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El mentiroso siempre es pródigo en juramentos (Pierre Corneille)




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Se deja de querer
Una conversación durante el almuerzo de hoy me hizo recordar que hace exactamente dos años atrás estaba yo enamorado de alguien que no me correspondía... ehh, y si... es una frase cursi y un cliché, pero a esta hora de la madrugada no se me ocurrió una mejor, lo siento.

A lo que iba... esta chica me hizo alucinar, le escribí las palabras más bellas que pude imaginar; quise vivir las más locas aventuras junto a ella; estuve dispuesto a abandonarlo todo, no me importaba empezar de nuevo; la vida giraba en torno a ese ser especial que con su sola presencia iluminaba mis oscuros días. Pero no estaba escrito que camináramos juntos este sendero que hemos dado en llamar vida. ¿Razones?... ya sabes, la clásica excusa aquella de “yo te quiero como amigo, pero... etc, etc, etc”... ah! y un detalle menor: es casada. Vamos, que resultó un amor imposible, como dicen por ahí.

Como todo aquel que sufre un desencuentro en el amor, pasé por todas las etapas del despecho, que en mi caso era un guayabo platónico por aquello de lamentarme por lo que pudo ser y no fue. Del masoquismo inicial (largas noches de despecho con ron, rockola y boleros y amargos días de soledad) pasé a la etapa de la rabia y finalmente aterricé donde lo hacemos todos los despechados: la aceptación. Así, asumiendo mi barranco, comencé a repetir como un loro aquellos versos del gran poeta venezolano Andrés Eloy Blanco:

He renunciado a ti. No era posible
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.

He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!

LA RENUNCIA (fragmentos)
Andrés Eloy Blanco

El caso es que a pesar de esta renuncia, en aquel entonces juraba que mis días iban a terminar como los de Florentino Ariza, uno de los personajes que recrea Gabriel García Márquez en su novela “El amor en los tiempos del cólera”, que es toda es una apología a la idea del amor eterno. Como recordarás, Florentino pasó cincuenta años esperando por el amor de Fermina Daza, cosa que logra obtener ya al final de su vida.

Me imaginaba yo sufriendo en silencio por ese querer no correspondido, rechazando el amor de otras mujeres... un momento! no te confundas, que quede claro: dije rechazar “el amor de” no “el sexo con” que es muy distinto; a fin de cuentas era un despecho, no una abstinencia del goce carnal, que además es muy rico. En fin, te decía que al igual que Florentino Ariza decidí esperar estoicamente que algún día ella estuviera libre de ataduras, por divorcio o fallecimiento del marido, lo primero que ocurriera, la verdad no me importaba.

Pero una cosa piensa el burro (yo) y otra quien lo arrea (la vida). Decía Oscar Wilde que lo único que dura más que un amor eterno es una obsesión y yo, que no soy obsesivo, hace algún tiempo que descubrí que algo había cambiado; el sentimiento ya no era el mismo. Fue entonces que recordé a José Angel Buesa:

Se deja de querer, y no se sabe
por qué se deja de querer.
Es como abrir la mano y encontrarla vacía,
y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.

Se deja de querer, y es como un viaje
destinado a la sombra, sin seguir ni volver;
y es cortar una rosa para adornar la mesa,
y que el viento deshoje la flor en el mantel.

Se deja de querer, y es como un niño
que ve cómo naufragan sus barcos de papel;
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.

Se deja de querer y no se sabe
por qué se deja de querer...

SE DEJA DE QUERER (fragmentos)
José Angel Buesa

Hoy, a dos años de aquella historia, sólo queda el sereno recuerdo de lo vivido, de lo sufrido y de lo amado. Sin embargo, con la convicción de que el amor no es una cosa etérea ajena a nosotros y que por ello el carácter de permanencia se lo damos nosotros mismos, al recapitular aquellos días me pregunto si realmente fue que dejé de querer o fue que sólo asumí los hechos. De cualquier manera eso ya no es relevante, lo que está claro es que no soy Florentino Ariza. Mucho me temo que maté al amor eterno... y espero sobrevivir a ello.

"Presente" - Tango Feroz

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Comentario:
Con esa certeza de que finalmente se deja de querer deberían ser menos intensos y dolorosos los guayabos....pero el corazón echa su vainita de vez en cuando.
Gracias por la visita!
No