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Pías Discípulas del Divino Maestro en España
Siguiendo al Señor que da vida y vida abundante (Jn 10,10)
Acerca de
Al habla las comunidades religiosas de Discípulas del Divino Maestro en España
Sindicación
 
"La parroquia del canto bonito"


Isabel me ha recordado en más de una ocasión que cuando hace ya casi cuatro años llegué a la Parroquia Santa Teresa de Toledo y ensayaba los cantos con la gente en la Eucaristía del sábado por la tarde, una vez me oyó decirles a todos: "Dentro de unos años, esta parroquia se conocerá en Toledo como la parroquia del canto bonito. Y ustedes mismos cantarán a dos y tres voces los cantos, de modo que resonará en todo Toledo su alabanza a Dios...". Ella tenía entonces doce años y aquello debió de hacerle gracia, por "subrealista"...

No era un "farol" de evangelizadora inexperta. Era un sueño que aún me acompaña.
Y en estos años, una pequeña porción de ese sueño ha ido tomando cuerpo en el coro de voces preciosas que anima la Eucaristia del domingo a las 11. Es una verdadera suerte contar con todos ellos, niños, adolescentes, madres jóvenes... Bueno, más bien es una providencia, un regalo de Dios. Las parroquias que tienen la suerte de contar con personas dispuestas a embellecer las celebraciones con el canto deberían estar muy agradecidas. El canto envuelve con su belleza y conduce de la mano hacia Dios.

Nadie se vaya a imaginar que este grupo se parece a "los chicos del coro"... todavía. Es un coro sencillo al que le faltan horas, muchas horas de ensayo para sacar lo mejor de sus voces. Pero, de momento, tenemos la materia prima que son voces espléndidas y ganas de estar y de servir a la comunidad con este ministerio. Ya se sabe que "lo que no se da se pierde" y "lo que se comparte se multiplica".

¡Gracias a vosotras y vosotros por hacer de vuestras voces y vuestro tiempo un don para la comunidad!







Hna. Conchi
Comunidad de Toledo
 
Vigilia Pascual en Zorrozaurre (Bilbao)


Zorrozaurre, barrio periférico de Bilbao; con la comunidad cristiana que vive allí, he celebrado la Vigilia Pascual.
Un barrio que ha sufrido y sufre los efectos de la reconversión industrial, viendo cómo se cierran fábrica y talleres que han sido su fuente de trabajo y de convivencia familiar y social. De sus 1.100 habitantes, en sus mejores tiempos, han pasado a ser 115-120.
Gente sencilla, acogedora, hacen “hacen piña” para mantener lo poco que queda de barrio. Su religiosidad está marcada por esas mismas características de sencillez, grupo unido, solidario, donde se comparten luchas, gozos y esperanzas.

En torno al fuego nuevo en el pórtico de la iglesia nos reunimos para celebrar la Pascua del Señor unas cuarenta personas, la gran mayoría de “edad dorada”.
Mientras avanzamos procesionalmente por el centro de la iglesia siguiendo al Cirio Pascual, siento cómo el Señor Jesús nos precede, nos ilumina, nos acompaña con su fuerza y gracia en todos los acontecimientos de nuestra vida. Esto mismo experimento en la escucha atenta del Pregón y de la Palabra de Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento. En el canto gozoso del Gloria y del Aleluya resuenan con tanta fuerza las voces del pequeño grupo que parecen ser más de los que somos. Percibo que es de verdad la aclamación y el agradecimiento a Cristo vencedor de la muerte que nos llama a superar toda muerte y negatividad en nuestra vida. Continúa la celebración de la Eucaristía, siguen los cantos: ¡Resucitó…! ¡alegría, hermanos, que Resucitó!

Finalizada la celebración de la VIDA, compartimos un sabroso piscolabis y regresamos a nuestras casas con más ganas de vivir y de anunciar y comunicar vida. ¡Que se nos note!

Hna. Benedicta
Comunidad de Bilbao
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LA MAÑANA DEL DOMINGO
La mañana del domingo
los discípulos estaban encerrados
sin salida.

El miedo a los judíos,
la traición al amigo,
el fracaso del proyecto,
la muerte implacable...
aprietan el pecho,
paralizan el cuerpo
y encierran la vida
como piedra del sepulcro.

La mañana del domingo
los discípulos estaban encerrados
sin entrada.
Jesús se hizo presente
y abrió del par en par
el miedo a la alegría,
la traición al encuentro,
el fracaso a la comunidad
y la muerte a la vida.

La mañana del domingo
los discípulos estaban tan cerrados
que nadie podía entrar,
ni ellos, salir de sí mismos.
Jesús rompió los cerrojos
de la puerta y del espíritu.
Con luz de resurrección
se abrieron unos a otros,
y ante la comunidad de testigos
se abrió a la vida nueva
toda Jerusalén cerrada
por órdenes del sanedrín
y por sellos imperiales.

(Benjamín González Buelta, sj)



Al nacer el primer día de la semana,
en la oscuridad de la madrugada,
una voz unánime se alzó en la noche,
en todos los cielos, en el orbe entero,
en boca de los sacerdotes del Señor,
proclamando la LUZ que vence toda tiniebla:
"¡Luz de Cristo!"
Y el pueblo respondió con corazón agradecido:
"¡Damos gracias a Dios!"

¡Qué beneficio de amor para con nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad la del Padre,
tirando de nosotros hacia la Vida,
tirando de nosotros hacia la Luz,
tirando de nosotros hacia la Resurrección,
sacándonos de todos nuestros abismos!

