Espero que pases cinco minutos en el cielo…
…antes de que el diablo sepa que estás muerto.
Era el momento; como si de una confabulación de todos y cada uno de los Fantasmas, astros, Rocas, y mi Flor; se tratase, todo estaba preparado.
Debía coger el bravo y negro corcel de guerra y de nuevo salir hacia la batalla. Debía librar una dura lucha contra mí, contra mi voluntad, contra mi valor y, sobre todo, contra mi miedo, que en estos días es más grande que cualquiera de las duras rocas que aquí abundan.
Era casi una orden. No tenía otra opción, tenía que hacerlo o hacerlo. No había más alternativas, puesto que los Fantasmas me habían gritado hasta la saciedad la opción. Mi Voland, mi bello Voland, gritaba desde fuera, desde la Ventana. Y hasta las aguas calmas se habían revuelto en señal de acuerdo con el resto.
No tenía fuerzas, no quería luchar, sólo quería que dejasen que reposase en la Caverna del Olvido con Ella. Ella que nunca habla, Ella que nunca pedía ni reclamaba nada. Ella, sólo Ella, que era el Fantasma que nunca quiso serlo, Ella que era el dolor que yo no podía expresar…
Pero no pudo ser. Cuando creía haber encontrado la tranquilidad, para que saliera, la Luz se iluminó a un nivel extraordinario. Llegaba a reflejarse en los recovecos más recónditos del Caverna.
Y me pudo la curiosidad; asomé la cabeza para ver cual era el motivo de esa intensidad luminosa y fue entonces cuando ya no tuve escapatoria.
Todos mis Fantasmas me rodearon. Una masa de entes informes y sin volumen, que no me dejaba caminar hacia atrás. Sólo podía caminar hacia delante. Hacia donde Ellos ya habían preparado todas las armas para la guerra.
Habían colaborado todos. Incluido mi Ángel de Luz (con su Luz aumentada para ello) y eso me dolió.
Sabía a ciencia cierta que todos mis Fantasmas estaban confabulados. Pues ellos, todos, me quieren causar el dolor que ellos no podrán sentir nunca pero que tendrán que purgar aquí abajo. Pero, mi Flor??? También ella? Y mi querido Voland? Del Ángel de Luz ya lo esperaba todo, pues me había demostrado que siempre actuaba a mis espaldas para conseguir mi mal, pero de mi Ángel Caído?...
Después, más tarde, comprendería que mi Ángel Caído lo hacía por mi bien, pero en ese momento no lo entendí.
Cada uno tenía su motivo, pero era extraño verlos a todos reunidos para la misma causa. Que volviera a la batalla, que volviera a luchar por algo, pues no había vuelto a mover nada desde que la Luz agotó mis resistencias.
Monté, por tanto, en el corcel. No tenía alternativa.
Espoleé sus cuartos traseros y, como azotado por un rayo, salió veloz hacia una batalla perdida antes de iniciarse, hacia un fin ya escrito antes de conocer el cuento si quiera.
Era “la crónica de una muerte anunciada”.
Cada paso que daba hacia la dura batalla hacía resurgir todos mis miedos. Eran muy buenas armas en esta batalla, pero también eran un arma de doble filo. Pues, una vez lanzadas harían daño al enemigo. Pero mientras yo los llevaba, eran a mí a quien iban hiriendo.
Empezaría la batalla con heridas causadas por mis propias armas. Típico en mí. Empezar con heridas sangrando, imposibles de cicatrizar.
Ya estaba todo dicho, había llegado al campo de batalla de nuevo. Empezaba una guerra perdida antes, siquiera, de conocer que hubiese enemigo…
Ahora, con el tiempo pasado y el recuerdo, el dolor me ahoga para seguir narrando. Terminaré de contar la batalla una vez repuestas todas y cada una de las cosas que perdí en aquel campo de batalla.
Saludos desde el Inframundo.
Era el momento; como si de una confabulación de todos y cada uno de los Fantasmas, astros, Rocas, y mi Flor; se tratase, todo estaba preparado.
Debía coger el bravo y negro corcel de guerra y de nuevo salir hacia la batalla. Debía librar una dura lucha contra mí, contra mi voluntad, contra mi valor y, sobre todo, contra mi miedo, que en estos días es más grande que cualquiera de las duras rocas que aquí abundan.
Era casi una orden. No tenía otra opción, tenía que hacerlo o hacerlo. No había más alternativas, puesto que los Fantasmas me habían gritado hasta la saciedad la opción. Mi Voland, mi bello Voland, gritaba desde fuera, desde la Ventana. Y hasta las aguas calmas se habían revuelto en señal de acuerdo con el resto.
No tenía fuerzas, no quería luchar, sólo quería que dejasen que reposase en la Caverna del Olvido con Ella. Ella que nunca habla, Ella que nunca pedía ni reclamaba nada. Ella, sólo Ella, que era el Fantasma que nunca quiso serlo, Ella que era el dolor que yo no podía expresar…
Pero no pudo ser. Cuando creía haber encontrado la tranquilidad, para que saliera, la Luz se iluminó a un nivel extraordinario. Llegaba a reflejarse en los recovecos más recónditos del Caverna.
