Muerte en el olvido o uno aprende
Hoy vamos de poesía. En una de esas densas conversaciones que tenemos de vez en cuando a través del Messenger, Nanci, que en el momento escuchaba la canción “A puro dolor” de Son By Four ("vida, devuélveme mis fantasías, mis ganas de vivir la vida; devuélveme el aire; las noches me saben a puro dolor..."), me pregunta si me he permitido alguna vez sentir así.
Comienzo a rememorar todos los desencuentros que he padecido en esta vida, que en honor a la verdad han sido más de los que me hubiera gustado tener, y creo que ni aún en los momentos de más intenso dolor me permití sentir así. Me explico: he sufrido despechos, arrebatos de intenso dolor; he pasado largas noches de desvelo con ron, rockola y boleros; he jurado no enamorarme más… y hasta unas lágrimas he derramado… pero de allí a echarme al abandono, jamás!!!. A fin de cuentas son ellas quienes se lo perdieron... (¿viste que inflado tengo el ego en estos días?).
Tal vez es que en verdad nunca me he enamorado (cosa que estoy dispuesto a discutir y desde ya a negar), pero el caso es que yo no entiendo mucho a aquellos que, ante un revés amoroso, creen que es el fin del mundo, que sus vidas no tienen sentido y todas esas cosas que se piensan y sienten ante el abandono del ser amado.
Es curioso como solemos poner en manos de otros nuestra propia felicidad, destino y metas. Mientras nos aman nos parece que todo tiene sentido y cuando el amor nos dice adiós nos derrumbamos en el foso más oscuro. Lejos de mirar hacia adelante volteamos una y otra vez sobre nuestros pasos, sentimos que no somos nada, que todo acabó. El poeta español Angel González recita tales sentimientos con estos versos:
Es así que nos sentimos cuando nos aman y así nos sentimos cuando se acaba. Maravillosos somos al ser amados, nada valemos si no nos aman. Hace mucho tiempo, alguien me hizo llegar un poema atribuido a Jorge Luís Borges que circula por la red, que creo que representa otra forma de asumir los desencuentros amorosos. Como verás a continuación, los versos hacen referencia a los reveses del amor y la experiencia que de ello nos va quedando:
La verdad es que no he podido comprobar que este poema sea en efecto de Borges; incluso recuerdo haber leído en alguna parte que no era su autor. En todo caso, sea o no de Borges, a mi en lo particular me gusta mucho este poema, pues de él se pueden extraer algunas reflexiones sobre el amor, el dolor, la autoestima, la esperanza.... Pero para no extenderme más en estas notas, resumiré diciendo que su encanto está en el hecho de que en sutiles palabras nos enseña que el amor puede no ser para siempre, que por mucho que ello duela la vida continúa y que, al final de todo, nuestra felicidad sólo depende de nosotros mismos. Esto es algo que siempre deberíamos tener presente.
Entre uno y otro poema, me inclino por el segundo como actitud a adoptar en la vida. Sin duda que sus palabras nacen del desencanto y el dolor, pero son palabras que han crecido en la experiencia. El primero es indudablemente hermoso, de hondo contenido poético y digno de dedicar al ser amado como muestra de un sublime sentimiento... pero a los efectos prácticos el atribuido a Borges sigue ganando, no crees?...
Comienzo a rememorar todos los desencuentros que he padecido en esta vida, que en honor a la verdad han sido más de los que me hubiera gustado tener, y creo que ni aún en los momentos de más intenso dolor me permití sentir así. Me explico: he sufrido despechos, arrebatos de intenso dolor; he pasado largas noches de desvelo con ron, rockola y boleros; he jurado no enamorarme más… y hasta unas lágrimas he derramado… pero de allí a echarme al abandono, jamás!!!. A fin de cuentas son ellas quienes se lo perdieron... (¿viste que inflado tengo el ego en estos días?).
Tal vez es que en verdad nunca me he enamorado (cosa que estoy dispuesto a discutir y desde ya a negar), pero el caso es que yo no entiendo mucho a aquellos que, ante un revés amoroso, creen que es el fin del mundo, que sus vidas no tienen sentido y todas esas cosas que se piensan y sienten ante el abandono del ser amado.
Es curioso como solemos poner en manos de otros nuestra propia felicidad, destino y metas. Mientras nos aman nos parece que todo tiene sentido y cuando el amor nos dice adiós nos derrumbamos en el foso más oscuro. Lejos de mirar hacia adelante volteamos una y otra vez sobre nuestros pasos, sentimos que no somos nada, que todo acabó. El poeta español Angel González recita tales sentimientos con estos versos:
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...MUERTE EN EL OLVIDO
Ángel González
Es así que nos sentimos cuando nos aman y así nos sentimos cuando se acaba. Maravillosos somos al ser amados, nada valemos si no nos aman. Hace mucho tiempo, alguien me hizo llegar un poema atribuido a Jorge Luís Borges que circula por la red, que creo que representa otra forma de asumir los desencuentros amorosos. Como verás a continuación, los versos hacen referencia a los reveses del amor y la experiencia que de ello nos va quedando:
Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende
que el amor no significa recostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender
que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Después de un tiempo uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada adiós uno aprende.Y UNO APRENDE
La verdad es que no he podido comprobar que este poema sea en efecto de Borges; incluso recuerdo haber leído en alguna parte que no era su autor. En todo caso, sea o no de Borges, a mi en lo particular me gusta mucho este poema, pues de él se pueden extraer algunas reflexiones sobre el amor, el dolor, la autoestima, la esperanza.... Pero para no extenderme más en estas notas, resumiré diciendo que su encanto está en el hecho de que en sutiles palabras nos enseña que el amor puede no ser para siempre, que por mucho que ello duela la vida continúa y que, al final de todo, nuestra felicidad sólo depende de nosotros mismos. Esto es algo que siempre deberíamos tener presente.
Entre uno y otro poema, me inclino por el segundo como actitud a adoptar en la vida. Sin duda que sus palabras nacen del desencanto y el dolor, pero son palabras que han crecido en la experiencia. El primero es indudablemente hermoso, de hondo contenido poético y digno de dedicar al ser amado como muestra de un sublime sentimiento... pero a los efectos prácticos el atribuido a Borges sigue ganando, no crees?...
Comentario:
Muito obrigado, Nanci. Beijinhos pra você.
Comentario:
a gente aprende, do desencanto, a inevitavelmente cultivar seu própio jardim...mas se deixar de desejar receber flores, ou prescindir da expectativa, que triste!
Quero deixar aqui minhas felicitaçoes pela maestria com que você domina as palavras para expressar-te...e pela suave sensaçao de intimidade emocional que deixas ao compartilhar tua forma de sentir...
beijos
Quero deixar aqui minhas felicitaçoes pela maestria com que você domina as palavras para expressar-te...e pela suave sensaçao de intimidade emocional que deixas ao compartilhar tua forma de sentir...
beijos























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