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Acerca de
Aunque no estoy ultrabuena, molo mil... ¡y además soy buena cocinera! Tengo sentido del humor y no hago faltas de horgotrafia (eso dice mucho de una persona).
Sindicación
 
El año que viene, más.
Ayayayayay... ¿Cómo será el 2006?

Creo que si no pongo ninguna esperanza en el próximo año, todo serán sorpresas. Mejor así.

Divertíos esta noche. Besos. El año que viene, más.
 
Lista de favoritos
Me han llegado a decir cosas raras, pero que mi lista de favoritos de internet es un fiel reflejo de mi casa, es probablemente el comentario más extraño qeu me han hecho.

Me lo dijo un amigo informático que tiene sus favoritos perfectamente ordenados en una complicada estructura de carpetas, mientras yo tengo LA carpeta con todos los enlaces dentro. Están ordenados alfabéticamente, así qeu encontrarlos es fácil. Sea como sea, uso muy pocos de ellos, así que no me supone problema ninguno. Eso sí, cada vez que me ve ir a marcadores (uso Mozilla) y bajar pacientemente hasta el final de la lista se ríe de mí. Cosa qeu a mí no me importa. A veces lo hago especialmente despacio para hacerle reir.

Según él, mi lista de favoritos está toda revuelta, sin orden ninguno, todo ahí metido, como mi casa. Particularmente, como mi habitación. Me mudé a este piso hace año y medio y a falta de estanterías, hay un montón de cosas que sigo teniendo en cajas. En principio lo metí todo de manera provisional en la habitación que me sobraba, pero cuando vino Rosario a vivir a casa lo tuve que sacar todo y meterlo en mi cuarto, con lo cual mi habitación perdió espacio y ganó en dejadez y aspecto desastroso.

En Mayo se fue Rosario y pensé que al acabar el verano volvería a alquilar la habitación. Pero en octrubre cambié de opinión. Ese hubiese sido el momento ideal para adecentar mi cuarto y devolver allí todas las cajas qeu en realidad no tenían cabida en mi habitación, pero debí tener algún motivo perfecto para no hacerlo. Quizá ni se me ocurrió, que ya es posible. También es cierto que en mi vida parece haber un sentimiento raro de que todo es temporal. Por ejemplo, hace años, cuando aún grababa cosas de la tele en vídeo, nunca quería poner etiquetas en las cintas porque no sabía si aquello que había grabado se iba a quedar o si lo iba a borrar. Como resultado acabé con un montón de cintas sin nombre qeu no borraba nunca por si había algo interesante grabado. Por lo tanto supongo que la habitación de Rosario se quedó vacía por si venía alguien a ocuparla.

Hasta ayer, que aprovechando que tengo vacaciones y que de pronto me sentí con ganas, arreglé las dos habitaciones. Ahora tengo un cuarto irreconocible. El amigo que comparó mi habitación con mi lista de favoritos no se lo podía creer. Me pidió que dejara al grupo de rumanos salir del armario, que no lo podía haber hecho sola. Y yo, con mi dolor de espalda y agujetas en las piernas me sentí orgullosa.

Ahora ya puedo invitar a gente a venir a casa por la noche y encender la luz de mi habitación sin vergüenza.
 
Anoche
Buenos días. Buenos días porque son las ocho y cincuenta y dos y escribo desde la oficina. Me duele la cabeza y creo que es por falta de sueño. No hay problema, creo que cuando consiga el nivel adecuado de sangre en café se me pasará el sueño y el malestar general. No es resaca. Anoche tuve la cena de empresa de la agencia de viajes para la que trabajo ocasionalmente (los que me hacen cantar bingos y bailar con jubilados), pero siendo hoy laboral no me excedí en nada, exceptuando la hora de irme a dormir.

