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Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
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Sindicación
 
Nunca te he pedido nada.
Creo recordar, desde que caí aquí abajo, que no le he pedido nunca nada a nadie de los que por aquí moran. Siempre me han gritado, tratado mal o ignorado. Yo he aguantado estoicamente este hecho, era mi sino, había venido aquí para esto y era lo que había de aguantar.
Ni siquiera a mi Flor le pedí comprensión, ella sola me lo dio, sin yo pedírselo y se lo agradezco cada vez que paso a verla.
En la Laguna me zambullí sin saber que pasaría, nunca le pedí que eliminase mis recuerdos y así lo hace. Yo no se lo pido, pero se lo agradezco también.
Y las Puertas, las antes tres Puertas, surgieron sin más. Yo sólo recorrí sus caminos para dar siempre al mismo sitio, mi Desconcierto.
Pero ahora, ya no puedo más, ahora tengo que hacer mi primera petición. Sé que es algo que ha aparecido aquí, igual que el resto de las cosas, pero esta vez, tengo que imponer algo de respeto.
Nunca te pedí nada, verdad hacedor de todo esto? Pues ahora te pido algo, te pido que termine de una vez este juego macabro que estás jugando. Desde donde quiera que estés, miras cada uno de los movimientos de estas fichas inframundanas que has dejado aquí abajo. Y los movimientos son muy dolorosos para la ficha que lleva el nombre de Thanatos.
Metiste miles de Fantasmas que gritaban, y la ficha continuó moviéndose, muy a su pesar. Pusiste una Caverna para olvidar lo que luego volvería a recordar, pero tampoco entonces me quejé.
Pero un día, sin saber porque motivo, decidiste poner una Luz incandescente en lo alto de una roca que creías abandonada. Esa roca estuvo abandonada hasta que viste que la ficha de Thanatos se movía para allá. Comenzaste a darle un mejor aspecto a esa roca y hasta le diste un cuidador a esa Luz, el Ángel de Luz. Entonces esa ficha luchó por la atención del amo.
Luchó por una Luz que yo no quería tocar, que sólo miraba. Y luchó hasta tal extremo que agotó las pocas fuerzas que me quedaban. Agotó mi valor, me dejó el cuerpo tan vacío que hasta me doy asco.
Sólo te pido, esta vez, que elimines esa fiche de este juego macabro. Que apagues de una vez por todas la Luz; no me importa ir chocando con todas las paredes, como hacía antes. Esos golpes me dolerán menos que las risotadas del Ángel de Luz cuando ve que me acerco y sabe que nunca lograré alcanzarla. Esos arañazos dolerán menos que las falsas ayudas que me da ese maldito engendro de preciosas blancas alas.
Es más, creo que seguiré estando aquí, pero estaré con menos dolor. Es más el dolor inflingido por este maldito ser que por mis Fantasmas. No creí decir esto nunca, pero aguantaré mil veces las voces de ellos antes que una sola vez más la presencia de ese maldito ser.
Nunca te he pedido nada verdad?, seas quien seas, el que creo el juego con las normas y demás, haz que desaparezca esto por favor…
Llévatelo de una vez.

Dile que la he podido olvidar hasta donde se me ha roto el recuerdo.
Que la estuve recordando hasta que agoté el olvido. (Risto Meijide).

Saludos desde el Inframundo.
 
