Blogs.ya.com Quitar publicidad
Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
Sindicación
 
No he querido saber, pero he sabido…
No he querido saber, pero he sabido lo que no debía. Me adentro cada vez más en mi Inframundo y trato de alejarme de todo lo que se parezca a la vida, a la claridad de la Luz o, incluso, a mi Laguna del Olvido.
Ya no me acerco a mi Flor, y sé que eso no está bien. Pero esa Flor no me hace bien ahora, me recuerda a los buenos momentos, me recuerda los días en que podía reír sin que me dolieran todos y cada uno de los músculos del rostro. No quiero recordar, no puedo, por tanto, acercarme a ella. Incluso, ahora, está extraña. Es como si mi falta a su lado haya hecho que sus colores se hayan tornado más grisáceos. Es más oscura e incluso parece más callada. A veces, incluso creo, q oculta las cosas reales y sólo me muestra el color que quiere. Creo que a veces exagera esos tonos grises para hacerme más daño aún. No sé, creo que la locura se adueña de mí, pues pensar mal de mi Flor no es muy coherente, yo creo.
Y he huido de un lugar que no existía para llegar a otro que ya no existe. He dejado atrás las dos puertas que creí que se formarían y sólo han dejado el marco. Ahí está, el marco de madera de ambas, dejando el rastro de dolor de nuevo. Todo, ahora, me recuerda otros tiempos.
Trato de pasear, despejar mi mente. La Laguna tiene las aguas mansas para que vaya a ella. Pero tampoco quiero. No puedo. Me duele todo y nada, me siento mal y bien. Es angustia y alegría, es pena y gozo. Es La Nada de nuevo, que se ha adueñado de mí.
Pero, me desvío, decía que no he querido saber y he sabido. Y ha sido sin querer. Sólo quería pasear, sin más, no quería ver nada ni a nadie que me recordase nada, de nada. Ningún tiempo pasado, ninguna voz de Fantasmas. Pero ellos siempre están con el ojo avizor. Y en cuanto me han visto salir de algún sitio donde me escondía, me han seguido.
No he querido escucharlos y he salido corriendo. Desorientación, no sentía más que desorientación. Así que, creyéndome ya a salvo de ellos, me he sentado a descansar. Entonces ha ocurrido. He sabido lo que no debía. He oído una conversación que no debía, no quería saber, no, no, no, no. Mis dedos no deberían haber sido desobedientes, y deberían haber taponado el oído. Ese maldito pabellón auditivo, que ha recepcionado todas y cada una de las palabras.
Eran voces lejanas, increíble, pero voces. Una de ellas la emitía, con sus pétalos, mi bella Flor (es ridículo, verdad? Lo mismo he pensado yo). La otra la emitía un bello pájaro que, no sé cuando ni como ni porqué, ha bajado hasta ella para charlar.
Ambas decían que la Luz, sin necesidad de mis manos, mis lágrimas o mis esfuerzos, se iba a apagar. Se iba a extinguir sin más, de golpe. Y el Ángel de Luz se iba a ir tras ella, iba a dejar de estar por aquí, para bien o para mal. Pues no podía estar sin su Luz y no quería tampoco.
Se marcharía sin más, sin avisarme, puesto que yo sólo había sido un grato entretenimiento para Él. Había pasado horas riéndose a mi costa, viendo como sufría y luego me alegraba de ver de nuevo la Luz. Como me cegaba tratando de tocarla y, después, cuando me quemaba con Ella, me alejaba corriendo. Esas risas que oía entonces, no eran de mis Fantasmas, eran de mi Ángel de Luz que se reía de mí, incansable, insaciable, día tras día (y aun hoy lo está haciendo a sabiendas de que se marchará).
Debería odiarte, debería odiarte, debería odiarte, debería olvidarte.
Debería no verter las lágrimas que ahora brotan, pues estaban destinadas a apagar la Luz y ella sola se ha extinguido sin mi ayuda. Ella sola está apagándose de motu proprio, y además acompañada de las risas de mi Ángel de Luz.
Sé que mi Ángel Caído ha tratado de pelear con el otro ángel, que me ha gritado todo lo que estaba tramando y no he querido verlo; no hay más ciego que el que no quiere ver.

