Boda
El sábado voy a una boda en la que únicamente conozco a la novia.
Me hace ilusión ir, por supuesto. Pero lo de no conocer a nadie me preocupa un poco. Soy de natural sentimental y en las bodas tiendo a llorar, sobre todo si me ha invitado la novia. Además voy sola. Para más inri me ha colocado en la mesa con dos excompañeras de trabajo y dos amigas del instituto. "¿Todo chicas?" le pregunté. "No! son parejas!" Perfecto, cuatro parejas felices y yo en la boda de mi amiga. Menos mal que en la mesa de al lado estarán los compañeros de trabajo del novio.
Ya ligué en una boda hace tres años. Aviso que me voy a poner tacones... ¿Se repetirá la ocasión?
Me hace ilusión ir, por supuesto. Pero lo de no conocer a nadie me preocupa un poco. Soy de natural sentimental y en las bodas tiendo a llorar, sobre todo si me ha invitado la novia. Además voy sola. Para más inri me ha colocado en la mesa con dos excompañeras de trabajo y dos amigas del instituto. "¿Todo chicas?" le pregunté. "No! son parejas!" Perfecto, cuatro parejas felices y yo en la boda de mi amiga. Menos mal que en la mesa de al lado estarán los compañeros de trabajo del novio.
Ya ligué en una boda hace tres años. Aviso que me voy a poner tacones... ¿Se repetirá la ocasión?
Octubre (back by popular demand)
La verdad es que no debería escribir hoy, porque aunque cuando empiezo este post sólo son las nueve y cuarto de la mañana, ya veo que en cuanto a estado de ánimo, no estoy del todo fina. De todos modos, tengo un café recién hecho, seis galletas, dos discos nuevos en el reproductor de mp3 y la puerta del despacho medio cerrada.
Resumir octubre va a ser difícil. He estado fuera casi cada fin de semana y a consecuencia estoy bastante cansada. Parece que no me recupero del todo y eso que ayer fue fiesta y el martes no quise salir. También he empezado las clases del master, así que con lo que me cuesta ser eficiente con mi tiempo, voy un poco de culo.
El primer fin de semana del mes estuvimos en Barcelona. Un amigo cumplió años y nos invitó a una fiesta en un local que alquiló cerca del Mercado de Santa Catalina. Éramos los que nos solemos juntar en estos saraos: los de Vinaixa, Asturias, Hospitalet de l’Infant y Tarragona, además de la presencia inexplicable del teclista de Belle and Sebastian, que apareció con una botella de vino abierta en la mano. Recuerdo aguantarle la puerta del lavabo para que nadie entrara. Es un tipo de pinta rara, incluso para mí y aunque la mayoría se rieron de sus gafas de nerd, a mí me gustaban. Elena estuvo bastante rato hablando con él (creo que intentando convencerle de que pinchara en una edición futura del festival de la asociación a la que pertenecemos), pero yo, que me aburrí en el concierto del Summercase (¿o fue el Primavera?) y siempre pienso que las estrellas del pop son personas al fin y al cabo, me limité a evitar que alguien entrase en el lavabo mientras estaba él, igual que la persona que estaba en la cola detrás de mí hizo cuando entré yo. Después siempre pienso que no hay necesidad de ser tan tonta y hacerse la cool. Que podría haber hablado con él perfectamente y no porque fuese el teclista de Belle and Sebastian, sino porque era amigo de un amigo del homenajeado y estaba en la fiesta. De todos modos, esto no fue lo más destacado de la fiesta. Pinchaban los habituales, y estando los que estábamos, era garantía segura de risas: Santi sin camiseta en el escenario cantando Transmission de Joy Division al final de la fiesta, Chicu cantándole una canción de amor improvisada a su novia desde el escenario, etc, etc. Después fuimos a Nitsa, donde yo no había estado todavía, pero por lo visto fue mal día para ir por primera vez. Creo que nos fuimos a casa sobre las seis, cosa que agradecí porque llevaba un buen rato bostezando a lo loco. Al día siguiente fuimos a comer debajo de casa de Eduard, donde los twentynails y yo nos quedamos a dormir. En estas ocasiones, el día después es tan divertido como la noche anterior, con la de chorradas que se llegan a decir. Por la tarde Elena, Ángel y yo volvimos a perdernos la exposición de Chernobyl por entretenernos en Portaferrissa. En mi caso el resultado fue dos pares de Golas: naranja con la raya fucsia y fucsia con la raya naranja (ei, ¡estaban rebajadas!).