Igual que un animal, sin pensar nada más…
Dicen que la belleza que atrae rara vez es la que enamora. Y eso es lo más cierto que he oído. No hará mucho (quizá sean horas de las vuestras) he leído en una revista de las que se dejan caer por La Ventana, que los humanos se enamoran por el olfato.
Pues es curioso, aquí abajo debe ser algo parecido. Pero los aromas no son dopaminas ni endorfinas y mucho menos feromonas. Los Fantasmas ya no emiten esos olores.
Aquí abajo lo que huelen, lo que los atrae, es el dolor y el sufrimiento. Deben dejar éstos unos aromas muy atractivos que hacen que vuelen rápido desde donde estén cuando se desprenden.
Yo, ahora entiendo, cuando paso a ver a mi Flor me impregno de sus aromas y es el momento en que ellos no me detectan, me dejan en paz pues las ricas esencias que libera mi Flor no dejan que huelan mi dolor y sufrimiento.
Pero también me he dado cuenta que al meterme en la Laguna del Olvido, tampoco me pueden oler, pues el agua elimina cualquier olor en mi túnica. Pero lo m alo es cuando salgo de ella. Entonces, recién limpio, perdido ya el aroma de mi Flor, vuelven a brotar los olores que ellos quieren
Y hoy, además de no poder pasar a ver a mi Flor, no he tenido valor para meterme en la Laguna, así que mis dolores y sufrimientos deben de emitir ondas tan amplias que podría decirse que hasta Ella las huele desde donde quiera que esté escondida.
Pero Ella no ha venido. No así todos los demás. Han hecho un aquelarre horrendo a mi alrededor, con ese atractivo que les he dejado a su disposición. Ni caminar he podido. Me he sentado en el círculo que ellos han hecho y allí he dejado que soltaran sus gritos, quejidos y risas estridentes que podrían ponerme el vello de punta, si algo me impresionase aún.
Podía salir corriendo, pero sabía que me seguirían allá donde fuese, así que no tenía fuerzas para correr hasta lo interminable y después dejarme caer con angustia, asfixia y de nuevo atrapado.
Así que me he quedado en el suelo. En principio sólo me senté, pero el peso de esos gritos me doblegaba la espalda, así que terminé cayendo al suelo cuan largo podía. El dolor era insufrible, dolía cada grito, cada risa, cada suspiro de su aire que se posaba en la túnica.
Entonces, no sé de donde, me vino el recuerdo de mi Flor. Mantuve ese recuerdo firmemente en mi cabeza, para no generar más dolor. Era imposible, el dolor supura aunque duerma, aunque no piense. Pero me aferré fuertemente a ese recuerdo para no perder la cordura, para no zozobrar en los grandes mares de mi memoria dolorida. No zozobré, no logré eliminarlos, pero pude sentir algo menos del dolor que ellos iban dejando en mí.
Cuando ellos se cansaron, cuando no era divertido ver un ser informe hecho un ovillo en el medio, acurrucándose y abrazándose como una bola, como un feto ya muy envejecido; se marcharon a correr por donde pudieran sentir más dolor. Sabía que la próxima sería Ella, pero no podía sentir ya nada. Todo era un grito incesante que tamborileaba en mis oídos. No podía no lamentarme por Ella.
Me quedé allí, en el suelo, notando la fría roca en la espalda y el ardiente dolor en el cuerpo. No veía nada, ni la Luz, ni la Laguna, ni la Caverna y menos aún a mi bella Flor.
Sólo me quedé igual que un animal, sin pensar en nada más que en el instinto de… de qué tengo yo instinto? En realidad no pensaba, sólo quería dejar de hacerlo.

Saludos desde el Inframundo.
 
Han llovido 15 años que sobreviví…
“Yo creía que sabía y nunca aprendí, que si ahora estoy así es por…”
No sé, no aprendo, no dejo de pensar que las maldades están sólo aquí abajo, que no hay maldad arriba.
Creía que todo lo que había arriba no era malo, que sólo aquí abajo estaba lo malo. Y que algunas veces, los ángeles que veía, eran buenos, eran de arriba y venían a hacer una visita para dejar algo de paz en las almas.
Pero ahora lo he visto, he sobrevivido tanto tiempo pensando que el Ángel de Luz era bueno, que había venido a dejar algo de paz aquí abajo, que llegué a creérmelo.
Pero ahora ya me he dado cuenta de que no. No es un ángel de los de arriba. Es un ángel del Infierno, la Luz, esa luz que yo creía buena, no es más que una llama más de las que arden en el Hades, en el Infierno más lejano que mi propio Inframundo.
Es malvado y lo demuestra cada día más.
He escondido la cabeza, para no oír el ruido que va haciendo con el frotar de sus alas. He dejado de ver la Luz, que ahora sé que es una llama incandescente del Averno y que por eso me quemaba las manos cuando la tocaba.
Pero aún así, sigue haciendo daño. En la espalda, tras estar tanto tiempo con la cabeza cubierta, noto sus largas y afiladas palabras. Resbalan poco a poco por mi médula espinal, para colarse por los nervios y llegan al cerebro (ese maldito órgano que no quiere dejar de funcionar aunque yo lo haya cerrado bajo tierra). Y no son palabras dichas al aire. Son palabras que se forman en el aire, él no las pronuncia, él las forma con la boca y ellas, una vez que han salido de su boca, se forman en el aire, se acentúan y se puntúan solas. Y entonces, como si la vibración del aire fuese suficiente, emiten el sonido ellas solas.
Tiene q ser del Infierno para no pronunciar nada y seguir oyendo sus palabras. Tiene que ser del Infierno para no verlo y seguir sintiéndolo. Tiene que ser malvado para que haya llegado a meterse en mi cabeza y mi mente que no dejan de ser malvadas, después de todo soy Thanatos.
Y quiero odiarlo, pero no puedo. Me siento tan frágil y me hace sentir tan frágil que llego a darme asco.
Y tampoco el vacío que siento aquí, con la cabeza bajo la tierra inmunda de aquí, me ayuda mucho. Tanto vacío también me está asfixiando.
¿Será que ya me está afectando la falta de aire? Por Zeus, si es así, que acabe pronto, que pronto pierda la conciencia y sólo duerma, sólo deje pasar el tiempo en un estado de semiinconsciencia y pueda, algún día, despertar habiendo olvidado lo que ocurrió, habiendo olvidado que una vez el Ángel de Luz subió del Averno para estropear el Inframundo. Despertar cuando la llama del Infierno, que yo ingenuamente llamé Luz que iluminaba mi Inframundo, se haya extinguido del todo, y él se la haya llevado sin dejar señales de que una vez estuvieron ambos aquí.
Sólo despertar después de 15 años sobreviviendo con un poco de oxígeno y sin saber nada de nadie.
Despertar con la amnesia.



