Hoy quería.
“Era la princesa
de un reino encantado
Entro ya en los treinta
y aún no lo he encontrado
Pensaba que todo
cabe en un abrazo
y ahora prefiero
el frío de marzo
Si miro la luna
tropiezo en el suelo
Si miro la tierra
me doy contra el cielo
Pobre de mí
Se acabaron las fiestas
al menos para mí
Se acabaron las fiestas
y no sé a dónde ir
Pensaba llegar
a jefa de algo
Ahora lo sé
para eso no valgo
Pensaba tener
millones de abrazos
Ahora prefiero
el frío de marzo”
Hoy me apetecía escribir. Descargar, sin más, sobre esta hoja en blanco las cientos de cosas q pasan por mi cabeza.
No sé por donde empezar y, más aún, no sé que es lo q ocurre realmente en mi cabeza ahora mismo, pero es este Maldito Abril, q me trastorna la cabeza.
Siempre he odiado este mes. Siempre viene a recordarme...
No sé. No tengo motivos, tengo todos los motivos, la lluvia duele, el sol abrasa, el aire quema, el viento enoja...
La primavera llega con dificultad, pero hace estragos, entre las almas...
Ahora q todo está en constante agitación, todos se mueven sin dirección ni sentido, me apetecía sentarme y descansar. Respirar hondo y no pensar en nada.
Pero, según dicen, hay alguien q no olvida y ese es el olvidado. En este caso era Ella. La olvidada. Había dejado q durmiera, si viera lo linda q está. No quería q despertase, puesto q fuera estaba todo de mal en peor.
Pero no podía dormir su dolor eternamente. No estaba en tan mal estado como para dejar su alma postergada al sueño Eterno.
Así que despertó. Abrió los ojos sin más. Yo observaba desde fuera de la Caverna del Olvido (donde Ella había decidido pasar su particular hibernación). Y, allí, cuando el sol (curioso astro q todo lo puede) entró por los cristales de la Ventana e incidió en la roca fría, hizo un juego de colores q consiguió abrir sus ojos.
Se habían cerrado hacía tanto tiempo q no recordaban donde habían dejado de ver. Ahora, cuando volvía a asumir su lugar, su dolor, su situación, no había ya nada en la vista. Sólo eran unos ojos perdidos.
No sentían, no miraban, no querían. Sólo eran...
Vacíos ante cualquier estímulo, pude ver q los ojos q tanto lloraron en un principio, ahora no querían nada. Sólo estar allí, en esa cara tan bella q había sido recorrida cientos de veces por lágrimas.
El sueño le había hecho olvidar todo, excepto el agotamiento moral. Sus ojos denotaban ese cansancio psíquico q no podía sobrellevar.
No sé pq pensaba q podría seguir adelante, todos, al final, lo consiguen. Pero Ella iba a tener una larga Eternidad aquí abajo. Era una tristeza tan aguda, q cada destello de luz en sus iris reflejaba pena. Era como si el azul del iris se licuara en lágrimas q ya nunca más saldrían.
Había agotado el líquido en ellos. Se había condensado en esas dos esferas de agua retenida q ahora hacían las veces de pupilas.
Ella había dormido su dolor en su interior. Y allí, donde nadie pudiera paliarlo, donde nadie pudiera tocarlo, iba a dejarlo eternamente. Tanto tiempo como permaneciese aquí. Ese dolor q yo veía cada vez q me miraba. Ese dolor q ahora, nuevamente, era mí.
Maldito Abril, ahora q parecía q no iba a sentir dolor. Ahora q todos estaban a lo suyo sin molestar; es ahora cuando el mundo vuelve a hundirse.
Saludos desde el Inframundo.
