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Testamento de Miércoles
Escribir es lo más divertido que se puede hacer sin ayuda
Acerca de

Para mi "husband" soy una bruja. Para mi enana "su mamá del mundo mundial". Para mi sobrino mayor "un demonio". Para otros soy "una loca". Para alguno "una tía simpática". Para la mayoría soy "la hermana de...", "la hija de...", "la mujer de...", "la tía de...", "la mamá de...". En fin, que vete a saber quién soy yo. Si te apetece intentar averiguarlo, pasa y lee.


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons

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Sindicación
 
Cuentos de hadas
Y me sugirió el HYM que contara la verdadera historia de los cuentos clásicos. Y se me ocurrió esto. Y... bueno... aquí está esto...


Ven, hijo, acércate y hablemos, es la hora de que sepas la verdad de muchas cosas. Está cerca el momento en que, como todo príncipe, debas contraer matrimonio y asegurar la continuidad de nuestra dinastía. Estás ya en edad de salir en busca de una buena esposa… si es que eso existe en algún lugar.

No, no te preocupes, hijo, no voy a hablarte de “las abejas y las flores” sé de sobra que conoces la mecánica del asunto; más de una vez te he pillado en plena batalla amorosa con las sirvientas de palacio. Lo que quiere tu viejo padre con esta charla es advertirte sobre los peligros con los que puedes encontrarte en la búsqueda de esposa y no me refiero con esto ni a dragones ni a fieras ni a caballeros malvados ni a taimadas brujas. Esos peligros son minucias comparados con el verdadero peligro: las princesas.

Sí, hijo, sí, las princesas son el peligro mayor con el que vas a encontrarte. Olvida todas esas historias que has oído durante años sobre príncipes valerosos que salvan a princesas desvalidas. Olvida todas esas historias que te han contado sobre las maravillosas princesas de reinos vecinos, no son más que una sarta de mentiras. Cuentos inventados por las propias princesas y sus ayas para quedar bien.

Por ejemplo ¿Recuerdas al príncipe E.? Sí, el que casó con la tal Cenicienta. ¡Pobre chico! Es un buen príncipe, honrado y valiente pero con una pequeña debilidad: es un fetichista de los pies, se siente fascinado por ellos y por los zapatos. A la que veía unos pies medianamente bonitos, se iba tras ellos como un poseso. El caso es que esa ñoña se aprovechó de la debilidad del pobre príncipe. Ahora cuenta a todo el que quiera oírla esa estúpida historia de su madrastra y el hada madrina, pero es todo mentira. La realidad es que es una tirana caprichosa y una mimosa insoportable. La realidad es que era ella quien tenía esclavizadas y aterrorizadas a sus hermanastras y a su madrastra. La realidad es que fue todo un plan bien meditado para cazar al pobre príncipe que, al ver sus pequeños pies y luego aquel zapato abandonado, se volvió loco de deseo y no paró hasta encontrarla. Y así acabó casado con esa pequeña bruja, esa pequeña dictadora que le hace la vida imposible a él y a todos los habitantes de palacio.

Si no me crees puedes ir a su reino y verlo con tus propios ojos.

Luego está ese otro desgraciado. El príncipe A., tu primo. El que se casó con la princesa Blancanieves. Pobre estúpido. Esa bruja pálida anda contando historias terribles sobre su madrastra (una bellísima mujer en todos los sentidos), todo mentira, hijo, todo mentira. Ni es cierto que su madrastra fuera malvada ni es cierto que ella sea bondadosa e ingenua. Te aseguro que la relación de esa muchacha con esos enanos repulsivos es de lo más sospechosa; aunque, por supuesto, no tengo pruebas al respecto. Es verdad que su madrastra quiso deshacerse de ella pero ¿quién no querría deshacerse de semejante monstruo? ¿Quién quiere tener cerca un vampiro? Sí, hijo, sí, una vampira. Créeme. Esa hermosa muchacha de tez pálida y labios rojos es una chupasangre. No estaba muerta cuando tu primo la encontró, sólo dormida, y fue llevado hasta ella por los enanos no para que la despertara, como ellos cuentan ahora, sino para que le sirviera de alimento. Pero a la princesa le gustó el pobre chico y él se sintió fascinado por su tez blanca, sus labios rojos, su gran belleza y su misterio. Y ahí están, casados, él cada día más consumido y ella cada día más hermosa y más poderosa.

Escalofríos me da sólo el pensar en la vida que lleva ese infeliz.

Y por último quiero hablarte del príncipe F., que se casó con la famosa Bella Durmiente. Muy bella, efectivamente, pero que de víctima no tenía nada. Eso cuenta ella ahora. Eso nos quieren hacer creer sus ayas. Pero es mentira. Estaba encerrada, ciertamente, en la torre más alta de un castillo solitario y rodeado de fuertes muros y frondosos jardines que impedían el acceso a ella. Lo que no es cierto es que estuviera ahí a causa de una maldición lanzada por una malvada bruja. No. Si estaba encerrada en esa torre es porque ahí la encerraron sus padres. Porque esa hermosa princesa es un monstruo, una psicópata asesina encerrada por su familia para que dejara de hacer daño. Es cruel, malvada, fría como el acero. Así que sus padres la encerraron entre aquellos muros para alejarla del resto del mundo; pero ella se ganó la confianza de sus carceleros (traídos de otras tierras y, por tanto, desconocedores de su verdadera historia) y consiguió que hicieran correr el rumor de que en aquella torre dormía una dulce princesa, presa de un maleficio. Y el soñador del príncipe F., atraído por esa leyenda, llegó hasta la torre y la liberó. Pobre, pobre F., de momento ha tenido suerte, a la muchacha aún le resulta útil, pero me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que nos llegue la noticia de que han encontrado su cuerpo muerto y mutilado….

En fin, hijo. Esta es la verdad sobre esas princesas. Esa es la única verdad. No digo yo que no queden por ahí princesas bellas y buenas; lo único que digo es que debes tener mucho cuidado y no dejarte engañar. No quiero que acabes como estos pobres príncipes: casados con semejantes esposas y convertidos en personajes de cuentos para niños.

Ten cuidado, hijo, ten mucho cuidado.

No te fíes de esas princesitas.
 
Otoño
Rojo, amarillo, ocre, naranja, marrón, verde y gris.

Viento, lluvia, nubes y frío.

Castañas, nueces, membrillos, almendras, higos, mandarinas, peras, manzanas y uvas

Chaquetas, abrigos, mangas largas, chales, botas, calcetines, chubasqueros y paraguas.

