Y de repente, la Nada.
Así, sin avisar, sin q nadie ni nada le invitase a pasar, ella se alojó en el salón. Tomó asiento y mulló bien el cojín, para ponerse cómoda durante quien sabe cuanto tiempo.
La Nada había venido a quedarse, a caldear las noches frías de invierno y a refrescar los largos días de verano. La Nada había decidido ser su mejor amiga, su fiel compañero, su almohada en noches oscuras y su sonrisa en tardes de alegría. La Nada se iba a quedar para siempre.
Así q decidió habituarse a ella. Paseaba sobre un lecho de hojas imaginarias, pues ninguna cosa existía ya a su alrededor. Todo había sucumbido bajo la sombra de Ella, la gran Nada, q todo lo cubre, q nada deja fuera de sus manos.
Toda realidad circundante era una neblina borrosa, algo q antes existió, es cierto, pero q ahora no se podía tocar. Era como ver la antigua vida desde un espejo, desde un escaparate gigante en el q todos los demás parecían felices.
La Nada, sin embargo, sabía hacer bien su trabajo. Toda esa realidad ficticia era muy palpable; realmente parecía como si sí q estuviera en el mundo real, como si realmente todo lo q hiciera tuviera un valor.
Pero al llegar a su hogar después de un día viendo ciudades, calles, personas, tan nítidas como reales, la Nada saludaba desde su acomodada posición. Le sonreía y le hacía un hueco en el sillón: “ven, siéntate junto a mí, cuéntame q creíste hacer hoy y con quien soñaste q hablabas; hablábame de tu falso día a día.
Pobre de ti, no ves q yo gobierno tus días, no ves q yo decido q has de hacer? Sólo ten fe en mí, pues yo nunca te abandonaré, yo soy tu compañera implacable, tu último descanso, tu letargo infinito. Pues yo soy la Nada.”
Y así fue pasando sus días, viviendo en ningún sitio y hablando con cientos de nadies, haciendo vida de algo cuando en realidad su vida era de La Nada. Ya no sabía si venía o si debía ir, lo único q quería era un lugar donde dormir, miraba para adelante, miraba para atrás y siempre se encontraba fuera de lugar. Sólo era en sueños cuando La Nada no podía entrar, eran las cerraduras más fuertes, sus dos párpados custodiando sus sueños. Y vivía en sueños y moría en vela.
Y así es como se convirtió en fantasma, así moró por el reino de las sombras, hasta q la sombra absoluta, la Nada desapareció. Pero allí abajo, ya no importaba q la Nada se hubiera ido, pues allí abajo sólo era un fantasma más. Y ser inerte, sólo memoria, sólo recuerdo, sólo aire, sólo NADA.
Saludos desde el inframundo.
La Nada había venido a quedarse, a caldear las noches frías de invierno y a refrescar los largos días de verano. La Nada había decidido ser su mejor amiga, su fiel compañero, su almohada en noches oscuras y su sonrisa en tardes de alegría. La Nada se iba a quedar para siempre.
Así q decidió habituarse a ella. Paseaba sobre un lecho de hojas imaginarias, pues ninguna cosa existía ya a su alrededor. Todo había sucumbido bajo la sombra de Ella, la gran Nada, q todo lo cubre, q nada deja fuera de sus manos.
Toda realidad circundante era una neblina borrosa, algo q antes existió, es cierto, pero q ahora no se podía tocar. Era como ver la antigua vida desde un espejo, desde un escaparate gigante en el q todos los demás parecían felices.
La Nada, sin embargo, sabía hacer bien su trabajo. Toda esa realidad ficticia era muy palpable; realmente parecía como si sí q estuviera en el mundo real, como si realmente todo lo q hiciera tuviera un valor.
Pero al llegar a su hogar después de un día viendo ciudades, calles, personas, tan nítidas como reales, la Nada saludaba desde su acomodada posición. Le sonreía y le hacía un hueco en el sillón: “ven, siéntate junto a mí, cuéntame q creíste hacer hoy y con quien soñaste q hablabas; hablábame de tu falso día a día.
Pobre de ti, no ves q yo gobierno tus días, no ves q yo decido q has de hacer? Sólo ten fe en mí, pues yo nunca te abandonaré, yo soy tu compañera implacable, tu último descanso, tu letargo infinito. Pues yo soy la Nada.”
Y así fue pasando sus días, viviendo en ningún sitio y hablando con cientos de nadies, haciendo vida de algo cuando en realidad su vida era de La Nada. Ya no sabía si venía o si debía ir, lo único q quería era un lugar donde dormir, miraba para adelante, miraba para atrás y siempre se encontraba fuera de lugar. Sólo era en sueños cuando La Nada no podía entrar, eran las cerraduras más fuertes, sus dos párpados custodiando sus sueños. Y vivía en sueños y moría en vela.
Y así es como se convirtió en fantasma, así moró por el reino de las sombras, hasta q la sombra absoluta, la Nada desapareció. Pero allí abajo, ya no importaba q la Nada se hubiera ido, pues allí abajo sólo era un fantasma más. Y ser inerte, sólo memoria, sólo recuerdo, sólo aire, sólo NADA.
Saludos desde el inframundo.
Comentario:
Siempre dejandome sin palabras... q te pasa ??? kiero q salgas del inframundo :-(
besitos dulces desde mi nube
besitos dulces desde mi nube
Comentario:
Esa Nada....da miedo,no te dejes perder en ella...
Besitos.
Besitos.





