logotipo

img_google
¡Te juro que es verdad!
Un blog irrelevante y absolutamente prescindible
Acerca de
MUTATO NOMINE

El mentiroso siempre es pródigo en juramentos (Pierre Corneille)




Movimiento en apoyo del idioma español en Internet
Sindicación
 
El día después o ¿qué demonios es la Navidad?
No, no voy a hablarte de la película aquella. Lo que voy es a expresar algunos pensamientos al calor de la resaca de estas fiestas, pasada la euforia navideña y ya de vuelta a la realidad de nuestra vida cotidiana.

No sé como será en otras latitudes, pero por estas tierras de Dios, en lo que termina el mes de noviembre la gente entra en una especie de paroxismo, en una orgía consumista, que se traduce en una sensación de felicidad obligada… es Navidad, joder! y hay que estar felices porque sí, porque es Navidad.

Las calles se llenan de gente comprando regalos, ropa para estrenar, aparatos electrónicos, etcétera, etcétera. Los restaurantes, tascas, bares y discotecas se abarrotan de personas que festejan la Navidad. Es imposible andar por los centros comerciales o shoppings sin que la multitud te atropelle. Y no hablemos del tránsito automotor: más vale no salir en tu auto en estos días, pues cualquier diligencia que hagas te va a tomar no menos de dos horas de tráfico lento y pesado (y eso sólo de ida).

Como si este vía crucis no fuese suficiente, está el asunto aquel de la felicidad y los regalitos. Hay una especie de contrato social, o entendimiento, no lo sé, por el cual todo ser humano debe obligatoriamente estar alegre en estos días y felicitar y regalar a todo Dios. Independientemente del calvario que puedas llevar por dentro, todo el mundo supone que debes estar feliz, so pena de ser execrado cual paria social. Así, con la mejor de tus sonrisas, tienes que atender mil invitaciones a fiestas, almuerzos o cenas, para no herir sensibilidades.

Por supuesto, ello también acarrea las felicitaciones. No importa si durante todo el año apenas cruzaste mirada con la gente. No interesa si el tipo te cae como una patada en el hígado. No es excusa valedera que detestes a tus jefes. Nada que ver si se trata del imbécil de tu vecino. Es Navidad y hay que desearle felices fiestas a cuanto bicho de pezuña habite el planeta, con el consabido abrazo o, en el mejor de los casos, con un efusivo apretón de manos.

Y no te olvides de las tarjetitas... si, si, las tarjetas navideñas que enviamos a colegas, familiares y amigos. Hace mucho tiempo, cuando conocía poca gente, escribía un mensajito personalizado en cada una de ellas, lo cual tomaba largas horas de mi vida. Luego, al ampliarse mi círculo social (que pedante sonó eso, verdad?) decidí que era mejor encargarlas a una tipografía, todas iguales con un único mensaje. Sólo había que firmarlas y, de ser el caso, escribir una breve frase a los más allegados. La cosa es que siempre te queda alguien por fuera, porque lo olvidaste o porque te quedaste sin tarjetas, y es precisamente ese el único mortal que tiene a bien enviarte una tarjeta a ti. Sentimiento de culpa en primer grado, mínimo.

Ahora que tengo muchos conocidos pero menos amigos y familiares (porque me peleé con ellos o murieron), simplemente no envío un coño. Asunto resuelto. Menos gastos, menos preocupaciones y más tiempo libre. Ah.. y olvidarse del sentimiento de culpa, así que no me envíen tarjetas por favor!. También está el tema de los buenos deseos por vía de la mensajería de texto del teléfono celular o móvil o por internet, pero eso va a ser el tema del post de mañana.

Acepto que lo de la alegría y las felicitaciones es un tema discutible, pero lo de los regalos es algo que no tiene nombre. Aquí no hay cristiano que no espere en estas fechas su regalo o aguinaldo. Porqué si, coño, porque es Navidad y hay que compartir. Ergo, es casi una obligación andar cual Papá Noel, San Nicolás o Niño Jesús (depende de tus creencias) repartiendo regalos a diestra y siniestra a amigos, familiares y conocidos. No menciono a los Reyes Magos porque por aquí no celebramos eso, lo cual es algo que agradece mi ya mermado presupuesto.

