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Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
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Sindicación
 
Podía haberlo conseguido…
A veces tenemos lo que deseamos tan cerca, al alcance de la mano, pero somos tan cobardes… q por no extenderla dejamos q se pierda.
Todo está cerca si quieres verlo a esa distancia. O bien a millones de años luz, si no te atreves a dar un paso, un simple paso q podría cambiar el avatar de los tiempos.

Por un momento, alcé el vuelo; Salí corriendo en cuanto vi un pequeño agujero abierto en La Ventana. Volví a coger mi manto de la noche y volé por las nubes, por el asfalto. Y cogí el silencio de vuestra noche para viajar, para no ver el día y así no tener q luchar contra el astro rey.
Volé más allá de donde dije q nunca iría, volví a los orígenes de la historia. Pero ahora la historia había cambiado. No sabía hacia donde me dirigirían los pasos q estaba dando, pero, sin apenas pensarlo, había decidido darlos.
No estuvo mal al principio, el sol no me hizo tanto daño como creía q haría. Y disfruté de buenas compañías, de amigos q también existen más allá del Inframundo.
No se estaba mal, después de todo. Estaba en un lugar cualquiera, en un buen momento, el olor a salitre ayudaba a enajenar los sentidos y, por tanto, a no escuchar las voces de los Fantasmas, q desde abajo, reclamaban mi presencia.
Algún grito escuché, no puedo negarlo, pero era necesario. Tenía q seguir recordando quien era.
No importó, aún así, oírlos, pues era mi tiempo libre, era mi huída parcial, temporal no más.
Estaba todo bien, estaba todo de acuerdo a como no lo había planeado. Es más, no parecía nada fuese a salir mal. Pero nunca se puede decir q no va a ocurrir.
Y ocurrió, la propuesta, sin saber como, llegó. Había q decidir si era buena o no, pero tenía miedo. Allá arriba no tenía la protección de saber q nada podría tocarme. En el Inframundo, nada hace daño puesto que la coraza está completamente dura. Arriba, a veces, sin saber porqué, se resiente y demuestra sus pequeñas fallas, sus agujeritos…
Pero lancé una contraoferta a la propuesta, no podía dejar pasar la oportunidad. Y, entonces, ví q la proposición era una falsa oferta. Sólo querían resquebrajar más la coraza, hasta hacerla inútil allá arriba.
Seguí disfrutando de mis días libres, de no hacer nada, de ver pasar el tiempo sin preocupaciones… Pero estaba allí, latente, la oferta, no dejaba de retumbar en los oídos.
Traté de desoírlas, pero empezó el miedo. El terror a sentir dolor de nuevo, tenía miedo de volver a no poder hacerme de hielo al bajar. Tenía terror a volver a sufrir…
No quería, me enfadé con mi yo. NO puedes pensar en eso, no has de pensar en la oferta, ¿q más da quien la haga? ¿de dónde provenga? Sabía q no era real, q era otra falsa salida hacía ningún sitio. Y ya no iba a creerlo.
Tenía q volver a mi lugar de protección. No podía seguir así, sin resguardo, sin abrigo, a la intemperie. Casi vulnerable al dolor de aquí arriba.
Así volví a coger mi capa de noche, volví a atravesar las nubes, el sol y todo lo q a mi paso se ponía y regresé abajo. Abajo, junto a todos Ellos, q me esperaban todo era igual q había sido. Mi Flor acogió mi terror, mi pánico a volver a caer y volvió a recogerme entre su corola.
Le conté que pude haberlo hecho, pude haber estirado la mano y tocar la salida. Podía haber corrido tanto, q ni Ellos, los eternos Fantasmas, me atrapasen. Pude haber luchado. Pero tuve miedo.
Tanto tiempo hace que luché para nada, que ya no tiene significado la palabra luchar aquí abajo. Además, luchar no sirve de nada si no hay nada por lo que luchar.
Cuanto más extendía la mano para coger el picaporte y abrir del todo La Ventana, para no volver, para huir, más empeoraba la situación.
A cada paso q daba cometía un nuevo error y daba un nuevo traspié. Era como si cada buena intención que yo creía, no fuera más que una pésima idea en realidad.
Así q, finalmente, tras luchar entre un sí y un no, no pude hacerlo.
La lucha, como dije, nunca más comenzaría.

“Yo no me atrevo a recordar, no me atrevo a sonreír.
No me atrevo a ser feliz.
Sí, tengo miedo de perder la cabeza otra vez, si por ti ya la perdí.
Tú, q me haces esconder mis latidos bajo piel, no te quiero molestar.
(…)Porque muero al pensar q has escondido tu corazón, vuelvo a mentirte diciendo q
Nunca sería tu trovador.
Yo, me consumo en la realidad,
De olvidarte me olvidaré, quise intentarlo pero fallé.
Siento q te me vas a cada paso q doy sin ti”.
©Jere.
 
