LA ALIANZA DEL MAL (The covenant)
Dirección: Renny Harlin.
País: USA.
Año: 2006.
Interpretación: Steven Strait (Caleb Danvers), Sebastian Stan (Chase Collins), Laura Ramsey (Sarah Wenham), Taylor Kitsch (Pogue Parry), Toby Hemingway (Reid Garwin), Jessica Lucas (Kate Tunney), Chace Crawford (Tyler Sims), Wendy Crewson (Evelyn Danvers).
Guión: J.S. Cardone.
Producción: Tom Rosenberg y Gary Lucchesi.
CRÍTICA
Hoy día se califica de terror a cualquier cosa. Se habla de “terror adolescente” cuando la película en cuestión va dirigida a chicos y chicas con las hormonas revolucionadas, pero realmente, ¿dónde queda el pánico, el pavor o el miedo? Porque ni susto, ni tensión, ni un mal saltito en la butaca. Antes uno iba al cine con la persona que le gustaba a ver una película de este tipo porque tenía un “arrejuntamiento” asegurado, pero hoy ni para eso sirven ya.
Ayer tuve la suerte o desgracia de ver “La alianza del mal”, de Renny Harlin (¿qué te ha pasado?), responsable de filmes del género, como “Pesadilla en Elm Street IV” (1988), o “El exorcista: El comienzo” (2004) o “Cazadores de mentes” (2004). Sobre gustos no hay escritos, pero lo único salvable de la cinta me parecieron esos cuatro (más uno) hijos de Ipswich. Cinco tíos cachas que forman parte del equipo de natación de la prestigiosa Academia Spenser, un internado de Nueva Inglaterra. Hacia más de la mitad de la película, cuando has olvidado que los protagonistas son estudiantes, aparecen vestidos de uniforme y asisten a clase como niños buenos. Me admiré de que el gimnasio les dejase algo de tiempo libre para poder cumplir con sus obligaciones escolares.
Tan guapos que daban ganas de llorar. Como esculturas perfectas, sus musculosos cuerpos parecían clones de un mismo ser. Se trataba de un estereotipo tan estereotipado de chico perfecto, que costaba diferenciar al actor principal del resto de sus “hermanos” brujos. Y ya está bien de utilizar las pesadillas como excusa para colar escenas que no tienen cabida en el guión, para poder así disfrutar de cuerpos sudorosos y jadeantes.
Respecto a la chica de la película, siendo mona, tenía una belleza que pasaba desapercibida ante tales obras de la naturaleza. Una rubita con carita de ratón, y con las cejas más negras que Leticia Sabater. Eso sí, con un tatuaje de una cruz en la espalda. Un toque de rebeldía para la niña pija de Spenser.
Respecto al recurso de la araña, señalar que está “un poquito” sobreexplotado. En el filme se habla de “arañas o moscas”, pero no vemos ni una mosca, sólo arácnidos peludos que se siguen asociando al mal en su estado puro. Al menos esta vez no han aumentado su tamaño hasta proporciones imposibles, como se hiciera en “El Señor de los Anillos” o el también brujo “Harry Potter”.
Y una de dos, o soy muy lista, o la cinta era muy previsible (no descarto las dos cosas), pero se veía venir el final desde el principio. También puede que me encuentre en un nivel superior, como los parientes de lejanos de Merlín, dado que ya he pasado la adolescencia (muy a mi pesar). O tal vez es que a lo que hoy día se llama “terror adolescente” debería ser rebautizado como “terror para cortitos de mente”.
Para aquellos interesados en temas esotéricos o de brujería, podríamos rescatar esos libros antiguos con tipografías góticas, que son tan frecuentes en las bibliotecas americanas, y que yo nunca he encontrado en las madrileñas. Tal vez también las velas que envuelven las húmedas criptas a las que se accede a través de una interminable escalera de caracol Y, aunque trillado, el tema de las brujas de Salem o de Ipswich, o la cacería de aquellos años, sigue despertando la curiosidad de los amantes de la materia.
¿Una versión de “Jóvenes y brujas”, pero con tíos cachas en lugar de tías buenas? Es justo para nosotras. Pero por favor, llamemos a las cosas por su nombre.