P.D.: De nuevo mi ángel caído me sacó a dar un paseo por sus lugares y no por los míos. De nuevo, me hizo reír. Gracias Voland.
de un reino encantado
Entro ya en los treinta
y aún no lo he encontrado
Pensaba que todo
cabe en un abrazo
y ahora prefiero
el frío de marzo
Si miro la luna
tropiezo en el suelo
Si miro la tierra
me doy contra el cielo
Pobre de mí
Se acabaron las fiestas
al menos para mí
Se acabaron las fiestas
y no sé a dónde ir
Pensaba llegar
a jefa de algo
Ahora lo sé
para eso no valgo
Pensaba tener
millones de abrazos
Ahora prefiero
el frío de marzo”
Hoy me apetecía escribir. Descargar, sin más, sobre esta hoja en blanco las cientos de cosas q pasan por mi cabeza.
No sé por donde empezar y, más aún, no sé que es lo q ocurre realmente en mi cabeza ahora mismo, pero es este Maldito Abril, q me trastorna la cabeza.
Siempre he odiado este mes. Siempre viene a recordarme...
No sé. No tengo motivos, tengo todos los motivos, la lluvia duele, el sol abrasa, el aire quema, el viento enoja...
La primavera llega con dificultad, pero hace estragos, entre las almas...
Ahora q todo está en constante agitación, todos se mueven sin dirección ni sentido, me apetecía sentarme y descansar. Respirar hondo y no pensar en nada.
Pero, según dicen, hay alguien q no olvida y ese es el olvidado. En este caso era Ella. La olvidada. Había dejado q durmiera, si viera lo linda q está. No quería q despertase, puesto q fuera estaba todo de mal en peor.
Pero no podía dormir su dolor eternamente. No estaba en tan mal estado como para dejar su alma postergada al sueño Eterno.
Así que despertó. Abrió los ojos sin más. Yo observaba desde fuera de la Caverna del Olvido (donde Ella había decidido pasar su particular hibernación). Y, allí, cuando el sol (curioso astro q todo lo puede) entró por los cristales de la Ventana e incidió en la roca fría, hizo un juego de colores q consiguió abrir sus ojos.
Se habían cerrado hacía tanto tiempo q no recordaban donde habían dejado de ver. Ahora, cuando volvía a asumir su lugar, su dolor, su situación, no había ya nada en la vista. Sólo eran unos ojos perdidos.
No sentían, no miraban, no querían. Sólo eran...
Vacíos ante cualquier estímulo, pude ver q los ojos q tanto lloraron en un principio, ahora no querían nada. Sólo estar allí, en esa cara tan bella q había sido recorrida cientos de veces por lágrimas.
El sueño le había hecho olvidar todo, excepto el agotamiento moral. Sus ojos denotaban ese cansancio psíquico q no podía sobrellevar.
No sé pq pensaba q podría seguir adelante, todos, al final, lo consiguen. Pero Ella iba a tener una larga Eternidad aquí abajo. Era una tristeza tan aguda, q cada destello de luz en sus iris reflejaba pena. Era como si el azul del iris se licuara en lágrimas q ya nunca más saldrían.
Había agotado el líquido en ellos. Se había condensado en esas dos esferas de agua retenida q ahora hacían las veces de pupilas.
Ella había dormido su dolor en su interior. Y allí, donde nadie pudiera paliarlo, donde nadie pudiera tocarlo, iba a dejarlo eternamente. Tanto tiempo como permaneciese aquí. Ese dolor q yo veía cada vez q me miraba. Ese dolor q ahora, nuevamente, era mí.
Maldito Abril, ahora q parecía q no iba a sentir dolor. Ahora q todos estaban a lo suyo sin molestar; es ahora cuando el mundo vuelve a hundirse.
Saludos desde el Inframundo.
P.D.: De nuevo mi ángel caído me sacó a dar un paseo por sus lugares y no por los míos. De nuevo, me hizo reír. Gracias Voland.
Game Over (08/04)
“Quieto parao, no te arrimes, ya son demasiados abriles
para tu amanecer desbocao, mejor que me olvides,
yo me quedo aquí a tender mi pena al sol
en la cuerda de tender desolación,
luego empezaré a coser “tequieros” en un papel
y a barrer el querer con los pelos de un pincel..