Esa misma semana acababa de descubrir a Micah P. Hinson en un programa de televisión del Canal 33. Resulta que el sábado siguiente tocaba en la sala Apolo, pero no estuve a tiempo de ir. De todos modos, ya tenía planes para ese sábado: los twentynails pinchaban en un club nuevo de Mollerussa y Elena, Ángel y yo ya nos hemos convertido en el entourage oficial de la pareja de djs. Este mes no hemos faltado a ninguna cita, exceptuando la boda con baile de disfraces en la que pincharon al día siguiente de la fiesta en Barcelona.
El viernes 20 fuimos testigos del primer vuelo de Jordi, el twentynail de la derecha, de camino al Bilboloop, un festival pequeñito que se organiza cada año en Bilbao, en el que pincharon los twentynails (este mes ha sido un mes de gira mundial). El festival tiene dos partes: al principio de la noche hay tres conciertos en directo en el Kafé Antzokia y a partir de la una más o menos hay djs en Le Club. Los que a las seis de la mañana sigan vivos, pueden acercarse al Badulake. No era mi caso.
Nosotros llegamos a Bilbao sobre las nueve, entre que recuperábamos las maletas y cogíamos el autobús que nos dejaba en el centro para ir al Hostal la Estrella, en el Casco Viejo. La cena se retrasó ligeramente porque cuando estábamos cruzando un paso zebra en dirección a la parada de metro de Moyúa, Ángel se dio cuenta, a medio paso zebra con el semáforo de peatones en rojo que no llevaba la maleta. Se la había dejado en el autobús. Dimos media vuelta y Ángel echó a correr avenida abajo hacia el autobús en marcha. Debió correr unos cuatrocientos metros hasta que consiguió alcanzar y subirse a un autobús que no era el nuestro. Mientras tanto, Elena y yo estábamos de pie en una esquina en pleno ataque de risa. Llamamos a los demás para decírselo. Yo lloraba. Tonet casi no se lo podía contar a Jordi de la risa. Naturalmente, a Ángel no le pareció gracioso, pero al final recuperamos la maleta bastante deprisa. Casualmente dimos con una inspectora de la línea que localizó el bus y nos dijo que fuésemos a otra parada, donde nos encontraríamos al bus de camino al aeropuerto. Y así fue. Pudimos irnos al hostal a ducharnos y cenar pinchos y cañas. Y de ahí al Café Antzokia, pasando por el Ambigú donde comprobamos el tamaño de los cubatas bilbaínos.
