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El mentiroso siempre es pródigo en juramentos (Pierre Corneille)




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2006
Y llegó nomás el 2006. Al 2005 se lo llevó quien lo trajo. Como es costumbre, esperamos con sincero afán que este año que recién comienza sea mucho mejor que el anterior y hemos escrito o pensado una lista de propósitos para el nuevo año. Unas más utópicas, unas más terrenales, pero buenas intenciones a fin de cuentas.

También hemos revisado nuestra vida, analizado hacia donde ella se dirige y casi seguro hemos sentido la necesidad de renovarnos. En consecuencia, hemos hecho votos de enmienda de nuestros vicios y “malsanas” costumbres, prometiéndonos a nosotros mismos que seremos mejores este año.

Esta vez si vamos a cambiar lo que no nos gusta, iremos al gimnasio, haremos dieta, dejaremos de fumar, no nos traeremos el trabajo a casa, vamos a dedicarle más tiempo a la familia y a los amigos, nos preocuparemos menos y un largo etcétera de buenos propósitos. Con fe ciega, sentimos la certeza de que en este nuevo ciclo todo nos va a salir bien. En lo económico, en lo laboral, en lo afectivo, en lo familiar, éste si va a ser NUESTRO año.

Es curiosa esa aprehensión milenaria que tiene el ser humano por el cambio de año, por los cambios de los ciclos naturales. Comienza un año y comienza una nueva vida. Todo va a ser distinto. Y no estoy juzgando, ojo. Yo soy de los que disfruta enormemente de estos ritos que cada 365 días celebramos. Y como cualquier hijo de vecina también hago mis propósitos de año nuevo. Eso si, confieso que algunos de ellos son invitados permanentes en mis listas desde hace unos cuantos años. Pero este año también prometí que ahora si los voy a cumplir.

Además te cuento que por aquí esas esperanzas de renovación se ven acompañadas por la madre naturaleza, lo que nos hace sentir aún más confiados y alegres. Por estas fechas, los días son más diáfanos, más frescos. Incluso, aún sin luna, las noches son más claras y se aprecian las estrellas con asombrosa nitidez. No, no es una licencia poética de quien esto escribe. Es sólo un efecto natural que se produce en esta época del año por la forma en que inciden los rayos solares en estas latitudes, debido a la posición de la tierra sobre su eje.

Así las cosas, quiero aprovechar este día para desearte un feliz año nuevo y que en este 2006 se cumplan todos tus anhelos y esperanzas, al igual que los propósitos y buenas intenciones que te has planteado. Se supone que también debería desearte paz, dicha, amor y nosequécuantas cosas más, pero eso está muy trillado. Yo sólo espero que, además de todo eso, tengas sexo todo el tiempo, orgasmos inolvidables y que te ganes el premio gordo de la lotería. FELIZ AÑOOOOOOOOOO!!!!!!!!

No