Pero, ¿a cuánto se vende el kilo de dolor? ¿Cuánto cuesta un litro de lágrimas? No cobraría a nadie si viniera a recoger los míos, dolor y lágrimas, lágrimas y dolor. Seguro que si se lo llevasen, sería yo quien pagase…

Y ya ves, que el amor, si no muere, te lo matan.

“Soy un rock and roll atravesado,
un acorde mal pintado en tus manos.
Soy sólo lo malo de este cielo,
a ver si lluevo y te arranco del suelo,
a ver si nievo.”

Saludos desde el Inframundo.
 
Me hundo.
“Los recuerdos pesan, son cemento en mi maleta. Vengo a escupirte mis canciones, vengo a dormir frente a tu puerta (…), vengo a decirte que no duermo pq me ahogo en mi tristeza. Debería sonreír pero me cuesta”

Ayer, de nuevo, hice un nuevo descubrimiento en mi Inframundo. Al fondo, lejos de toda Luz que me agobiara, me adentré en los terrenos inhóspitos y encontré un Río; era de aguas cristalinas, casi podía tocar el fondo con las pupilas.
Me llamó tanto la atención que no pude evitar querer meter mis pies y relajarme. Eso hice. Y me hundí.
Fue un vano espejismo. En cuanto mis pies tocaron el líquido elemento, éste empezó a embravecerse y aumentar su volumen. Llegó a cubrirme totalmente, pero no me faltaba el aire, curiosamente. Era como si estuviera en una burbuja…Con esta sensación no sabía que hacer y ahora me hundo.
Algo se ha atado a mi túnica y tira para abajo; me hundo, cada vez más, hacia el fondo, sin solución. Y no sé como salir. Mi Ángel Caído está tan lejos que no noto su aleteo para que me salve y sé q mi Ángel de Luz no dejará que sus bellas plumas se mojen, creo que es él el que ha colgado algo de mi burbuja para que me hunda. Sabe que quiero apagar su Luz y me está castigando. ¿Dejará que me ahogue?

Hoy no puedo escribir más. Dejaré que Javier Marías, si me deja, termine este relato. Esto es un fragmento de “Tu Rostro Mañana, Veneno, Sombra y Adiós” ©:

“Es extraño e incongruente el proceso de las nostalgias, o del echar de menos, tanto si es por ausencia como por abandono (…). Uno cree al principio que no puede vivir sin alguien o alejado de alguien, la pena inicial es tan afiliada y constante que se siente como un hundimiento sin límite o como una lanza interminable que avanza, porque cada minuto de privación cuenta y pesa, se hace notar y se nos atraganta, y uno sólo espera que pasen las horas del día a sabiendas de que su paso no nos llevará a nada nuevo sino a más espera de más espera. Cada mañana abre uno los ojos –si se ha beneficiado del sueño que no permite olvidar del todo, pero que confunde- con el mismo pensamiento que lo oprimió justo antes de cerrarlos, ‘Ella no está y no va a volver’, por ejemplo (…), y se dispone no a atravesar la jornada fatigosamente, pues ni siquiera es capaz de mirar tan lejos ni de diferenciarlas, sino los siguientes cinco minutos y luego otros cinco fatigosamente, y así seguirá de cinco en cinco si es que no de uno en uno, enredándose en todos y a lo sumo tratando de distraerse durante dos o tres de su conciencia, o de su parálisis cavilatoria.”

Saludos desde el Inframundo.

P.D.: En el nuevo disco de La Fuga, hay una canción dedicada a mis Fantasmas….
 
