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Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
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Sindicación
 
Hoy no paro de pensarlo
“Hoy no paro de pensarlo y no sé ahora muy bien q hago aquí. Te has marchado y has dejado otro hueco dentro de mí. Te recuerdo, porque fuiste y has sido la chispa q me ha hecho vivir.
A tu lado me sentía protegido y dentro de ti. Ahora ya no existe risa, ya no hay nada q me haga reír. Y me acuerdo del cariño y todos los besos q a veces no di.
Desde entonces no veo otra cosa en mi ser. Y ahora ya te has marchado, no te volveré a ver. Ya no estaremos solos, ya no veo tus ojos...
Ando solo y voy pensando en las cosas q había por hacer. En los gestos q eran nuestros q ahora solo no puedo tener. Y me acuerdo del cariño y todos los besos q a veces no di.”

Frente a la nada, mirando al vacío, apoyando mi cuerpo en la Roca, me puse a pensar. Sabía de las cosas q no había aquí abajo y de las cosas q no había hecho aquí abajo. Pero no era capaz de ver qué había hecho para pertenecer a este mundo y no a otro. ¿A qué mundo pertenecen los que sí son de ese mundo q has elegido?
No sabía como responderme a mis preguntas y no quería respuestas realmente. Ya no servían de nada. El Inframundo era mi mundo y ya está. Era lo q había y punto.
Cerraba los ojos y podía sentir otra vez las bisagras de las Puertas, el rechinar de los goznes de la q más alegrías me dio. El suave tacto del roble viejo... todo.
Pero no había Puertas. No había nada. Sólo el vacío de nuevo.
Tenía q pensarlo seriamente. Ahora esto era aún peor, no había nada q me sacara de aquí por unos momentos. No tenía el Desconcierto.
Ahora todo era esto. Era lo q había y era lo q había quedado. Ni siquiera me aventuré a ver a mi bella Flor. Ni siquiera supe caminar con buen tino sobre el rocoso camino. Hacía tanto tiempo q olvidé lo q era caminar, q me costaba hilar los pasos, uno tras otro.
No sé porque, ahora todo había acabado. De una manera serena me di cuenta q las cosas q se pierden, aquí, se pierden para siempre.
No está, se ha ido, para siempre. Ahora Él es de otro mundo, no pertenece al tuyo. No volverá y duele, pero es así. Además, el dolor es ya algo olvidado por ti.
Volví hacia el lugar donde estaba Ella, ya q todavía me dolía el hecho de q llorara un recuerdo, cuando yo no tenía ya dolor. Quería q Ella aliviara el suyo dándome a mí parte de él. Quería dejar q Ella fuese libre, pues éste era mi trabajo. Cargar con ellos y con sus penas, para q ellos, mis Fantasmas, pudieran estar más libres y no gritar por su bagaje.
Ella seguía inmutable. Sólo sus ojos denotaban algo de resplandor. Los movía ante cualquier, aquí además, insignificante movimiento. Así q cuando me senté a su lado, sus ojos giraron para verme. Pero no obtuve ningún sonido de su boca.
Sólo las lágrimas seguían incesantes en su cara. En sus mejillas ya casi se veía un surco de tanta sal derramada por sus ojos.
Déjame llorar tu dolor, déjame sentir pena, déjame sentirme mal para poder compensarte. No dejes q sienta esta apatía y esta desoladora Nada en mí, pues más triste q sentir tristeza es no sentir nada. Eso era lo q yo sentía, La Nada de nuevo.
De nuevo se giró, me miró y, extrañamente, sonrió. Ahora iba a hablar. Sólo dijo algo q yo no quería oír pero ya sabía; sólo dijo: “No es la Nada lo q sientes, es dolor, pero ya no lo reconoces, puesto q es algo común en ti. Es Dolor y Pena. Se ha ido y sufres. ¿No ves q por ello yo también lloro? Llora, pues, tus propias lágrimas”.
No reaccioné; solamente miré su rostro surcado de lágrimas y me giré.
Me marché, caminé sin rumbo y volví al inicio. Frente a la nada, mirando al vacío, apoyando mi cuerpo en la Roca, volví a pensar (pero ahora era en La Nada o en mi Dolor???). Sabía de las cosas q no había aquí abajo y de las cosas q no había hecho aquí abajo.
Saludos desde el Inframundo
 
Algún día
“Pero no existen medidas q me impidan sonreír, cuando entiendo q algún día nos volveremos a unir”.