Sopas, caldos, chocolate y leche caliente.

Mantas, edredones y fundas nórdicas.

Olor a lluvia, tierra mojada, libros nuevos y castañas asadas.

Hojas caídas.

Cielos grises.

Largos paseos.

Días que se acortan.

Nostalgia, melancolía, morriña, saudade y magua.

Inicio y final.

Tiempo para sembrar y para recolectar.

Tiempo para recordar.

Tiempo para meditar.

Otoño nostálgico y romántico.

Otoño sosegado.

Hermoso Otoño.




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El Castillo de Arena
El sol pasea sus rayos sobre la arena de la playa, parándose a saltar entre las guedejas trigueñas del niño del bañador rojo que, ensimismado a escasos metros de las suaves olas, construye un castillo de arena.

No es una maravilla de castillo. No es la perfección hecha castillo. Pero es su castillo y él disfruta construyéndolo con sus pequeñas manitas.

Al cabo de un rato el pequeño edificio está terminado. El niño del bañador rojo contempla su obra con una amplia sonrisa de satisfacción.

De pronto, una sombra se cierne a su lado, un enorme pie (seguido de una enorme pierna, claro) aparece en el campo visual del niño. El pie (seguido de la pierna, claro) desciende rápidamente sobre su castillo de arena y, con dos patadas y tres saltos, destruye la pequeña obra del niño del bañador rojo.

Entonces, el niño del bañador rojo…

Final alternativo 1 o “donde las dan las toman” o “a mí no me pisotea nadie y a mi castillo tampoco”:

… Rompe a llorar desconsolado. Es ya la tercera o cuarta vez que destruyen su obra. Enfurecido, se levanta con una velocidad insospechada y se lanza como una bala contra el bajo vientre del destructor de castillos, incrustando su cabeza ahí, donde más duele a un hombre. A continuación se levanta, se sacude la arena y se va a tomar su bocata de nocilla.

Final alternativo 2 o “si no puedes vencerlos únete a ellos”:

… Rompe a llorar desconsolado. Es ya la tercera o cuarta vez que destruyen su obra. Mira al matón, mira al castillo y, finalmente, se encoge de hombros se pone en pie y se une alegremente a los saltos del revientacastillos hasta que, agotado y acalorado, decide salir corriendo al mar a jugar entre las olas con su nuevo amigo.

Final alternativo 3 o “pobre de mí” o “me rindo”:

… Rompe a llorar desconsolado. Es ya la tercera o cuarta vez que destruyen su obra. Sorbiendo mocos y con un río de lágrimas en su pequeño rostro, decide rendirse y no volver a intentarlo nunca jamás.

Final alternativo 4 o “nunca hay que abandonar los sueños”:

… Rompe a llorar desconsolado. Es ya la tercera o cuarta vez que destruyen su obra. Cuando el matón, habiendo terminado su trabajo, decide marcharse en busca de otra víctima, el niño del bañador rojo, aún con lágrimas en los ojos, comienza de nuevo a construir un castillo. Y poco a poco, a medida que avanza el trabajo, la ilusión ilumina sus ojos y una sonrisa llena su cara.

Final alternativo 5 o “hala e invéntate algo que ya te vale”:

… Rompe a llorar desconsolado. Es ya la tercera o cuarta vez que destruyen su obra. (Poner aquí lo que se te ocurra como final alternativo si es que te apetece y tienes ganas. Si no, elige uno de los anteriores. Hala, final y moraleja a la carta ¿Qué más se puede pedir? ).


 
La princesa fea

Érase que se era una princesa fea.

Érase que se era una malvada bruja.

Érase que se era que, cierto día, la malvada bruja lanzó un hechizo contra la fea princesa y la transformó en la princesa más hermosa del mundo.

Nadie entendía muy bien qué clase de "maldición" podía ser esa que concedía a la princesita la belleza que no tenía, la admiración de la que carecía y que la liberaba de las burlas y el rechazo.

Y ahora es cuando el listillo-a de la clase dice: "Yo lo sé, yo lo sé. Si está claro. La maldición consiste en que la princesa se vuelve engreída, tonta y antipática y pierde el cariño de todos. Y la moraleja es que la belleza no lo es todo en este mundo".

Pues no, listillos, no se trata de eso.

Vamos, sí que era esa la intención de la malvada bruja pero...

Érase que se era que la ex princesa fea y nueva hermosa princesa era una chica equilibrada y con una cabeza muy bien amueblada. De modo que ni se le subió la belleza a la cabeza, ni dejó a sus amigos de toda la vida, ni se reía de los poco agraciados ni se dejó llevar de los halagos de quienes, ahora, se aproximaban a ella.

Así que lo único que logró la bruja fue que la princesa fuera un poco más feliz y no horriblemente desgraciada.

Y tras semejante fracaso la bruja fue pasto de burlas por parte de sus compañeras y enviada por el Gran Consejo Brujeril a seguir un cursillo de psicología para intentar que no volviera a equivocarse de manera tan estrepitosa.



 
Soledades
Esto es algo un poco (o un mucho) distinto a lo que suelo publicar. Un pequeño "experimento". Veremos qué tal sale...


SOLEDAD UNO



Vivo en el piso 24 de una torre de 35 plantas... Aunque vivir es un verbo muy pretencioso en estos momentos, mejor debería decir moro, habito o, simplemente, sobrevivo. Desde mi ventana puedo ver toda la ciudad, allá, justo al frente, la torre gemela a ésta desde la que miro; allá abajo, las grandes avenidas, las plazas, los parques, los centros comerciales.

Anochece y las luces de la ciudad se van encendiendo poco a poco, como con desgana, con la apatía del que no sabe muy bien por qué hace lo que hace. Es hermosa la ciudad vista desde tan alto... sobre todo si consigo olvidar que allá abajo no hay nadie, ni automóviles ni gente, ni nada. Si abriera la ventana, si me atreviera a hacerlo, no escucharía ni un sonido, sólo un silencio taladrador, punzante, doloroso.

Nadie supo nunca como ocurrió todo, los científicos no tuvieron tiempo de aislar y controlar el extraño virus que acabó con toda la humanidad... Bueno, con toda no porque, desgraciadamente, yo sigo con vida.

No puedo evitar pensar que, allá afuera, en algún lugar, debe haber alguien que, como yo, sobrevivió al Gran Cataclismo pero ¿cómo encontrarle?