Y en cuanto acabó de zurcir las heridas de
las noches mal dormidas llegué yo
y le llené de flores el jergón para los dos,
sin espinas, de colores, que se rieguen
cuando llore y cuando no, las sulfatamos
con nuestro sudor,
y me confesó, cuando quieras arrancamos que
en las líneas de la mano lo leyó,
que se acabó el que la quemara el sol,
pero se asustó, ¡como te retumba el pecho!,
tranqui, solo es mi maltrecho corazón,
que se encabrita cuando oye tu voz,
¿qué coño le pasara que ya no sale a volar ?
¿Tal vez le mojó las plumas el relente de la luna?
le volvió loca el sonío de las gotas de rocío
cuando empieza a clarear y aún no se ha dormío
y me enamoró, aunque era un hada alada y
yo seguía siendo nada no importó,
éramos parte del mismo colchón
hasta que juró,"nos querremos más que nadie
pa que no corra ni el aire entre tú y yo",
sentí que me iba faltando el calor,
le hizo un trato al colchón, con su espuma se forró
el corazón, que anoche era de piedra y al alba era
de mimbre que se dobla antes que partirse...
Amaneció, la vi irse sonriendo, con lo puesto,
por la puerta del balcón, el pelo al viento
diciéndome adiós, porque decidió que ya
estaba hasta las tetas de poetas de bragueta y revolcón,
de Trovadores de contenedor."
El cielo ha decidido q es el momento. Ha abierto sus puertas, ha dejado caer las lágrimas de dolor q se filtran hasta aquí abajo. Es curioso como los días grises de allá arriba también repercuten aquí abajo. Es como si se hubiera despertado un cierto ímpetu en todos y cada uno de los Fantasmas. Se mueven más veloces, vuelan, gritan y se agitan cada vez más rápido. Como si toda esa “energía negativa” q se está filtrando los ayudará a ser más veloces.
No es extraño q esa lluvia aquí se sienta como fuente motriz de energía, pues lo gris y triste es lo que mueve este Inframundo. Incluso yo tengo más energía, si se puede llamar así a la fuerza q me hace levantarme cada día aquí. Tengo q seguir y tengo q terminar de coser cada herida y dejar q cicatricen. Quizá las plumas de sus alas hicieron la primera fase, pero yo y solamente yo, puedo terminarlas. No puedo dejar q nadie cure mis heridas.
No sé como hacerlo, por donde empezar y como eliminarlas. De momento he comenzado a pensar en cuales puedo eliminar. Todas las cicatrices, todos los momentos q me han hundido aquí, ahora no me sobran. Me sirven para recordar lo que no debo volver a hacer, lo que no debo arriesgar.
Y no debo cometerlos de nuevo. Pero es fácil decirlo, sencillo pensarlo. Pero luego, cuando estoy a solas conmigo, cuando todo está pensado y recapacitado, vuelvo a cometer el error. Vuelvo a caer en la misma roca por la q no debo pasar, pues tropiezo una y ciento de veces.
Y entonces cometí el error. Caminaba, sin mirar por donde, pues mis pasos ya están tan marcados en los caminos de aquí abajo q parece que siempre camine por el mismo sitio, sin variar un ápice. Pero, volvamos, q me voy por las ramas. Decía q caminaba y alcancé a ver el reflejo de la lluvia en los cristales de mi Ventana, esa que da al exterior tan deseado y tan temido por mí.
Y, de repente, ese viento q trae consigo la lluvia, la abrió de par en par. Por una vez me mojó la verdadera lluvia, esa que es sólo agua, esa q dejan caer las nubes directamente, esa q no hace otra cosa q permitir el crecimiento de los ríos, plantas y finalmente, vuestros pantanos. Esa agua tan bendita que le hubiera venido tan bien a mi bella Flor. Esa agua q todo lo limpia (aunq también a veces, todo lo arrastra). Y esa agua me enloqueció, me hizo pensar q quizá era ella la q mojaba las plumas de las alas de mi Ángel de Luz y no podía volver a llegar a mi lugar. No sé como llegó la primera vez, pero no podía volver a verlo.