Los conciertos habían empezado a las nueve y entre periplo maletero, ducha, cena y primer cubata ya eran las doce pasadas, con lo cual sólo llegamos a la actuación de White Rose Movement. Ya conocía un par de canciones y el directo me gustó bastante. Después de que Jordi se comprara el cd y consiguiese el autógrafo de la teclista nos fuimos a ver a Lupo a Le Club. Allí seguimos comprobando la calidad de los cubatas, madre de dios. Hasta los más cutres de la noche les daban mil vueltas a los de cualquier discoteca de por aquí: bien de hielo y siempre con limón o lima en vaso ancho. El club tiene dos salas y de camino a la pequeña me paró un chico mientras el resto siguió escaleras abajo. “Hola, ¿vas a estar mañana en el Bilboloop?” Le dije que sí, que había venido con unos chicos que pinchaban al día siguiente. Me preguntó que de dónde era y él resultó ser de Barcelona. Me contó que trabajaba para una agencia de Barcelona y que llevaba el booking de dos de los grupos del festival, pero no ví a ninguno de los dos. Estuvimos hablando un rato hasta que me quedó claro que estaba ligando. Yo no estoy acostumbrada a que me pase eso. No estoy acostumbrada a que me entren y me digan cosas. A consecuencia, cuando me doy cuenta de lo que está pasando, me da mal rollo. Soy tan tonta que me pongo tensa, en guardia y no me dejo ligar. Soy muy desconfiada además de vergonzosa. Así que ese chico, a pesar de que no me desagradaba, lo tuvo muy difícil. Me preguntó si tenía novio, le dije que no. Supongo que lo tomó como una invitación y a partir de ahí me pasé el resto de la noche intentando evitarle. Mira que me cayó bien, pero diría que en la escuela de recursos de seducción este chico se quedó en párvulos. Sé que en estos casos soy demasiado cínica y que debería bajar la guardia, que no es ninguna ofensa que un chico que no te conoce de nada te diga que le pareces muy guapa y que le pareces una chica muy guay. Pero en ese momento pensé “¿te crees que soy idiota? es imposible que sepas si soy guay o no”. Y sí, definitivamente debo de ser idiota.
Al día siguiente le volví a ver. Salí con mis vaqueros pitillo, una camisa blanca de manga corta, tipo uniforme, corbata negra y chaleco gris de punto. Desde el principio de la noche, fueron todo elogios. Uno de esos días que te ves guapa y los demás coinciden contigo. Durante el “directo” de los Pinker Tones me vino a saludar. Yo le había visto de lejos hacía un rato y la verdad es que no me desagradaba. Tenía pinta de ser un tipo algo raro: curiosamente en los últimos tres años no recuerdo que me haya gustado un chico de carácter normal. Un amigo me aconsejó muy recientemente que deje de perseguir a los cáncer (él uno de ellos). No creo que ese fuera exactamente el caso, pero vamos, las estadísticas están ahí y este es otro tema. Volviendo al chico, era quizá un par de dedos más alto que yo, fijo que algunos años más pequeño que yo, delgado y con gafas de pasta. De lejos su perfil tenía cierto parecido a un John Lennon bastante joven. Me alegré de que viniera a hablar conmigo y no pensé que fuera tonto cuando me dijo que estaba mucho más guapa que la noche anterior. Me preguntó si iba a ir a la post-party y le dije que sí, que nos habían conseguido invitación. Después de un ratito se fue a dar una vuelta y ya no volvió. A la salida le ví hablando por teléfono y pensé “le veo luego en la fiesta”. Pero en la fiesta ya no le ví. Llegamos bastante tarde y supongo que ya se había ido. Me fui al hostal pensando en lo boba que era, que igual era majo y que podría haber estado a gusto. Aún con todo eso, me fui con el ego masajeado. Nunca me habían abordado tantas veces: uno me invitó a su casa a dormir (aunque cuando le contesté que no me dijo que era broma); otro me puso un 7,5 pero me mandó volver en septiembre; un par de chicas le dijeron a Ángel que era un lastre y e intentaron llevarme a otro local después de darme sus cervezas… No está mal para un fin de semana en el que después de semanas y semanas de darle vueltas, le dices algo importante a alguien importante, sólo para darte el planchazo del año. Pero eso sí que es otra historia.
Antes de esta aventura, el sábado dimos un paseo por Bilbao e hicimos una visita relámpago al Guggenheim. No me avergüenzo del todo de decir que tenía demasiada resaca para disfrutarlo. Vimos las maquetas del concurso para el puente que hay junto al museo, un proyecto para el décimo aniversario, tengo entendido. Ninguno de los tres proyectos me decía nada, hasta tal punto que no podía ni siquiera opinar. No conecto demasiado con la arquitectura. Leí alguna explicación de los arquitectos y no le encontraba sentido alguno. Siempre he sido más de personas, eso sí me interesa. Después de un rato preferí irme a descansar un rato y crucé medio Bilbao a paso ligero, desde el museo hasta el Casco Viejo. Quizá suene una chorrada, pero tenía la necesidad de gastar una acumulación de mal rollo y cuando me metí hecha polvo en la cama me sentía mejor.
