La maleta.
“Tendré que hacer mi maleta de nuevo, cuando la cierro siempre pienso en ti. Una camisa para cada momento y yo siempre lejos de aquí.
Antes de q me lo recuerde el viento me gustaría despedirme de ti; no quieres verme ni al final de un concierto y yo me cansé de salir.
Perdóname, sé que no estás tan sol@, y los kilómetros vuelan en mi contador.
Porque estuve dando mil vueltas, por esos mundo dejados de Dios y me he perdido con las sirenas, q me llamaron con su canción. Y pensé en relojes de arena, pensé en eclipses de sol y tracé una gran línea recta imaginaria entre tú y yo.
Se aceptan flores q disfrazan mentiras, se venden soles en cualquier canción. Mil noches llenas de palabras vacías, para engañar al corazón.
En el balcón, la luz de otro día, me dedica una estrofa hablando de ti.
Y pensé en relojes de arena, pensé en eclipses de sol y tracé una gran línea recta imaginaria entre tú y yo.”
Esa maleta que cargo cada vez más. En cada momento, tengo q volver a cerrarla y viajar, llevar conmigo cada uno de mis dolores, de mis risas, de mis llantos y de mis sonrisas. Esa maleta que nunca puedo abandonar. Esa maleta que me impidió decir, en su momento, decir que la dejaría allí, en su armario, sólo si esa era su voluntad, sólo si admitía un trasto más en el innumerable desbarajuste de sus cosas...
Esa maleta que ya sólo lleva recuerdos. Pedí el Olvido, es cierto, pero parece ser que cuanto más deseas y pides una cosa, más difícil es q se cumpla. Nunca creí en esa máxima que decía q si deseas una cosa la pidas con fe y se te cumplirá, puesto q no es cierto. Olvidar sólo se olvida si se quiere, y realmente no sé si es ahora lo que quiero. Quizá un pequeño trozo de olvido, pero no el Olvido completo (se venden tierras en Olvido??).
Esa maleta que ya no cierra con tantas historias, esa maleta que dejé en algún lugar del Inframundo y se va cargando, sin yo saberlo, de cientos de cosas que luego pesarán eternamente.
Esa maleta que ahora no puedo mirar, puesto que no sé donde llevarla. La mueva donde la mueva, sé que no parará en el fondo de ese armario.
La maleta que ahora descansa en el lugar indicado no es la mía, es más nueva y mejor. Yo no dejé q nadie la tocara y ahora tengo q cargar yo, única y exclusivamente, con ella. ¿Por qué me obcequé en llevarla yo siempre? ¿Por qué no permití que alguien me ayudara? ¿Por qué esa tozudez?
Supongo que me gustaba viajar, ser libre y volar cuando así lo deseara. Supongo q no me costaba hacer la maleta cuando la cabeza, el corazón y las ataduras me lo proponían. Pero no siempre era lo mejor. Pero no siempre era lo que debí hacer. La última maleta que no debí hacer, ahora no hace más que llenarse de cosas. Es una maleta que nunca debí hacer y que ya nunca podré deshacer. Una maleta que lleno día a día, que cargo día a día.
Una maleta que ya no me ayudarás a llevar, porque nunca te dije cuanto pesaba ni la falta que me hacía que tomaras un asa y llevar el peso entre dos. Nunca me atreví a descargar parte de su contenido cerca de donde pudieras cogerlo y ahora ya es tarde.
La maleta que ahora portas es más liviana, ligera y apenas perceptible. Es fácil llevar una maleta llena de aire, de felicidad y de alegrías, ¿verdad? Yo también la llenaba de eso día a día pero no quería que lo vieras y ahora ya da igual.
Las cosas, cuando se encierran mucho tiempo, se pudren. También las sonrisas y las alegrías y ahora, aquí abajo, esas cosas no son más que tristes muecas, lágrimas y gritos que ya nadie equipararía con la sonrisa que hacías brotar.
Congelados todos los músculos faciales, las lágrimas son cubitos de cristal que no salen, puesto que no es fácil expulsar cristales de los lacrimales y además no sirven para nada ya. Aquí nadie tiene en cuenta el porqué de una lágrima; es más, nadie tiene en cuenta una lágrima.
Además, mientras tanto, ahí afuera, nadie sabe nada. ¿Por qué razón tengo q sufrir? Si estoy donde quise. Estoy donde debo.
Estoy conmigo y nadie más corpóreo hay a mi alrededor.
Esa maleta que no debí cerrar...
Saludos desde el Inframundo.
Antes de q me lo recuerde el viento me gustaría despedirme de ti; no quieres verme ni al final de un concierto y yo me cansé de salir.
Perdóname, sé que no estás tan sol@, y los kilómetros vuelan en mi contador.
Porque estuve dando mil vueltas, por esos mundo dejados de Dios y me he perdido con las sirenas, q me llamaron con su canción. Y pensé en relojes de arena, pensé en eclipses de sol y tracé una gran línea recta imaginaria entre tú y yo.
Se aceptan flores q disfrazan mentiras, se venden soles en cualquier canción. Mil noches llenas de palabras vacías, para engañar al corazón.