Me pareció ver su reflejo a través de las gotas de la lluvia y grité; mis aullidos llegaron por encima de todo lo q allí estaba pasando. Todos y cada uno de los movimientos que habían comenzado antes de q yo gritara quedaron congelados. Los Fantasmas quedaron suspendidos en el aire como atados a cuerdas. Mi Flor dejó de hacer su fotosíntesis (q no sé como puede hacerla aquí con tan poca luz) y la Laguna del Olvido paralizó sus aguas hasta parecer una superficie de cristal.
Pero el grito no llegó a la persona adecuada. No, el grito subió más allá y llegó a oídos de Él. No se giró, ni siquiera hizo ademán de haber oído semejante aberración. Continuó su camino, allá donde estuviera (desde donde yo no podía verlo, pero podía percibir que había recibido mi grito).
Continuó su camino y sonrió para sus adentros, convencido de q había vencido. Él había vencido a Thanatos, al mundo gris, al Inframundo, a todo aquello tan pésimo q le esperaba abajo.
Y entonces la Ventana se cerró de golpe, haciendo añicos todos los cristales que la protegían. Pero no pasaba nada, yo estaba encerrado aquí y esos cristales se volvieron a regenerar para q yo no pudiera escapar por esos huecos que hubieran dejado. Fin del juego.
Había vuelto a caer. Nada, de nuevo las gotas del rocío mojaron mis plumas.
De nuevo cometí un error garrafal. De nuevo Él. Ni siquiera ante la idea de cambiar...
“Soy un nómada de arena y tú eres un sueño de mar. Tu mirada es la condena donde cumplo mi libertad.”
Saludos desde el Inframundo.
para tu amanecer desbocao, mejor que me olvides,
yo me quedo aquí a tender mi pena al sol
en la cuerda de tender desolación,
luego empezaré a coser “tequieros” en un papel
y a barrer el querer con los pelos de un pincel..
Y en cuanto acabó de zurcir las heridas de
las noches mal dormidas llegué yo
y le llené de flores el jergón para los dos,
sin espinas, de colores, que se rieguen
cuando llore y cuando no, las sulfatamos
con nuestro sudor,
y me confesó, cuando quieras arrancamos que
en las líneas de la mano lo leyó,
que se acabó el que la quemara el sol,
pero se asustó, ¡como te retumba el pecho!,
tranqui, solo es mi maltrecho corazón,
que se encabrita cuando oye tu voz,
¿qué coño le pasara que ya no sale a volar ?
¿Tal vez le mojó las plumas el relente de la luna?
le volvió loca el sonío de las gotas de rocío
cuando empieza a clarear y aún no se ha dormío
y me enamoró, aunque era un hada alada y
yo seguía siendo nada no importó,
éramos parte del mismo colchón
hasta que juró,"nos querremos más que nadie
pa que no corra ni el aire entre tú y yo",
sentí que me iba faltando el calor,
le hizo un trato al colchón, con su espuma se forró
el corazón, que anoche era de piedra y al alba era
de mimbre que se dobla antes que partirse...
Amaneció, la vi irse sonriendo, con lo puesto,
por la puerta del balcón, el pelo al viento
diciéndome adiós, porque decidió que ya
estaba hasta las tetas de poetas de bragueta y revolcón,
de Trovadores de contenedor."
El cielo ha decidido q es el momento. Ha abierto sus puertas, ha dejado caer las lágrimas de dolor q se filtran hasta aquí abajo. Es curioso como los días grises de allá arriba también repercuten aquí abajo. Es como si se hubiera despertado un cierto ímpetu en todos y cada uno de los Fantasmas. Se mueven más veloces, vuelan, gritan y se agitan cada vez más rápido. Como si toda esa “energía negativa” q se está filtrando los ayudará a ser más veloces.