El tiempo, suave y delicadamente, ha pasado.
Todo ha vuelto a la normalidad, si algo aquí se puede tener como normal, pero, al menos, esa normalidad implica la visita, aleatoria como él, de mi ángel caído, de Voland, el eterno desaparecido.
Al parecer, el frío había vuelto a la superficie, y no sé q causa hizo q bajara a calentar sus cansadas manos al fuego eterno del Inframundo.
Se sentó a mi lado, en la roca fría, alojó su mirada en mi rostro y habló. Habló de todo y cuanto había visto allá arriba, de todo lo q había hecho en ese Mundo de allá.
También escuchó. Todos los malos ratos del Inframundo pasaron por sus oídos como su fueran las cosas más importantes q escuchaba en mucho tiempo. Escuchó con tanta atención como lo hubiera hecho mi bella Flor, si hubiese tenido el coraje de sentarme a su lado y llorarle mis penas; sin tapujos. Pero ella no podía aguantar más; yo veía cada vez más debilitados sus pétalos, quizá por mi incansable cantinela, por mis penas, día tras día (cosa q entiendo, por otro lado).
Así q él escuchó, todos y cada uno de los momentos q sufrí. Mi valor, por una vez, de decir adiós al pasado, de no tratar de subir por una Escalera q no conduce a ningún sitio y no permitir q luego me empujaran desde el último peldaño.
También le conté mi último dolor, el del corazón. La perdida de Él, mi último Fantasma, ya la conocía; pero no así el dolor de verlo desde la Ventana. Voland siempre dijo q tenía q dejarlo volar, q tenía q dejar q hiciera su vida, así como yo debía recomponer la mía. Cumplí su primera proposición, pero la segunda me está costando un poco más. Trataba de moldear mi mundo sin un Fantasma más, trataba de ajustar las piedras en los lugares q dejaron las tres Puertas... Todo iba encajando y el golpe de viento abrió la Ventana...
Todo se lo conté; ahora, pasado el tiempo, el dolor del corazón era menor y se podía recordar sin sentir una angustia superior a la de respirar el pesado aire de aquí abajo. Él escuchó atentamente (por eso siempre le tengo q dar las gracias).
Después me agarró del brazo, tiró de mí para q saliera, por un momento, del lugar oscuro en el q me había recluido y me enseñó lo q me estaba perdiendo. El Inframundo seguía allí, aunq no fuera el mejor lugar donde estar, era el lugar q yo había elegido y todo lo demás se estaba estropeando. El agua, mi bella Laguna de la Calma se estaba volviendo un charco de lodo. Mi Flor, que ya se valía por si misma, también echaba de menos mis lágrimas. Incluso mis Fantasmas se habían cansado de gritar, puesto q con eso no atormentaban ya a nadie.
Trató también de enseñarme la salida más fácil del Inframundo. La Escalera correcta, la q empezó a construir mi Ayudante de Arqueólogo, y q aunq él no la hubiera terminado, sólo era necesario un salto para cubrir la distancia entre el exterior y ese último escalón son hacer. Pero esa salida aun no era la q podía elegir. No tenía fuerzas suficientes.
Así q opté por la primera opción. Traté de ir de nuevo por todos y cada uno de los lugares del Inframundo q había dejado abandonados. Fui a la Laguna, a remover sus aguas para q no parecieran estancadas. Me zambullí de nuevo y sentí algo de la paz q siempre me proporcionaba. Sonreí, por fin desde hacía meses y Voland dijo q siempre le había gustado mi sonrisa, q así me encontraba mejor q con los labios apretados haciendo una mueca de dolor.
Luego pasé a ver el lugar de las Tres Puertas. Ya no causaban dolor. La Primera seguía escociendo, era como si allí aun la Roca tuviera algo del calor q tuvo, pero no estaba allí. Las otras dos habían desaparecido sin dejar dolor, olor o calor. Se fueron y punto.
Pasé a ver a mis Fantasmas y no tuvieron valor de gritar. Contemplaron desde sus lugares, altos, bajos o flotando, como volvía a verlos su cancerbero, su guardián. Alguno, al contrario de gritarme como yo esperaba, me saludó y pasó a decir cosas buenas de mí. Me volvió a recordar lo bien q se sintió cuando llegó por primera vez aquí, de lo q sintió al ver q le cuidaría alguien como yo y q no sabía por qué había decidido luego hacerme sufrir. Volvió a sentir “amor” por mí. Volvía a ser, por un instante, el guardián de almas en pena a las q yo no había condenado. Eso era lo q quería, por un momento.
Por un instante, volví a sentirme bien. Por fin, un día, volviste a recordarme q siempre me haces sonreír, q siempre me quieres tal cual soy.
De nuevo y siempre, gracias por hacerme recordar como se sonríe.
(Y espero disculpes las licencias literarias q me he tomado de toda aquella tarde).

Saludos desde el Inframundo.
 