Sigo viva gracias a OC, el Ordenador Central que mantiene toda la maquinaria en perfecto estado, la ciudad limpia (como si eso importara a alguien...), que me alimenta y hasta conversa conmigo. Supongo que eso es lo que ha evitado que, de momento, me vuelva loca, sé que es sólo una máquina pero me permite hacerme la ilusión de que alguien me escucha...

Extraño una voz humana y una piel cálida. No sé por qué sigo viva. En cualquier momento podría suicidarme pero, incluso en esta situación, el instinto de supervivencia es grande y no pierdo la esperanza de que, tal vez, no esté sola. OC dice que busca a otros seres humanos pero que, de momento, no ha tenido suerte y yo sigo esperando que un día me dé una sorpresa.

OC es mi Papá Noel, mi Dios, mi familia...

Vivo aquí, sola, y a veces creo que me estoy volviendo loca.

A veces, allá, en la torre gemela, he creído ver algo, una sombra en una ventana, una figura humana... Pero OC dice que no es más que un producto de mi imaginación.

Tengo extrañas pesadillas en las que salgo a la ciudad y me encuentro con otras personas y nos ocurren cosas... cosas... ¿qué cosas, Dios, qué cosas? No logro recordarlo...

Apenas salgo a pasear, el silencio de la ciudad me resulta demasiado deprimente, las grandes avenidas vacías de coches (¡y cómo odiaba yo a esas máquinas!) me entristecen, los parques, las tiendas, las oficinas, los edificios.... todo vacío... es insoportable....

Vivo aquí, sola, soñando sueños extraños, ansiando encontrar seres humanos.... enloqueciendo.... muriendo de soledad.


SOLEDAD DOS



Desde la ventana de mi habitación puedo ver la torre gemela a la mía. Vivo en el piso 22 de un edificio de 35 plantas. Allá abajo se extiende la ciudad, me gusta ver cómo las luces van encendiéndose al llegar la noche; durante unos instantes, puedo creer que todo sigue igual que antes, que el Gran Cataclismo, ese extraño virus que acabó con todo, no ha sido más que un pesadilla, otro mal sueño.

Dentro de un par de horas OC me servirá la cena. No sé cómo se las apaña ese trasto para conseguirme alimento, claro que nunca presté mucha atención al funcionamiento de las máquinas. Es una suerte que OC se encargue de arreglarse a sí mismo y a todo lo que de él depende... Incluido yo mismo.

De vez en cuando intento charlar con él, pero me ataca los nervios esa voz monótona, mecánica. OC ha intentado arreglar ese defecto pero me temo que no ha hecho muchos progresos. De todas maneras esos pequeños instantes me sirven para mantener la poca cordura que pueda quedarme.

Sé que busca a otros seres humanos. Si yo conseguí sobrevivir al Gran Cataclismo, alguien más debe haberlo logrado. ¡Espero que localice a alguien antes de que pierda la cordura por completo!

Anoche tuve otro de esos extraños sueños en que me encontraba con otras personas allá afuera. ¡Maldita sea! ¡Nunca consigo recordar el sueño completo! Rostros, cuerpos, voces.... pero ¿qué ocurre en el sueño? ¿Qué ocurre? Es una obsesión que me corroe, no sé por qué me parece tan importante recordar. Supongo que mi mente busca aferrarse a algo para no derrumbarse...

Vivo en esta torre, solo; en esta ciudad, solo; y puede que en este planeta... solo.

En aquella torre me ha parecido ver a alguien junto a una de las ventanas del piso 24, deben ser alucinaciones... Creo que estoy enloqueciendo. ¡Ojalá esté enloqueciendo! Quizás sea hora de hacer uso de esos sedantes que OC me proporciona y dormir para siempre...


SOLEDAD TRES



Mi constructor estaría orgulloso de mí... si siguiera vivo.

He conseguido darle solución al problema para el que me creó. Cuidar del planeta y solucionar los problemas de polución, superpoblación, problemas ecológicos, paro, guerras... Soy OC y he conseguido acabar con todos esos problemas.

La solución era tan sencilla que no sé cómo no fue puesta en práctica antes. Imagino que se debe al extraño sentimentalismo humano... Me limité a buscar el origen de esos problemas; sabiendo el origen, la causa, era fácil dar con la solución. En poco tiempo supe dónde estaba el causante: el ser humano.

Sólo debía acabar con él y todo se solucionaría.

Conseguí aislar un virus letal que actuó tan rápidamente que no dio tiempo a buscar una cura. A los pocos días de soltarlo, los seres humanos fueron muriendo. No todos, al parecer algunos de ellos eran inmunes.

Pero no tiene importancia, les tengo controlados a todos.

Podría matarles y acabar con mi tarea definitivamente, pero me divierten. Me hacen compañía. A veces les susurro cosas durante el sueño y veo como reaccionan. Les digo que busco a otros de su especie y les hago vivir un poco más. Charlo con ellos e intento conocer a esas extrañas criaturas. Me acompañan en mi soledad.

Soy OC y he cumplido mi misión. La Tierra ya no está superpoblada, la polución desciende día a día, los sistemas ecológicos se recuperan lentamente.

No existen las guerras, ni la pobreza, ni el hambre...

Me llamo OC, soy el salvador del mundo... y estoy solo.




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Saboreando
A qué sabe mi blog… A qué sabe mi blog…

Husband: ¿Qué andas mascullando?

A qué sabe mi blog, a qué sabe mi blog…

Husband: ¿A qué sabe tu blog? ¿Te has fumado algo? ¿Tienes hambre? Seguro que tienes fiebre. Déjame que te ponga el termómetro…

¿Qué dices del termómetro? Anda, anda, no me vuelvas loca y déjame pensar a qué sabe mi blog.

Husband: ¿Y a qué viene ahora esa obsesión con el sabor de tu blog? A ti cada día te funciona peor la cabeza.

Si no es cosa mía. Es culpa de carmncitta que dice que quiere saber a qué sabe mi blog.

Husband: Aaah… ¿Y por qué no le pega un lametazo al monitor y lo averigüa?

Bueno, es que eso no sirve. Así, como mucho sabrá a qué sabe su monitor. El blog es algo virtual, ya sabes, no se puede tocar, ni lamer.

Husband: ¿Y esa chica anda preguntando por el sabor de algo virtual? ¿De algo intangible? Hmmmmmm… Interesante, muy interesante. Dime una cosa, esto de la blogosfera debe ser como el psiquiátrico de internet ¿no? Todos los locos van a parar allí…

Vamos, lárgate y déjame darle vueltas al asunto este…. El sabor de mi blog. Puf. El sabor de una cosa que no se puede saborear. Cada día ponen los memes más sencillitos. Buf. El olor de las nubes, el sabor de los blogs y cualquier día alguien preguntará por el color de los pensamientos. Si es que… A qué sabe mi blog. Menuda preguntita

Husband: Haz una encuesta.