No es extraño q esa lluvia aquí se sienta como fuente motriz de energía, pues lo gris y triste es lo que mueve este Inframundo. Incluso yo tengo más energía, si se puede llamar así a la fuerza q me hace levantarme cada día aquí. Tengo q seguir y tengo q terminar de coser cada herida y dejar q cicatricen. Quizá las plumas de sus alas hicieron la primera fase, pero yo y solamente yo, puedo terminarlas. No puedo dejar q nadie cure mis heridas.
No sé como hacerlo, por donde empezar y como eliminarlas. De momento he comenzado a pensar en cuales puedo eliminar. Todas las cicatrices, todos los momentos q me han hundido aquí, ahora no me sobran. Me sirven para recordar lo que no debo volver a hacer, lo que no debo arriesgar.
Y no debo cometerlos de nuevo. Pero es fácil decirlo, sencillo pensarlo. Pero luego, cuando estoy a solas conmigo, cuando todo está pensado y recapacitado, vuelvo a cometer el error. Vuelvo a caer en la misma roca por la q no debo pasar, pues tropiezo una y ciento de veces.
Y entonces cometí el error. Caminaba, sin mirar por donde, pues mis pasos ya están tan marcados en los caminos de aquí abajo q parece que siempre camine por el mismo sitio, sin variar un ápice. Pero, volvamos, q me voy por las ramas. Decía q caminaba y alcancé a ver el reflejo de la lluvia en los cristales de mi Ventana, esa que da al exterior tan deseado y tan temido por mí.
Y, de repente, ese viento q trae consigo la lluvia, la abrió de par en par. Por una vez me mojó la verdadera lluvia, esa que es sólo agua, esa q dejan caer las nubes directamente, esa q no hace otra cosa q permitir el crecimiento de los ríos, plantas y finalmente, vuestros pantanos. Esa agua tan bendita que le hubiera venido tan bien a mi bella Flor. Esa agua q todo lo limpia (aunq también a veces, todo lo arrastra). Y esa agua me enloqueció, me hizo pensar q quizá era ella la q mojaba las plumas de las alas de mi Ángel de Luz y no podía volver a llegar a mi lugar. No sé como llegó la primera vez, pero no podía volver a verlo.
Me pareció ver su reflejo a través de las gotas de la lluvia y grité; mis aullidos llegaron por encima de todo lo q allí estaba pasando. Todos y cada uno de los movimientos que habían comenzado antes de q yo gritara quedaron congelados. Los Fantasmas quedaron suspendidos en el aire como atados a cuerdas. Mi Flor dejó de hacer su fotosíntesis (q no sé como puede hacerla aquí con tan poca luz) y la Laguna del Olvido paralizó sus aguas hasta parecer una superficie de cristal.
Pero el grito no llegó a la persona adecuada. No, el grito subió más allá y llegó a oídos de Él. No se giró, ni siquiera hizo ademán de haber oído semejante aberración. Continuó su camino, allá donde estuviera (desde donde yo no podía verlo, pero podía percibir que había recibido mi grito).
Continuó su camino y sonrió para sus adentros, convencido de q había vencido. Él había vencido a Thanatos, al mundo gris, al Inframundo, a todo aquello tan pésimo q le esperaba abajo.
Y entonces la Ventana se cerró de golpe, haciendo añicos todos los cristales que la protegían. Pero no pasaba nada, yo estaba encerrado aquí y esos cristales se volvieron a regenerar para q yo no pudiera escapar por esos huecos que hubieran dejado. Fin del juego.
Había vuelto a caer. Nada, de nuevo las gotas del rocío mojaron mis plumas.
De nuevo cometí un error garrafal. De nuevo Él. Ni siquiera ante la idea de cambiar...
“Soy un nómada de arena y tú eres un sueño de mar. Tu mirada es la condena donde cumplo mi libertad.”
Saludos desde el Inframundo.





