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Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
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No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
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Sindicación
 
Aquí empieza el fin. Aquí acaba el principio.
He dormido los sueños despierta, he dejado las lágrimas en la fría roca, mientras me tendía a esperar que pasasen las horas, los días, las semanas. Ese tiempo que dicen que hace que todo pase, pero no, sólo pasó tiempo.
Se me olvidó como se olvidan las cosas y eso no hace más que grabarme a fuego los recuerdos. Recuerdo cada uno de los pasos, los trotes y galopes de mi corcel y todo aquello que hice camino de esa batalla que libraría sin luchar. Esa batalla que mataría lo que quedaba de vivo en el corazón.

Como un animal sediento de sangre, mi caballo corría incansable hacia el lugar señalado, el momento en que la batalla se había de luchar estaba próximo y no quería que el rival llegase antes que nosotros.
Mi ejército me seguía a muy corta distancia. De nuevo los Miedos se habían armado con sus lanzas. El primero de los ataques, el que se hace siempre a pie, con esas armas de doble filo que me iban hiriendo a mí por la espalda, lacerando cada uno de los pequeños destellos de luz que me quedaban.
La caballería la componían las Ilusiones, esos guerreros que nunca dan nada por vencido y que siempre se lanzan al galope sobre todo aquello que quiera destruirlo. Las Ilusiones, con sus espadas en ristre, sedientas de conseguir una victoria ínfima en un enemigo espurio. Pero no sabían que su reflejo, de tan limpias que lucían, me iba cegando. No veía que me dirigía hacia una nueva muerte, una más para las que llevo encima. Aquí abajo se cuentan las muertes, no los años.
Por último, en la retaguardia, para recoger los trocitos de todo lo que quedase y llevar mi corazón en una cajita, iban las Alegrías, esas que nunca se agotan, que esperan la batalla final. Cargan sus ballestas con flechas de sonrisas, con lanzas de carcajadas, pero ya nada pueden clavar, van las últimas y es al último enemigo, al que ya no tiene esos sentimientos por el fragor de la batalla, al que le llegan. Ya su escudo está tan duro, que no llegan a atravesarlo.
Por eso sabía que mi retaguardia debería recoger los pedacitos de mí que quedasen.

En el momento oportuno, donde el campo de batalla estaba fijado, mi caballo paró. Sin necesidad de asir sus riendas, él se frenó, pues sabía que este era el lugar.
El viento húmedo y frío dejaba que las hojas de los árboles que una vez quisieron crecer felices allí, rodaran por el suelo como una triste venganza de lo que nunca fueron ni llegarán a ser. Pero no había nada más, no se veían huestes enemigas ni banderas ondeando al aire en señal de batalla.
El tiempo parecía haberse parado en ese desierto de piedras. Se oía ulular el viento, pero no se veía nada más.
De repente, a lo lejos, un jinete solitario se vislumbró. Era un emisario de mi adversario. Con su corcel blanco, casi volaba; emitía tanta luz como nunca habían visto esos parajes. Parecía que el caballo fuese etéreo, tan blancas eran sus crines.
Sin ningún bufido ni resoplido, el lindo équido, paró frente a mi negro corcel, que trató de pifiar y dejarme caer. No estaban sus ojos habituados a tanta luz y tan bella.
El emisario, con una sonrisa que no entendía y que a la vez me tenía sin habla, extendió una misiva que su Señor me enviaba. En esta batalla donde no sabía con quien iba luchar, por fin iba a conocer alguno de sus misterios.

“No vendré, no esperes por mí. No tengo nada que luchar contigo. Decidí apagar la Luz, no voy a dar más datos y ningún asalto. Sea yo plomo en el interior de tu pecho y acaben tus días en sangrienta batalla. Mañana en la batalla piensa en mí, desespera y muere.”

