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Testamento de Miércoles
Escribir es lo más divertido que se puede hacer sin ayuda
Acerca de

Para mi "husband" soy una bruja. Para mi enana "su mamá del mundo mundial". Para mi sobrino mayor "un demonio". Para otros soy "una loca". Para alguno "una tía simpática". Para la mayoría soy "la hermana de...", "la hija de...", "la mujer de...", "la tía de...", "la mamá de...". En fin, que vete a saber quién soy yo. Si te apetece intentar averiguarlo, pasa y lee.


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El cuento de la Navidad
Según dicen los señores responsables de supermercados, centros comerciales y ayuntamientos, la Navidad comienza en octubre. Digo esto porque, por lo que he visto, aprovecharon el puente del Pilar para comenzar a poner adornos varios y sacar turrones, peladillas, polvorones y demás.Como consecuencia de este adelanto en las fechas navideñas (o pre navideñas) mi enana, desde mediados de octubre me tiene frita para que saque el árbol y demás adornos porque, como nos acerquemos al centro (de la ciudad) y vea toda la decoración o vayamos al centro (comercial) y vea toda la decoración propia de estas fechas (o de las fechas por venir) comienza la cantinela… “jobar, mami, hay que poner el árbol… ¿ves? Si ya es Navidas” (la niña es que lo de la d final todavía no se le da bien, bueno, eso y las r que la pobre tiene frenillo y no puede pronunciarlas).

Y la que anda también ya de los nervios es mi madre. Porque este año, por fin, después de siete aquí, en Pucela Citiy, vamos a poder pasar unas Navidades en mi tierra y con mi familia y, claro, anda la mujer atacá.


Primero porque tengo un husband que es de lo más especial para comer y la pobre no hace más que preguntar: ¿Y esto, le gusta? ¿Y se comerá esto? ¿Y si probamos a hacer…? ¿¿¿Qué le doy de comer a tu mario….??? Pobre, si llevara tanto tiempo conviviendo con él (y si no fuera tan mamá como son nuestras mamases, claro…) le pondría un plato de papas fritas y huevos y hala, que le dieran por tiquismiquis.

Segundo porque dice que va a tener que comprar más de todo: más turrones, más polvorones, más peladillas, en fin, más de todas esas golosinas que se suponen que son imprescindibles en unas Navidades que se precien. Y digo que se suponen porque, vamos, ¿a que en tu casa también sobran turrones, peladillas, polvorones, roscos de vino, mazapanes, etc.? ¿A qué la bandeja que te ponen en Nochebuena se repite casi, casi igual en Nochevieja y el día de Reyes y si mi apuras, casi te llega hasta el martes de carnaval?

Hay productos de estos navideños que ni sé pa que se compran o, ya puestos, pa qué se venden; que están ahí, en mitad la mesa, como unos invitados a los que nadie ha dicho que vengan pero, que, año tras año, se nos cuelan en la cena. Por ejemplo: las peladillas a ver, que levante la mano quien se coma las peladillas (Eso, eso, a ver quien me fastidia la teoría :P) ¿Por qué se molestan en fabricarlas si lo único que hacen es correr sobre la bandeja y la única forma de que se lleguen a comer es que ya no haya nada más?
Si las pobre, como mucho, como mucho, igual valen pa jugar el Bingo con ellas… Y el turrón… ahora les ha dado por hacerlos de cincuenta mil sabores diferentes ¿Pa qué? Si al final, realmente los que gustan son: turrón del blando (también llamado de Jijona), turrón de chocolate y turrón del duro (también llamado de Alicante) aunque este suele durar bastante tiempo en las bandejas… ¿Y la fruta escarchada? Esas se ponen nada más que para estorbar porque todo el mundo va quitándolas de en medio para coger otra cosa… ¡coñe con la frutita esta… quítala pallá! Y te lanzas sobre un bombón Ferrero que es la última moda en esto de los postres navideños.

La tercera preocupación de la pobresita de mi madre este año (yo ya empiezo a dudar si nos van a recibir en plan anuncio del Almendro o más bien se pondrá a rezar pa que se joda el avión y no podamos ir…) es el sitio. Y es que, claro, de golpe y porrazo tres personas más en una casa mínima, pero mínima, pues no sabe la pobre ni dónde ni cómo meternos pa comer. A mí, la verdad, como si quiere hacer turnos que igual así tengo suerte y no me toca cenar con mi cuñado el “qué buen humor tengo, qué bromitas tan divertidas gasto y qué bien me lo paso riéndome de todo el mundo” (traduzco: que mi cuñao es el típico que lo primero que te dice al verte es: pero cuñá ¡qué gorda estás! O cosa igual de agradable y sincera y se queda tan satisfecho).


En fin, que mi madre (como todas las madres) vive esto de la Navidad metida en un stress continuo.

La Navidad es lo que tiene.
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Montañas rusas y tiovivos
Llega un momento en la vida de toda soltera (e imagino que en la de todo soltero) en el que, eso, estar soltera, empieza a dejar de ser divertido para convertirse en una molestia. Llega un momento en que la soltera se queda pues, eso: sola.