Es inaudito, pero a cuenta de la Navidad, donde vayas te vas a encontrar con alguien que espera su aguinaldo. Las secretarias, los mensajeros, el de la fotocopia, la cajera del supermercado, el de la panadería, el vigilante del edificio, los del aseo urbano, el que te atiende en la carnicería, la peluquera, el del quiosco, el de la librería, el que te recibe el auto en el estacionamiento público, el taxista, los mesoneros en el restaurante y pare usted de contar. No hay negocio al que vayas donde no te encuentres con la alcancía en forma de cerdito, para que deposites allí el aguinaldo… y cuídate de no hacerlo, porque te lo exigen abiertamente. Hay que joderse!!!. Y de los intercambios de regalos o el fastidioso jueguito del amigo secreto en la oficina, mejor no hablar.

Al igual que con las tarjetas, el sentimiento de culpa que te embarga por no regalarle a alguien es de campeonato, porque es precisamente ese a quien no le diste el que va y te da un obsequio. Así las cosas, he decidido limitar a lo estrictamente indispensable los regalos navideños. Es más barato y menos estresante.

Toda esta ordalía navideña culmina el 24 de diciembre en la noche, con una cena descomunal y una rumba alucinante (incluyendo la apertura de regalos) que ríete tu de “La Gran Comilona” y “La Fiesta Inolvidable”. Ah… y los fuegos artificiales, no lo olvidemos. En esa noche es de estricto rigor lanzar cohetes, petardos y cuanta cosa estalle y haga ruido, con tal profusión que haría palidecer de envidia a los militares gringos que bombardearon Bagdad en la Guerra del Golfo (la primera digo, aquella de 1991 que pudimos ver en vivo y directo por CNN).

El día 25, aturdidos por las secuelas etílicas y gastronómicas de la farra anterior, la pasamos moribundos en casa con la excusa de que es tiempo de recogimiento familiar. La tragedia viene el 26, cuando pasada la resaca alcohólica, volvemos a la cotidianidad y nos preguntamos qué cuernos fue lo que pasó. A la etílica, se suma la resaca moral y la económica por la hartada de comida y los gastos de los días anteriores. Pero eso si, preparándonos para los festejos del fin de año, faltaba más!!!

Toda esta paja loca y sarcástica para decirte que por aquí la Navidad es consumo desaforado, rumba y bochinche. Y digo yo, a todas éstas ¿alguien se acuerda por qué demonios es que celebramos Navidad?. Por encima de los festejos, la regaladera y las felicitaciones ¿nos acordamos del sentido real de estas fechas?. Muy paganos y poco religiosos… ¿espíritu de la Navidad???... me suena, me suena, lo he oído en alguna parte…

En fin, que aunque lo diga tarde y cada vez le encuentre menos sentido a estas fiestas, espero que hayas tenido una Feliz Navidad en compañía de aquellos que amas.

 
Comentario:
"Quo vadis" Mutato Nomine?
Estou aguardando um novo post para estes dias que algurastes tranquilos y propicios para criar...entre outras coisas (...como tomar café com os amigos). Mas já é MARÇO e você se faz esperar como as águas...
Estou com saudades...(e você?)
 
Comentario:
Simplemente al leer el titulo recordé la película el "Día despues de mañana" un tanto catastrófico tus pensamientos. Navidad, es simplemente una época para recordarte a ti mismo que tienes personas que te quieren, lo sepas o no, no importa si recibes regalos, o das regalos, o te olvidas de dar regalos. Solo debes sentirte bien y hacer sentir bien a los demás, es lo que importa. Por lo pronto, le deseo un Feliz Año a ese Mutato Nomine Incrédulo
No