Blogs.ya.com Quitar publicidad
Te lo juro por ikea
Abierto 24 horas
Acerca de
Aunque no estoy ultrabuena, molo mil... ¡y además soy buena cocinera! Tengo sentido del humor y no hago faltas de horgotrafia (eso dice mucho de una persona).
Sindicación
 
Pero
Siempre hay un gran pero.

"Yo* me liaría contigo. Pero le gustas mucho a mi amigo".

Ah, bien. Pues bueno, gracias por la info.

Soy un imán de situaciones surrealistas.

*(chica)

PD: ei, que todo va bien, eh? Pero voy un poco cuesta abajo y con el culo por delante...
 
Lambrusco
Anoche me invitó a cenar mi amiga Laia. La idea era ir a tomar unas cervezas antes de irnos a dormir, pero al final decidió que sería mejor tirar la casa por la ventana e ir a cenar de restaurante.

Entre las dos nos bebimos una botella de lambrusco rosado, que es vino pero en realidad es vino de broma y no cuenta, pero nos dio mucha risa y empezamos a hablar de sexo. Bueno, de follar y de pollas y de si el tamaño importa o no y de si cuando tienes un picor quieres tocarte la zona así como por encima y con mucho cuidado y casi sin tocar o si quieres rascarte bien, bien y Laia estaba de acuerdo conmigo en qeu lo que quieres es rascarte bien fuerte y que esa es la importancia del tamaño y añadió qeu por lo menos debe haber contacto "diametral" para no sentirte como una katiuska y nos dio mucha, mucha risa.

Pero lo que más risa nos dio fue girarnos y ver que en la mesa contigua había cuatro curas cenando y nosotras secándonos las lágrimas...
 
Lápiz
Me gusta llegar el lunes al trabajo llevando todavía un discreto recuerdo del lápiz de ojos, la base de las pestañas oscurecida.

Es como retener parte del fin de semana.
 
Análisis lingüístico.
He desperdiciado parte de la mañana buscando con qué frecuencia se repiten algunas palabras en este blog. Curioso.

He encontrado 112 alusiones al café
120 besos
La palabra amor se repite 30 veces y enamorado/a 20
Sexo aparece 42 veces (más que amor o enamorada)
Repito fiesta en 73 ocasiones y festival 22
Nombro el fin de semana 95 veces
Hablo de chapas 70 veces y de cerveza sólo 23!
La palabra camarera está 14 veces, pero arroz sólo 4 y princesa y limpiaparabrisas 3
La tentación me ataca 7 veces y la palabra humor se repite 23
Hablo del trabajo o de trabajar en 171 ocasiones, sobre todo el año pasado… brrrrr.
Risa aparece 43 veces, bien, bien.
Mis gatos, 39
Encuentro triste 11 veces y contenta sólo 10
Me refiero a mi exnovio tan sólo 2 veces

Trabajo, café, besos, sexo, fin de semana, fiesta, risa… Me da qué pensar. Sacad vuestras propias conclusiones. De momento yo creo que debería quedar el fin de semana con alguien del trabajo para tomar un café, seguir con cervezas y acabar con muchos besos, risas y sexo. Buen plan.
 
Café con leche
El viernes estuve en Barcelona y de camino al lavabo de la discoteca vi al chico que conocí en Bilbao. Dudé un momento sobre si saludarle o no, pero me pareció una coincidencia tan gorda (yo debo de salir por Barcelona tres o cuatro veces al año, no más) que fui a decirle hola.