Que sí, que muy bien, que muy bonito, que eres libre, que eres independiente, que puedes hacer lo que quieras cuando quieras. Cierto, muy cierto… pero, un día, descubres que tus amigos/as están todos emparejados. Todos, hasta esa última amiga (o amigo) que compartía contigo los días de farra solteril, se ha echado novio/a o se ha casado y tú te has quedado sola (o solo) en tu soltería. Y si hasta este momento habías sobrellevado más o menos bien eso de no encontrar el amor de tu vida - quizás porque compartías esa circunstancia con otras personas de tu entorno -, a partir del instante en que comienzas a descubrir que ellos, los demás, los otros encuentran pareja pero tú no… pues, oye, que la cosa ya resulta más difícil de aceptar…


Eso sí, no paras hasta auto convencerte de que estás fenomenal solo/a (lo cual es cierto). Que no necesitas a ningún hombre/mujer para ser feliz (lo cual también es cierto). Que se vive muy bien siendo un single, que así tienes más dinero, más libertad, más de todo (lo cual también es cierto). Pero… (ah, ese jodido pero..) tú sigues queriendo encontrar el amor.

Así que, entre la incomodidad de ser la única soltera (o el único soltero) en un mundo lleno, repleto, abarrotado – al menos esa es la sensación que tienes – de parejas y las ganas que tienes de encontrar tu media naranja, pomelo o papaya (aunque no lo confieses porque queda como muy antiguo y dependiente y todas esas gaitas…), comienzan a surgir decenas de situaciones que te acaban resultando completamente odiosas.

Por ejemplo:

Ir de visita a la casa de (o quedar a tomar café con) la típica amiga casada-y-bien-intencionada que, aparte de no prestar ni puñetera atención a tus aventuras y desventuras por muy divertidas que a ti te parezcan y, probablemente, sean (al parecer es mucho más interesante contarte todas las maravillas de estar casada o de ser madre, o de ambas cosas) te suelta aquello de “ten cuidao que se te va a pasar el arroz” o aquello otro de “mira que a partir de los 30 lo de los niños se pone complicao” o esa frase tan chistosa de “ay… que te vas a quedar pa vestir santos…” (sí, sí, todo lo antigua que tú quieras pero todavía hay quien la dice, lo juro por Johnny Depp).



Salir con un grupo de parejas, especialmente el día de San Valentín. En serio, yo, en aquellos mis tiempos de soltera, a veces me cuestionaba si mis amigos eran realmente mis amigos o sólo fingían serlo porque, seamos realistas, si ya salir cualquier día una solita con un grupo de parejas era jodío (¿o hay alguien que disfrute lo de ir de aguantavelas?) ¿Nadie se daba cuenta, por favó, que invitarte a cenar con el grupo de enamorados el día de San Valentín era ya hurgar en la herida? ¿Alguien sabe lo que se siente siendo la única solitaria en un grupito de parejas haciéndose arrumacos e intercambiando regalitos varios? (Aparte de ganas de salir corriendo a vomitar porque ya no te cabe más azúcar en el cuerpo, claro).

Que un tío se te acerque buscando ligue y te suelte la estúpida pregunta de: ¿Y qué hace una chica tan guapa (tan simpática, tan encantadora, tan… lo que sea?) sin novio? Pregunta a la que una no sabe si responder con una sonrisa de compromiso porque total, pa que te vas a meter en discusiones… o soltando un exabrupto del tipo pos mira, es el precio a pagar por no acabar con un imbécil como tú o mira, tío, si lo que quieres es ligar cambia de táctica porque así empezamos mal…





Ir a las bodas y escuchar esta otra frase llena de originalidad y frescura (normalmente dirigida a ti por los invitados más mayores): Bueno ¿y tú para cuándo? ¿A ti cuándo te toca? A mí esa preguntita siempre me dejaba un poco descolocada porque, por un momento, pensaba que, en lugar de estar en una boda estaba en la charcutería esperando turno…

Conocer a un nuevo grupo de gente y comprobar (entre atónita y divertida) que, por el mero hecho de vestir un poco sexy y llevarte bien con los chicos, las mujeres te plantan inmediatamente el calificativo de loba y comehombres, vamos, que de pronto te conviertes (sin comerlo ni beberlo) en una especie de femme fatale y te tratan como una apestada pensando en que vas a robarles a los chicos. Da igual que estos chicos ya pasen de los treinta añitos y, por tanto, sepan cuidarse solitos y que ni siquiera se trate de sus parejas o que, aún antes de tu llegada, los chicos no les hicieran ni puñetero caso. Da igual que a ti no te interese ninguno ni lo más mínimo y lo digas a quien quiera oírlo. La culpa de sus males (los de ellas), la culpa de que no se coman un rosco (ellas) la tienes tú y tus minifaldas y tus divertidas charlas con el sexo masculino. Bueno, vale, esto igual no es tan odioso… Mmmm… vale, esto, en el fondo, es de lo más divertido… Ayss… está bien, con esto te lo pasas en grande…

Más cosas odiosas. Las frases que usan los tíos para salir huyendo de una relación. Siempre las mismas que para que van a gastar neuronas usando la imaginación teniendo un fondo popular del que tirar… ¿verdad?