Sin más.
Sin más, sin pensar en nada, estando allí, con la espalda contra el suelo, abrí los ojos.
Ya era tiempo, ya había yacido demasiado tiempo así, en esa postura tan estúpida y tan innecesaria al tiempo. ¿Qué creía, que el dolor se marcharía solo si yo no me levantaba? ¿Qué era como una enfermedad vírica, q con reposo se cura?
No era así, yo lo sabía. Sabía que en el mismo momento en el que volviera a poner los pies en el suelo, volvería a doler, e incluso más puesto que lo había dejado un poco olvidado (pero no apagado).
Así que decidí reincorporarme. Me costó abrir los ojos. Así, cerrados, en oscuridad, no sentía nada, sólo era dejar transcurrir el transcurrido tiempo.
Pero hube de abrirlos y levantarme. Todo fue uno, en cuanto mis pies volvieron a tocar el frío suelo, la Luz se intensificó y sentí su calor. Quise sonreír, pues pensaba que el dolor no era tal, sino todo lo contrario. Estaba bien, no me dolía nada y además sentía el calor desde lo alto.
Al final, todo fue un vano espejismo. En cuanto el calor que creí que me alegraba dejó de ser novedad, sentí las punzadas de dolor. Eran como lanzas atravesando la túnica, eran como aguijones de abejas clavándose constantemente en mi piel. No dejaban señal, no hacían salir sarpullidos ni grano alguno, pero sí hacían que mi cuerpo se fuera de nuevo doblando por su centro. Como si del ombligo alguien hubiese atado una cuerda y tuviera que doblarme a su antojo.
Seguí caminando a pesar o por el dolor, y decidí alejarme de esa Luz que iba a conseguir matarme de alegría y daño al tiempo, de darme el calor para hacerme ver que no llegaría a tocarlo nunca.
Los pasos eran pesados, sabía que tenía que salir. Los gritos de fuera ahora, eran (o son) más incesantes que los de dentro. Los Fantasmas siguen gritando y pululando por aquí como siempre, pero alguien, desde fuera alguien ha lanzado una escalinata con un fuerte amarre a la realidad, para que salga. No se da por vencido y trata de que tome esa escalera ahora y que deje atrás mi pequeño Inframundo, el lugar donde nada y todo duele, el lugar donde estoy bien y mal al tiempo, el lugar que me acogió cuando no pude con más cosas y que ahora debo de abandonar para ir al lugar que no debí abandonar pero que me dio tanto pesar…
No sabía que hacer. Seguía caminando, así, sin más. Deambular se ha vuelto una táctica muy buena para pensar y no pensar al mismo tiempo. Pasear se ha convertido en algo tan rutinario que parezca que mis pies hayan tomado como único trabajo caminar sin rumbo fijo.
Entonces, como siempre, llego donde no debo. Llego al lugar de las Tres Puertas. La Tercera nunca apareció y lo agradezco. La Primera está cerrada sin más, sigue allí, pero cerrada e inaccesible y la Segunda se abre de vez en cuando, como insinuándose, mostrándose presumida y sensual. No quiero tocar nada de Ella, ni su picaporte, ni el marco, ni nada. Pues sé que en el momento que lo haga será como caer en un torbellino. Me atrapará y volveré a caer en ese camino, para terminar en el Desconcierto.
Mejor aparta la vista. Sigue caminando. Sigo hacia la Roca Dura, donde ahora me encuentro con Ella. Ella que sigue allí, aunque yo me vaya. Seguirá allí cuando decida mi lugar, ya sea éste o el exterior. Porque Ella no puede salir, ella es el Alma rota de lo que pudo ser y no fue y Ella sabe que no hizo todo cuanto debía para salvarse de este lugar.
Continúa, no te pares. Todo te hará quedarte, todo te negará la salida. Parecía como si estuviera dando el último paseo, como si quisiera grabar en la retina todos y cada uno de los recovecos que había en este Inframundo.
Pero entonces, como siempre, cuando la decisión está tomada, aparece. No sabía que haría tanto daño cuando apareció. La primera vez que sus blancas alas batieron el aire en el Inframundo, creí que su luz sería buena para mí. Pero ahora, cuando aparece, sólo deja dolor. El Ángel de Luz sabe lo que irradia y deja un halo de luz cuando se marcha que hace desear más y nunca hay más. Sólo ofrece lo que él quiere. Es egoísta… Y de nuevo me paralizó. No mires!!! Me gritaba desde el interior, pero no tuve valor y miré.

