Delgadas... o famélicas?
Ayer me encontré con una noticia de España, difundida por la agencia Reuters, según la cual la Comunidad de Madrid ha prohibido que desfilen modelos demasiado delgadas en el tradicional desfile de modas que bianualmente se lleva a cabo en esa ciudad. Bajo el alegato de que chicas y mujeres jóvenes intentan copiar el aspecto físico de las modelos y terminan desarrollando desórdenes alimenticios, la Comunidad madrileña ha dispuesto que se cambie el sistema de tallas por el de índice de masa corporal, esto es relación peso-altura.
De más está decir, como lo señala la noticia en cuestión, que tal decisión ha generado una gran polémica a nivel de agencias y modelos, conmocionando así al mundo de la moda. Al margen de la discusión sobre la validez de la medida, lo interesante del asunto es que ha tenido repercusión allende las fronteras españolas, donde se han levantado voces oficiales a favor de acciones de esta naturaleza. Tal ha sido el caso de la Alcaldesa de Milán y la Ministra de Cultura del Reino Unido, quienes se han mostrado partidarias de adoptar sistemas semejantes en Milán y Londres.
Sin ánimo de entrar en discusiones, el caso es que a mí me parece bien la medida de marras. Yo no sé tú, pero yo estoy cansado de ver como la industria de la moda y la belleza cada vez más nos impone como cánones a chicas extremadamente delgadas, que más bien parecen sacadas de un campo de refugiados de Biafra y Etiopía o de damnificados de Bangladesh, con el respeto y la preocupación que la tragedia de esos pueblos me merece. Ojo, por las dudas, aclaro que tampoco pretendo que las modelos voluptuosas de Rubens sean el patrón a seguir; es decir ni tan calvo ni con dos pelucas.
En serio, ¿por qué insisten con esos patrones irreales? La enorme mayoría de la población que consume productos de la moda y la belleza son gente normal y corriente, con todas las “imperfecciones” naturales que se pueden tener; son personas que no poseen cuerpos perfectos ni medidas ideales (por cierto, ¿quién fue el idiota que dijo que 90-60-90 son las medidas perfectas). Lo lamento, pero a mí esas chicas famélicas y mirada lánguida no me inspiran ni un mal pensamiento, salvo lástima.
Yo no quiero carajitas con piel y tetas perfectas. No quiero cuerpos saturados de siliconas y botox. Eso queda para los sueños eróticos de adolescentes con exceso de tetosterona. A mí me gustan las mujeres naturales, corrientes, las del día a día, con sus barriguitas o cauchitos, con líneas de expresión en su rostro y preocupación por una incipiente celulitis. Está bien que se cuiden, pero que no sea ese el “leif motiv” de sus vidas, porque a fin de cuentas eso es pasajero pues el deterioro en el tiempo es inexorable. Por eso es que me gustó tanto la campaña sobre la belleza real que Dove lanzó aquí en febrero pasado, aunque ya es de vieja data en Estados Unidos y Europa. No me importa si era una estrategia de mercadeo o no; pero nos mostraba mujeres reales, de las que vemos todos los días en las calles de nuestras ciudades.
¿Quién coño dice que es ser bello o no?... ¿qué es lo hermoso o no?... ¿los editores de Vogue o Vanity?.. no me jodan!. Será trillado, un lugar común y todo lo que quieras, pero la verdadera belleza ¿no es la que nace del alma?. ¿Qué cuernos importa si tiene los senos grandes o pequeños, las nalgas redondas o cuadradas?. A fin de cuentas, yo no quiero el adorno de las revistas de moda (tuve un amigo que decía que él tenía su mujer para lucirla), yo quiero de compañera a alguien segura de si misma (y no por sus siliconas), con sabiduría para vivir y amar, sensata, que me brinde ideas, pasión, desafíos y curiosidad... ahí está la hermosura real, la que perdura; lo demás, el empaque, es paja loca. He dicho.
De más está decir, como lo señala la noticia en cuestión, que tal decisión ha generado una gran polémica a nivel de agencias y modelos, conmocionando así al mundo de la moda. Al margen de la discusión sobre la validez de la medida, lo interesante del asunto es que ha tenido repercusión allende las fronteras españolas, donde se han levantado voces oficiales a favor de acciones de esta naturaleza. Tal ha sido el caso de la Alcaldesa de Milán y la Ministra de Cultura del Reino Unido, quienes se han mostrado partidarias de adoptar sistemas semejantes en Milán y Londres.