Por ejemplo están las frases que te hacen sentir como un reloj estropeado:

- Si te hubiera conocido hace un año o dos años o tres meses o…. (Eres un reloj que atrasa…)

- Ahora no estoy preparado para tener una relación-enamorarme, quizás dentro de un tiempo... (Eres un reloj que adelanta…)

Frases tiritas para la autoestima:

- No es culpa tuya, sino mía… (Hombre, faltaría más, que una lo único malo que había hecho era liarse con semejante espécimen)

- Eres una mujer encantadora (maravillosa, estupenda, cualquier otro piropo que se te ocurra) pero yo no te merezco… (¿Maravillosa, encantadora, estupenda y me dejas? ¿Estás loco, tío, dejas tirado el gordo de la lotería?)

Frases soy mejor adivino que Allison DuBois:

- Ya verás como pronto encontrarás a alguien que te quiera.

- Cualquier día llegará el hombre adecuado para ti...

- El día menos pensado nos encontramos por ahí y tú estarás casada y con un montón de churumbeles… (eso, me dejas tirada y encima me llamas coneja… no te digo…)

Y, lo peor de todo, la montaña rusa emocional.

Conoces a un tío. Te gusta. Te enrollas. Parece que le gustas. Puede que te enamores. Eres feliz como una perdiz. Empiezas a flotar en una nube de color rosa. El vagón de la montaña rusa, sube, sube y sube… Un día, de pronto, él comienza a llamar menos (sino es que deja de llamar, sin más). Las cosas ya no son iguales. Le ves cada vez menos. Te pone cien mil excusas para no quedar. El vagón de la montaña rusa desciende, desciende, desciende, cada vez a más velocidad. Y un día el vagón llega abajo y te hundes en la miseria y lloras a moco tendido durante días y días y días… Hasta que te recuperas y todo comienza de nuevo.

En fin. Que eso de estar soltera no es ningún chollo (al menos, no todo el tiempo, que no vamos a negar los momentos divertidos que los hay y muchos, muchísimos).

Así que, la que esto escribe y suscribe, que ya andaba un poco harta de todo eso, una de las primeras cosas que pensó cuando comprobó que lo del husband y yo iba en serio, vamos, que aquello funcionaba de verdad, fue:

¡Se acabaron los ligues!
¡Se acabaron los días de esperar que suene el teléfono!
¡Se acabaron las lágrimas por el imbécil de turno!
¡Se acabó el ir de carabina!
¡Se acabaron las excusas tontas!
¡Se acabó la montaña rusa!
¡Se acabó, se acabó, se acabó!


Luego puede que vinieran otras cosas y otros rollos, y otros problemas, pero… oye… qué descanso dejar la montaña rusa y subirse al tiovivo.

 
Conversaciones infantiles (Cosas de niños V)
Conversación número uno o Clase de matemáticas:

Papá (en plan profe de mates, la niña no se entera de na pero él le suelta el rollo igual): Mira, cariño, los números son infinitos. ¿Sabes qué significa infinito?

Enana (con cara de poner mucha atención y de no enterarse de nada): No.

Papá (que sigue empeñado en dar clases de matemáticas avanzadas a una renacuaja que apenas sabe sumar 4+4): Pues eso significa que si te pones a contar nunca puedes llegar al último. No se sabe qué número es el último porque son muchos.

Enana (con cara de ja, ya te pillé papi, ni que fuera tonta): Sí que se puede, papá, es muy fácil: el último ¿ves? ¡Ya está! ¡Es muy fácil! (Me mira y se parte de risa) ¡Qué tonto es papá!


Conversación número dos o Estamos de cumpleaños:

Enana (haciendo pis y a gritos): ¡Mami, mami hoy es el cumpleaños de mi cariño!

Mamá (o sea, yo): ¿Sí? ¡Qué bien! ¿Y quién es tu cariño?

Enana (con voz de quépacienciahayquetener): El papá de Mimi, que no te enteras de nada mamá…

Obvio, pienso, si Mimi es su hija, su cariño es el papá de Mimi… tengo yo unas preguntas también…


Conversación número tres o Hay que comer sano:

Enana: Las verduras son muy sanas y muy ricas.

Mamá (servidora): Pero si no te gustan y no las quieres comer nunca.

Enana: Ya, pero son buenas para el cuerpo.

Mamá (con cara esperanzada): Entonces ¿te pongo verduras para comer?

Enana (con cara de asco, de mucho asco): Nooooo…. Las comeré cuando sea mayor.

Mamá: ¿Y por qué no las comes ahora?

Enana: Ayyyss, mami, porque no me gustan.


Conversación número cuatro o El tiempo no perdona:

Me he quitado las gafas porque estoy haciéndole pedorretas en la barriga y como se revuelve igual me las rompe:
Enana (cogiéndome la cara y mirándome los ojos): Mami, te estás haciendo viejita.

Yo: ¿Por qué le dices eso a mami?

Enana (tocando con el dedito alrededor de los ojos): Porque tienes rayas aquí, aquí, aquí…

Yo (que comienzo a traumatizarme) a mi husband: Cariiiii, ¿tengo patas de gallo?

Enana (que sigue con su campaña de hundirme la moral): Mamá, no quiero que te hagas viejita porque si te haces viejita ya no serás mi mamá… (¿?)



