logotipo

img_google
equilibrio
Mi existencia sobre una roca solida posada en una capa fina de hielo
Sindicación
 
realidades paralelas

He vuelto de Cádiz moreno, más gordo (dos kilos más, lo acabo de comprobar en la báscula) y con dolor de espalda. A eso hay que añadirle esta resaca mañanera producto de haber mezclado ayer en menos de tres horas cerveza, vino, cava, johnnie walker y los tres goles que nos metió Francia. Como decía Alejandro anoche, para qué este sufrimiento si a nosotros nunca nos ha gustado el fútbol. Ya son ganas de sufrir a lo tonto. Yo por eso me emborraché, las derrotas siempre se asimilan mejor ebrio. Lo malo es que le puse tanto empeño que acabé encerrado en el baño de Joserra vomitando como un adolescente. Esta mañana al ver la ropa con salpicaduras marrones he llamado corriendo a nuestro anfitrión, (que nos preparó una tortilla de patatas estupenda, lástima que durara tan poco en mi estómago) para saber si me había maldecido mucho al entrar al baño y verlo hecho una guarrada. Pero se ve que borracho y todo tuve la suficiente templanza para limpiar el desastre. Siempre he sido un borracho muy apañado.

Así que entre mi dolor de espalda y esta resaca llevo dos días postrado en la cama o en el sofá del salón, dolorido y descansando de los cuatro días en la playas de Cádiz.

Cuatro días estupendos. Cuatro en el monovolumen que alquilamos. Y descansando de Cuatro, la cadena de mis torturas. Hoy, por cierto, ponen el último capítulo de la temporada y que llevará mi firma. La próxima temporada será Darío quien esté al mando.

Vuelvo a Cádiz y a los cuatro. Jesús, Joaquín, Jaime y yo. Hemos sido un par de parejas la mar de compenetradas. Sólo pequeños conatos de discusiones en el coche cuando nos perdíamos a lo tonto, pero después estábamos prácticamente de acuerdo en todo. Es un gustazo cuando coincides con amigos que tienen el mismo plan de vacaciones y que cuando tú quieres pasear por la playa, ellos lo mismo, cuando quieres comer pescaíto frito o atún, ese atún que sólo se come en la costa gaditana, ellos también, cuando tienes ganas de descansar y estás ya harto de playa pues ellos y nosotros como un reloj, sincronizados. Jesús y Joaquín no conocían a Jaime, pero se han llevado con él estupendamente. Y Jaime, tuvo la valentía de venirse conmigo y con dos desconocidos y también nos hizo la vida muy fácil. Y qué guapo desnudo en la playa de Caños.


No hizo levante, (uno después de cuatro días en Cádiz, ya le llama al viento levante, como los lugareños) y pudimos torrarnos al sol en las playas de Caños de Meca y en la Barrosa. Y el día que se levantó nublado fuimos a pasear por las ruinas romanas de Bolonia y por la playa kilométrica. Todas lo son. Nos enamoramos de La pequeña Lulú, un pequeño restaurante en Caños, y de su camarera y el perro. Fuimos un par de veces. En la segunda, la camarera estaba muy alterada, acababa de servir la comida a Adrian Brody, y allí nos pusimos como paletos a mirar por la ventana para ver como aparcaba su porche descapotable. Qué cliché lo del porche. Coincidimos con él en la playa. Iba con dos chicos guapísimos y ninguno llevaba bañador. Tomaron el sol y se bañaron en gallumbos. Tres travestis gaditanas sentadas detrás de él no pararon de gritarle así que duraron poco a nuestro lado, temerosos de la furia travesti gaditana y se fueron.

Sí, amigos, travestis gaditanas en tanga y Adrian Brody en la misma frase y en la misma playa. Eso sí que no es un cliché como su porche. Eso sólo puede pasar en la realidad.

Jaime y Joaquín decidieron que Adrian era muy atractivo, Jesús destacó su cuerpo fibroso y yo sólo podía fijarme en su nariz ganchuda (muchas copas tendría que llevar yo encima pa hacérmelo con él y él, supongo que infinitas más para hacérselo conmigo, claro. Básicamente porque tiene pinta de hetero y aunque no, yo, desnudo pierdo una barbaridad) Eso sí, no hubiera necesitado ni un mililitro de alcohol para hacérmelo con cualquiera de sus amigos. Dios. Dios. Dios. Ellos, me temo, garrafas enteras, pa confundirme con una vigilante de la playa.

En el Palmar nos esperaba un amigo de Joaquín, que lleva un año retirado en plan asceta en esa playa hippy y surfera. Me acuerdo de la primera vez que fui a NY y al volver cuando estaba harto de Madrid o de la rutina de mi vida pensaba: Hay un Carlos en una realidad paralela que se pasea ahora mismo por las calles del West Village. Y eso me consolaba. Que cosa más tonta. Al final resultó que más que realidad paralela fue la misma realidad la que me llevó a pasearme durante meses por esas calles manhateñas. Vamos, que me empeñé en que las realidades paralelas, que como las líneas del mismo nombre no pueden tocarse, se tocaran. Y así salió todo.