Y ahora no sé que hacer, el mundo se me ha vuelto del revés. Solo en un rincón, el tiempo va cambiando en el reloj, pero yo no…

Saludos desde el Inframundo.
 
El dolor de las tontas coincidencias.
No sé como llegué al lugar equivocado en el momento inapropiado. Es curioso como las coincidencias a veces duelen, sin saber porqué, pero duelen.
Es una situación irónica, últimamente, la ironía gobierna cada uno de los movimientos (pocos) que hago.
Por un momento, quería salir de mi Caverna, había olvidado lo que debía. Estaba de nuevo en el punto cero de mi memoria. Nada ya podía afectar, pues había dejado todo lo malo y algo de lo bueno, en esa caverna.
Salí, pues, imaginando canciones en mi cabeza. La música, aquí, no llega. Entonces, imaginé esa música en mi cabeza. Si era bella al imaginarla, ¿cómo será realmente? Entonces me calmé, dejé respirar mi mente. Dicen que la música amansa las fieras y yo soy una fiera, como otra cualquiera. A veces, más feroz que los propios Fantasmas conmigo mismo.
Y bailé, sin sentido, sin orientación, sólo bailé. Los Fantasmas me miraban como si estuviera, realmente y por fin, loco. Como si Thanatos, por fin, hubiera sucumbido a sus innumerables maleficios, gritos y demás maldades, y se hubiera vuelto loco.
Pero no era esa la razón, quería sentir mis miembros, quería mover los brazos como si el aire (espeso) los moviera sin gravedad. Como si mis piernas, por una vez, no sintieran el peso del plomo en sus zapatos.
Y dancé, bailé y me moví por todo el Inframundo.
Cuando paré, porque de repente dejé de imaginar la música, no sabía el motivo. Entonces lo comprendí. Por casualidad, por coincidencia o por no sé qué, había llegado casi tan cerca de la Luz (la dichosa Luz) que no me podía mover. Me había quedado mirando esa llama como si me hubiera hipnotizado.
No podía moverme y entonces, esa llama mostró imágenes. Esas imágenes me dolieron. No quería llegar allí, no quería mirar la llama porque sé que siempre me hiere. Pero, ahora, como anclados mis pies al suelo, no podía salir corriendo. Como si mis párpados estuvieran cogidos con ganchos, no podía cerrarlos.
Y vi una y otra vez las imágenes. Y no podía gritar, no podía hacer nada. Una losa de demasiadas toneladas había caído sobre mi cuerpo, aplastando cualquier voluntad.
Vi lo que no debía.
Mi Ángel Caído debió de sentir mi estertor, mi escalofrío continuo y vino a ayudarme. Tiró tan fuerte de mí, que pensé que me rompería en dos. Pero no fue así, simplemente me alejó de esa llama maligna. De esa Luz que ofrece calor a cambio de dolor.
Y me alejé con él. Mi ángel caído había vuelto, sin saber como. Pero él sólo no podía combatir a mi Ángel de Luz si yo no ponía de mi parte.
“Es hora, me dijo, de que lo hagas. No tienes nada de que avergonzarte. Apaga de una vez, deja que las cosas vuelvan a ser como eran antes de que ese Ángel de Luz hipócrita te dejara aquí, dentro de tu Inframundo, esa maldita llama. Es hora, es momento, busca tú el lugar!!” Y gritando esto, se marchó.
De nuevo había perdido todo, la música, la Luz y la alegría. ¿Dónde voy ahora?
Entonces es cuando, de nuevo, perdí el aliento, perdí el suspiro, perdí el aire y me desplomé.
Y ahora, pienso, ¿para qué despertar? Si por una tonta coincidencia casi muero, ¿para qué despertar sabiendo que lo que he de hacer no será una coincidencia? ¿Si lo que he de hacer es mi deber para salvar mi propio Inframundo?
Es que hasta las tontas coincidencias, marcan a fuego el dolor aquí abajo.