Conversación número cinco o Igualdad de sexos:

Enana (hablando de no sé qué juguete): Mira, papi, eso es para chicos.

Papá (intentando quitarle ideas sexistas de la cabeza): No, cariño, eso es para chicos y para chicas también. Los chicos y las chicas pueden jugar con las mismas cosas. Los chicos y las chicas son iguales.

Enana: Noooo… los chicos y las chicas no son iguales.

Papá (intentando seguir con la campaña antisexismo): Que sí, cariño, los chicos y las chicas son iguales.

Enana (con toda su tozudez marcada en la cara): Que te digo que no, papá. Que los chicos tienen pito y las chicas no. ¿Ves como no te enteras de nada?

Papá: ….
 
¿El cartero siempre llama dos veces?
Lo pregunto porque, el que hace el reparto por aquí, al parecer, no sabe donde está el telefonillo. O a lo mejor es que ni tan siquiera sabe donde tiene los dedos de la mano porque llamar, lo que se dice llamar, a veces no llama ni una vez.

Bueno, miento, llama. Sí que llama.

Llama para que le abras la puerta y luego más que entregar el correo lo esparrama por donde pilla. O pone las cartas en los buzones equivocados. Y es que este cartero una de dos: o no sabe leer o es más cegato que yo (y eso cada día está más difícil) o ha debido leerse El hombre de los dados (Luke Rhinehart) y usa ese método (lanzar los dados y dejarlo todo en manos del azar) para decidir donde poner cada sobrecito.

A veces nos encontramos cartas de una calle más allá o de calles, simplemente, desconocidas.

Otras veces el cartero pone en nuestro buzón cartas para mi husband y lo que viene a mi nombre lo deja por ahí tirado o, sencillamente, no aparece nunca.

En general tampoco es que me importe mucho, ya sabes lo que se suele recibir por el correo de toda la vida: publicidad, cartas del banco, más publicidad, facturas del móvil, más publicidad (debo haberme ganado ya no sé cuantos millones y no sé cuantos dvd’s, cafeteras, tv, descuentos en compras, etc., etc.).

Cuando el cartero es seguro, seguro que se olvida de llamar es cuando hay que subir algún paquete a casa. Entonces, se ve que no recuerda como se llega al botón del telefonillo o se deja las gafas en casa y no ve o llamará a la vecina del segundo; el caso es que, como tenga que subir un paquete con lo único que acierta es con mi buzón para poner un aviso con una casilla marcada donde pone que no ha entregado el paquete por no estar en su domicilio.

Y ahí es donde yo ya empiezo a desvariar y a imaginarme que el cartero y yo vivimos en mundos paralelos y condenados a no encontrarnos jamás. Porque, coñe, a la hora que pone el aviso yo estaba en casa y si yo estaba en casa y se supone que el cartero ha llamado pero dice que yo no estaba en casa igual es que él está en otro universo ¿no? O quizás es que yo estoy empezando a sufrir de locura (bueno, más locura) y no recuerdo que a esa hora andaba por ahí con otra de mis múltiples personalidades. O igual es que resulta que soy como la Nicole Kidman en Los Otros, vamos, que estoy muerta y no me he enterado. O puede ser que justo en ese momento fuera abducida por los extraterrestres y yo no me enterara y luego me volvieran a traer a casa borrándome el recuerdo de la abducción y por eso no estaba en casa justo en el momento en que el bueno del cartero me debía entregar el paquete.

Aunque, mucho me temo que la teoría más plausible y más real (por novelescas y creativas que sean las otras) es que el cartero es un vago o un inútil o ambas cosas a la vez. Y que si no llama es porque no le da la gana subir a traer lo que tiene que traer.

O sea que eso de que El cartero siempre llama dos veces, se ve que es cosa del pasado porque lo que es ahora El cartero igual ni te llama.
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Sobrevivir a la adolescencia
¿Hay alguien a quien gusten los adolescentes? Venga, no mientas… vuelvo a preguntar… ¿Hay alguien a quien gusten los adolescentes? Vamos, sin disimulos… Confesémoslo… Los adolescentes son unos impresentables. Son inaguantables. Son insoportables. Esta etapa de la vida humana existe única y exclusivamente para poner a prueba la paciencia de los adultos.

Si lo pusieran a votación yo votaría por su total eliminación (de la etapa, no de los adolescentes).

Sí, yo también fui adolescente y sí, mi enana, también llegará a esa horrible etapa de la vida. Pero, insisto: no hay quien aguante a los adolescentes.


Los adolescentes son prepotentes. Los adolescentes son unos maleducados de mucho cuidado. Los adolescentes son gritones, escandalosos y crueles. Los adolescentes pueden conseguir que hasta el más paciente se ponga de los nervios y que hasta el más bondadoso de entre nosotros llegue a sentir instintos asesinos.

Cada vez que los veo por ahí diciendo tonterías a voces. Empujando a quien ose ponerse en su camino. Riéndose a lo memo. Andando por la calle cual amos del mundo; tiemblo pensando en que, dentro de unos años, mi enana será como ellos (o parecido).

Esto si hablamos de la adolescencia para quienes la sufrimos desde fuera pero desde dentro no es que sea mucho mejor. Porque… ¿De veras alguien echa de menos su adolescencia?

