El amor duele en paz
Desde que tengo uso de razón he sentido una especial atracción por Brasil. Tanto así que una de mis aspiraciones en esta vida es poder vivir un largo tiempo en aquellas tierras. Me gustan sus paisajes, su gente, su cultura, su gastronomía y, muy en particular, su música. En días pasados, mientras disfrutaba una copa de vino, estaba escuchando unas muy viejas canciones de bossa nova, el género musical brasileño que más aprecio.
João Gilberto, Tom Jobim, Vinicius, Carlinhos Lyra, Elizeth Cardoso, Nara Leão, Baden Powell y otros tantos me transportaron a aquella lejana época en que la bossa nova hacía furor en ese país austral y en el mundo. Nacida a finales de los cincuenta y principios de los ’60, la bossa nova se desarrolló a plenitud en aquella época en que la juventud creía en el amor, el poder de la sonrisa, la belleza de una flor... los años de los hippies, pues.
Pero no nos llamemos a engaño, la bossa nova fue impulsada por jóvenes universitarios y músicos de los barrios de clase media de Río de Janeiro, que cultivaban sus cuerpos en las playas cariocas, muy alejados de las pintas hippies de entonces. Una juventud que buscaba una transformación cultural, una realidad musical más auténtica, más acorde con la creatividad y los sentimientos de libertad que imperaban en aquellos tiempos.
De allí surgió, con la guitarra como principal instrumento, un tipo de música y letra que se alejaban de las muy folklóricas y sin metáforas que predominaban hasta entonces en Brasil. La bossa nova trajo una música de estudio, llena de sofisticaciones, de sutilezas, con un canto intimista muy cercano al diálogo. Así, introdujo la delicadeza, la imagen poética y hasta una cierta ingenuidad, como bien dijera alguna vez la cantante Nara Leão.
Hace poco más de un año, escribía en este intrascendente blog una apología breve del bolero en la que, palabras más, palabras menos, te decía que invariablemente el bolero nos remite al desamor, a la entrega, al sufrimiento con alcohol y rocola, al abandono del propio ser e, incluso, al fracaso, la traición y la mentira. Hablando mal y rápido: el bolero es despecho puro y duro.
Pero he aquí que es posible vacilarse los desencuentros amorosos con igual intensidad y sentimiento, pero sin tanto drama, con una música suave, con lirismo y belleza melódica. Me refiero naturalmente a la bossa nova. A diferencia del arrebato y la desesperación del bolero, la tristeza en esta música brasileña se presenta como una reverencia al amor y no como una cruel desesperanza. Hay en sus canciones una sabiduría y un raciocinio del amor, hay poesía y un sentido positivo en sus letras.
Una expresión, que me gusta mucho, de esa forma de encarar el amor está en la canción que Vinicius le escribió en 1974 a Tom Jobim, intitulada Carta ao Tom 74: “...Ipanema era solo felicidad, era como si el amor doliera en paz... incluso la tristeza de la gente era más bella...”. Allí está la esencia de la bossa nova... el amor duele en paz... hay belleza en la tristeza.
Con ritmo sosegado y sereno, la bossa nova tiene un profundo sentimentalismo que emplea un lenguaje puro para transmitir mensajes de amor y ternura. Canciones inolvidables como Insensatez, Chega de Saudade, Eu sei que vou te amar, Adeus, Tomara, Samba em prelúdio, por sólo mencionar algunas de las más conocidas, son piezas con letras sencillas, incluso ingenuas, que hablan del desamor con la tristeza y melancolía de aquel que sabe que amó de más y en vano, pero sin la carga de traición y mentira que envuelve al bolero. Y es que como acertadamente manifestó el compositor Ronaldo Bôscoli, la bossa nova es un estado del espíritu.
Bolero o bossa nova, ambos son sentimientos. Yo, que he vivido desamores bajo la influencia de los dos, en verdad prefiero la dulzura y melancolía de esa tristeza inocente que “duele en paz” al arrebato y la fatalidad del bolero, que si bien puede ser sublime muchas veces raya en lo cursi.
Más aún, si lo pienso bien, la mujer que amo y por la que todavía paso algunas noches en vela, es en su esencia como la bossa nova: intimista y sutil, dulce y delicada, sensible, educada, llena de poesía, con una cierta ingenuidad.... y por ella, hoy el amor me duele en paz.
João Gilberto, Tom Jobim, Vinicius, Carlinhos Lyra, Elizeth Cardoso, Nara Leão, Baden Powell y otros tantos me transportaron a aquella lejana época en que la bossa nova hacía furor en ese país austral y en el mundo. Nacida a finales de los cincuenta y principios de los ’60, la bossa nova se desarrolló a plenitud en aquella época en que la juventud creía en el amor, el poder de la sonrisa, la belleza de una flor... los años de los hippies, pues.
