Las Musas
Si supiera como volver atrás lo haría, para mirar tus ojos y perderme en ellos todo el día. Algunas noches siento que no existe la salida, o pienso q extraño lo que por ti sentía. Yo cuido tu Alma y tú la mía, cuando te fuiste tú sabías quien perdía.
He perdido toda inspiración, las fuerzas de cada dedo para pulsar el botón que corresponde a una letra. Quizá sea el calor. Entre el que se cuela aquí abajo de vuestro sol y el que emite el fuego renovador de aquí abajo, el calor se hace insufrible.
Las aguas frías de la Laguna del Olvido parecen estar tan estancadas y calmas, que me da incluso pena romper esa quietud metiendo siquiera un pie allí. Y el frescor de las Caverna del Olvido está repleto de los gritos, risas y llantos de Ella, que allí dejó para siempre, para su recuerdo y el mío.
La Puerta que me lleva al Desconcierto, con su camino protegido de los rayos del sol, está ocupada; Ella se ha sentado allí a dejar pasar sus miedos. Esperando, ingenuamente, que llegué el olvido o los días transcurran dejando el paso a las noches y así en lo sucesivo. Creo que aun no ha asumido que aquí el tiempo corre sin razón ni motivo, pues los días son iguales e interminables. No duramos 100 ó 90 años, ya no contamos años, somos inmutables.
Pero no es el calor, sé que no lo es. Sé que es la derrota por haber perdido un Alma. Me jactaba de ser el mejor guardián de aquí abajo. El que nadie podía evadir ni nadie podía engañarle y, mírame ahora, se ha ido. Se ha escapado ante mi cara. No ha tenido ningún resquicio de decoro o de pudor al hacerlo ante mis propias narices. Lo dijo tan feliz:”Me voy, tu mundo no me gusta. Sé que hay otros mucho mejores.”
Sabía que eso era lo más correcto, puesto que nunca le dije quien era yo. Tampoco Él me dio tiempo a decírselo, pues nunca lo encontraba cuando trataba de explicarle donde se hallaba. Tantas cosas debí de decirle para que entendiera la forma de vida que se lleva aquí abajo. Para q entendiera mi forma de ser y me aceptara... Y ahora me queman dentro.
Ahora es tarde y observo, desde mi Ventana, como ha llegado vuestro verano, y no veo más que eso, no veo más que calor. No deseó ver nada más, aunque también, en mi fuero interno, espero verle pasar a Él para explicarle como es la vida aquí abajo, para decirle que no es tan difícil después de todo. Sólo para decirle: “Mírame bien, te necesito igual, en algo tan pequeño como ver el día pasar. Mírame bien, y dime si me ves, haciendo algo tan sencillo como ver el Sol caer”. Sólo para que me comprenda. Creo que no lo sabe y nunca lo sabrá. Pues este sentimiento es contradictorio. Al tiempo no quiero verlo pasar por la Ventana pues sé que no podré decir todas las cosas que les dije a otros Fantasmas, con más tiempo, puesto que no se puede decir en un corto lapso de tiempo todo lo que los demás saben de su estancia durante décadas. No, realmente no quiero verle, puesto que su cara de satisfacción por haberme ganado será superior a mis ganas de decirle la Verdad.
Ha elegido estar fuera de este Inframundo y yo no voy a destrozar su felicidad, por una vez voy a ser el Carcelero bueno que no debo ser. Voy a dejar que uno, sólo uno, de mis fantasmas sea feliz aunque esto cueste mi felicidad. Es un bajo precio después de todo. Seguro que la suya es una felicidad mejor que la mía.
Y Ella, siempre anclada en su mutismo. Es estática, parece que realmente ha conseguido convertirse en estatua de roca, allí donde mi Puerta la acogió. Pero, soy yo quien ha perdido todo. Su Fantasma más reciente, su Flor que tiene vida propia y su Puerta junto con su destino, el Desconcierto.
La pérdida, en suma, es incalculable. Eso ha hecho que pierda todas mis musas, que ya no quieren dejarme pensar. Me agoto y sólo pienso que es el calor. Pero no sé que es lo que quiero, no sé que es lo que digo, no sé que es lo que hago.
“Tengo ronca el alma de quererte
en esta soledad llena que me ahoga;
tengo los ojos llenos de luz de imaginarte
y tengo los ojos ciegos de no verte;
tengo mi cuerpo abandonado al abandono
y tengo mi cuerpo tiritando de no poder tocarte;
tengo la voz tosca de hablar con tanta gente
y tengo la voz preciosa de cantarte;
tengo las manos agrietadas de la escarcha
y tengo las manos suaves de, en el cielo, acariciarte”
Saludos desde el Inframundo.