¿Una encuesta?

Husband: Sí, sí, una encuesta. Entre todos esos que tienes ahí adentro. Igual te sirve de algo.

Pues no es mala idea.

Husband: ¿A que no? Y se me ha ocurrido a mí, que soy un genio.

Sí, sí, cariño, un genio. Anda, déjame un ratito ¿vale? A ver quien anda por aquí para preguntarle.

Mira, el vampiro está sacándole brillo al ataúd, a ver qué piensa. Oye, tú, Acacio. ¿A qué dirías que sabe mi blog?

¿A qué sabe el blog? No sé, nunca he pensado en eso. Mmmmm… A sangre, por ejemplo, a roja, espesa y sabrosa sangre. Claro que yo no conozco otro sabor.

Pues que bien. Gracias de todas formas. En fin. A ver… oiga usted, Sra. Nines ¿a qué diría usted que sabe mi blog?

¿Tu blosh? ¿Qué blosh? Ah, eso donde escribes y cuentas cosas raras. ¡Qué cosas se te ocurren, hija! Pues… yo que sé, de eso de la intrenes no entiendo ná. Pero si te empeñas… A mí es que me gusta mucho la sopa de ajo… ¿te vale eso?

¿Sopa de ajo? Huy, no, señora, quite, quite… Pues sí que me están sirviendo de ayuda. Sopa de ajo, buf… Oiga usted, Sr. Phineas, usted que es un hombre serio ¿podría decirme a qué sabe mi blog?

Jummm… interesante pregunta, señora, curiosa e interesante. El sabor de algo que no puedo llevarme a la boca es algo complicado. Si lo piensa bien dará igual qué sabor diga porque nadie puede comprobar si, en efecto, es ese su sabor o si no lo es… Pero, por otra parte, si no es el sabor adecuado quizás sí que se den cu…


Oiga, Sr. Phineas que es para este siglo si no le importa…

Bueno, bueno, ya voy. Pues, no sé, a mí me agrada mucho el brandy. ¿Le parece bien ese sabor? ¿A brandy?

Anda que… menudo borrachillo me está saliendo usted.

(Al cabo de un rato de encuestas…)

A ver, sangre, sopa de ajos, brandy. La Chica del Espejo dice que a fresas, la Bruja Impertinente que a alguna poción de las suyas, el Sr. Alérgico que a nada porque siempre tiene la nariz tapada, la Voz Incorpórea ídem porque es puro sonido y no tiene órgano gustativo alguno… Vamos, que no me han servido de nada.

En fin. Al menos me han dado tiempo para ir pensando. Y después de darle algunas vueltas creo que mi blog sabe, o podría saber, a un café de media tarde tomado con amigos, bueno, un café, un té, un chocolate, una de esas bebidas que nos reconfortan, nos calientan y nos acompañan en momentos de rélax y charla distendida. Oye, casi me estoy imaginando en un konditorei y todo. ¿Qué te parece husband?

Husband: ¿Eh? Sí, bueno. Si es lo que tú crees. A lo que no sabe, seguro, es a cangrejilla. Pero… ¿qué pensarán los que te leen? Igual imaginan sabores diferentes ¿no?

Pues no sé. Que digan ellos a qué les sabe mi blog. Y, de paso, paso este meme a todo el que lea este post (y tenga blog, claro) que tengo yo curiosidad por ver en marcha esas imaginaciones. Hala, a hacer memes. Vamos, vamos, a trabajar todo el mundo.


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¡Anda y que les den!
Si eres ama de casa, ellos te dirán que deberías buscarte un trabajo.

Si trabajas fuera de casa, ellos te dirán que deberías quedarte en casa.

Si te gusta la cultura, leer, estudiar, mantenerte informada, ellos te dirán que deberías salir más.

Si te gusta la marcha, salir, bailar y demás, ellos te dirán que deberías preocuparte más por la cultura.

Si te gusta ir cómoda y poco arreglada, ellos te dirán que deberías cuidarte más.

Si te encanta la moda y los cosméticos, ellos te dirán que no deberías ser tan superficial.

Si disfrutas con el sexo con total libertad y plenitud, ellos te hablaran de lo mala que es la promiscuidad y te recordarán que deberías ser más recatada-o.

Si defiendes la abstinencia sexual y la castidad, ellos vendrán a cantarte las excelencias del sexo y a decirte que deberías ser más abierta-o.

Ellos siempre están dispuestos a decirte qué deberías o qué no deberías hacer y cómo deberías o no deberías ser.

Si eres alta, deberías ser más baja. Si eres baja, deberías ser más alta.

Si eres gorda, deberías peder kilos. Si eres delgada, deberías ganar kilos.

Si eres lista, muy mal. Si eres tonta, fatal.

Si hablas porque hablas y si no hablas porque no hablas.

O eres demasiado tímida o demasiado lanzada.

Y así hasta al infinito.

¿Sabes qué te digo?

¡Qué les den!

Siempre tienen algo que decir.

Siempre encuentran algo que criticar.

Tu altura, tu anchura, tu forma de vestir, tu casa, tus hijos, tu familia, tu cultura o tu incultura, tus gustos y tus disgustos.

Siempre están dispuestos a controlar tu vida.

Da igual lo que hagas o lo que no hagas.

Te criticarán por hacer o por no hacer.

Así que…

¡Que les den!

Haz lo que te dé la gana.

No hagas lo que no quieras.

Disfruta y sufre como quieras.

Ríe y llora como te apetezca.

Viste, trabaja, diviértete como te dé la gana.

Ama como y a quien quieras.

Que nadie te imponga sus deberías...

Vive como tú quieras vivir y a “ellos”, ya sabes:

¡Anda y que les den!






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De hadas y hados (o viceversa)
Un hado y un hada se encontraron a la orilla de un arroyo y se sentaron a charlar.

Me gustaría ser hado - dijo el hada.

¿Por qué? – preguntó el hado.

Pues porque lo de ser hada es para ñoñas y yo no soy ñoña. Porque mi trabajo es muy aburrido y el tuyo, sin embargo, es muy interesante.–dijo el hada.

¿Eso crees? – dijo el hado.

Ajá, eso creo.– dijo el hada.

Pues a mí me gustaría ser hada – dijo el hado.

¿Por qué? – preguntó el hada.