País: USA.
Año: 2006.
Interpretación: Steven Strait (Caleb Danvers), Sebastian Stan (Chase Collins), Laura Ramsey (Sarah Wenham), Taylor Kitsch (Pogue Parry), Toby Hemingway (Reid Garwin), Jessica Lucas (Kate Tunney), Chace Crawford (Tyler Sims), Wendy Crewson (Evelyn Danvers).
Guión: J.S. Cardone.
Producción: Tom Rosenberg y Gary Lucchesi.
CRÍTICA
Hoy día se califica de terror a cualquier cosa. Se habla de “terror adolescente” cuando la película en cuestión va dirigida a chicos y chicas con las hormonas revolucionadas, pero realmente, ¿dónde queda el pánico, el pavor o el miedo? Porque ni susto, ni tensión, ni un mal saltito en la butaca. Antes uno iba al cine con la persona que le gustaba a ver una película de este tipo porque tenía un “arrejuntamiento” asegurado, pero hoy ni para eso sirven ya.
Ayer tuve la suerte o desgracia de ver “La alianza del mal”, de Renny Harlin (¿qué te ha pasado?), responsable de filmes del género, como “Pesadilla en Elm Street IV” (1988), o “El exorcista: El comienzo” (2004) o “Cazadores de mentes” (2004). Sobre gustos no hay escritos, pero lo único salvable de la cinta me parecieron esos cuatro (más uno) hijos de Ipswich. Cinco tíos cachas que forman parte del equipo de natación de la prestigiosa Academia Spenser, un internado de Nueva Inglaterra. Hacia más de la mitad de la película, cuando has olvidado que los protagonistas son estudiantes, aparecen vestidos de uniforme y asisten a clase como niños buenos. Me admiré de que el gimnasio les dejase algo de tiempo libre para poder cumplir con sus obligaciones escolares.
Tan guapos que daban ganas de llorar. Como esculturas perfectas, sus musculosos cuerpos parecían clones de un mismo ser. Se trataba de un estereotipo tan estereotipado de chico perfecto, que costaba diferenciar al actor principal del resto de sus “hermanos” brujos. Y ya está bien de utilizar las pesadillas como excusa para colar escenas que no tienen cabida en el guión, para poder así disfrutar de cuerpos sudorosos y jadeantes.
Respecto a la chica de la película, siendo mona, tenía una belleza que pasaba desapercibida ante tales obras de la naturaleza. Una rubita con carita de ratón, y con las cejas más negras que Leticia Sabater. Eso sí, con un tatuaje de una cruz en la espalda. Un toque de rebeldía para la niña pija de Spenser.
Respecto al recurso de la araña, señalar que está “un poquito” sobreexplotado. En el filme se habla de “arañas o moscas”, pero no vemos ni una mosca, sólo arácnidos peludos que se siguen asociando al mal en su estado puro. Al menos esta vez no han aumentado su tamaño hasta proporciones imposibles, como se hiciera en “El Señor de los Anillos” o el también brujo “Harry Potter”.
Y una de dos, o soy muy lista, o la cinta era muy previsible (no descarto las dos cosas), pero se veía venir el final desde el principio. También puede que me encuentre en un nivel superior, como los parientes de lejanos de Merlín, dado que ya he pasado la adolescencia (muy a mi pesar). O tal vez es que a lo que hoy día se llama “terror adolescente” debería ser rebautizado como “terror para cortitos de mente”.
Para aquellos interesados en temas esotéricos o de brujería, podríamos rescatar esos libros antiguos con tipografías góticas, que son tan frecuentes en las bibliotecas americanas, y que yo nunca he encontrado en las madrileñas. Tal vez también las velas que envuelven las húmedas criptas a las que se accede a través de una interminable escalera de caracol Y, aunque trillado, el tema de las brujas de Salem o de Ipswich, o la cacería de aquellos años, sigue despertando la curiosidad de los amantes de la materia.
¿Una versión de “Jóvenes y brujas”, pero con tíos cachas en lugar de tías buenas? Es justo para nosotras. Pero por favor, llamemos a las cosas por su nombre.