En el balcón, la luz de otro día, me dedica una estrofa hablando de ti.
Y pensé en relojes de arena, pensé en eclipses de sol y tracé una gran línea recta imaginaria entre tú y yo.”
Esa maleta que cargo cada vez más. En cada momento, tengo q volver a cerrarla y viajar, llevar conmigo cada uno de mis dolores, de mis risas, de mis llantos y de mis sonrisas. Esa maleta que nunca puedo abandonar. Esa maleta que me impidió decir, en su momento, decir que la dejaría allí, en su armario, sólo si esa era su voluntad, sólo si admitía un trasto más en el innumerable desbarajuste de sus cosas...
Esa maleta que ya sólo lleva recuerdos. Pedí el Olvido, es cierto, pero parece ser que cuanto más deseas y pides una cosa, más difícil es q se cumpla. Nunca creí en esa máxima que decía q si deseas una cosa la pidas con fe y se te cumplirá, puesto q no es cierto. Olvidar sólo se olvida si se quiere, y realmente no sé si es ahora lo que quiero. Quizá un pequeño trozo de olvido, pero no el Olvido completo (se venden tierras en Olvido??).
Esa maleta que ya no cierra con tantas historias, esa maleta que dejé en algún lugar del Inframundo y se va cargando, sin yo saberlo, de cientos de cosas que luego pesarán eternamente.
Esa maleta que ahora no puedo mirar, puesto que no sé donde llevarla. La mueva donde la mueva, sé que no parará en el fondo de ese armario.
La maleta que ahora descansa en el lugar indicado no es la mía, es más nueva y mejor. Yo no dejé q nadie la tocara y ahora tengo q cargar yo, única y exclusivamente, con ella. ¿Por qué me obcequé en llevarla yo siempre? ¿Por qué no permití que alguien me ayudara? ¿Por qué esa tozudez?
Supongo que me gustaba viajar, ser libre y volar cuando así lo deseara. Supongo q no me costaba hacer la maleta cuando la cabeza, el corazón y las ataduras me lo proponían. Pero no siempre era lo mejor. Pero no siempre era lo que debí hacer. La última maleta que no debí hacer, ahora no hace más que llenarse de cosas. Es una maleta que nunca debí hacer y que ya nunca podré deshacer. Una maleta que lleno día a día, que cargo día a día.
Una maleta que ya no me ayudarás a llevar, porque nunca te dije cuanto pesaba ni la falta que me hacía que tomaras un asa y llevar el peso entre dos. Nunca me atreví a descargar parte de su contenido cerca de donde pudieras cogerlo y ahora ya es tarde.
La maleta que ahora portas es más liviana, ligera y apenas perceptible. Es fácil llevar una maleta llena de aire, de felicidad y de alegrías, ¿verdad? Yo también la llenaba de eso día a día pero no quería que lo vieras y ahora ya da igual.
Las cosas, cuando se encierran mucho tiempo, se pudren. También las sonrisas y las alegrías y ahora, aquí abajo, esas cosas no son más que tristes muecas, lágrimas y gritos que ya nadie equipararía con la sonrisa que hacías brotar.
Congelados todos los músculos faciales, las lágrimas son cubitos de cristal que no salen, puesto que no es fácil expulsar cristales de los lacrimales y además no sirven para nada ya. Aquí nadie tiene en cuenta el porqué de una lágrima; es más, nadie tiene en cuenta una lágrima.
Además, mientras tanto, ahí afuera, nadie sabe nada. ¿Por qué razón tengo q sufrir? Si estoy donde quise. Estoy donde debo.
Estoy conmigo y nadie más corpóreo hay a mi alrededor.
Esa maleta que no debí cerrar...
Saludos desde el Inframundo.
Pediría...
Si es cierto que Sus Majestades Magas existen, si es verdad que pueden ser mágicos, ¿qué pediría?...
Sé lo q quiero; quiero el Olvido. Quiero abrir los ojos cada nueva mañana y observar que el paisaje de mi alrededor es distinto. Q lo he olvidado sin más, sin necesidad de encerrarme en la Caverna y dejar pasar allí días y días hasta que olvido por obligación, por necesidad de salir de esa maldita Caverna a respirar algo de aire (menos) sobrecargado.
Pido de nuevo el Olvido de esos ojos q un día mataron la ilusión en todo lo q una vez fue un corazón dentro de mi pecho. Pido q no vuelva a verlos cuando cierro los míos ni a leer sus palabras en el aire flotando. Escritas sobre el denso suspiro q a veces se me escapa.
Pido, otra vez, el Olvido para no recordar lo q no puede ser. Para no pensar en lo q ahora ocurre a pesar de mí, sin mí, sin necesidad de mí. El Olvido para no pensar en ese beso q nunca más sentiré, esa sonrisa q nunca más acariciaré, es dragón al q me hubiera gustado subir más a menudo, pero q sólo pasó por aquí tan esporádicamente, q su aleteo destrozó todos los caminos al Desconcierto.