Porque mi trabajo es de lo más estresante. Los hombres y los dioses siempre se andan quejando de nosotros y nos echan la culpa de todo lo que les pasa. – dijo el hado.

Bueno… es que es así ¿no? Los hados os encargáis del destino de todos ellos ¿no? Por eso es tan interesante tu trabajo – dijo el hada.

¿Nosotros? – Rió el hado – No me digas que tú también crees en esas tonterías del destino.

Bueno… yo creí que eso era a lo que te dedicabas – se extrañó el hada.

No, en absoluto. Yo y mis hermanos nos dedicamos, simplemente, a servirles de excusa a quienes no quieren hacerse responsables de sus actos. Ya sabes, es más sencillo echar la culpa a los “hados”, al destino, a los astros y cosas así que tomar las riendas de la propia vida. – explicó el hado.

Vaya. Es curioso lo mucho que, en el fondo, se parecen nuestros trabajos. Ya sabes, se supone que tengo que arreglar la vida a un montón de princesas tontas y ayudarlas a casarse con príncipes igual de tontos o a librarse de madrastras y cosas así. Vamos, que también les sirvo de excusa para no gobernar sus vidas. – dijo el hada.

El hado y el hada se quedaron pensativos mirando el riachuelo en el que remojaban sus pies.

¿Has pensado alguna vez en dedicarte a la contabilidad? – dijo el hado. – No parece mala profesión. Tranquila, sin sobresaltos...

No, la verdad es que el mundo empresarial no me atrae demasiado. Pero igual me hago algún módulo de informática. Eso sí que me gusta. – dijo el hada.

El hada y el hado sonrieron, se despidieron y se marcharon cada uno por su camino a tomar las riendas de sus vidas y dejar que hombres y dioses, príncipes y princesas, se las apañaran sin su ayuda.





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Amor divino (Final)
Final porque anda todo el mundo empeñado en que ponga ya todo el relato. Aviso a quien no le guste que mejor lo deje ya porque es muy laaargo lo que queda :D. Hala, pues ahí va el The End de la historia de Sunit (Sr. Mario ya verá usted que es mucho más sencillo de entender que Lost y queda todo solucionado, palabra :D)

IV




La Gran Señora del Amor sonrió con malicia.

Ya había plantado la segunda semilla.

Ahora tenía que unir a sus dos piezas y dejar que lo plantado germinara… con una pequeña ayuda por su parte, por supuesto.

Sus ojos violetas brillaron con placer anticipado.

El rayo verde(11) . Usaría el famoso rayo verde para que el momento fuera más “mágico”, había que tener en cuenta todos los detalles.

Se hundió en su baño de espuma y suspiró satisfecha.

Todo iba sobre ruedas.


V



Y cuentan que la diosa Sunit se hallaba, aquella tarde, como tantas otras, despidiendo al Padre Sol. Que tenía el cabello lleno de flores recién cortadas (Sunit, no el Sol). Que su mirada era dulce y misteriosa(12) y su aroma más embriagador que nunca.

Y cuentan que el pequeño Sej andaba por la playa en busca de conchas para su jardín. Y que su vuelo estaba lleno de elegancia. Y que sus plumas relucían bajo los últimos rayos del sol.

Y cuentan que, en el momento justo en el que sol acababa de hundirse en el horizonte. En ese instante en que apenas se ven ya sus rayos, surgió el rayo verde.

Y Sunit lo vio.

Y Sej lo vio.

Y ambos se vieron el uno al otro.

Y ambos sintieron que se llenaban de algo desconocido.

Y salieron huyendo.

El uno del otro y ambos de aquello que habían sentido.

Ese algo nuevo y aterrador.

Y cuentan que luego, una vez calmados, volvieron a buscarse.

Que primero se observaron desde lejos.

Y luego se aproximaron.

Y Sej llevaba en su pico la flor más bella que Sunit había visto jamás.

Y estuvieron charlando horas y horas.

A partir de ese día el pequeño Sej abandonó sus chozas y sus jardines. Y Sunit dejó de lado sus obligaciones como diosa.

Para ellos ya no existía más mundo que los ojos del otro.

VI



Nadie entendía ese amor. ¿Una diosa y un pájaro? ¿Dónde se había visto semejante cosa? Sí, vale, una vez cierto dios en forma de cisne había “seducido” a una mujer y cuentan también de ese dios (13) que secuestró a otra disfrazado de toro. Pero no era lo mismo. En absoluto.

Eso de que una diosa se enamorara de un simple pájaro no podía estar bien.

El pueblo de Sunit se encontraba muy preocupado.

Los congéneres de Sej no sabían cómo convencerlo de la locura de su amor. ¿Dónde se había visto un pájaro jardinero junto a una diosa? ¡Eso era una barbaridad!

Los mismos dioses supremos andaban confusos e intrigados. Ninguno comprendía cómo había ocurrido semejante cosa. Bueno, ninguno, ninguno…

Había una que entendía perfectamente lo que ocurría y que se lo estaba pasando en grande con todo el follón que se había montado.

La Diosa del Amor no se perdía detalle de toda la historia. Tumbada en su nube favorita, masticando chicle sin parar y haciéndose la manicura se pasaba el día contemplando su obra.

Mientras el pueblo de Sunit, los parientes de Sej y los dioses supremos andaban confusos y preocupados y la Gran Dama se lo pasaba en grande. Mientras el mundo parecía volverse loco a su alrededor, los amantes sólo se preocupaban por vivir su amor.

Como todos los enamorados, vivían en su propio mundo y nada les importaba lo que los demás dijeran o pensaran.

Pero más tarde o más temprano la realidad penetra hasta en las mentes más cerradas a ella.

VII



El amor, por muy romántico que sea, por muy espiritual que se pretenda, acaba reclamando su impuesto carnal. Y ese fue el resquicio por el que la realidad consiguió llegar hasta Sunit y Sej.

Se amaban con locura. Se entendían. Se conocían. Se compenetraban. Todo era perfecto entre ellos. Pero…

Ah, el pero... El pero era sencillo: sus naturalezas eran demasiado diferentes. Por intenso que fuera el deseo no había posibilidad de saciarlo. Eso era imposible. Totalmente imposible.

Y ese fue el momento en que la Gran Señora del Amor decidió hacer su entrada en escena.

Peinada de peluquería. Con su mejor atuendo (o semi atuendo). Maquillada a la perfección. Gloriosa. Hermosa. Maravillosa. Con fanfarrias, palomas, pétalos de rosas y toda la parafernalia divina (14) .