El domingo nos levantamos resacosos para ir al aeropuerto. En realidad yo sólo tenía sueño y cansancio físico, porque la noche anterior me había portado muy bien. Sería incapaz de subir a un avión a las dos del mediodía con resaca habiéndome acostado a las siete y media. Al parecer el aeropuerto de Bilbao es conocido por su situación geográfica y las turbulencias que ello provoca durante el despegue. El comandante nos avisó de ello de camino a la pista de despegue. Nos habló de la situación del aeropuerto y de que habían vientos del sur de 40 Km/hora y que eso nos ocasionaría unas “ligeras turbulencias”. Teniendo en cuenta que era el segundo vuelo de Jordi a todos nos dio un poco la risa. Más todavía cuando vimos que aquello no eran ligeras turbulencias, sino las peores sacudidas que yo he vivido en un avión. Jordi se aferró al asiento, había griterío general. A mí me dio un ataque de risa hasta que Elena me mandó callar. Pero, a pesar de que el avión empezó a moverse de lado a lado antes de despegar y que no parecía elevarse, en un par de minutos se pasó todo y el resto del viaje fue tranquilo.
En cuanto a ocio, eso es más o menos todo lo destacable aunque seguro que me dejo cosas. En el trabajo va todo más o menos igual. Tengo nuevas tareas y han decidido que me quedaré el tiempo que haga falta, que a mi parecer puede ser bastante. Existe una pequeña posibilidad de que me cambien de contrato para hacerme de la casa, pero no me quiero hacer ilusiones. Mientras tanto, voy haciendo poco a poco. Necesito vacaciones. Llevo dieciséis meses trabajando aquí y, aparte de algún día suelto, sólo me he tomado una semana de vacaciones. Necesito quince días ya. Y necesito que me los paguen como a una persona normal.
El master va muy bien. Me gusta mucho. Ya empieza a darme pereza ir algún día a clase, pero bueno, voy con gusto. Parece una incongruencia empezar este curso justo ahora que en el trabajo se supone que ya no hago traducciones, pero me da igual. He encontrado una ocupación en la que creo que soy buena y que me gusta hacer. La semana pasada me inscribí en una oferta de un portal de empleo (no aquel que me envió entre las ofertas que supuestamente se ajustaban a mi perfil una oferta para ser actriz porno) para una productora gallega que hace doblaje. La oferta era para traducir cine de adultos y es la primera vez que he entrado en el proceso de selección. Curioso.
Ahora mismo no recuerdo si tenía algo más que contar, pero estoy medio mareada del hambre, así que aquí acabo el post y me voy a comer. Las galletas del principio no me han durado mucho. Creo que es mi post más largo.
Resumir octubre va a ser difícil. He estado fuera casi cada fin de semana y a consecuencia estoy bastante cansada. Parece que no me recupero del todo y eso que ayer fue fiesta y el martes no quise salir. También he empezado las clases del master, así que con lo que me cuesta ser eficiente con mi tiempo, voy un poco de culo.