“Hola J.”. “Hola?”. Me recibe con cara de “no sé por qué sabes mi nombre”. “No te acuerdas de mí”. Me hace gracia que no me reconozca y pienso “Mira, con lo guay que me dijo que le parecía”. “Perdona, ahora no caigo”. “Soy Maia. Nos conocimos en un festival”. Se le ilumina la cara. “¡Maia!”. Me da dos besos, me abraza, me coge de la mano y se la aprieta contra el pecho, me cuenta la ilusión que le hace volver a verme. Realmente parece encantado. Me explica que me había estado buscando por los myspace porque recordaba que le había hablado de un grupo con el que había ido al festival de Bilbao. Le dije que no, que eran una pareja de djs y que yo sólo había ido de supporter, y le repito varias veces “¡pero si hace un momento no te acordabas de mí!”. Da igual, esta encantado. Charlamos un rato, pero tenía que marcharse pronto. Al día siguiente cogía un avión para Madrid. “Vente conmigo”. Le digo que no. "Venga, vente conmigo". Repito que no. “Pues acompáñame fuera”. Le acompaño hasta la puerta, pero me coge de la mano y me lleva fuera. De pronto me veo en la calle, sin sello en la mano y mis amigos dentro. Mierda. “J., yo tengo que volver dentro”, “Que sí, que sí. No te preocupes. Te daré mi pase. Acompáñame hasta la esquina”. Le acompaño hasta la esquina, charlamos. Me besa. Besa sin lengua. Me insiste para que vaya a su casa, me vuelvo a negar, “¿por qué no?”. No le hablo de mi regla de oro de no acostarme con quien no besa con lengua. “Porque mis amigos están allí dentro”, “pero no te van a echar de menos”, “¿cómo que no?”, “va, ven, por favor”, “no”, “¡por favor!”. Me daba la risa. La situación me hace mucha gracia. “No tiene que pasar nada. Por favor, ven”. La gran mentira; y algunas todavía nos la creemos. “Va, quiero estar contigo. Hablar contigo. Pensaba que no te iba a volver a ver”. “¡Pero no me has reconocido!”. “Por favor, por favor, por favor. Si no vienes conmigo no te volveré a ver y tendré que llamarte cada semana, o dos veces a la semana, o cada día. Las veces que tú me dejes hasta que te vuelva a ver”. “No tienes mi número de teléfono”. “Es cierto. Ven por favor. Un par de horas. Una hora. Media hora”. “No”. “Va, me estás haciendo hacer el ridículo. Estoy suplicando. Hablamos un rato. Te hago un café con leche”. Son las palabras mágicas: café con leche. “Hmmmm… bueno. Café con leche. Vale, vamos”. Cogemos un taxi para cubrir un trayecto que hubiésemos hecho andando en menos de cinco minutos y llegamos a su casa. Se sienta en el sofá a mi lado y me besa. Yo que me tomo las cosas al pie de la letra le pregunto por el café. “¿De verdad quieres un café con leche?”, “Sí, claro.”. “No haberlo dicho” pienso. Se va a la cocina, hace café. Yo aprovecho para informar vía sms de dónde me encuentro y de mi intención de no tardar en volver. “¿Azúcar?”, “un poco, por favor”. Vuelve con los cafés. El gintonic de garrafón de Apolo me ha dejado con una sed terrible y la boca seca. A pesar de estar excesivamente dulce, el café me sabe bueno. Me abraza, me besa, me cuenta las ganas que tenía de estar conmigo. Le replico que soy escéptica y me cuesta creerme ese tipo de cosas. La verdad es que no comprendo tanta entrega ni tanto interés. Me hace gracia. En un momento en el que se chocan nuestras gafas pienso que tan “petite”, con las manos tan finas y tan pálido, no sólo me recuerda a un joven John Lennon con flequillo emo, sino que con esos labios tan finos y las gafas de pasta, así de cerca tiene un aire a Jarvis Cocker y es delicado como una chica. Intenta adivinar algunas cosas sobre mí: qué música me gusta, mi fecha de nacimiento (errando en el cálculo hasta 10 años…), a qué me dedico. Cree que es mayor que yo y que no me quiero quedar con él porque soy demasiado joven. La verdad es que no me quiero quedar porque tengo demasiado sueño y empieza a incomodarme con tanto abrazo y quieroestarcontigos. Me produce una mezcla de escepticismo y ternura. Sobre todo ternura, pero no creo que sea ese el efecto que busca. Empiezo a impacientarme. Me cuenta alguna cosa sobre él, pero sólo por compromiso. Me abraza continuamente. Quiere que le visite un fin de semana. Apoya la cabeza en mi pecho. Me siento fuera de lugar. Por fin mi paciencia se acaba cuando me habla de hacerme el amor. Con eso no puedo. Le aparto con mucha amabilidad y le digo que me tengo que ir ya. Justo entonces me contestan al sms "Pásalo guay!". Brrrr. "¿Dónde está la parada de metro más cercana?". "Te acompaño". Por el camino se queja de que no nos volveremos a ver, que esto siempre acaba igual. No sé qué decirle. Le pregunto si va a festivales. Me dice que sí, que si está por aquí irá al Primavera Sound, que el Summercase seguro que cae y que después probablemente vaya a Benicàssim. "Pues esos son los tres festivales para los que ya tengo entrada". En la boca de metro nos despedimos y se marcha.

Llamo a mi amigo para avisar de que estoy de camino, ya está durmiendo. Tendré que volver a despertarle para que me abra la puerta de casa. Me dará las llaves de su coche y tendré que andar tres manzanas para sacar mi bolsa del maletero. Por el camino tengo muchas ganas de hablar, pero a las siete y media de la mañana, mientras ando sola por Barcelona, no me contesta nadie el teléfono. Normal. Tampoco contesta a mi invitación para tomar café/cerveza al día siguiente el colega que hace dos años que no me contesta el teléfono (y aún no sé por qué). Eso tampoco me extraña. De hecho no tengo ni idea de por qué le he mandado un sms sabiendo que no me va a contestar. Cosas de las siete de la mañana.