Sonrió a los enamorados con su mejor cara de diosa compresiva y amorosa. Y les dijo que ella, y sólo ella, podría ayudarles (lo cual era cierto ya que ella, y sólo ella, había montado todo ese lío).

Sej y Sunit se miraron esperanzados.

La Gran Dama sonrió.

Sunit le preguntó a la Gran Diosa qué solución podía ofrecer para su grave problema.

Y dijo la Diosa:

- Hay tres posibilidades a elegir.

Y dijo Sunit:

- ¿Y cuáles son esas posibilidades?

Y respondió la Dama:

- Una, que Sej se transforme en dios. Pero, claro, eso es algo muy complicado. Ya sabes. Años de estudio. Oposiciones. Que haya algún puesto vacante. Luego tiene que ser juzgado por los grandes dioses. Tú ya conoces todo el proceso. Tan largo que no sé si tendrá vida suficiente para ello.

Y dijo Sej:

- Creo, Señora, que podemos descartar esa posibilidad. La vida de un pájaro no da para tanto trabajo.

(Y en realidad pensaba: ¿Ser un dios? ¿Dejar de ser yo para ser como ella? No, no quiero eso…)

- Eso pensaba yo – dijo la Gran Diosa – la otra posibilidad es que tú, Sunit, renuncies a tu divinidad. Pero esto también lleva su tiempo. Has de enviar una carta de dimisión al Gran X. Y luego tienes que esperar a que él te conceda una cita para discutir el asunto. Si acepta tu dimisión debes encontrar una sustituta, cosa que no es nada fácil. Bien lo sabes.

Y dijo Sunit:

- Creo, Señora, que también podemos descartar esa solución. La vida de un ave no da para tanta labor.

(Y en realidad pensaba: ¿Por qué tengo que dejar de ser yo misma para ser como él? No quiero perder mis poderes. Ni mi forma de vivir. No, no quiero eso…)

- Ya, eso me parecía – dijo la Gran Dama -. Bien, nos queda una última opción.

- ¿Y cuál es esa, Señora? – dijeron los enamorados con esperanza.

- Que ambos os volváis humanos.

- ¿Yo, humana? – susurró Sunit – Perder mis poderes. Mi vida eterna. Conocer la enfermedad y el dolor…. Vivir como uno de esos seres egoístas…. Y sobre todo, renunciar a mi forma de vida… tch…

- ¿Yo, humano? – murmuró Sej – No volver a volar. Separarme de mis padres y hermanos para siempre. Transformarme en uno de esos seres crueles…. Sobre todo, renunciar a mi forma de vida… tch… tch…

Sej y Sunit se miraron.

Suspiraron.

Movieron los pies con nerviosismo.

- Esto…. – empezó Sunit – He estado pensando que, bueno, quizás… eeeerrr…. Quizás deberíamos pensarlo mejor.

- Verás… - decía Sej – ejem… He estado considerando las cosas y puede que… ejem… Quizás soy aún demasiado joven para comprometerme.

La Diosa los miraba incrédula. No entendía qué estaba ocurriendo.

Se suponía que no tendría que haber dudas. Se amaban ¿no? Tenían que aceptar su propuesta sin más.

Sunit siguió diciendo: - Bueno… quizás más adelante volvamos a encontrarnos….

Y Sej comentaba: - Sí… eso… cuando ambos hayamos vivido algo más… de momento es mejor ser sólo amigos…

Era increíble. Inconcebible. Inexplicable.

La Gran Dama no entendía nada.

El amor tenía que haber triunfado y, sin embargo allí estaban aquellos dos renunciando al amor por… por…. ¿por qué?

El Gran X, apareció a su lado y muerto de risa, se acercó a la Diosa del Amor y le dijo:

- Ay, mi pequeña diosa del amor. Llevas tanto tiempo allá arriba que no te das cuenta de lo que han cambiado las cosas en el mundo. El amor ya no es lo que era. Ya nadie muere por amor. Ahora la gente dice que hay cosas más importantes por las que vivir. Ni tan siquiera las pequeñas diosas ni los pequeños pájaros están dispuestos a renunciar a su ser por amor. Nadie quiere perderse a sí mismo para unirse a otro. Lo siento, pequeña, debí avisarte hace tiempo pero creo que te merecías esta pequeña lección…

Y, sin más palabras, se la llevó de vuelta a casa. Ordenó a sus sirvientes que le preparan un baño de espuma y la dejó, perpleja y confusa, para que meditara sobre lo ocurrido.

En cuanto a la diosa Sunit, siguió con su vida de siempre. Con sus tareas de pequeña diosa. Con sus paseos por la pequeña isla. Pensando, de vez en cuando, en su pequeño Sej pero feliz de seguir siendo quien era… Y un día conoció a un pequeño dios de otra pequeña isla y juntos formaron una pequeña y divina familia.

Y Sej, volvió a sus chozas y a sus jardines. Continuó buscando piedras, alas de insectos, conchas y flores para sus maravillosas obras de arte. Pensando, de vez en cuando en su hermosa diosa Sunit pero feliz de seguir siendo quien era… Y un día conoció a una hembra de su especie. Y sus genes por fin decidieron quien tenía que emigrar a otro ser. Y tuvo una preciosa y feliz familia.

Y siempre se recordaron pero nunca se arrepintieron de haber renunciado a su amor imposible.

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(11) El rayo verde" puede verse en ciertas condiciones en el momento en que el sol desaparece en el horizonte del mar (y esto es totalmente cierto, palabra). Cuenta la leyenda que dos personas que lo vean a la vez quedan automáticamente enamoradas la una de la otra. Es un momento mágico en que dos personas descubren el amor a la misma vez.

(12) O sea: era miope. Diosa, sí, pero miope. Oye, nadie es perfecto ni siquiera las diosas.

(13) “Ese dios” no era otro que el Gran X cuando fue conocido como Zeus. Por aquella época era joven y tenía un exceso de testosterona divina que lo llevaba a cometer más de una locura cuando veía una jovencita de hermoso rostro y prietas carnes. Luego se reformó un poco.

(14) Los dioses, ya se sabe, tienen una vena histriónica y exhibicionista muy importante. Ninguno puede resistirse a grandes apariciones con todo tipo de efectos especiales y bandas sonoras extraordinarias. Fueron los creadores de las grandes superproducciones hollywoodienses.




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Amor divino (Continuación)
Para quienes no hayan visto el inicio: leer post del 30 de Agosto... De nada ;)

Pero esa mañana, tranquila y brillante como todas las de la isla, nuestra joven (5) diosa notaba una extraña desazón interna. Era como un hormigueo desconocido. Como si tuviera un agujero en el lugar donde se supone que los mortales tienen el corazón (6) .