El corazón me dolió
Yo, que siempre he pensado lo mismo, he defendido a capa y espada que el corazón no duele, que el que siente es el cerebro; yo, q nunca pensaba que el dolor llegaría al músculo cardíaco, ahora tengo q retratactarme
El corazón me dolió.
Por un pequeño instante, las espesas cortinas que había hecho poner en mi Ventana al exterior, se movieron. El intenso aire q sufrís allá arriba, hizo que ondearan. Justo, en el preciso momento en q su vid pasaba por esa Ventana. Justo cuando el Destino había decidido q mis Fantasmas callaran por un segundo. Todo el silencio y su imagen por la Ventana.
Apenas duró un minuto. Pero esa visión hizo q, eso que quiero llamar corazón (quizá por eufemismo o por nostalgia de lo que una vez fue), durante, lo que a mí me pareció una eternidad, latiera con tal fuerza y con tantas ganas de bombear sangre, q doliera. Sus rítmicos y acelerados latidos, hacían que chocara contra la coraza de acero q forjé para él. La coraza es fuerte y no se iba a romper. Pero el dolor q sufrió el corazón debido a esos golpes, era algo q no esperaba.
¡¡¡A ti no te duele el corazón, estúpido Thanatos!!! ¡¡¡Tú no tienes corazón!!! ¿No ves q es una roca dura? ¿Q ya no corre sangre por tus venas?
Entonces, ¿por qué este angustioso dolor? ¿por qué esta falta de oxígeno, aunque sobrecargado, para insuflar en tus pobre pulmones?
Nada podía explicar esta sensación, así q decidí vagar, sin rumbo fijo (de nuevo) por el Inframundo. No me atreví a ir a ver a mi bella Flor, pues ella siempre me consolaba, pero, por algún extraño motivo, pensaba que algún día se cansaría (ella también) de mi dolor y desasosiego. Es aburrido vivir en el Inframundo y q, ni siquiera quien te cuida, sea capaz de decir algo alegre por una vez.
Así q vagué, hasta topar con el lugar de las Tres Puertas. Para no sentir el dolor del corazón, provoqué a la mente y le hice recordar como era pasear por cada uno de los caminos que me llevaban al Desconcierto. Por fin volví a sentir calma en el pecho y dolor donde siempre, en el estúpido cerebro que a todo le da vueltas. Acaricié la roca queriendo recordarlas a Ellas, mis Tres Puertas.
¿Cómo era el Desconcierto? Ya había olvidado esa sensación; hacía tanto tiempo que se me había vedado el ir allí, q no recordaba como se siente un pobre carcelero cuando llega allí.
Ya era demasiado el dolor q le estaba causando a mi mente, así q seguí paseando. Y esta vez me topé con Ella. Ya hacía tiempo que había asumido su lugar y su derrota. Pero, por algún motivo, mi rostro denotó mi dolor y Ella lloró. Lloró por mí; dejó correr las lágrimas q yo me había negado a verter. Me había prometido no volver a llorar y Ella lo hizo por mí.
No sé cuanto tiempo estuve frente a Ella para ver sus lágrimas y así, pensar en las que yo debería estar vertiendo. Tras ese tiempo, cuando Ella vio q mi dolor seguía, sin saber porqué, se abrazó a mí. Entonces caí de rodillas y, sin sentido, fallándome a mí mism@, lloré.
Dolorosas lágrimas, negras como mi corazón (pues de allí provenían). Amargas lágrimas q sólo Ella vio, que Ella enjugó con su pelo. Nadie más sabría q también a mí me duele el corazón, q sufro cuando intento no pensar, cuando el Destino trata de jugar conmigo y mostrarme lo q pudo ser y no fue.
No podía moverme. De nuevo sentí la derrota en los hombros pesando como un Mundo entero.
¿Por qué es tan difícil todo?
“Triste como el perro en la autopista;
Como una tortuga con prisa;
como una monja en un burdel.

Solo, como cuando tu te fuiste; como cuando no te rozan unos labios de mujer.

Hoy me he vuelto a ver...

Absurdo, como un domingo por la tarde; como las balas por el aire;
Como el puto despertador.

Inútil,
Como los besos que no diste; como un cuerpo que se viste cuando me desnudo yo.

Como un borracho en el desierto;
Como una princesa en el metro;
Como un reo sin voz.

Como una navidad sin techo;
Como un delfín en el mar muerto;
Como la lagrima que moja tu colchón.

Vacío,
Como el corazón del rico;
Como el bolsillo del mendigo;
Como los besos de alquiler.

Confuso,
Como una noche sin abrigo;
Como las frases que ya no te escribo
Pa´ que vuelvas otra vez.”


Saludos desde el Inframundo.