Saludos desde el Inframundo.
 
Como el avestruz…
Es curioso, cuando estuve allí arriba nunca vi uno. Oí hablar de ellos, oí las historias que se cuentan sobre su manera de protección y de su nula capacidad para el vuelo. Conocí el tamaño de sus huevos y de su plumaje.
Pero nunca vi uno allí arriba.

Y ahora yo soy como él. Me estoy comportando como un avestruz. No soy capaz de afrontar el miedo, el dolor, la envidia y todos y cada uno de esos malos sentimientos que se han quedado aquí, o quizá no es que se hayan quedado aquí, es que siempre han estado aquí y ahora se están dejando ver con su mayor intensidad. Yo creo que es el calor de arriba, que los hace dilatarse y parecer más grandes de lo que son en realidad (o eso quiero creer yo).
Pero no tengo fuerzas, no me caracterizo por mi valentía, por luchar por nada. Una vez ya relaté la lucha que mantuve con un gran enemigo, y eso me dejó sin coraza, todos mis ejércitos se vieron tan menguados, que no se han vuelto a reunir, aunque lo intentaron otra vez. Y no, no tengo ganas de reordenarlos, también es verdad eso. No tengo fuerzas de verme de nuevo en medio de una lucha que no traerá más que dolor de nuevo.
Y esta vaguería, esta sensación de quietud cuando todo se derrumba es lo que me ha hecho esconderme. No tengo porque ver como se van alejando todas las cosas, mejor taparme los ojos.
La Caverna del Olvido está muy bien, pero desde dentro también se oyen las grietas que se están abriendo en las paredes del Inframundo. También se oye como rugen las aguas de la Laguna, henchidas de odio, por dejar que en ellas se bañe alguien más que yo.
Por supuesto, en la Caverna no deja de resonar el eco de las alas de mi Ángel de Luz, que va y viene, a veces buscándome y a veces alejándose, para recordarme que aún está ahí, pero que no sabe por cuanto tiempo.
Y, claro, también veo el resplandor de esa Luz. Esa maldita (y amada) Luz, que él se llevará cuando bata sus alas en pos de la libertad de este maldito Inframundo.
Por eso, no pudiendo abstraerme de todos estos sonidos y visiones, he decidido hacer como el avestruz. He cavado un agujero grande, lo suficiente para que entre mi cabeza con todos sus malos pensamientos que llegan a destiempo. Y, ahora, meteré allí todo en conjunto malos pensamientos y cabeza, cabeza y malos pensamientos; y los dejaré allí hasta que crea que todo ha pasado.
Al tener la cabeza en oscuridad, no sentiré cuando se apaga la Luz de verdad, cuando el Ángel de Luz se la lleva para no regresar nunca más (ni él ni ella). Y, cuando la saque, creeré que hay más luz fuera que abajo en mi agujero.
No he pensado en el oxígeno, que aunque aquí sea cargado, lo necesito. Pero no pasa nada, si la ausencia de este gas me provoca otras cosas, tampoco entonces sentiré la huída de mi Ángel de Luz. Quizá así, con este fin último, pueda descansar.
No es una solución muy buena, pero es lo único que he podido hacer. Es la única solución para no oír retumbar en mi cabeza todos esos pensamientos que me bombardean el cráneo hasta hacer un sonido de campanas repiqueteando en mi interior.
Cabeza en suelo, esperaré a ver que pasa.
Si no respiro, quizá no vuelva…