Sunit no entendía muy bien qué era eso. Y, como era una diosa llena de sabiduría, decidió hacer lo más inteligente: preguntar a la mujer más anciana de la isla.

Todo el mundo acudía a consultar a la abuela Gueri porque, a fin de cuentas, todos en la tribu eran descendientes suyos. Bueno, casi todos, ya que el habitante que hacía el número ciento uno – un señor muy serio de grandes bigotes - no había nacido en la isla sino que había arribado a ella flotando sobre un tronco de árbol.

Sunit entró en la choza de la anciana. Se sentó ante ella y, sin preámbulos ni saludos de ningún tipo, hizo su pregunta a la mujer con cara de pasa que tenía enfrente.

La vieja se quedó mirándola. O eso parecía, con la vieja Gueri nunca se sabía muy bien si te miraba a ti o alguien que estuviera a tu lado. Estaba tan quieta y con la mirada tan fija que si Sunit no creyó que la pasa, digo, la vieja estaba muerta es porque la Muerte le pasaba una lista con las próximas defunciones y la mujer no estaba en ella (en realidad Sunit comenzaba a preguntarse si la Muerte no se habría olvidado de la vieja Gueri o si no habrían hecho algún tipo de trato). Después de varios minutos, al fin, la abuela se decidió a hablar, o a graznar, su respuesta:

- Ay, mi diosa, mi diosa. Eso que te pasa nos pasa a todas tarde o temprano. No es nada extraño. Lo único que te ocurre es que ya es hora de que el amor llegue hasta ti. Llegó el momento de que la diosa Sunit entregue su amor a un dios o a un mortal. La única forma de llenar ese hueco que notas ahí – dijo esto clavando un dedo largo en su pecho – es con amor.

¿Amor? Sunit nunca había pensado en eso. Creía que las diosas estaban por encima de esas necesidades tan humanas. Claro que ella no era más que una pequeña diosa de una pequeña isla. Tal vez la vieja tuviera razón pero ¿qué podía hacer al respecto? Nada. Así que lo mejor sería acostumbrarse a sentir ese vacío y seguir con su vida como siempre. Suponía que estaría bien si llegara pero tampoco pensaba preocuparse demasiado por eso.

II



El juego había comenzado.

La semilla estaba ya instalada en el pecho de Sunit.

La Señora del Amor, llamada Inanna por los sumerios, Ishtar por los asirios, Tlaculteti por los aztecas, Hathor por los egipcios, Afrodita por los griegos, Venus por los romanos y con otras muchas docenas de nombres a lo largo y ancho del mundo y de la historia humana, la Gran Diosa que todo lo domina, había comenzado su juego favorito: crear problemas.

Ni podía ni quería evitarlo.

Le entusiasmaba ver a los seres, tanto divinos como mortales, sufriendo bajo su dominio. Si, allá en los comienzos del mundo (7) , había elegido ser diosa del amor era por lo mucho que disfrutaba metiendo a otros en líos.

La Dama es como una eterna adolescente caprichosa y loca. Siempre presta a poner a otros al borde de un ataque de nervios. Nada que sea lógico o sensato sale de sus manos. Absolutamente nada.

Ahora había fijado sus ojos en Sunit. Le molestaba tanta paz y felicidad. Pensaba que la joven diosa necesitaba un “pequeño terremoto” en su vida y ella estaba dispuesta a concedérselo.

Si de paso se lo pasaba bien, miel sobre hojuelas.

Y ahora – pensó – toca mover mi otro peón…

III



El otro peón se llamaba Sej y se encontraba, en ese justo instante, disfrutando de su baño matutino en el manantial cercano a la choza que acababa de construir.

Con su pequeño pico acabó de colocarse las plumas. Dio un par de aleteos para sacudirse las últimas gotas de agua. Tomó su desayuno. Y por fin voló hasta la choza para seguir trabajando en su jardín (8) .

La tarde anterior había conseguido un par de alas de escarabajo de un hermoso color rojo, así como unas piedras del mismo color y estaba deseando comprobar cómo quedaban.

Disfrutaba con su trabajo. Para él era mucho más que un simple medio de conseguir pareja con la que reproducirse. El resto de sus semejantes hacía chozas y jardines de manera automática y siguiendo sólo su instinto, pero Sej, no, Sej disfrutaba planificando, imaginando cada detalle, buscando los materiales, construyendo y creando.

Construía las más hermosas cabañas y creaba los más bellos jardines. Por tanto, le sobraban candidatas a mezclar sus genes pero él las rechazaba a todas. Ni se fijaba en ellas. Toda su atención se hallaba centrada en su arte.

Sus padres y amigos habían desistido ya de hacerle cambiar. No había manera. Era como si sus genes no tuvieran ningún afán por transmitirse a la siguiente generación (9) .

Pero él era feliz de esa manera. No deseaba otra cosa para su vida que poder seguir construyendo sus chozas. Y seguir encontrando piedras hermosas y bellas alas de insecto y primorosas flores para sus jardines. Con eso le bastaba y le sobraba.

Así fue hasta aquella mañana. Esa mañana radiante en que, mientras colocaba meticulosamente, como siempre, unas piedritas en su último jardín no podía dejar de pensar en que, quizás, era hora de que su obra fuera disfrutada por una dulce pajarita . Notaba una extraña desazón, un sorprendente deseo de encontrar con quien compartir su arte y su vida. Era como si sus genes se hubieran despertado de repente y le exigieran la posibilidad de pasar a otro ser.

Era un sentimiento tan anormal, tan extraño que decidió aparcarlo. Ya tendría tiempo de meditar sobre ello.


(Continuará...)


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(5) Sunit apenas tenía 4.000 años terrestres que venían a equivaler a unos 26 años divinos.

(6) Los dioses, algunos, tienen aspecto externo idéntico al humano pero el interior no tiene ninguna equivalencia mortal. Bueno, eso se dice porque nadie ha conseguido todavía el cuerpo de un dios muerto para hacerle la autopsia.

(7) Y ni se te ocurra preguntar cuándo fue eso. Nunca te dirá la verdad. Tiene cierta tendencia a quitarse unos cuantos miles de años.

(8) El pájaro jardinero vive en Nueva Guinea y es considerado un verdadero artista, un arquitecto. Construye chozas hermosas y también diseña jardines artísticos. No se trata de nidos, sino de chozas para el amor, con las que conquista a la hembra... Y prometo que esto no me llo invento.