He perdido toda inspiración, las fuerzas de cada dedo para pulsar el botón que corresponde a una letra. Quizá sea el calor. Entre el que se cuela aquí abajo de vuestro sol y el que emite el fuego renovador de aquí abajo, el calor se hace insufrible.
Las aguas frías de la Laguna del Olvido parecen estar tan estancadas y calmas, que me da incluso pena romper esa quietud metiendo siquiera un pie allí. Y el frescor de las Caverna del Olvido está repleto de los gritos, risas y llantos de Ella, que allí dejó para siempre, para su recuerdo y el mío.
La Puerta que me lleva al Desconcierto, con su camino protegido de los rayos del sol, está ocupada; Ella se ha sentado allí a dejar pasar sus miedos. Esperando, ingenuamente, que llegué el olvido o los días transcurran dejando el paso a las noches y así en lo sucesivo. Creo que aun no ha asumido que aquí el tiempo corre sin razón ni motivo, pues los días son iguales e interminables. No duramos 100 ó 90 años, ya no contamos años, somos inmutables.
Pero no es el calor, sé que no lo es. Sé que es la derrota por haber perdido un Alma. Me jactaba de ser el mejor guardián de aquí abajo. El que nadie podía evadir ni nadie podía engañarle y, mírame ahora, se ha ido. Se ha escapado ante mi cara. No ha tenido ningún resquicio de decoro o de pudor al hacerlo ante mis propias narices. Lo dijo tan feliz:”Me voy, tu mundo no me gusta. Sé que hay otros mucho mejores.”
Sabía que eso era lo más correcto, puesto que nunca le dije quien era yo. Tampoco Él me dio tiempo a decírselo, pues nunca lo encontraba cuando trataba de explicarle donde se hallaba. Tantas cosas debí de decirle para que entendiera la forma de vida que se lleva aquí abajo. Para q entendiera mi forma de ser y me aceptara... Y ahora me queman dentro.
Ahora es tarde y observo, desde mi Ventana, como ha llegado vuestro verano, y no veo más que eso, no veo más que calor. No deseó ver nada más, aunque también, en mi fuero interno, espero verle pasar a Él para explicarle como es la vida aquí abajo, para decirle que no es tan difícil después de todo. Sólo para decirle: “Mírame bien, te necesito igual, en algo tan pequeño como ver el día pasar. Mírame bien, y dime si me ves, haciendo algo tan sencillo como ver el Sol caer”. Sólo para que me comprenda. Creo que no lo sabe y nunca lo sabrá. Pues este sentimiento es contradictorio. Al tiempo no quiero verlo pasar por la Ventana pues sé que no podré decir todas las cosas que les dije a otros Fantasmas, con más tiempo, puesto que no se puede decir en un corto lapso de tiempo todo lo que los demás saben de su estancia durante décadas. No, realmente no quiero verle, puesto que su cara de satisfacción por haberme ganado será superior a mis ganas de decirle la Verdad.
Ha elegido estar fuera de este Inframundo y yo no voy a destrozar su felicidad, por una vez voy a ser el Carcelero bueno que no debo ser. Voy a dejar que uno, sólo uno, de mis fantasmas sea feliz aunque esto cueste mi felicidad. Es un bajo precio después de todo. Seguro que la suya es una felicidad mejor que la mía.
Y Ella, siempre anclada en su mutismo. Es estática, parece que realmente ha conseguido convertirse en estatua de roca, allí donde mi Puerta la acogió. Pero, soy yo quien ha perdido todo. Su Fantasma más reciente, su Flor que tiene vida propia y su Puerta junto con su destino, el Desconcierto.
La pérdida, en suma, es incalculable. Eso ha hecho que pierda todas mis musas, que ya no quieren dejarme pensar. Me agoto y sólo pienso que es el calor. Pero no sé que es lo que quiero, no sé que es lo que digo, no sé que es lo que hago.
“Tengo ronca el alma de quererte
en esta soledad llena que me ahoga;
tengo los ojos llenos de luz de imaginarte
y tengo los ojos ciegos de no verte;
tengo mi cuerpo abandonado al abandono
y tengo mi cuerpo tiritando de no poder tocarte;
tengo la voz tosca de hablar con tanta gente
y tengo la voz preciosa de cantarte;
tengo las manos agrietadas de la escarcha
y tengo las manos suaves de, en el cielo, acariciarte”
Saludos desde el Inframundo.