Y me pudo la curiosidad; asomé la cabeza para ver cual era el motivo de esa intensidad luminosa y fue entonces cuando ya no tuve escapatoria.
Todos mis Fantasmas me rodearon. Una masa de entes informes y sin volumen, que no me dejaba caminar hacia atrás. Sólo podía caminar hacia delante. Hacia donde Ellos ya habían preparado todas las armas para la guerra.
Habían colaborado todos. Incluido mi Ángel de Luz (con su Luz aumentada para ello) y eso me dolió.
Sabía a ciencia cierta que todos mis Fantasmas estaban confabulados. Pues ellos, todos, me quieren causar el dolor que ellos no podrán sentir nunca pero que tendrán que purgar aquí abajo. Pero, mi Flor??? También ella? Y mi querido Voland? Del Ángel de Luz ya lo esperaba todo, pues me había demostrado que siempre actuaba a mis espaldas para conseguir mi mal, pero de mi Ángel Caído?...
Después, más tarde, comprendería que mi Ángel Caído lo hacía por mi bien, pero en ese momento no lo entendí.
Cada uno tenía su motivo, pero era extraño verlos a todos reunidos para la misma causa. Que volviera a la batalla, que volviera a luchar por algo, pues no había vuelto a mover nada desde que la Luz agotó mis resistencias.
Monté, por tanto, en el corcel. No tenía alternativa.
Espoleé sus cuartos traseros y, como azotado por un rayo, salió veloz hacia una batalla perdida antes de iniciarse, hacia un fin ya escrito antes de conocer el cuento si quiera.
Era “la crónica de una muerte anunciada”.
Cada paso que daba hacia la dura batalla hacía resurgir todos mis miedos. Eran muy buenas armas en esta batalla, pero también eran un arma de doble filo. Pues, una vez lanzadas harían daño al enemigo. Pero mientras yo los llevaba, eran a mí a quien iban hiriendo.
Empezaría la batalla con heridas causadas por mis propias armas. Típico en mí. Empezar con heridas sangrando, imposibles de cicatrizar.
Ya estaba todo dicho, había llegado al campo de batalla de nuevo. Empezaba una guerra perdida antes, siquiera, de conocer que hubiese enemigo…
Ahora, con el tiempo pasado y el recuerdo, el dolor me ahoga para seguir narrando. Terminaré de contar la batalla una vez repuestas todas y cada una de las cosas que perdí en aquel campo de batalla.
Saludos desde el Inframundo.
Comentario:
yo nací para luchar, perder y a veces ganar. Hay que luchar, dar espadazos al aire y soltar el escudo para ir mas ligeros.
un saludo desde el bosque.
un lobo atacando
un saludo desde el bosque.
un lobo atacando
Comentario:
jajajajajajaja, ya estabas preparada para la respuesta, ehhhhhhh
Luego paso y lo leo!!!!
un beso
Luego paso y lo leo!!!!
un beso
Comentario:
Libreeeeee!!!!!! Por fin!!!! jajajajajaja Que ganas tenia!!!!
Pero para que veas, sabado tarde-noche, y en casa!!! hay que joerse, tirá como una colilla que me han dejado!!!!!
No es por nada ehhh, pero vuelvo a poder estar pendiente de las telarañas!!!! jajajajajaj
Un beso
Pero para que veas, sabado tarde-noche, y en casa!!! hay que joerse, tirá como una colilla que me han dejado!!!!!
No es por nada ehhh, pero vuelvo a poder estar pendiente de las telarañas!!!! jajajajajaj
Un beso
Comentario:
Pues no. No hay batallas perdidas desde un principio; pero hay que saber esperar y buscar el momento adecuado para dar el golpe definitivo. Así que tiempo al tiempo. Nunca dejes de luchar.
Un beso brujo!
Un beso brujo!
Comentario:
Sabes? Una vez descubrí que todas nuestras batallas están perdidas de antemano, más que nada porque no sabemos con lo que nos enfrentamos. Y así vamos todos dando botes por el mundo, unos con más suerte que otros, pero la mayoría escarmentando de las heridas que nos infligen y con las correspondientes cicatrices que lo demuestran... En fin, C'est la vie, y merece la pena vivirla equivocándonos de vez en cuando (y más de cuando que de vez)...
P.D. Por lo menos en tu Inframundo están tus fantasmas que te apoyan, eh?
Un besote dsd Pucela
P.D. Por lo menos en tu Inframundo están tus fantasmas que te apoyan, eh?
Un besote dsd Pucela
Comentario:
Hola:
No me he marchado del todo. Solamente me he cansado de hablar de mí mismo, de contar las cosas que me pasan.
Si pinchas en el último post, hay un enlace para ir otro blog, donde cuelgo pequeñas historias que escribo.
Besos
No me he marchado del todo. Solamente me he cansado de hablar de mí mismo, de contar las cosas que me pasan.
Si pinchas en el último post, hay un enlace para ir otro blog, donde cuelgo pequeñas historias que escribo.
Besos
Comentario:
Si es que, en las batallas nunca gana nadie!!!
un beso
un beso