http://es.youtube.com/watch?v=_qJ-8VweVrg

Saludos desde el Inframundo.
 
Envidia…
Algo surca el aire estos días; no son las nubes negras de siempre. No es la densidad angustiosa del aire de aquí abajo. NO…
Es algo más grave, es algo que se posó aquí hace unos días (quien dice días dice meses porque aquí el tiempo pasa sin saber que ha ocurrido). Algo que una vez leí, cuando aún tenía ganas de hacerlo, que es malo, en la religión que algunos profesan. Pecado Capital, así lo llamaban en aquel curioso libro que tomé para leer.
Es ENVIDIA.
Flota envidia por el aire. Se respira envidia por doquier. Los Fantasmas, esos que absorben todo lo que hay a su alrededor, también han adoptado este nuevo mal y ahora tienen envidia. Envidia de que unos me hagan sufrir más que otros, envidia de que mi cabeza dé más vueltas con unos que con otros.
Mi Flor también se ha puesto envidiosa, no puedo ni imaginar como ha podido suceder eso. Pero también ha tomado un color demasiado purpúreo para como es ella. Demasiado angustioso verla así, sé que si sigue cargando tanta envidia en su savia, no será más mi Flor, sino que se transformará en algo que no llegará a conocer nunca. Y eso desbaratará mis ratos de alegría, mis descansos de mis penas.
También hay envidia flotando en la Laguna del Olvido. Es como si una pátina rosa hubiese dejado la superficie del lago sucia. Es como si en lugar de reflejar a quien se mira, reflejase a quien se desea ser. Por eso yo no me miro, porque, la pregunta es ¿quién deseo ser yo? ¿Qué vería reflejado en esas aguas, si ni siquiera sé quien soy, como para saber quien quiero ser?
Y me alejo también de esas aguas, ya no hay descanso alguno. Ya no tengo Flor, no tengo Laguna y el aire con esta envidia me está asfixiando.
Yo me estoy contagiando, también yo tengo envidia. De hecho, como dice la canción, tengo hasta envidia de mi voz, cuando la oigo salir de la garganta tan fácilmente…
Me envidio de todo y de todos. De Ella, que no sufre la envidia, que sigue allí, sentada sin esperar nada y desesperando por todo. De Ella que dejó de sufrir porque ya no siente el sufrimiento.
Tengo envidia de Él, que escapó, que dejó todo esto y no volvió. Decidí gritarle desde la Ventana, pero ni siquiera dejó ver la sonrisa perversa que a veces dejaba caer. Simplemente se había alejado tanto de aquí abajo, que ya no sabía si lo que llegaban eran mis gritos o la brisa del mar que ahora tiene cerca.
Pero tengo envidia de lo que no debería envidiar. Si quiero dejar que la Luz se apague, quiero dejar que mi Ángel de Luz se vaya, tengo que dejar de envidiar sus movimientos. A veces, cuando lo veo acercarse a la Luz, tengo envidia porque sé que la apagará con sus alas y se la llevará entre ellas, y la volverá a encender lejos de éste, mi Inframundo.
Y tengo envidia de que esa maldita Luz volverá a ser luminosa, preciosa y dará calor, allá donde el Ángel de Luz quiera encenderla, mientras que yo, seguiré a oscuras, más a oscuras aún debido a que se ha ido…
Tengo envidia de que no puedo salir de aquí abajo más, de que es época estival en vuestro mundo y aquí no habrá vacaciones.

Tengo envidia de envidiar lo envidiado por los envidiosos. Soy el alma de la envidia, soy la ENVIDIA.

Saludos desde el Inframundo.