El primer fin de semana del mes estuvimos en Barcelona. Un amigo cumplió años y nos invitó a una fiesta en un local que alquiló cerca del Mercado de Santa Catalina. Éramos los que nos solemos juntar en estos saraos: los de Vinaixa, Asturias, Hospitalet de l’Infant y Tarragona, además de la presencia inexplicable del teclista de Belle and Sebastian, que apareció con una botella de vino abierta en la mano. Recuerdo aguantarle la puerta del lavabo para que nadie entrara. Es un tipo de pinta rara, incluso para mí y aunque la mayoría se rieron de sus gafas de nerd, a mí me gustaban. Elena estuvo bastante rato hablando con él (creo que intentando convencerle de que pinchara en una edición futura del festival de la asociación a la que pertenecemos), pero yo, que me aburrí en el concierto del Summercase (¿o fue el Primavera?) y siempre pienso que las estrellas del pop son personas al fin y al cabo, me limité a evitar que alguien entrase en el lavabo mientras estaba él, igual que la persona que estaba en la cola detrás de mí hizo cuando entré yo. Después siempre pienso que no hay necesidad de ser tan tonta y hacerse la cool. Que podría haber hablado con él perfectamente y no porque fuese el teclista de Belle and Sebastian, sino porque era amigo de un amigo del homenajeado y estaba en la fiesta. De todos modos, esto no fue lo más destacado de la fiesta. Pinchaban los habituales, y estando los que estábamos, era garantía segura de risas: Santi sin camiseta en el escenario cantando Transmission de Joy Division al final de la fiesta, Chicu cantándole una canción de amor improvisada a su novia desde el escenario, etc, etc. Después fuimos a Nitsa, donde yo no había estado todavía, pero por lo visto fue mal día para ir por primera vez. Creo que nos fuimos a casa sobre las seis, cosa que agradecí porque llevaba un buen rato bostezando a lo loco. Al día siguiente fuimos a comer debajo de casa de Eduard, donde los twentynails y yo nos quedamos a dormir. En estas ocasiones, el día después es tan divertido como la noche anterior, con la de chorradas que se llegan a decir. Por la tarde Elena, Ángel y yo volvimos a perdernos la exposición de Chernobyl por entretenernos en Portaferrissa. En mi caso el resultado fue dos pares de Golas: naranja con la raya fucsia y fucsia con la raya naranja (ei, ¡estaban rebajadas!).
Esa misma semana acababa de descubrir a Micah P. Hinson en un programa de televisión del Canal 33. Resulta que el sábado siguiente tocaba en la sala Apolo, pero no estuve a tiempo de ir. De todos modos, ya tenía planes para ese sábado: los twentynails pinchaban en un club nuevo de Mollerussa y Elena, Ángel y yo ya nos hemos convertido en el entourage oficial de la pareja de djs. Este mes no hemos faltado a ninguna cita, exceptuando la boda con baile de disfraces en la que pincharon al día siguiente de la fiesta en Barcelona.
El viernes 20 fuimos testigos del primer vuelo de Jordi, el twentynail de la derecha, de camino al Bilboloop, un festival pequeñito que se organiza cada año en Bilbao, en el que pincharon los twentynails (este mes ha sido un mes de gira mundial). El festival tiene dos partes: al principio de la noche hay tres conciertos en directo en el Kafé Antzokia y a partir de la una más o menos hay djs en Le Club. Los que a las seis de la mañana sigan vivos, pueden acercarse al Badulake. No era mi caso.
Nosotros llegamos a Bilbao sobre las nueve, entre que recuperábamos las maletas y cogíamos el autobús que nos dejaba en el centro para ir al Hostal la Estrella, en el Casco Viejo. La cena se retrasó ligeramente porque cuando estábamos cruzando un paso zebra en dirección a la parada de metro de Moyúa, Ángel se dio cuenta, a medio paso zebra con el semáforo de peatones en rojo que no llevaba la maleta. Se la había dejado en el autobús. Dimos media vuelta y Ángel echó a correr avenida abajo hacia el autobús en marcha. Debió correr unos cuatrocientos metros hasta que consiguió alcanzar y subirse a un autobús que no era el nuestro. Mientras tanto, Elena y yo estábamos de pie en una esquina en pleno ataque de risa. Llamamos a los demás para decírselo. Yo lloraba. Tonet casi no se lo podía contar a Jordi de la risa. Naturalmente, a Ángel no le pareció gracioso, pero al final recuperamos la maleta bastante deprisa. Casualmente dimos con una inspectora de la línea que localizó el bus y nos dijo que fuésemos a otra parada, donde nos encontraríamos al bus de camino al aeropuerto. Y así fue. Pudimos irnos al hostal a ducharnos y cenar pinchos y cañas. Y de ahí al Café Antzokia, pasando por el Ambigú donde comprobamos el tamaño de los cubatas bilbaínos.