Saludos desde el Inframundo.
 
Lo intenté, de veras.
Leí el comentario de Anamen. Decidí hacer lo que me proponía, pues ella ve en mí cosas que yo no encuentro.
Me armé de valor, me calcé el zapato más cómodo que tenía para empezar el camino que me debería de llevar hacia fuera de este lugar. No sabía como podría ir apartando los Fantasmas que a mi paso irían agarrándose a mi túnica para que no escapara, pero eso era un detalle que arreglaría a medida que se me presentase el problema, no antes.
Pero no pude, de nuevo mis pies se anclaron como si las botas estuvieran hechas de plomo. Cada uno de los pasos que daba, me llevaba a recordar las cosas que podría encontrar fuera, las cosas que me habían hecho bajar aquí y por las que no deseaba salir. Aquí no sufriría los dolores agudos de arriba (aunque sufra, y mucho, los que me acometen aquí abajo).
Aún así, aun sintiendo el peso de los pasos, continué andando. Pero en el lugar, en ese maldito lugar, donde estaban las tres Puertas, me paré. No sé porque lo hice, no sé que me impulsó a detenerme allí, pero fue mi gran error.
No sé como, ya lo comenté, habían empezado a reconstruirse dos de ellas. Mi antigua y venerada puerta y la segunda, menos antigua, pero más limpia. Pues, desde la última vez que las vi, ya no sólo eran cerraduras. Ambas ya tenían todo el cuerpo de la puerta formado. Tenían su marco, su picaporte y todos los entresijos que tenga una puerta (no sé que deben de llevar para ser perfectas, exactamente).
Pararme no hubiese sido error si después de mirar, hubiese continuado andando. Pero las miré tan fijamente, que una de ellas se abrió. No quería ver el camino, no quería ni siquiera atisbarlo entre la negrura. Pero, así fue. La puerta menos antigua, se abrió de par en par. Me invitaba de nuevo a recorrer el camino para ir de nuevo al Desconcierto. Pero, ¿cuánto tiempo había pasado desde que no iba yo a ese lugar? ¿porqué ahora que había decidido irme tenía que aparecer? A veces creo que todo aquí está confabulado, todo.
Nada ni nadie quiere que me vaya.
Me asusté. No quería verlo, no quería entrar, pero si hacía lo primero, indudablemente, acabaría haciendo lo segundo. Así que corrí. Salí corriendo de nuevo hacia el interior del Inframundo.
Corrí hasta que encontré la Laguna. Mi intención era meterme en ella no volver a recordar ese camino maldito que me llevaba al Desconcierto. Cuando mis pies, descalzos por fin de las pesadas botas, estaban a punto de tocar las aguas, la Luz, la maldita Luz, se hizo más potente. Me quedé allí, de pie, sin avanzar, sin retroceder, sólo allí. Sin hacer nada y sólo mirando la Luz.
Es que ella también está con ellos? Es que ella, tan lejana, también me hace daño? Es q nada me va a dejar ser yo, sin más?

Paralizad@, sin moverme, pensé en Anamen. De nuevo he fallado, de nuevo he defraudado, de nuevo te demuestro que no tengo esos valores que tú ves. Pero agradecí las palabras que me dejó tanto aquí como en su “luna”. Pensé en ellas y lloré de alegría. Irónico, no? Llorar de alegría cuando no has podido hacer lo que querías. Pero pensé que si alguien confía en mí, no he perdido. Sólo ha sido una batalla. La guerra aún está por luchar.
De nuevo, otro día, me calzaré las botas y tomando sus palabras por bandera y grito de guerra, correré, para no detenerme ante nada.
Pero no será hoy; hoy agoté mis fuerzas, hoy tengo que tumbarme al lado de mi Flor y contarle mi intento fallido. No pensé en ella pero, cómo me la llevo si está tan arraigada? Si no entiende muchos de los cambios acaecidos?

“Qué es eso a lo que llaman vida sino dos días de naufragio, uno de bienvenida y otro de cansancio”

Saludos desde el Inframundo.