Perdón por la digresión neoyorquina pero tenía una finalidad. Lo pongo de ejemplo porque en esa playa del Palmar, con su rollo hippy, surfero y kilométrico yo sentí de nuevo la llamada de la realidad paralela. ¿Cómo sería un Carlos retirado ascética y hipimente en una playa así durante un año, que sé yo, escribiendo, pongamos, una novela? Ahora como sé que las realidades paralelas no deben tocarse, dejaré de pensar en ese Carlos moreno, feliz, fibroso (sí, ¿qué pasa?, yo en mis realidades paralelas me vuelvo fibroso) y llevando a cabo una de las ilusiones de su vida, no vaya a ser que como pasó con NY acabe por hacerlo y me descalabre de nuevo.

Además supongo que las playas kilométricas, de arena blanca, y agua azul turquesa con olas perfectas, siempre acaban por evocar la llamada de la realidad paralela. Y dejarse llevar por esa llamada está muy bien para que te aplaudan en ese anuncio de coca cola light (ya sabéis ese de “un aplauso por el que dijo que iba dejarlo todo y montar un chiringuito en la playa y lo hizo”, “otro aplauso por el que pagó el gimnasio y encima fue” ) pero si la llamada la haces real corres el riesgo neoyorquino de que pierda la magia y te des de bruces con la realidad de la buena y ya no estés ni fibroso ni nada y la novela se quede en 5 mails más o menos inspirados a tus amigos.

Yo a todo esto iba a contar que el amigo de Joaquín en el Palmar nos invitó a una estupenda cena barbacoa en la playa. Era la noche de San Juan. Y la celebramos con una embarazada, otra chica con un perro y su novio inglés con acento de Cádiz, dos morenos fibrosos, y yo abrazado a Jaime mientras contemplábamos los fuegos artificiales.

Casi, casi parecía una realidad paralela.

Para eso están las vacaciones, ¿no? Para que las realidades paralelas se toquen pero sólo durante un tiempo prudencial. Que en mi caso son cuatro o cinco días al año. Bueno, están para eso y para tomar pescaíto frito, torrarte al sol y venir con esos dos kilos de más que a ver como ligo yo ahora en el orgullo.
 
Comentario:
Ay, qué decir... que os tengo tan cerca que es casi casi como haber estado ahí con vosotros. Yo sería la única vestida de la playa, y también daría grititos al ver a Manolete, y seguramente con la retranca de la que hago gala últimamente (lo sé, lo sé, pero es que estoy en paro...) pues os habría fastidiado hasta el ombligo del mencionado. Carlos, ¿qué decir? no hay nada más versatil que un urbanita irredento, así que no hay ninguna realidad linda en la que no pueda imaginarte, Mil besos
 
Comentario:
Y yo soy Joaquín, con una resaca indecente y con unas ganas LOCAS de ir a currar al Pepe en hora y media...
Mi niño es un regalo del caos, y es un regalo que constantemente me llena la vida. Yo no sé cómo se explica lo que quiero decir sin chapotear (una vez mas) en la cursilería mas empalagosa y estomagante, así que nada, chapoteo a gusto. Bien, lo que quiero decir es, nada mas y nada menos, que soy feliz. Nunca lo he sido mas, o mejor, nunca se acercó la felicidad tanto a su nombre. Que se me ha redefinido la existencia desde mi 5 de enero, y que los regalos de mi AMOR no acaban en él ni en nuestra vida juntos, que se prolongan en la gente que vino con él y que honran mi dia a dia. A quién agradece un ateo todo esto..? Facil: a Jesus, a Carlos, a Salud, a Chavela, a Susana, a Javi, a Antonio, a Teresa, a la Bonilla, a...
Aprovechad el merengue, chicos, tengo mucho pero lo tengo siempre en la nevera de la ironía, al lado del sarcasmo agrio y del pesimismo podrido por la edad.
Carlos. Hoy te ha tocado la parte patética de mi resaca. Gracias por ser Carlos hoy y aquí y no pertenecer a ninguna realidad paralela.
EEEEEEEEEEEREEEESSSSSS TUUUUUUUU....!!!
 
Comentario:
Comento sólo para que se vea que Carlos tiene muchos amigos ¡¡¡MUCHOS!! Yo soy una a la que no se le dan bien las palabras, pero, en fin, si es cosa de votar, Carlitos, aquí estoy yo pa subir el número de comentarios... y por dios lo que me he reído... Gracias, gracias por este blog AMIGO.
 
Comentario:
Muy buenas, yo soy ese Jesús del que habla Carlos. Yo también me he puesto moreno y también he hecho mis dos kilitos y, por supuesto, también he disfrutado de las playas, de las travestis que hablaban a gritos mientras preparaban su viaje a Madrid para el orgullo, de las olas, del atún y de la barbacoa. Y de Joaquín (eso siempre) y de Jaime (vaya sorpresa). Y también de Carlos.
Carlitos, tú y yo también tenemos nuestra propia realidad paralela, la que nos ha llevado durante estos ¿quince? años casi de la mano, muy cerca uno del otro y, por lo que se ve, sin cansarnos. Nos hemos visto juntos en Madrid, en Sevilla, en París, en Nueva York, en Cádiz... Espero seguir disfrutando mucho más de nuestra realidad, paralela o no.

PD: Lo de la nariz del Adrian Brody es muy cierto, pero dios, qué ombligo tiene...
No