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El mentiroso siempre es pródigo en juramentos (Pierre Corneille)




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Congoja
Haciendo un poco de limpieza, para botar cosas viejas y hacerles espacios a las nuevas, encuentro en el fondo de un clóset unas pequeñas cajas con fotos, cartas, notas, agendas y otros recuerdos de una vida mía ya pasada. Cosas que mi memoria olvidó que existían, pero que en su momento tuvieron un enorme valor y significado. Revisando aquellos objetos, leyendo aquellas viejas cartas, regreso atrás en el tiempo cuando no tenía mayores responsabilidades y preocupaciones.... como dirían por aquí, cuando era feliz e indocumentado.

Distantes años de adolescencia y juventud, cuando ingenuamente teorizaba sobre la vida, el amor, el sexo y la amistad, creyendo que tenía todas las respuestas en la mano. Época de bohemia, madrugando en las calles caraqueñas, conversando largamente en las esquinas con esos raros personajes que viven al amparo de las sombras de la noche, recorriendo oscuros bares frecuentados por estudiantes de izquierda. Lejana edad cuando creía que el socialismo era el único sistema político y económico para hacer justicia social.

Años de arrebato juvenil donde se imponía el ímpetu y la pasión por encima de la razón. Donde todo era posible por sólo desearlo. Tiempos idos en los que un amor no correspondido era una tragedia y no un simple desencuentro. Cuando la marihuana no era droga sino un “catalizador de los sentidos”. Una vida ya desaparecida, en la que juraba que jamás cambiaría y nunca sería lo que hoy soy. Una vida que sólo era presente y muy poco pasado; donde el futuro no importaba pues a fin de cuentas estaba muy lejos....

Hoy, cuando estoy viviendo el futuro de aquel que fui, esos olvidados objetos me llenan de tristeza, de melancolía y por instantes me convierto en mendigo de mis recuerdos; siento nostalgia de mí, de lo que fui ayer y de lo que entonces soñé.

Cuando la triste soledad conversa
con un recuerdo viejo, ya perdido,
el alma se acongoja con tal fuerza
que vuelve a renacer lo ya vivido.

Tristes acuden así de tal manera
escenas viejas. Felices, pero idas.
Presente oscuro de la propia vida.
Como eclipse de sol en primavera.

La congoja es la sombra que estremece
la realidad. Que al conversar abruma.
Juntas están. Como en la margen crece
el musgo salpicado entre la espuma.

Es fuego ardiente que produce frío,
es lazo interno que aprisiona el pecho,
es añorar soñando hacia el vacío,
queriendo rehacer lo que está hecho.

Es precipicio de mi propia sombra
que se proyecta triste en el ocaso,
donde el silencio de la muerte asombra
al marchitar las huellas de mi paso.

Y mientras más feliz fue lo vivido,
el conversar se vuelve más sombrío:
es más triste el recuerdo más querido
y es más extraño lo que más fue mío.

CONGOJA
Rafael Ruiz Carrillo

Abrumado por los recuerdos, añorando aquellos días, no tengo valor para deshacerme de ellos. Cuidadosamente los regreso a sus cajas y las coloco en el último rincón de mi armario. Allí pasarán otra vez al olvido hasta que la necesidad de espacio las vuelva a traer a la luz, con toda su carga de nostalgia. Y es que como cantó Joan Manuel Serrat, esas pequeñas cosas tienen boleto de ida y vuelta.

"Aquellas pequeñas cosas" - Joan Manuel Serrat

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Comentario:
Pues si funciona. Nanci vas a tener que escribir de nuevo.
 
Comentario:
Comentario de prueba, porque parece que esto no funciona
No