Pero no nos llamemos a engaño, la bossa nova fue impulsada por jóvenes universitarios y músicos de los barrios de clase media de Río de Janeiro, que cultivaban sus cuerpos en las playas cariocas, muy alejados de las pintas hippies de entonces. Una juventud que buscaba una transformación cultural, una realidad musical más auténtica, más acorde con la creatividad y los sentimientos de libertad que imperaban en aquellos tiempos.
De allí surgió, con la guitarra como principal instrumento, un tipo de música y letra que se alejaban de las muy folklóricas y sin metáforas que predominaban hasta entonces en Brasil. La bossa nova trajo una música de estudio, llena de sofisticaciones, de sutilezas, con un canto intimista muy cercano al diálogo. Así, introdujo la delicadeza, la imagen poética y hasta una cierta ingenuidad, como bien dijera alguna vez la cantante Nara Leão.
Hace poco más de un año, escribía en este intrascendente blog una apología breve del bolero en la que, palabras más, palabras menos, te decía que invariablemente el bolero nos remite al desamor, a la entrega, al sufrimiento con alcohol y rocola, al abandono del propio ser e, incluso, al fracaso, la traición y la mentira. Hablando mal y rápido: el bolero es despecho puro y duro.
Pero he aquí que es posible vacilarse los desencuentros amorosos con igual intensidad y sentimiento, pero sin tanto drama, con una música suave, con lirismo y belleza melódica. Me refiero naturalmente a la bossa nova. A diferencia del arrebato y la desesperación del bolero, la tristeza en esta música brasileña se presenta como una reverencia al amor y no como una cruel desesperanza. Hay en sus canciones una sabiduría y un raciocinio del amor, hay poesía y un sentido positivo en sus letras.
Una expresión, que me gusta mucho, de esa forma de encarar el amor está en la canción que Vinicius le escribió en 1974 a Tom Jobim, intitulada Carta ao Tom 74: “...Ipanema era solo felicidad, era como si el amor doliera en paz... incluso la tristeza de la gente era más bella...”. Allí está la esencia de la bossa nova... el amor duele en paz... hay belleza en la tristeza.
Con ritmo sosegado y sereno, la bossa nova tiene un profundo sentimentalismo que emplea un lenguaje puro para transmitir mensajes de amor y ternura. Canciones inolvidables como Insensatez, Chega de Saudade, Eu sei que vou te amar, Adeus, Tomara, Samba em prelúdio, por sólo mencionar algunas de las más conocidas, son piezas con letras sencillas, incluso ingenuas, que hablan del desamor con la tristeza y melancolía de aquel que sabe que amó de más y en vano, pero sin la carga de traición y mentira que envuelve al bolero. Y es que como acertadamente manifestó el compositor Ronaldo Bôscoli, la bossa nova es un estado del espíritu.
Bolero o bossa nova, ambos son sentimientos. Yo, que he vivido desamores bajo la influencia de los dos, en verdad prefiero la dulzura y melancolía de esa tristeza inocente que “duele en paz” al arrebato y la fatalidad del bolero, que si bien puede ser sublime muchas veces raya en lo cursi.
Más aún, si lo pienso bien, la mujer que amo y por la que todavía paso algunas noches en vela, es en su esencia como la bossa nova: intimista y sutil, dulce y delicada, sensible, educada, llena de poesía, con una cierta ingenuidad.... y por ella, hoy el amor me duele en paz.
Comentario:
me encanta brasil!!! me parece que es uno de los paises mas bellos del mundo, estoy enamorada de su cultura, su musica y su gente.
yo soy Venezolana y aunque vivo muy cerca de Brasil nunca he tenido la oportunidad de ir, pero me encataria no solo pasar un buen rato, algunos dias o meses, en realidad no.
me gustaria vivir en Brasil...
Espero algun dia lograr mi sueño, y espero q Brasil no me desilucione si no que supere mis expectativas.
yo soy Venezolana y aunque vivo muy cerca de Brasil nunca he tenido la oportunidad de ir, pero me encataria no solo pasar un buen rato, algunos dias o meses, en realidad no.
me gustaria vivir en Brasil...
Espero algun dia lograr mi sueño, y espero q Brasil no me desilucione si no que supere mis expectativas.
Comentario:
assim como você descreve a bossa nova, sinto essas linhas que deslizam tao suaves, sutis, intimistas e até inocentes, quando você escreve...Me encanta teu estilo! beijo!
Comentario:
vivo en la negación absoluta de sentir el amor doloroso, así sea en paz....
Comentario:
¡Ave María, Caballero!... ¡Que manera de doler!
Uff!
Uff!























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