Fue una noche peculiar. La cena fue en un restaurante a unos cien metros de mi casa (es lo qeu tiene vivir en el centro) y eramos siete: la chica de la oficina, el jefe de guías y cinco guías que hacía mucho que no coincidíamos, así que hasta aquí bien. Cenamos agusto aunque no es el mejor restaurante de la zona y muy a pesar de que de pronto llegaron tres tunos. En otras ciudades no sé, pero en Tarragona hay gente que tiene mi edad y sigue en la tuna de la Universidad. Que sigan estudiando no se lo cree nadie, pero ahí siguen, vestidos de príncipe azul por los garitos del puerto deportivo, algo que no entenderé jamás. El jefe de guías se anima mucho con las cervezas y el vino y la aparición tunera le pareció maravillosa, así que lo mostró cantando con ellos y ofreciendo generosas cantidades de dinero (a mí un euro me parecería excesivo y creo que les dio 10). Después nos dieron unos regalos y con el éscándalo que armaron todo el restaurante acabó mirándonos. La mesa de al lado empezaron -comprensiblemente- a mofarse de nosotros mientras nuestro jefe -muy animado, cerveza mediante- nos hacía una pequeña presentación a cada uno para darnos unos presentes de navidad. De mí dijo que soy la guía más intelectual de la agencia, supongo que será porque les hablo a los clientes de la guerra de Sucesión, los Reyes Católicos, las guerras Carlistas, el Cisma de Occidente, etc. Pero aquí la mesa que se reía de nosotros nos tomó el relevo. Uno de ellos sacó un clarinete y se puso a tocar villancicos populares de la tradición castellana y catalana mientras gran parte del restaurante acompañaba con palmas, bases arrítmicas en la mesa y toques de cucharilla de café en todo cacharro que haga ruido. Un horror, además de muy friki. Creo que la única mesa que no se contagió fueron unas chicas muy fashion con cara de mal**ll**** y yo, que no comparto el espíritu navideño y además pensaba "dios mío, estamos en mi barrio...". Creo que fue a partir del quinto villancico que una de las mesas empezó a cansarse. El del clarinete llevaba un rato insistiendo para que su compañera Mariona cantase, a lo que ella se negó durante un buen rato. Para convencerla, medio restaurante cantaba "Mariona, Mariona!, que en catalán suena más como Ma-ri-o-na. La mesa de chicas del fondo empezó a cantar "Maricona, maricona!" y al final hubo uno que enseñó targeta roja a los de los villancicos. Al final cantó. Después se animó una de mis compañeras, que se presentó a la última edición de OT sin ningún éxito.

Al menos me reí un rato con las historias de uno de mis compañeros.

Después nos invitaron al recién estrenado casino de Tarragona. Vaya colección de paletos parecíamos. Totalmente fuera de lugar. Nos dieron cinco fichas de dos euros cada una y nos fuimos a la ruleta americana. La verdad es que dábamos algo de pena con fichas de dos euros cuando la mayoría eran de cinco, diez o veinte, pero esa gente perdía mucho más dinero que nosotros. Yo aposté una de las cinco fichas y cuando ya tenía quince en la mano sin haber perdido ni una sola apuesta, decidí retirarme. Ya era tarde y tampoco soy demasiado avariciosa. Considero que apostar dos euros y ganar veinte es mucha más suerte de la que podía imaginar, aunque igual era para compensar por no haber ganado nada en la lotería. Resumiendo, entré sin nada y me marché con treinta euros gratis. La cena pre-Cau de esta noche será a lo grande, creo que pediré café y todo.

Después, de camino a casa, pasé un momento por el Cau y acabé hablando con un colega sobre la hipotética medida del pene de King Kong. Mi opinión es que un pene tan grande sería inservible ya que no hay lugar donde meterlo, a no ser que sea el tunel del ave o similar. Fuente de frustración sexual asegurada. También me preguntó si había llamado al trabajo de actriz porno. No os dije que me volvieron a enviar un anuncio parecido. Esta vez buscaban actrices "amateur". Tendré que revisar mi CV. Después de eso me fui a dormir, que ya era hora y mejor se iba a estar en casa que delinquiendo.

Hoy trabajamos sólo hasta el mediodía. Qué ganas de vacaciones. Y de salir. Y de siesta.

Por cierto, no os pienso felicitar la navidad. No soy pro-navidad y sólo lo hago bajo presión directa. Tampoco canto villancicos, ni me pongo gorros rojos y blancos. Soy asín*.

*Si aún me lee la persona que me preguntó si era consciente de que se dice "así" y no "asín", creo que es evidente que mi dominio del castellano es lo suficientemente decente... ;P
 
Hay veces que no estoy para tonterías
El miércoles, aparcando el coche al volver del trabajo, le dí un toque al coche que estaba aparcado detrás mío. Fue tan leve, que no me hubiese dado cuenta si el dueño no hubiese estado dentro del coche y me hubiese pitado.

La reacción me pareció tan desmesurada que no le hice caso. Me puse la bufanda, la chaqueta, recogí todos mis trastos y salí del coche pensando en otra cosa. Antes de darme tiempo a cerrar la puerta sacó la cabeza por la ventanilla y la conversación que tuvimos fue la siguiente:

-Oye! Que todos tenemos que ir con más cuidado, porque vaya golpe me has dado... (de hecho dijo más cosas, pero no le estaba escuchando)
Me acerqué y le dije:
-Pues ni siquiera tenía puesta la marcha atrás y no me he enterado hasta que me has pitado, así que no creo que haya sido un golpe fuerte.
-Es que te has dejado caer hacia atrás porque no vas con cuidado y hay que fijarse un poco más, porque yo cuando aparco... (bla, bla)
-¿Quieres que miremos si el coche tiene algún golpe?
-Oye, que yo no estoy discutiendo contigo. Sólo te estoy diciendo que tienes que ir con más cuidado.
-¿Quieres que miremos si el coche tiene algún golpe o no?
-No, sólo te quiero decir que tienes...
-Sólo me quieres echar la bronca ¿no?
-No, sólo que no puedes ir así (bla, bla)
-Bueno, pues me estás contando cosas que ya sé. ¿Me puedo ir a mi casa?
-Por mí como si te quedas toda la tarde aquí.
-Pues no, porque tengo cosas que hacer.

