ellos lo sufrí hace un año al enamorarme perdidamente de una amiga entrañable (y casada… una minucia, vamos), luego de muchos años de amistad. Tal vez siempre estuve enamorado de ella y no lo reconocía, pero eso es parte de otra historia. Superado el incidente, me intereso recientemente en alguien y, por varias razones que ahora tampoco vienen al caso, la historia muere al nacer.
Desde entonces, vengo dándole vueltas a este asunto de las relaciones de pareja, el amor y la búsqueda o encuentro, según como se mire, de la persona ideal. Como no tiene sentido llorar por la leche derramada, no me lamento por el pasado. Muy por el contrario, mis interrogaciones me las planteo con visión de futuro, tratando de aprender de los errores del pasado. Son innumerables las dudas que me abruman… ¿me enamoré de las mujeres equivocadas?, ¿dejé que el amor muriera?, ¿confundí cariño con amor?, ¿nunca las entendí?, ¿fui egoísta?, ¿qué debo cambiar?...
Y he aquí que, como decía al principio del post, el destino me ha dado hoy una respuesta a mis inquietudes, cual oráculo divino. Esta mañana, un colega, que desconoce mis cavilaciones sobre este tema, me ha enviado un e-mail en el que anexa un escrito anónimo cuyo contenido, en líneas generales, se parece muchísimo a lo que ha sido mi vida hasta ahora. A tal punto es la coincidencia que, aún no siendo mío, te digo que lo puedo suscribir en un noventa por ciento, pues me resulta casi autobiográfico.
La sabiduría final que encierran esas líneas, que a continuación transcribo, me ha hecho reflexionar profundamente. Al cabo de una corta pero densa meditación, he concluido que todos mis reveses en el amor no han sido otra cosa que un producto de mi inmadurez.
ASI ES LA VIDA
Cuando cumplí 14 años esperaba algún día tener una novia.
A los 16 tuve una novia, pero no había pasión. Entonces decidí que necesitaba una mujer apasionada, con ganas de vivir.
En la facultad salí con una mujer apasionada, pero era demasiado emocional. Todo era terrible, era la reina de los dramas, lloraba todo el tiempo y amenazaba con suicidarse. Entonces decidí que necesitaba una mujer estable.
Cuando tuve 25 años encontré una mujer muy estable, pero aburrida. Era totalmente predecible y nunca la excitaba nada. La vida se hizo tan plomiza que decidí que necesitaba una mujer más emocionante.
A los 28 encontré una mujer excitante, pero no pude seguir su ritmo. Iba de un lado a otro sin detenerse en nada. Hacía cosas impetuosas y coqueteaba con cualquiera que se le cruzara.
Me hizo tan miserable como feliz. De entrada fue divertido y energizante, pero sin futuro. Entonces decidí buscar una mujer con alguna ambición.
Cuando llegué a los 31, encontré una chica inteligente, ambiciosa y con los pies sobre la tierra. Decidí casarme. Era tan ambiciosa que me pidió el divorcio y se quedó con todo lo que yo tenía.
Ahora, a los 40, me gustan las mujeres con tetas grandes, un buen culo y punto.
Por fin maduré...
¡He ahí la respuesta: madurez!!!... Así que, con miras a futuras relaciones, han de ser tetonas y culonas; lo demás es accesorio. Hay que madurar!. A fin de cuentas ya va siendo hora, ¿verdad?...
Comentario:
mmm... no sé, encanto, la verdad es que yo (con o sin madurez jajaja) prefiero seguir intentándolo, aunque caiga una y otra vez, aunque duela... Es sólo cuestión de tiempo, de cicatrizar heridas, para entonces volver con nuevos bríos, esperanzas y sueños.
Comentario:
Si la madurez tiene que ver con tetas y culos, ahora entiendo porqué las mujeres maduramos antes (jajajaj esto por bruto). En cuanto a lo de las relaciones fallidas... yo he optado por situación ameba, es decir, que me abstengo. Paso, se me dan mal. A tomar viento. Es otra opción.

















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