Una de cal y otra de arena.
Recibir para luego tener q dar, tener para luego perderlo…
En la vida todo es un tira y afloja. Hay momentos en los q nada podría impedirte ser feliz y momentos en los que no reconoces esa palabra entre tu vocabulario.
Pues en la muerte es lo mismo. Aquí también, a veces la de cal se vuelve de arena y viceversa.
Es más complicado aquí, puesto que a veces no sabes cuando acaba la cal y empieza la arena, puesto que ésta termina siendo tan gruesa q parezcan piedras…
Pero Ellos, los Fantasmas, a veces saben desaparecerse para no tener q aguantar siempre cal.
La cal…Los muchos gritos, los momentos de vacío, la ausencia de la nada o la nada siempre ausente. El sentimiento de querer huir, gritar a través de la Ventana, el querer pensar que todo va a pasar y no pasa nunca; el único todo q pasa es el tiempo.
Solo el momento de sentarte en La Laguna ayuda, pero, por un momento, la cal fue tan inmensa q las aguas de la Laguna se quedaron tan opacas q no me permitieron olvidar. Sólo sentí vacío, sólo no sentí nada (si se me permite esa expresión). Una inmensa rabia se abatió sobre mí, sin saber de donde procedía. ¿Venía de la ausencia de olvido? ¿Procedía de la oscuridad q presentaban sus aguas?
No podía ir a ellas, así q me encaminé hacia La Caverna del Olvido. Tampoco ella, en este momento, estaba franqueable. No podía traspasar su umbral, no sabía porque…
Estaba en medio del Inframundo sin una balsa de calma, sin una salida de emergencia. Grité, salió de tan profundo q ni yo llegué a reconocer el grito. Era un grito de desesperación, puesto q de ayuda no sirve de nada. Ellos reían alegres, habían visto desencajarse mi cara cientos de veces, pero ahora sabían q no tenía escapatoria. Estaba en ningún sitio atrapado por todos los pensamientos, míos, suyos, de todos…
No sé como fue, pero el Diablo, q a veces atiende mis llamadas, se acercó a ayudarme. Me tendió sin dudar su mano y trató de remover las aguas, trató de quitar la gran telaraña q impedía el paso a la Caverna. Algo hizo, pero era tanta la cal q no pudo hacer mucho más. Aún así su ayuda me sirvió de algo. Volví a tener una charla con él. Volví a oír a hablar al Diablo, en el Hades también tienen voz.
Pasé el resto de horas, hasta q comenzase un nuevo día allá arriba, otras horas más aquí (donde no se diferencia día de noche, salvo por las estrellas q tachonan la Ventana) y desde el mismo comienzo de vuestro día traté de retirar la opacidad de las aguas. Traté de limpiar las telarañas.
Me llevó tres días, con vuestras tres noches, quitar todo aquello q me impedía, por unos momentos, dejar atrás los recuerdos. Al tercer día, de nuevo las aguas se veían cristalinas y, sin pensar, me zambullí en ellas.

La arena… llegó sin buscarla. Llegó como llegan las buenas cosas, los buenos amigos, los buenos momentos, sin llamarlos, sin saber cuando será el momento. Al salir de la Laguna, no sé porqué, recordé q mi Flor siempre hubiera estado allí aunque el resto de cosas me dieran la espalda. Caminé, con prisa, sin pensar en nada más, hacía ella. Me tumbé a su vera y pude sentir calma. Algo me había hecho sentir bien a su lado. Era, por un segundo, un momento de felicidad y reí. No sé porque, pero reí. Reí como hacía tiempo q no lo hacía, no sé el motivo, ni la razón (quizá la locura ya esté llamando a las puertas del Inframundo) y, de tan extraña q era esa situación, los ojos comenzaron a extrañarse y se manifestaron. De los lacrimales surgieron lágrimas, tan escasas ellas, q salían negras; recorrían las mejillas y morían en el hueco del cuello, donde no tenían más camino q seguir y morían. Pero, aun siendo lágrimas negras, eran de risa.
Supe entonces, q el aroma de mi bella Flor me había enardecido. Ella había oído mi grito de desesperación y durante los tres días trató de sintetizar un aroma q pudiera hacerme reír por un momento. Sabía q, tarde o temprano, me acercaría a ella y nunca me echaría en cara q no me acordé de ella cuando estaba mal. Esa fragancia me hizo reír.
Espero q algún día la vuelva a emanar para q pueda, por un segundo, volver a sentir esos granos de arena q, aunque mis Fantasmas no lo piensen, creo q me merezco de vez en cuando tras tener q aguantar sacos y sacos de cal.

“Algo mejor sin comprender porque coño amanece”.

Saludos desde el Inframundo.