La Paz
No, no es la paz mundial, que como van las cosas está muy lejos de alcanzarse. Tampoco es la paz de los sepulcros, que ya agradecería yo que la tuvieran unos cuantos vivos que conozco. Es La Paz, capital de Bolivia, ciudad en la que acabo de pasar cinco días de estadía. Aprovechando la coyuntura política que vive esa nación andina y las afinidades ideológicas de los gobernantes de ambos países, fuimos allá a ver si podíamos hacer algunos negocios con los bolivianos.
Debo decir que fue un viaje desagradable. En serio, no consigo otra calificación mejor. Al igual que el pasado viaje a Santa Marta, esta vez también decidieron a último momento que debíamos ir a La Paz, pero en esta oportunidad para apoyar a los nuevos ejecutivos que negociarían los contratos. Al menos esta vez si consiguieron las reservas y no tuvimos que suplicar en el “counter” de la aerolínea que nos dieran un cupo.
Lo malo es que el viaje fue en Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), una porquería de aerolínea que no se ha venido abajo porque Dios debe ser oriundo del altiplano. Aeronaves viejas, pequeñas, incómodas, comida infame (lo que ya es mucho decir, pues de por sí la comida en los aviones no es precisamente la mejor), rutas inverosímiles con múltiples escalas y horarios a destiempo. Si alguna vez viajas por esas tierras, ni de vaina se te ocurra utilizar esa aerolínea. Ah... no te dejes engañar por el único 767 que tienen, que esa aerolata nos dejó varados en la escala en Cochabamba por desperfectos en un motor.
Con cuatro horas de retraso salió nuestro vuelo y nos tomó diez horas llegar a Bolivia, que está como quien dice a la vuelta de la esquina. Más tiempo de que lo tarda un vuelo a Europa, que queda a más del doble de distancia. Hay que joderse!. Nomás llegar al aeropuerto que sirve a La Paz, se siente la falta de oxígeno pues está ubicado a 4.000 metros sobre el nivel del mar, en la población de El Alto. Como la ciudad capital está apenas un poco más abajo, a 3.850 metros, pasé los cinco días a punta de mate de coca, para evitar el mal de altura (aumento de la ventilación pulmonar y de la frecuencia y el gasto cardíaco) o “sorochi” como le dicen por allá. Nada mal, te cuento... la infusión de coca, además, quita el hambre y da energía.
Aún así, debimos tomarnos las cosas con calma, sin agites, tal como recomiendan los paceños a los recién llegados: “caminar despacito, comer poquito y dormir solito”. El clima tampoco ayudó mucho; no paró de llover esos días, con temperaturas que oscilaban entre los 5 y los 15 grados centígrados. Eso, panita, para estos cuerpos caribeños es frío que jode!!!. De más está decir que regresé con un resfriado de agárrate y no te menees.
Pero en fin, que esas son tonterías. Lo feo fue el despelote con que se hicieron los trabajos. Esta fue una misión muy desorganizada, con notables carencias de coordinación y, en consecuencia, con enormes pérdidas de tiempo y recursos. Mucha confusión, directrices nada claras, falta de comunicación, instrucciones imprecisas y duplicación de esfuerzos. Los sujetos que debían coordinar el trabajo no supieron hacerlo por falta de experiencia. A los que si sabíamos no nos dejaron hacerlo.
Mucha reunión social, mucho acto protocolar y muchos paseos. Pero nada de concretar acuerdos y negocios. Horas y horas perdidas en espera de los contactos con la contraparte boliviana. La falta de preparación fue absoluta y evidente. Aquello fue el caos. A la final, se lograron algunas cosas más por el interés de los bolivianos en los negocios que propusimos que por el empeño de nuestra empresa en llegar a un entendimiento. De cualquier manera, habrá que volver a La Paz para instrumentar los mecanismos que pondrán en marcha estos negocios.
El regreso a Caracas fue tan penoso como la ida, con demora incluida debido a desperfectos técnicos de la aeronave. Nueve horas de viaje desde La Paz. Y otras cuatro desde el aeropuerto hasta este pueblo, debido al cierre de la autopista por las fracturas en las bases del Viaducto 1.
Al balance negativo de este viaje, se suma un asunto personal que me quedó pendiente en Bolivia. Había pensado que al regreso podía pasar por Santa Cruz de la Sierra, para así estar unas horas con una amiga brasileña que conozco desde hace años y que vive en esa ciudad boliviana. Desafortunadamente, por las complicaciones de esta misión, no alcancé a cambiar el itinerario de vuelta. Estoy en deuda contigo Nanci… queda para el próximo viaje, que estoy seguro que habrá de ser pronto.
La verdad de hoy:
“La hoja de coca no es droga” (Frase estampada en camisetas que se venden como souvenirs en La Paz... y yo estoy de acuerdo!).
Debo decir que fue un viaje desagradable. En serio, no consigo otra calificación mejor. Al igual que el pasado viaje a Santa Marta, esta vez también decidieron a último momento que debíamos ir a La Paz, pero en esta oportunidad para apoyar a los nuevos ejecutivos que negociarían los contratos. Al menos esta vez si consiguieron las reservas y no tuvimos que suplicar en el “counter” de la aerolínea que nos dieran un cupo.