Los conciertos habían empezado a las nueve y entre periplo maletero, ducha, cena y primer cubata ya eran las doce pasadas, con lo cual sólo llegamos a la actuación de White Rose Movement. Ya conocía un par de canciones y el directo me gustó bastante. Después de que Jordi se comprara el cd y consiguiese el autógrafo de la teclista nos fuimos a ver a Lupo a Le Club. Allí seguimos comprobando la calidad de los cubatas, madre de dios. Hasta los más cutres de la noche les daban mil vueltas a los de cualquier discoteca de por aquí: bien de hielo y siempre con limón o lima en vaso ancho. El club tiene dos salas y de camino a la pequeña me paró un chico mientras el resto siguió escaleras abajo. “Hola, ¿vas a estar mañana en el Bilboloop?” Le dije que sí, que había venido con unos chicos que pinchaban al día siguiente. Me preguntó que de dónde era y él resultó ser de Barcelona. Me contó que trabajaba para una agencia de Barcelona y que llevaba el booking de dos de los grupos del festival, pero no ví a ninguno de los dos. Estuvimos hablando un rato hasta que me quedó claro que estaba ligando. Yo no estoy acostumbrada a que me pase eso. No estoy acostumbrada a que me entren y me digan cosas. A consecuencia, cuando me doy cuenta de lo que está pasando, me da mal rollo. Soy tan tonta que me pongo tensa, en guardia y no me dejo ligar. Soy muy desconfiada además de vergonzosa. Así que ese chico, a pesar de que no me desagradaba, lo tuvo muy difícil. Me preguntó si tenía novio, le dije que no. Supongo que lo tomó como una invitación y a partir de ahí me pasé el resto de la noche intentando evitarle. Mira que me cayó bien, pero diría que en la escuela de recursos de seducción este chico se quedó en párvulos. Sé que en estos casos soy demasiado cínica y que debería bajar la guardia, que no es ninguna ofensa que un chico que no te conoce de nada te diga que le pareces muy guapa y que le pareces una chica muy guay. Pero en ese momento pensé “¿te crees que soy idiota? es imposible que sepas si soy guay o no”. Y sí, definitivamente debo de ser idiota.
Al día siguiente le volví a ver. Salí con mis vaqueros pitillo, una camisa blanca de manga corta, tipo uniforme, corbata negra y chaleco gris de punto. Desde el principio de la noche, fueron todo elogios. Uno de esos días que te ves guapa y los demás coinciden contigo. Durante el “directo” de los Pinker Tones me vino a saludar. Yo le había visto de lejos hacía un rato y la verdad es que no me desagradaba. Tenía pinta de ser un tipo algo raro: curiosamente en los últimos tres años no recuerdo que me haya gustado un chico de carácter normal. Un amigo me aconsejó muy recientemente que deje de perseguir a los cáncer (él uno de ellos). No creo que ese fuera exactamente el caso, pero vamos, las estadísticas están ahí y este es otro tema. Volviendo al chico, era quizá un par de dedos más alto que yo, fijo que algunos años más pequeño que yo, delgado y con gafas de pasta. De lejos su perfil tenía cierto parecido a un John Lennon bastante joven. Me alegré de que viniera a hablar conmigo y no pensé que fuera tonto cuando me dijo que estaba mucho más guapa que la noche anterior. Me preguntó si iba a ir a la post-party y le dije que sí, que nos habían conseguido invitación. Después de un ratito se fue a dar una vuelta y ya no volvió. A la salida le ví hablando por teléfono y pensé “le veo luego en la fiesta”. Pero en la fiesta ya no le ví. Llegamos bastante tarde y supongo que ya se había ido. Me fui al hostal pensando en lo boba que era, que igual era majo y que podría haber estado a gusto. Aún con todo eso, me fui con el ego masajeado. Nunca me habían abordado tantas veces: uno me invitó a su casa a dormir (aunque cuando le contesté que no me dijo que era broma); otro me puso un 7,5 pero me mandó volver en septiembre; un par de chicas le dijeron a Ángel que era un lastre y e intentaron llevarme a otro local después de darme sus cervezas… No está mal para un fin de semana en el que después de semanas y semanas de darle vueltas, le dices algo importante a alguien importante, sólo para darte el planchazo del año. Pero eso sí que es otra historia.