¡Qué incomparable ternura y caridad la del Hijo,
dando su vida por nosotros, sin reserva!

¡Qué incomparable ternura y caridad la del Espíritu,
que derrama en nuestros corazones el amor,
la fe y la esperanza de la vida nueva que nos regala Jesús!

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Discípulas del Divino Maestro (España)
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Madrugada del Viernes Santo: "Velad y orad"


Señor, tus discípulos y discípulas venimos aquí,
junto a Ti, esta noche,
para velar contigo, para acompañarte,
para recibir del Padre la fuerza y la esperanza
para lo que vendrá mañana.

Acepta nuestra pobre compañía, en esta noche de Getsemaní.
Queremos orar contigo, Maestro y Señor nuestro,
y aprender de Ti a ser Eucaristía,
a ser como un pan bendecido, partido y entregado
para que todos coman de nosotros
hasta saciarse.

Hace pocas horas, hemos participado en tu Cena, Señor.
Hemos escuchado, una vez más,
tus palabras llenas de amor hacia toda la humanidad perdida:
Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros”.
Te hemos visto arrodillado,
lavando y besando los pies de tus discípulos.

Queremos volver a recordar lo que hemos visto y oído,
lo que hemos contemplado y han tocado nuestras manos:
a Ti, Señor Eucaristía, hecho nuestro alimento,
nuestro servidor, nuestro esclavo,
para que todos tengamos vida y vida abundante.

Maestro y Señor, velamos contigo porque deseamos parecernos a Ti,
ser una sola cosa contigo,
y aprender de Ti a pensar, sentir, obrar y amar
como el Padre quiere, como a Él le parece bien.

Sí, Maestro, envuélvenos como nos envuelve la noche,
y llénanos de Ti;
cambia nuestra noche en Luz,
y enséñanos el difícil y dichoso abandono en la voluntad del Padre,
sin reservas.
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Alabanza y gratitud - 50 años de vida consagrada
“El Señor es mi Pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace reposar…” (Sal 23)

Nos brota del corazón esta alabanza de agradecimiento a Dios Padre, en este aniversario de los 50 años de Profesión religiosa entre las Pías Discípulas del Divino Maestro.
50 años..., suficientes para constatar las sombras y las luces, las fragilidades y las abundantes misericordias del Señor, que nos ha acompañado toda la vida.

Le agradecemos el don de la vida y de la vocación religiosa.
Le agradecemos el don de la fidelidad y le entregamos nuestro deseo más profundo de pertenecerle y de continuar siguiéndole incondicionalmente.
Nuestro canto de alabanza es para Él, y nuestra gratitud, para las personas que han compartido con nosotras este largo camino.
Para el camino que el Señor todavía nos concederá, sólo deseamos y le pedimos que su Espíritu nos acompañe para ser testigos de su amor y de su paz, hasta llegar a contemplarle eternamente.



Hnas. Ascensión y Clara
Madrid
 
Para qué un año dedicado a Madre Escolástica


El día 24 de marzo, hemos inaugurado el año de Madre Escolástica con una Eucaristía especial, muy festiva y participativa. Al final, hemos pedido al Maestro Divino el don de seguirle incondicionalmente, de ser, en la Iglesia, testigos sinceros de su amor, como lo fue ella.
Podríamos preguntarnos para qué este año. Para conocerla mejor y poner nuestro camino de discípulas bajo su bendición. Yo no la conocí, pero dicen que era una persona humilde y sencilla, como aquellos de los que dice Jesús que es el Reino de los Cielos.
Su semblante sonriente y sereno es el reflejo de su vida, siempre pegada al Maestro, con total reconocimiento y adoración.
Que desde el cielo, cerca ya de su Señor, nos ayude a vivir, con fe, entrega y alegría, nuestra vida de discípulas, atentas al Maestro que pasa a nuestro lado.

Hna. Rosy
Comunidad de Las Rozas, Madrid
 
Unos cristianos cantando en la noche
Con la celebración del Domingo de Ramos inauguramos la Semana Santa de nuestra fe. Y esta noche, como solemos hacer los lunes santos de cada año en nuestra parroquia de Toledo, hemos salido a rezar el Via Crucis por las calles.
La noche tiene algo especial. "La noche es tiempo de salvación", dice un himno de la Liturgia de las Horas. El cielo, estos días nublado y lluvioso, quedó despejado y radiante, como si se confabulara con nosotros para que pudiéramos recordar la Pasión del Señor, no encerrados en el templo, sino ante las gentes de nuestro barrio. La luna, casi llena, nos iluminaba el camino.


Y así, ancianos y niños, hombres y mujeres, hemos salido portando al Crucificado, recordando y agradeciendo, con fe y amor, que es Él quien nos lleva, nos carga, perdona todas nuestras culpas y sana todas nuestras enfermedades... (cf. Sal 103).







A las lecturas bíblicas han acompañado hermosas palabras de meditación y oración, y los cantos de siempre, que hemos cantado con voz y corazón unánime. A nuestro paso siempre hay algún curioso que se asoma al balcón o a la ventana iluminada, entrada ya la noche. No sabemos si comparten o no esta fe que confesamos hoy. Pero, al menos nos respetan, que no es poco. Toledo es aún una ciudad mayoritariamente creyente y, en general, tolerante.



Pero, aunque no lo fuera, aunque nos insultaran y despreciaran, creo que igualmente saldríamos, con los ojos puestos en "El que atravesaron", a confesarle como el Dios y Señor de nuestras vidas.



Hna. Conchi
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