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Pías Discípulas del Divino Maestro en España
Siguiendo al Señor que da vida y vida abundante (Jn 10,10)
Acerca de
Al habla las comunidades religiosas de Discípulas del Divino Maestro en España
Sindicación
 
Adiós, hermana Franca, con todo nuestro amor agradecido


Esta mañana nos ha sobresaltado el teléfono temprano. La hermana Loretta nos ha llamado para darnos una noticia tan esperada como temida: el fallecimiento de nuestra hermana Franca Riba.
Franca tenía 59 años y desde hace un año y medio mantenía una lucha decidida contra la enfermedad del cáncer, que la visitó con fuerza devastadora e imposible de contener. Finalmente ayer, a las 13.30, nos dejó para ir a la casa del Padre.
Franca ocupó, desde muy joven, puestos relevantes en el gobierno de la Congregación, y actualmente era la ecónoma general. Pero no es eso lo que vamos a echar de menos. Echaremos de menos, sobre todo, su extraordinaria bondad, su prudencia y sabiduría, su sencillez y su cercanía fraterna. Ella se ganó nuestro cariño en las pocas visitas que realizó a España y que realizamos nosotras a Roma, donde pudimos encontrar su acogida bondadosa y entrañable. Por eso le agradecemos a Dios que nos la haya dado como hermana durante el tiempo que ha vivido entre nosotras y por toda la eternidad.

Casualmente, hace unos días cayó en mis manos una carta preciosa dirigida a Dios de nuestro sacerdote escritor José Luis Martín Descalzo. Y, pensando en Franca, recordé esa carta, porque fue escrita pocos días antes de morir, y en ella expresaba este hombre extraordinario su absoluta confianza en que, tanto en la vida como en la muerte, estaría siempre en las manos del Padre:

"Gracias. Con esta palabra podría concluir esta carta, Dios mío, Amor mío. Porque eso es todo lo que tengo que decirte:

gracias, gracias. Si vuelvo mi vista atrás, ¿qué encuentro sino la interminable cordillera de tu amor? No hay rincón en mi historia en el que no fulgiera tu misericordia sobre mí. No ha existido una hora en que no haya experimentado tu presencia amorosa y paternal acariciando mi alma. (...).
Ayer mismo recibía la carta de una amiga que acaba de enterarse de mis problemas de salud, y me escribe furiosa: 'Una gran carga de rabia invade todo mi ser y me rebelo una vez y otra vez contra ese Dios que permite que personas como tú sufran". ¡Pobrecita! Su cariño no le deja ver la verdad. Porque, en mis cincuenta años he sufrido no pocas veces de manos de los hombres (...). Pero de Ti nada he recibido sino una interminable siembra de gestos de cariño. Mi última enfermedad es uno de ellos.

Entonces aprendí también que el dolor era parte del juego. No una maldición, sino algo que entraba en el sueldo de vivir; algo que, en todo caso, siempre sería insuficiente para quitarnos la alegría.

Gracias a todo ello, ahora -siento un poco de vergüenza al decirlo- ni el dolor me duele, ni la amargura me amarga. No porque yo sea un valiente, sino sencillamente porque, al haber aprendido desde niño a contemplar ante todo las zonas positivas de la vida, y al haber asumido con normalidad las negras, resulta que, cuando éstas llegan, ya no son negras, sino sólo un tanto grises.

He sido feliz, claro. ¿Cómo no iba a serlo? Y he sido feliz ya aquí, sin esperar la gloria del Cielo. Mira, Tú ya sabes que no tengo miedo a la muerte, pero tampoco tengo ninguna prisa porque llegue. ¿Podré estar allí más en tus brazos de lo que estoy ahora? Porque éste es el asombro: el Cielo lo tenemos ya desde el momento en que podemos amarte (...)"


¿Cómo has vivido tú tu enfermedad, querida Franca? ¿Ha sido para ti, como para José Luis, "parte del juego" totalmente insuficiente para quitarte la alegría?
Ahora que estás en los brazos del Padre, sigue sonriéndonos y ruega por nosotras.

Hna. Conchi
 
Comentario:
Fíjate, Rosario, escribí esto del p. Martín Descalzo antes de leer el fragmento del diario de Franca que he puesto en las noticias de la web. Y aquí me preguntaba cómo habría vivido ella su enfermedad. Pues, segun su diario, de un modo muy parecido a él: [n]con agradecimiento[/n] por una vida hermosa y feliz, con la [n]confianza[/n] de saberse en las manos del Buen Padre Dios, y [n]sin miedo[/n].
Realmente no nos gusta pensar en el final de nuestra vida que, por otra parte, podría ser incluso hoy mismo... Sin embargo, cuando llegue, también a mí me gustaría vivirlo como ellos...
Un abrazo
 
Comentario:
Ojalá cuando nos llegue la hora del dolor o de los dolores varios que acechan en la vida, seamos capaces de cargar con nuestra cruz con igual entereza, sosiego, paciencia y alegría como la hermana Franca o el admirado Martín Descalzo. Espero que ellos nos ayuden con su ejemplo.
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