Antes de esta aventura, el sábado dimos un paseo por Bilbao e hicimos una visita relámpago al Guggenheim. No me avergüenzo del todo de decir que tenía demasiada resaca para disfrutarlo. Vimos las maquetas del concurso para el puente que hay junto al museo, un proyecto para el décimo aniversario, tengo entendido. Ninguno de los tres proyectos me decía nada, hasta tal punto que no podía ni siquiera opinar. No conecto demasiado con la arquitectura. Leí alguna explicación de los arquitectos y no le encontraba sentido alguno. Siempre he sido más de personas, eso sí me interesa. Después de un rato preferí irme a descansar un rato y crucé medio Bilbao a paso ligero, desde el museo hasta el Casco Viejo. Quizá suene una chorrada, pero tenía la necesidad de gastar una acumulación de mal rollo y cuando me metí hecha polvo en la cama me sentía mejor.
El domingo nos levantamos resacosos para ir al aeropuerto. En realidad yo sólo tenía sueño y cansancio físico, porque la noche anterior me había portado muy bien. Sería incapaz de subir a un avión a las dos del mediodía con resaca habiéndome acostado a las siete y media. Al parecer el aeropuerto de Bilbao es conocido por su situación geográfica y las turbulencias que ello provoca durante el despegue. El comandante nos avisó de ello de camino a la pista de despegue. Nos habló de la situación del aeropuerto y de que habían vientos del sur de 40 Km/hora y que eso nos ocasionaría unas “ligeras turbulencias”. Teniendo en cuenta que era el segundo vuelo de Jordi a todos nos dio un poco la risa. Más todavía cuando vimos que aquello no eran ligeras turbulencias, sino las peores sacudidas que yo he vivido en un avión. Jordi se aferró al asiento, había griterío general. A mí me dio un ataque de risa hasta que Elena me mandó callar. Pero, a pesar de que el avión empezó a moverse de lado a lado antes de despegar y que no parecía elevarse, en un par de minutos se pasó todo y el resto del viaje fue tranquilo.
En cuanto a ocio, eso es más o menos todo lo destacable aunque seguro que me dejo cosas. En el trabajo va todo más o menos igual. Tengo nuevas tareas y han decidido que me quedaré el tiempo que haga falta, que a mi parecer puede ser bastante. Existe una pequeña posibilidad de que me cambien de contrato para hacerme de la casa, pero no me quiero hacer ilusiones. Mientras tanto, voy haciendo poco a poco. Necesito vacaciones. Llevo dieciséis meses trabajando aquí y, aparte de algún día suelto, sólo me he tomado una semana de vacaciones. Necesito quince días ya. Y necesito que me los paguen como a una persona normal.
El master va muy bien. Me gusta mucho. Ya empieza a darme pereza ir algún día a clase, pero bueno, voy con gusto. Parece una incongruencia empezar este curso justo ahora que en el trabajo se supone que ya no hago traducciones, pero me da igual. He encontrado una ocupación en la que creo que soy buena y que me gusta hacer. La semana pasada me inscribí en una oferta de un portal de empleo (no aquel que me envió entre las ofertas que supuestamente se ajustaban a mi perfil una oferta para ser actriz porno) para una productora gallega que hace doblaje. La oferta era para traducir cine de adultos y es la primera vez que he entrado en el proceso de selección. Curioso.
Ahora mismo no recuerdo si tenía algo más que contar, pero estoy medio mareada del hambre, así que aquí acabo el post y me voy a comer. Las galletas del principio no me han durado mucho. Creo que es mi post más largo.