Yo, no. ¡Ni loca volvería a ser una adolescente! No sé, igual si resulta que eras de los guay darías algo por volver a vivirla pero yo, que no era nada guay vamos, que era eso que en los USA llaman nerd (era tímida, gorda, usaba gafas, mi vida social era inexistente y tenía el horrible defecto de disfrutar de la lectura) la adolescencia fue una época de tortura sin fin.

¿Volver a sufrir deseando pertenecer al grupo de las guays sabiendo que tu única esperanza es que, una mañana, al despertar, milagrosamente, hayan desaparecido tus kilos de más, tus gafas, tu timidez…. Tu… tu… Tú? No, gracias.

¿Volver a soportar cómo las guays que van de buenas con los desfavorecidos te vuelven loca porque si te pusieras a dieta-te cambiaras el peinado-te maquillaras un poco-fueras más abierta-te pusieras lentillas estarías mucho más guapa y a lo mejor-quizás-quien sabe hasta te soportaríamos? (esto último no lo decían que quedaba feo pero lo pensaban, que viene a ser lo mismo) No, gracias.

¿Volver a escuchar preguntas estúpidas del tipo y tú por qué eres tímida (Juro por Io el Ciego que de verdad, de verdad de la buena que me lo preguntaron) Y tú quedarte con las ganas de decirle que era eso o tener el cerebro del tamaño de una nuez moscada, o sea, como el tuyo… pero, claro, eres tímida y te callas? No, gracias.

¿Escuchar una vez más el inteligente comentario: es que como no sale con chicos-no sale a bailar-no tiene una vida normalcomolamía no sé de qué hablar con ella…? No, gracias. (Ese día habría dado algo por tener la mirada de Yaya Ceravieja)

A eso hay que unir el lío mental, el lío hormonal, el lío amoroso (o no amoroso), el lío paternal, el lío estudiantil…. Etc., etc., etc….

¿Volver a vivir todo eso? No, gracias.

Ya lo dijo no sé quién:

No es necesario sufrir para ser poeta; la adolescencia implica suficiente sufrimiento para cualquiera.

P.S. Añado a lo anterior que, por supuesto, yo también era insoportable, inaguantable e impresentable… ser una nerd no quiere decir que uno se libre de todos los defectos adolescentes.
 
No por mucho madrugar...
A los compases de Eternal Flame (The Bangles) una mano sale disparada de entre las mantas, coge el móvil y para el despertador. La mano vuelve a retirarse a las profundidades cálidas de las mantas y comienza la lucha entre mi mente y mi cuerpo para lograr salir de la cama.

Mi mente dice: Menea el culo y levanta de aquí, so vago.

Mi cuerpo dice: Pffff… no quiero… aquí se está calentito y ahí fuera hace frío.

Mi mente dice: Si no te levantas ahora mismo me volveré a dormir y ya verás luego que follón.

Mi cuerpo dice: Mmmm… duérmete, así me dejas en paz, me da igual lo que pase luego ahora quiero quedarme aquí.

Mi mente (intentando abrir mis párpados y gritándome como una desquiciada): Muéveteeeeeeeeeeeeee… que tienes cosas que haceeeeeeeeeeeeeeeeeeeer…. Que tienes que llevar la niña al coleeeeeeeeeeeee… que tienes obligacioneeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees… (mi mente, no sé por qué, cuando se enfada tiende a extender las es hasta el infinito).

Mi cuerpo (gimiendo y protestando pero moviéndose finalmente): Me levantaré por no oírte. Pero que sepas que te odio cuando te pones así y me voy a pensar muy seriamente buscarme una mente más irresponsable como no cambies un poco.

Mi mente, en plan chulilla: Ya, ya, que ibas a encontrar quien te aguantara después de tantos años…

Mi cuerpo pasa de la discusión. Tiritando y protestando de frío, tropezando cual borracha recién llegada de una juerga fenomenal, me muevo entre brumas hacia el baño y luego a preparar un café que me despeje la cabeza y me permita empezar el día mientras pienso que un día de estos me decidiré y me iré a donde haya que ir para hacer esas cosas y pediré el libro de reclamaciones para dejar constancia ante quien sea el responsable de esto (seguro que algún inútil de esos que se llaman dioses y que viven en Cori Celeste) mi más profunda protesta contra quien o quienes hayan inventado lo de madrugar. Protesto contra todos aquellos que se empeñan en decir que madrugar es bueno y maravilloso. Protesto contra todos esos seres tremendamente antipáticos que se levantan de la cama de un salto y con una sonrisa en los labios (aunque yo no acabo de creer en su existencia, seguro que son una leyenda como el yeti o los vampiros o el hombre capaz de hacer dos cosas a la vez). Protesto contra los que dicen que les basta con cuatro horitas de sueño (o con cinco, o con seis o con siete… en fin, con cualquiera que diga que duerme menos de ocho horas y lo diga sonriente, orgulloso y hasta con prepotencia).