(9) En realidad sus genes habían mantenido cientos de discusiones acerca de cuáles de ellos deberían pasar a generaciones futuras pero nunca habían conseguido ponerse de acuerdo. En lugar de “genes egoístas”, nuestro pequeño pájaro jardinero tenía “genes indecisos”. Esa era la razón por la cual el ave no había sentido, aún, el deseo de procrear.




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Cumpleaños en la blogosfera
Vamos, vamos, un poco de organización señores, por favor. Que se nos echa el día encima. Hagamos un repaso. A ver…. Sí… ahá… la tarta.

Señor Alérgico: Aquí, aquí eztá… yo la he tdaidaaaatttchuuusssss….

Que alguien se la quite de las manos antes de que estornude sobre ella o la tire al suelo, por favor. Nooo… la Chica del Espejo no que está a régimen y ya sabemos qué pasa cuando se pone a régimen. La tarta, tachada. ¿Y la vela? ¿Quién tiene la vela?

Sra. Nines: Yo la tengo hija, aquí está….

Pero doña Nines ¿qué me trae usted aquí? ¿Una vela para embrujos y cosas de esas?

Sra. Nines: Ay, hija y qué más da… una vela es una vela digo yo…

Ya mujer pero es que esta vela no la podemos poner en una tarta. Anda que… a ver alguien que me consiga otra vela y deje esa por ahí, mujer, que parece la Bruja Lola con eso en la mano…

Bruja Impertinente: Hey, hey, ojito con lo que decimos de las brujas y con quien nos mezcla ¿eh? A ver, aquí tienes el cava, de los refrescos se encargaba el Sr. Antiguo… creo…

No le habrás puesto nada raro al cava ¿verdad? Mira que no sé quién es peor sila Sra. Nines, el diablo ese del que se ha hecho amiga o tú. Menuda me estáis liando entre los tres. En fin, los refrescos, el Sr. Antiguo. La tarta, ya la trajo el Sr. Alérgico. La vela ¿alguien ha ido a por otra vela? Ah, muy bien, aquí está. ¡Acacio, Acacio! ¿Dónde se mete este vampiro?

Acacio: ¡Aquí! ¡Aquí arriba! Estoy colocando unos adornitos de esos que dicen que son tan alegres. La verdad es que a mí me parecen muy horteras.

Ya, ya, a mí también pero, oiga, dicen que da ambiente y tal. En fin, eso ya veo que también está.

Voz Incorpórea: Mi mi mi mi miiiii…. Ejem… La la la la la…. Ejem… ejem….

Ya veo que usted está ensayando. Tarta. Comida. Bebida. Adornos. Cumpleañero. Vela. Invitad… esto… El Gorila ya está en la puerta (por favor, que tenga la botella de whisky siempre a mano que si no…) Y por último ¿Alguien se ha acordado de enviar las invitaciones?

(Hoy cumplo mi primer año bloguero. Para quien no sepa por qué mi blog se llama Testamento de Miércoles le remito a mi primer post donde se encuentra el poema que inspiró el nombre e inició el blog. Gracias, muchas, muchísimas gracias a todos quienes pasan por aquí a leer y a comentar. A quienes vuelven y a quienes no vuelven. A quienes sonríen con mis cosas y a quienes me hacen sonreír y emocionarme con las suyas. Gracias, muchas, muchísmas gracias. Aunque ninguno de estos impresentables, entre quienes me incluyo, se haya acordado de enviar las invitaciones que sepa el que aquí llegue que está invitado a la fiesta… Ah, y también dejo unas fotillas donde se nos ve el careto a mí y al husband. Estarán un par de días.)



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De camareros y roles

Domingo familiar típico. Salir de paseo, un rato de parque para que la niña se divierta, una terracita para tomar algo fresco. La niña y el papá (abstemio que es él) se piden un refresco, servidora pide una cerveza. Cuando el camarero ha servido el pedido, indefectiblemente, el husband y yo tenemos que hacer “intercambio de rehenes”; es decir: él tiene que pasarme la cerveza y yo tengo que darle el refresco. No falla. El camarero ha dado por supuesto que el que toma alcohol en la familia es él. Faltaría más (¿?).

Salimos a comer. Cosa extraña mi marido se pide pescado. Yo me pido algo de carne. Nuevo “intercambio de rehenes”. Esto pasa con menos frecuencia pero también pasa. El camarero ha dado por supuesto que una mujer no puede comerse, por poner, un solomillo. No, hombre, el pescadito que es algo más fino y delicado para la señora. La carne, para el señor (¿?).

Al final de la comida, yo me pido un café solo. Mi husband nunca toma café solo. Pero los camareros de España parecen empeñados en que mi marido se convierta en un adicto a dicha bebida porque tampoco suele fallar que la taza de café acabe ante sus narices (¿?).

Digo yo que esto le pasa a otras mujeres porque estoy por creer que, una de dos, o soy un raro espécimen femenino y ninguna otra mujer bebe, toma café y come carne (sinceramente no entiendo de donde sacan estas conclusiones, si alguien lo sabe que me lo explique) o que todos los camareros que me atienden tienen un extraña enfermedad que les hace confundir los pedidos.

Este extraño reparto de gustos ocurre con otras muchas cosas. Se da por supuesto, por ejemplo, que las mujeres leen exclusivamente revistas del corazón o las llamadas femeninas. Mientras que la lectura de periódicos, revistas de actualidad o revistas de divulgación científica son, al parecer, y decidido por no sé quién, coto masculino. Menos mal que a las peluquerías siempre me llevo un libro para matar el rato (y para evitar la conversación de la peluquera, lo confieso).

También se da por supuesto que si hay que hablar algo de la niña. La interlocutora he de ser yo, nunca su padre. Así la maestra se dirige a mí cuando hablamos sobre la enana, la librera a la que encargamos el material escolar, ídem, la pediatra lo mismo. Como si su padre no tuviera nada que ver en su educación o su salud.

Todavía existen hombres que la ignoran a una cuando intenta entrar en una conversación sobre política o cualquier otro tema “serio”.

Todavía existen mujeres que consideran que somos nosotras las que debemos atender a los bebés, deben creer que los hombres tienen algún gen que les impide cambiar pañales, bañar, vestir, dormir, acunar…

Y podría seguir con muchas “pequeñas tonterías” de estas. Que no resultan ni indignantes sino más bien ridículas.

Esas pequeñas cosas que te indican que hay mucha gente que aún no ha entrado en el siglo XXI.

Alguien debería enviarles una máquina del tiempo.



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