Sin ánimo de entrar en discusiones, el caso es que a mí me parece bien la medida de marras. Yo no sé tú, pero yo estoy cansado de ver como la industria de la moda y la belleza cada vez más nos impone como cánones a chicas extremadamente delgadas, que más bien parecen sacadas de un campo de refugiados de Biafra y Etiopía o de damnificados de Bangladesh, con el respeto y la preocupación que la tragedia de esos pueblos me merece. Ojo, por las dudas, aclaro que tampoco pretendo que las modelos voluptuosas de Rubens sean el patrón a seguir; es decir ni tan calvo ni con dos pelucas.
En serio, ¿por qué insisten con esos patrones irreales? La enorme mayoría de la población que consume productos de la moda y la belleza son gente normal y corriente, con todas las “imperfecciones” naturales que se pueden tener; son personas que no poseen cuerpos perfectos ni medidas ideales (por cierto, ¿quién fue el idiota que dijo que 90-60-90 son las medidas perfectas). Lo lamento, pero a mí esas chicas famélicas y mirada lánguida no me inspiran ni un mal pensamiento, salvo lástima.
Yo no quiero carajitas con piel y tetas perfectas. No quiero cuerpos saturados de siliconas y botox. Eso queda para los sueños eróticos de adolescentes con exceso de tetosterona. A mí me gustan las mujeres naturales, corrientes, las del día a día, con sus barriguitas o cauchitos, con líneas de expresión en su rostro y preocupación por una incipiente celulitis. Está bien que se cuiden, pero que no sea ese el “leif motiv” de sus vidas, porque a fin de cuentas eso es pasajero pues el deterioro en el tiempo es inexorable. Por eso es que me gustó tanto la campaña sobre la belleza real que Dove lanzó aquí en febrero pasado, aunque ya es de vieja data en Estados Unidos y Europa. No me importa si era una estrategia de mercadeo o no; pero nos mostraba mujeres reales, de las que vemos todos los días en las calles de nuestras ciudades.
¿Quién coño dice que es ser bello o no?... ¿qué es lo hermoso o no?... ¿los editores de Vogue o Vanity?.. no me jodan!. Será trillado, un lugar común y todo lo que quieras, pero la verdadera belleza ¿no es la que nace del alma?. ¿Qué cuernos importa si tiene los senos grandes o pequeños, las nalgas redondas o cuadradas?. A fin de cuentas, yo no quiero el adorno de las revistas de moda (tuve un amigo que decía que él tenía su mujer para lucirla), yo quiero de compañera a alguien segura de si misma (y no por sus siliconas), con sabiduría para vivir y amar, sensata, que me brinde ideas, pasión, desafíos y curiosidad... ahí está la hermosura real, la que perdura; lo demás, el empaque, es paja loca. He dicho.
Comentario:
ojala todos pensaran como tu! Siempre tuve mucha cadera pa estos canones. Pues bien, mis amigas, q son super cuerpazos, me hacen sentir inferior, y no decir los hombres... bufff, esos ni me miran, vamos, q como si no existiera...
Si supieran q eso tb es motivo de anorexia y bulimia!!!
Si supieran q eso tb es motivo de anorexia y bulimia!!!
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Querido aplaudo tu parecer sobre este asunto. Pareciera a veces que las gorditas fueramos seres extraterrestes inferiores a las flacas, joder, que absurdo, sentimos, queremos y amamos como cualquier ser humano. Sólo aquel que ha estado con una gordita puede saber que nuestra pasión es doble, ja ja!!!! y si no lo creen hagan la prueba.
Comentario:
El problema es que esto sólo lo van a hacer en Madrid, porque es el ayuntamiento el que paga y organiza el desfile....
En el resto de ciudades del mundo, dígase París, Milán, Londres o Nueva York.... los desfiles los pagan los diseñadores, y ellos eligen.
Perseo
En el resto de ciudades del mundo, dígase París, Milán, Londres o Nueva York.... los desfiles los pagan los diseñadores, y ellos eligen.
Perseo
Comentario:
Totalmente de acuerdo. Sólo añadiría que al fin y al cabo cuando tocas una piel y se te eriza hasta el alma ¿qué importa lo demás?.
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Totalmente de acuerdo. Sólo añadiría que al fin y al cabo cuando tocas una piel y se te eriza hasta el alma ¿qué importa lo demás?.























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