Así que cada día, al salir de mi cama, al dejar las mantas y a mi husband que es lo más cercano a una manta eléctrica con envoltura humana que conozco (él no madruga porque trabaja por la tarde) recuerdo aquello que nos contaban sobre Adán y Eva y la expulsión del Paraíso y estoy convencida de que lo que sintieron debió ser algo muy parecido a lo que siento yo cada mañana cuando soy expulsada de mi cama por el despertador y la pesada de mi mente que no me deja ser una irresponsable.

Actualización (Viernes 17 in the morning):
Esta mañana mi cuerpo ha ganado la partida mi mente. Tras sonar las primeras notas del despertador, Cuerpo lo ha detenido rápidamente y, con la misma rapidez, ha devuelto la mano a la calidez de las mantas y se quedó dormido al instante. Mente ni tan siquiera llegó a darse cuenta de la jugada. Un rato (largo) más tarde, se ve que mente notó (de esa manera misteriosa que las mentes perciben las cosas) que algo no iba bien así que obligó a cuerpo a abrir los ojos y coger las gafas. El reloj mostraba las 8:30 de la mañana. Y ahí ya no hubo discusión ni batalla. Me levanté echando leches, casi me parto la crisma al tropezar con las zapatillas, con la puerta del dormitorio y con el husband que venía por el pasillo procedente del dormitorio de la renacuaja (la niña anoche tuvo pesadilla, el husband, como va dormido total, resuelve el asunto del miedo nocturno por lo sano: se mete en la cama con ella y listo, el Dr. Estiville nos pondría un suspenso pero a las cuatro de la mañana los papás normales no estamos para consideraciones psicológicas de ningún tipo). Salí a buscar a la niña que, afortunadamente, ya estaba despierta. En escasos ocho minutos la vestí a ella y me vestí yo, en tres minutos más estábamos listas con jerseys y plumas incluidos. Salimos a todo meter, sin desayunar, sin un mal café, ni tan siquiera recordé darle el jarabe a la enana, a la pobre la llevaba casi en volandas todo el camino… Y tanta prisa me di que Ayla (así se llama mi niña) ha sido la primera de la fila… A ver si es que soy demasiado puntual yo…
 
La cosa del estatus
Esta cosa del estatus es algo que, como bicho raro que soy, nunca me ha preocupado demasiado. Vamos, no me ha preocupado nada de nada, la verdad. Ni me preocupa ni me importa ni me quita el sueño. Pero estoy viendo que, al parecer, a la gente eso del estatus le importa mucho pero mucho.

Una, como bicho raro que es, se compra las cosas que le apetece y que puede permitirse y nunca me paro a pensar en eso del estatus. Pero estoy viendo que, al parecer, hay que comprar las cosas en base al estatus. A que te dé más o menos estatus. Vamos, algo así como:

Coche nuevo: + 2 puntos de estatus.

Coche nuevo super-caro: +5 puntos de estatus.

Coche viejo-del-año-el-catapum-por-la-mañana: -4 puntos de estatus.

Vestido nuevo: + 2 puntos de estatus.

Vestido nuevo-de-boutique-cool-fashion-mega-caro-de-la-leche: +7 puntos de estatus.

Vestido nuevo de zara-corte-inglés-preferiblemente-comprado-en-rebajas: + 2 puntos de estatus.

Cualquier cosilla comprada en eroski-carrefour-alcampo-o-cosa-parecida:
- 10 puntos de estatus.


Comer fuera: + 3 puntos de estatus.

Comer en un restaurante-nouvelle cuisine-chefsupermegafamoso: +15 puntos de estatus (que la comida te guste o no te guste no interviene en la ecuación).

Comer en McDonald-BurgerKing-Telepizza-PizzaHut-latascalaesquina:
- 4 puntos de estatus.


Y así con todo.

Hay gente por ahí, por ejemplo, que anda buscando piso y se queja continuamente (y con razón, of course) de lo caros que están, de las hipotecas, del euribor, de los bancos, de las constructoras, etc… Pero ni se te ocurra insinuarles que alquilen en lugar de comprar porque les puede dar un algo. ¿Pero cómo va a alquilar si todos-as sus amigos-as compran? ¿Y su estatus? ¿Dónde queda su estatus? ¿Eh? ¿Qué va a hacer ella/él si bajan de estatus?

Y hay que tener coche, también por el estatus, claro, y cuanto más caro, mejor, que da más estatus. E ir siempre a la última que el estatus lo requiere. ¡Ah! Y de vacaciones, al Caribe como mínimo o a la Riviera Maya o algo así que no te vas a ir al pueblo o a Benidorm ¡Eso es horrible para el estatus!


Lo más divertido que he oído sobre el estatus fue cuando mi husband y yo decidimos poner Digital + (bueno, empezamos con Quiero y ahora estamos con Ono, es que somos unos peregrinos de lo audiovisual ). Bien, pues alguien nos felicitó porque eso (¡fíjate tú qué cosas!) nos iba a dar más estatus. Yo me quedé un poco a cuadros. Pensaba que me ponía la tele por satélite para tener más oferta televisiva y, de repente, me encontraba con un estatus superior… Caray… ¿Tendría que codearme con gente de más alcurnia sólo por tener un codificador en casa? ¿Vendría de visita la Duquesa de Alba? ¿Tendría que vestirme de gala para ver la tele?


Es lo que tiene no entender de esto del estatus, que cuando me dicen que algo me lo sube, me pongo nerviosa porque no sé qué hacer con él, no tengo costumbre.