Lo malo es que el viaje fue en Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), una porquería de aerolínea que no se ha venido abajo porque Dios debe ser oriundo del altiplano. Aeronaves viejas, pequeñas, incómodas, comida infame (lo que ya es mucho decir, pues de por sí la comida en los aviones no es precisamente la mejor), rutas inverosímiles con múltiples escalas y horarios a destiempo. Si alguna vez viajas por esas tierras, ni de vaina se te ocurra utilizar esa aerolínea. Ah... no te dejes engañar por el único 767 que tienen, que esa aerolata nos dejó varados en la escala en Cochabamba por desperfectos en un motor.
Con cuatro horas de retraso salió nuestro vuelo y nos tomó diez horas llegar a Bolivia, que está como quien dice a la vuelta de la esquina. Más tiempo de que lo tarda un vuelo a Europa, que queda a más del doble de distancia. Hay que joderse!. Nomás llegar al aeropuerto que sirve a La Paz, se siente la falta de oxígeno pues está ubicado a 4.000 metros sobre el nivel del mar, en la población de El Alto. Como la ciudad capital está apenas un poco más abajo, a 3.850 metros, pasé los cinco días a punta de mate de coca, para evitar el mal de altura (aumento de la ventilación pulmonar y de la frecuencia y el gasto cardíaco) o “sorochi” como le dicen por allá. Nada mal, te cuento... la infusión de coca, además, quita el hambre y da energía.
Aún así, debimos tomarnos las cosas con calma, sin agites, tal como recomiendan los paceños a los recién llegados: “caminar despacito, comer poquito y dormir solito”. El clima tampoco ayudó mucho; no paró de llover esos días, con temperaturas que oscilaban entre los 5 y los 15 grados centígrados. Eso, panita, para estos cuerpos caribeños es frío que jode!!!. De más está decir que regresé con un resfriado de agárrate y no te menees.
Pero en fin, que esas son tonterías. Lo feo fue el despelote con que se hicieron los trabajos. Esta fue una misión muy desorganizada, con notables carencias de coordinación y, en consecuencia, con enormes pérdidas de tiempo y recursos. Mucha confusión, directrices nada claras, falta de comunicación, instrucciones imprecisas y duplicación de esfuerzos. Los sujetos que debían coordinar el trabajo no supieron hacerlo por falta de experiencia. A los que si sabíamos no nos dejaron hacerlo.
Mucha reunión social, mucho acto protocolar y muchos paseos. Pero nada de concretar acuerdos y negocios. Horas y horas perdidas en espera de los contactos con la contraparte boliviana. La falta de preparación fue absoluta y evidente. Aquello fue el caos. A la final, se lograron algunas cosas más por el interés de los bolivianos en los negocios que propusimos que por el empeño de nuestra empresa en llegar a un entendimiento. De cualquier manera, habrá que volver a La Paz para instrumentar los mecanismos que pondrán en marcha estos negocios.
El regreso a Caracas fue tan penoso como la ida, con demora incluida debido a desperfectos técnicos de la aeronave. Nueve horas de viaje desde La Paz. Y otras cuatro desde el aeropuerto hasta este pueblo, debido al cierre de la autopista por las fracturas en las bases del Viaducto 1.
Al balance negativo de este viaje, se suma un asunto personal que me quedó pendiente en Bolivia. Había pensado que al regreso podía pasar por Santa Cruz de la Sierra, para así estar unas horas con una amiga brasileña que conozco desde hace años y que vive en esa ciudad boliviana. Desafortunadamente, por las complicaciones de esta misión, no alcancé a cambiar el itinerario de vuelta. Estoy en deuda contigo Nanci… queda para el próximo viaje, que estoy seguro que habrá de ser pronto.
La verdad de hoy:
“La hoja de coca no es droga” (Frase estampada en camisetas que se venden como souvenirs en La Paz... y yo estoy de acuerdo!).
Comentario:
Bueno meda mucha pena q tu viaje a Bolivia fuera una desgracia, pero me gustaria comentarte algo sobre la linea aerea Lloyd Aereo Boliviano, esta empresa era la mejor empresa a nivel de Sud America gracias a la famosa capitalizacion se cayo, y especialmente gracias al Señor Ernesto Asbun empresario Boliviano; este tipo porq no se lo puede llamar señor destruyo esta hermosa empresa, me pudieras creer? si te digo q a los empleados q trabajan les debe tres sueldos, puedes creer?
Ya te podras imaginar como manejo esta empresa.
Hoy en dia los empleados estan en una guerra con este tipo tratando de sacar adelante a la empresa sacandolo a este tipo.
Ya te podras imaginar como manejo esta empresa.
Hoy en dia los empleados estan en una guerra con este tipo tratando de sacar adelante a la empresa sacandolo a este tipo.
Comentario:
Haciendo nombre al título... juraría que es la primera vez que paso por aquí... y estoy incluso enlazada!!... donde se metió usted tanto tiempo para dejar un comentario en lo mejor que leyó en mi blog... Encanta de pasar por estos lares... Un saludo.
Comentario:
No te envidio para nada el viajecito. y me pregunto ¿qué tan buen mercado será Bolivia?
Abur.-
Abur.-

















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