Era él, mi Ángel de Luz, el que me había hecho ir hasta allá, el que había engañado a todos y cada uno de mis (odiados) Fantasmas y me había hecho salir de mi rincón, de mi olvido obligado (porque de otra forma no sé olvidar).
Sólo él sabía como hacer daño de veras. Me sacó de mi lugar, para en mi ausencia, apagar la Luz sin que yo le supusiese un impedimento.
En el momento en que mis torpes manos rompieron el rojo lacre que sellaba la misiva, el armazón del corazón se resquebrajó un poco. No entendí este dolor, pero cuando leí el final de la nota, con la firma inequívoca de mi Ángel de Luz, la coraza cayó y las cenizas de lo quedaba dentro (que una vez fue corazón) se esparcieron por el aire con el aullido de dolor que dejé escapar. En mi grito, con mi aliento, todo el polvo que una vez fue corazón se extendió por el desierto con las hojas que una vez quisieron ser árboles.
Esto hizo que mis huestes creyeran que habíamos entrado en combate, salieron en estampida y se llevaron consigo lo que quedaba de mí. Todas mis huestes lucharon entre sí, pues no había rival y los Miedos mataron a las Ilusiones y las Alegrías quedaron en el suelo, recogiendo cada una de las cenizas para llevarlas de nuevo al Inframundo.
Una vez acabada la batalla que nunca empezó, mi corcel volvió veloz al Inframundo. Solos él y yo de nuevo, sin huestes y con las Alegrías transportando las cenizas de mi corazón, entramos de nuevo en un Inframundo lleno de risas de mis Fantasmas. Habían vuelto a conseguir destruirme, apagar la Luz que una vez me alegró y todo gracias a ese maldito intruso, ese Ángel de Luz que nunca debió de entrar.

Y lo peor de todo fue que mi derrota me dolía cada día en las manos. Yo no iba a luchar, sabía (o intuía) que la lucha sería con ese enemigo y sólo quería acariciarlo hasta borrar las huellas de mis dedos. Sólo quería abrazarlo hasta que mi esternón fuese parte del suyo. Sólo quería sonreírle hasta que mis músculos faciales saltaran de sus tendones.
Sólo quería cegarme con su Luz que nunca dejó que la viera con una emisión directa.

Sólo quería verle…
Y acabó con el principio. Empezó con el Fin.

Saludos desde el Inframundo.
 
Comentario:
Uno de mis hermanos, me felicitó el domingo pasado, tiene peor cabeza que yo y estaba seguro que se le olvidaría, casi todo el mundo me felicitó ayer, hoy lo haces tú, y algunos amogos/as más, lo celebré ayer, lo he celebrado hoy, mañana otra celebración, y el domingo tengo otra.

Una semana de cumpleaños!!!!!! como no voy a perdonar los retrasos???? Si a mi me encantan los cumpleaños, y si encima duran una semana... jajajajajajajajaja

Muchas gracias guapa!!

Un beso
 
Comentario:
Por que te empeñas en luchar una batalla contra un enemigo que no lo es, por que no luchas contra el verdero enemigo, ese que siempre te vence, ese que te ancla, que no te deja avanzar, ese que hace que repitas una y otra vez los mismos errores, que te hace saborear una y mil veces las mismas lágrimas, por qué no das un poco de paz a tu corazón. No es suficiente ya lo que te torturas, no son bastantes ya las cuitas cedidas sin presentar una batalla real. Porque tu enemigo, no es tu angel de luz, el no quiere nada contigo. Cuando vas a comprender que la luz que viste en él no es otra cosa que un reflejo de tu propia belleza, esa que no te atreves a mirar y no ves porque no crees que exista.
Querida mía, tu enemigo es tu propio miedo a la vida, a darte una migaja de alegría a ti misma, es regalar tu corazón sin dejar que lata para ti y no olvides, ese es su propósito, no que lata para nadie. Pues no podrá hacerlo bien ni será bien recibido hasta que no aprenda a hacerlo, para la persona que más se lo merece. Tú.

Todo mi cariño
 
Comentario:
Mis primeros saludos por estas tierras sombrías,aunque no mi primera visita,como ya te dije.Cada uno de tus post se manifiesta en mi cabeza como los fotogramas de una película y van dibujándome los parajes de tu reino.Un día,esta vez sí con tu permiso,intentaré sacarlo de mi imaginación y "diseñarlo".
Me preguntaba si tu Laguna del Olvido no tendrá cerca una escuela de arqueros,arqueros del Olvido,los he echado en falta tu conato de batalla,y pienso que estaría bien contar con un primer ataque de aproximación...
Un abrazo y gracias por tu "cuantiosa" visita.
 
Comentario:
Las alegrías son los pequeños detalles de la vida. La felicidad es relativa. No luchaste ya no por ti, sino por tu caballo (que seguro que fue el que se giró)... Voy a ver si hay caballos en oferta. La próxima batalla será tuya, pero eso sí, tienes que levantar la cabeza y prometer salir con una sonrisa. No te mereces esto, cariño.

Muak!

Un beso brujo!
 
Comentario:
Que le den!!!!! ya sabes, en voz alta y muchas veces!!!

Yo pensé que nunca dejaria de sentir el dolor, que no volveria a tener ilusión y sueños, pero todo pasa, y un día pasó, sólo hay que querer que pase y seguir adelante.

Nunca es lo mismo, nadie es igual, lo mismo no pasa dos veces, y menos si no es bueno

Un beso guapa
No