Ya ves lo mío es que ya debe ser incurable. No tengo glamour, no soy ni cool ni fashion y mi estatus debe estar en menos cero. Igual me tendría que mudar a Marte que allí de esto del estatus no sabrán nada ¿o sí?
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Príncipes azules
Ay… los príncipes azules.

Estos días me ha dado por pensar en los príncipes azules. Y no, no es que esté pensando en dejar a mi husband y salir en busca de uno de esos individuos. Lo que ocurre es que, a base de contarle cuentos a la enana me ha dado por pensar que de donde hemos sacado eso de que los príncipes de los cuentos (azules, encantadores, ranas o lo que sea) son heroicos, valientes, nobles, maravillosos…

Hagamos un pequeño repaso:

El príncipe de Blancanieves ¿Qué hace este miembro de la realeza que se pueda definir de noble y valiente? Nada. Recuerda el cuento. Este muchachito no hace nada que se pueda considerar valiente, osado o ni tan siquiera extremadamente generoso. Va por el bosque montado en su caballo blanco, así, en plan Cayetano Martínez de Irujo y, de pronto, ve a Blancanieves muerta (fíjate bien, muerta) y el tío va y se enamora. Cosa que ya resulta bastante sospechosa de por sí (yo noto un tufillo necrófilo que pa qué…). Y ¿cuál es el gran acto que realiza el príncipe? Darle un beso. El beso la despierta. Y ya está. Se acabó. Eso en una versión. En otra la coge para llevarla a palacio (aún más sospechoso si cabe, llevarse a casa a una muerta de la que se ha enamorado bufff… qué cosas contamos a nuestros enanos ¿no?) y, al moverla, Blancanieves vomita la manzana y se despierta. Sí, señor, un gran acto de valor que hasta merece una medalla.


Y en cuanto al de la Bella Durmiente ¿qué hace? Pues no mucho más. El tío entra en el castillo (primero: cotilla y segundo: delincuente ya que eso es allanamiento de morada). Dándose un paseíto por una casa ajena (la versión de Disney no me vale), llega hasta donde está la princesa y, como el anterior, va y se enamora de una chicadormida (me sigue pareciendo muy sospechosa esta tendencia a enamorarse de chicas dormidas). Y ¿qué hace para salvar a la princesa? Pues darle otro beso.

Yo ya estoy por plantearme si las despierta el que las encuentre su amor verdadero o si estos principitos, encima, tendrían problemas de halitosis.

¿Y el de Cenicienta? ¡Este es genial! Primero parece ser tan torpe para esto del ligue que los papás le tienen que montar un baile para encontrar novia. Segundo, se le escapa la chica en pleno baile que ya hay que ser tonto. Y tercero, el tío tiene tan poca iniciativa o es tan vago que ni siquiera se molesta en ir a buscarla él mismo sino que manda a otro a hacer su trabajo. ¡No me fastidies con el príncipe encantador! Además, es que le da igual quién es la chica. Porque, vamos a ver, se casará con la chica a la que le sirva el zapato, no con la chica del baile sino con aquella a la que le entre el zapato ¿y si hay otra que use el mismo número que la Cenicienta? ¿eh?


Y para qué seguir:
El de Rapunzel en lugar de salvarla se dedica a ir de visita todas las noches y es tan debilucho que la bruja le tira por una ventana. ¡Oh, sí, un gran héroe, valeroso y gentil!

El de la sirenita es tan desagradecido que ni siquiera reconoce a quien le salvó la vida y, además, casi la trata como tonta porque es muda…

En cuanto a la Bestia encima de las pintas que lleva tiene un mal genio que sólo una santa (¿o una boba?) como Bella puede llegar a enamorarse de él.

En fin… que a mí me parece que las valientes y generosas son, en realidad, las princesas por aguantar a semejantes zotes. La verdad, espero que fueran mujeres inteligentes y dejaran a esos individuos y buscaran a otros menos principescos; quizás menos guapos y aparentes pero, seguramente, mucho más valerosos, generosos y nobles…

P.S. Llevo días con el husband en casa. El husband estaba en casa y de baja. Estaba de baja porque le dio una lumbalgia jugando con la enana que me lo dejó tirao en el suelo y sin poder moverse ni medio milímetro. Y cuando el husband está en casa y de baja, servidora no tiene tiempo pan a porque, de repente, es como si tuviera dos niños en casa y yo diría que el grande más mimoso y pesadito que la pequeña… Así que no he podido ni responder a los comentarios que os habéis tomado la molestia de poner en mi último post. Gracias a todos por pasar por aquí y dejar una notita… y gracias a la doctora que le ha dado el alta a mi husband para que vuelva al curro y no me vuelva loca a mí (me gusta que esté en casa pero no de baja porque se pone insoportable… y él lo sabe :D)
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Cuentos chinos (Cosas de niños IV)
Yo había oído hablar de la famosa expansión china. Todo el mundo comenta la cantidad de tiendas de chinos, como copan los mercados, etc… Lo que yo no sabía es que los chinos habían llegado hasta casa…


Sí, en serio, los tengo en casa. Al menos eso dice la enana. Que los chinos vienen a casa y le enseñan a hablar chino (un extraño galimatías que sólo ella entiende), que la enseñan a luchar contra los malos (aún no sé muy bien quienes son los malos) y que, además le enseñan la magia china del mago Chi Mam Bú (transcripción fonética de lo que dice la enana, amos, que esto es lo que yo entiendo) que consiste en hacer no sé qué con los ojos cerrados y mirando al sol (y sólo pueden hacerlo las niñas de 4 años no las mamás ni los papás). Esta historia de chinos me la ha contado la enana la otra mañana de camino al cole, vamos, que ha sido un paseíto entretenido.