Me dí media vuelta y me fui a casa.

No siempre soy persona considerada y educada. A veces me da todo igual.
 
En los últimos días (sin orden particular)
He ido a Pamplona una vez en tren y otra vez en coche
He conocido a muchos parientes
He dado muchos besos y algunos abrazos
Me he reído con anécdotas
He visto dos veces la niebla de Lérida
He perdido tres días de trabajo
He dormido en camas ajenas
He estado en el Roch tomando zuritos y comiendo pimientos
Me he despedido de Alejandra, viva
Le he dicho hasta luego a Alejandra, ya no viva
Me he olvidado un kilo de borraja
He ofrecido algún pañuelo
He tenido la cena de empresa
He cruzado el meridiano cero cuatro veces
Mi nombre ha salido en un diario
He robado fotos de un cajón
He estado inquieta
He escrito páginas de un diario
He comido muy bien con amigos
He tenido frío
He hecho la maleta dos veces: una mal (diez pares de calcetines y ningún sujetador) y otra bien
He sonreído
He bostezado en una Iglesia
He sentido alivio
No he aprendido a santiguarme ni a rezar
Le he cosido el dobladillo a unos pantalones escuchando a Morrissey
He hecho cosas que no pensaba hacer
He recopilado recuerdos y anécdotas
He vuelto a casa y no había luz. Me he ido otra vez. Me he tomado una cerveza con Elena. Cuando he vuelto sí había.

Me voy a dormir, ha sido una semana larga, larga. Tengo ganas de mi cama. Es viernes y no salgo, pero porque estoy cansada.


 
Cosas que me gusta mirar
Cómo se me pone la piel de gallina cuando me lavo las manos con agua caliente
Cómo bailan las parejas de jubilados
Cómo trabaja Cristina
El perfil de Jordi
Cómo duerme mi gata Júlia
Cómo pinchan los Twenty
Cómo come Lorenzo. También cómo bebe café
Los mensajes privados en los blogs y flogs
Los dedos largos de Pilar
Cómo cocina mi padre
Cómo llueve (si estoy en casa)
A personas que no saben que les miras
Cómo se bajan los archivos en el Lphant
Cómo duermen algunas personas
Cómo vigila Júlia en verano a las salamandras del balcón
Cómo se ríe Rosario
Cómo se tumba César encima de las visitas

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Estoy rara, tonta, triste, nerviosa. Estoy esperando.
 
Breve
El viernes quería actualizar, pero no pude. De todos modos me he quedado sin espacio en este blog, veremos si puedo seguir publicando aquí.

He estado fuera el fin de semana y he escrito 14 páginas de diario desde el sábado. Actualizaré mañana si tengo tiempo.

Me voy a dormir.

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Magna, explícame qué es lo que has encontrado.
 
Reconciliación
El sábado protagonicé uno de mis capítulos a medias entre lo embarazoso y la muerte por risa.

Tengo un amigo excesivamente puntilloso que en ocasiones me saca de quicio. El sabado por la noche fue una de esas ocasiones. Pinchaban los Twenty Nails en el Cau y antes del bolo hicimos una cena, como ya viene siendo costumbre. Entre el cortísimo espacio de tiempo que tuve entre que me enteré de que había cena y la cena, además de hacer un intento en vano de arreglarme, hice chapas de los djs para la ocasión. Sólo tuve tiempo de hacer cuatro chapas y para ello aproveché el flyer que nos habían enviado ellos por mail. La chapa quedó chula, opino, y al acabar la cena las repartí todas, quedandome yo sin. Comenté que eran un plagio del flyer pero que en media hora escasa no había tenido tiempo de ser muy creativa. Entonces mi colega me dio algunas ideas sobre lo que podía haber
hecho, pero evidentemente, si lo pudiera haber hecho, lo habría hecho. Por lo tanto se me cruzaron los cables y le contesté que también las podría haber hecho él, que encima que le regalaba una chapa exclusiva no se quejara y me fui al Cau cabreada como una mona.

Un rato después, gintonic en mano, le dije que su comentario me había enfadado. Él me llevó la contraria (es algo que hace por deporte) y empezamos a discutir qué había dicho él, qué había dicho yo y bla, bla, bla y más bla. Al final ví que la conversación no iba a llegar a ninguna parte: él siempre tiene razón y yo también (el mundo ya debería saberlo), y además era una chorrada, así que cuando me cansé de discutir le dije "Bueno, pero ¿me quieres o no?". Así conseguí que dejáramos de discutir, nos reímos y en pleno proceso de hacer las paces (acordaos del gintonic), no pudiendo evitarlo, giré la cara un momento para dejar paso a un eructo que resultó ser mucho más abundante y sonoro de lo que yo esperaba. Mucho más, de hecho fue un eructo huracanado tipo Barnie de los Simpson. Y justo en ese momento, justo, justo en el momento que yo me giraba para eructar con disimulo frustrado, mi amigo se acercaba para sellar nuestra reconciliación con un beso...