Necesito el Olvido de mí. No pensar en quien soy, en lo q soy, en pq soy un carcelero q todos odian. No elegí yo este puesto. Ellos me buscaron, Ellos me bajaron, Ellos me dieron mi capa negra y pusieron la coraza al corazón. Ellos son los culpables y quiero, por una vez, hacerlos ver q Ellos no dominan mi alma. Quiero, por una vez, no ser yo y volver a sonreír.
Pediría mi otro Yo. Aquello q una vez fui y q no puedo recordar (¿porqué para eso sí q llegó tan pronto el Olvido?).
¿Dónde han quedado esos días? Pediría otra vida, para hacer lo mismo q en esta pero para verlo desde fuera. Para ver q en los errores q incurrí fueron por un cúmulo de cosas. Poder rectificar los q realmente me hubieran ayudado a no caer aquí abajo.
Es egoísta, egocéntrico y ególatra. Pero sé q ellos no existen y, por tanto, de nada me serviría pedir siquiera algo bueno para este Mundo q, allá arriba, me proporciona más almas aquí abajo.
Pero no puedo dejar de pensar en q pedir y sólo se me ocurren cosas q no pueden ser. Pediría un último baile, saber q me iré, el último abrazo y prometo q me iré...
Pediría tus susurros a mi oído como cuando aun los podías dejar caer allí. Cuando aún eras una boca con forma y no un recuerdo de aquello q fue.
Pediría, sólo un ¡Hola! De quien ya no puede decirlo...
Pediría...
Son tantas cosas las q pediría q no puedo dejar de pedir sólo una. ¡Qué cada uno tenga todo lo bueno q pidió y sólo un poquito de tristeza, para así poder valorar mejor los ratos de alegría!
“Cuando la suerte qu' es grela,
fayando y fayando
te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
la indiferencia del mundo
-que es sordo y es mudo-
recién sentirás.
Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa...
¡Yira!... ¡Yira!...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao...
Cuando te dejen tirao
después de cinchar
lo mismo que a mí.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar...
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
¡se puso a ladrar!”
Saludos desde el Inframundo.
Sé lo q quiero; quiero el Olvido. Quiero abrir los ojos cada nueva mañana y observar que el paisaje de mi alrededor es distinto. Q lo he olvidado sin más, sin necesidad de encerrarme en la Caverna y dejar pasar allí días y días hasta que olvido por obligación, por necesidad de salir de esa maldita Caverna a respirar algo de aire (menos) sobrecargado.
Pido de nuevo el Olvido de esos ojos q un día mataron la ilusión en todo lo q una vez fue un corazón dentro de mi pecho. Pido q no vuelva a verlos cuando cierro los míos ni a leer sus palabras en el aire flotando. Escritas sobre el denso suspiro q a veces se me escapa.
Pido, otra vez, el Olvido para no recordar lo q no puede ser. Para no pensar en lo q ahora ocurre a pesar de mí, sin mí, sin necesidad de mí. El Olvido para no pensar en ese beso q nunca más sentiré, esa sonrisa q nunca más acariciaré, es dragón al q me hubiera gustado subir más a menudo, pero q sólo pasó por aquí tan esporádicamente, q su aleteo destrozó todos los caminos al Desconcierto.
Necesito el Olvido de mí. No pensar en quien soy, en lo q soy, en pq soy un carcelero q todos odian. No elegí yo este puesto. Ellos me buscaron, Ellos me bajaron, Ellos me dieron mi capa negra y pusieron la coraza al corazón. Ellos son los culpables y quiero, por una vez, hacerlos ver q Ellos no dominan mi alma. Quiero, por una vez, no ser yo y volver a sonreír.
Pediría mi otro Yo. Aquello q una vez fui y q no puedo recordar (¿porqué para eso sí q llegó tan pronto el Olvido?).
¿Dónde han quedado esos días? Pediría otra vida, para hacer lo mismo q en esta pero para verlo desde fuera. Para ver q en los errores q incurrí fueron por un cúmulo de cosas. Poder rectificar los q realmente me hubieran ayudado a no caer aquí abajo.
Es egoísta, egocéntrico y ególatra. Pero sé q ellos no existen y, por tanto, de nada me serviría pedir siquiera algo bueno para este Mundo q, allá arriba, me proporciona más almas aquí abajo.
Pero no puedo dejar de pensar en q pedir y sólo se me ocurren cosas q no pueden ser. Pediría un último baile, saber q me iré, el último abrazo y prometo q me iré...
Pediría tus susurros a mi oído como cuando aun los podías dejar caer allí. Cuando aún eras una boca con forma y no un recuerdo de aquello q fue.
Pediría, sólo un ¡Hola! De quien ya no puede decirlo...
Pediría...
Son tantas cosas las q pediría q no puedo dejar de pedir sólo una. ¡Qué cada uno tenga todo lo bueno q pidió y sólo un poquito de tristeza, para así poder valorar mejor los ratos de alegría!
“Cuando la suerte qu' es grela,
fayando y fayando
te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
la indiferencia del mundo
-que es sordo y es mudo-
recién sentirás.
Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa...
¡Yira!... ¡Yira!...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao...
Cuando te dejen tirao
después de cinchar
lo mismo que a mí.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar...
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
¡se puso a ladrar!”
Saludos desde el Inframundo.