Claro que los chinos se le olvidaron cuando vio a su novio. Porque la renacuaja, ahí donde la ves, tiene novio y lo tiene desde hace ya un año, para que luego digan que la juventud no quiere comprometerse… Este novio (rubito, con gafas y cara de travieso) resulta que, al parecer, demuestra su amor pegando a todos menos a mi enana porque “conmigo es petoso, mami” (traducción de petoso: respetuoso) para que luego digan que no hay romanticismo en el mundo. Mi niña, por su parte, de vez en cuando, pilla una margarita (en primavera se transforma en la psicópata de las flores, flor que ve, flor que tiene que arrancar) y se dedica a arrancarle los pétalos en plan me quiere, no me quiere y pone cara de mema cuando habla de su amor…

Nos dice el psicólogo del cole en una charla que a los niños hay que decirles que los monstruos no existen. Nada de ponerse a buscarlos o fingir que los expulsas; lo que hay que hacer es decirles: Cariño, los monstruos no existen (otra cosa es que tú por dentro no puedes evitar pensar que sí pero que no son tan inofensivos como los que ella imagina cada noche…) Pues bien, ese psicólogo no conoce a mi niña o no conoce la lógica infantil. La respuesta de mi niña a eso de que los monstruos no existen es que mira mamá, sí que existen, yo los veo por las noches...

Y digo yo ¿Cómo va una a negar lo que ella ha visto si está convencida de ello? No sé, quizá sea mejor que le pregunte a los chinos…


P.S. La enana se ha inventado un juego nuevo para jugar con su papá: él es un koskio (traducción simultánea: kiosko) y ella es un polo, de fresa concretamente, y hay que tener cuidado no se derrita. ¿Alguien alguna vez ha jugado a ser un polo de fresa? Porque yo no recuerdo haber jugado nunca a nada parecido. ¿Será cosa de los chinos?
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Top Secret
Guardar secretos va contra natura. El ser humano no está hecho para guardar secretos. Los millones de años de evolución no nos han preparado para eso.

El ser humano es un ser social y comunicativo. Durante milenios hemos encaminado nuestros pasos hacia la mejora en este sentido: creamos el lenguaje hablado, la escritura, los libros, el periódico, el teléfono, la televisión, el fax, el móvil, los ordenadores, Internet… todo para comunicarnos y transmitirnos información cada vez de manera más rápida…

Nos gusta pasarnos información. Nos encantan las novedades, las noticias y el cotilleo. Y, sobre todo, nos encanta ser poseedores de un secreto y nos morimos por gritarlo a los cuatro vientos.

Nos cuentan un secreto y prometemos guardarlo; prometemos ser como una tumba… Y luego… luego sentimos que vamos a reventar si no se lo contamos a alguien. El secreto nos quema, nos pincha. Casi tenemos que taparnos la boca para no soltarlo… Y, normalmente, seamos sinceros, la tumba se abre para dejar paso al secreto-zombie

No contar lo que nos han contado es todo un esfuerzo. El no escupirlo a las primeras de cambio, es toda una victoria de nuestra voluntad. Y quien guarda un secreto toda la vida ese/a merecería el reconocimiento como héroe.

Cada minuto que pasa, mantener ese secreto escondido te cuesta más y más… Y tu mente comienza a ofrecerte un sinfín de motivos válidos para contárselo a alguien…

Mmmm… se lo podría contar a mi marido (mujer, novio-a, amigo-a, hermano-a, compañero-a) total no conoce a fulanito (o no tiene contacto con… o no se ven nunca…).

Mmmm… debería contárselo a… total también son amigos y debería saberlo ¿no?

Mmmm… total si lo cuento tampoco se va enterar, menganito-a sabe guardar muy bien un secreto… tan bien como yo, vamos…

¡Aaayyyss! Si no lo cuento revientooooooooo….


O lo más moderno:

Mmmm… total en el blog uso nick así que nadie sabe quién soy, y si nadie sabe quién soy yo ¿cómo van a saber quién es X…? Na, que lo cuento…

Y lo cuentas. El caso es que lo cuentas. Tarde o temprano. Porque has querido o porque se te escapa (¿Escapar? Huys… esos lapsus mentales que tanto gustan a los psiquiatras…). Porque zutanito-a te lo ha sonsacado con sus malas mañas…

El caso es que lo cuentas porque la tendencia natural del ser humano es comunicarse y guardar secretos va contra natura.

O sea que si tú lo que quieres es que tu secreto esté bien guardado y que nadie lo sepa: no se lo cuentes a nadie. Es la mejor manera de mantenerlo como tú quieres, en secreto.