Todo tiene un límite…
La roca dura también se resquebraja, los fantasmas también callan en algún momento. Las voluntades más fuertes también se hunden.
Quizá hayan sido las gotas de dolor que se filtran de la lluvia, que caen aquí abajo y dejan sólo eso, llanto.
Quizá haya sido el gris que entra por la Ventana. O quizá sólo haya sido que era el mes apropiado para callar.
El hecho es que de repente, sin motivo aparente, una extraña sensación de silencio gobernó el Inframundo. Lleva días lloviendo, sin nadie que se queje de ello. Lleva días oscureciendo antes de lo acordado, sin que ninguno de Ellos haya decidido que yo tenga la culpa. Lleva días flotando la tristeza, la nostalgia, el dolor, por el ambiente, sin que yo tenga la culpa.
Algo había ocurrido, algo tenía que haber pasado y yo tenía que descubrirlo.
No era una de mis mejores funciones, el indagar. Mejor dejarse ver, sin más; mejor, sólo esperar que la noticia llegara sin más…
Pero cuando llegó, dolió tanto o más que a Ellos.
Al haber marchado yo unos meses del maldito Inframundo, entre ellos habían decidido que toda la ira y rencor tenían que descargarla en alguien. Y escogieron, como siempre, desde su cobardía ruin que los llevó aquí, al más débil. Al más bueno, pues de entre Ellos, alguno hay que no se queja, que es bueno. Esos son los que escasean, los que menos se dejan ver, pero su presencia ayuda a llevar los días.
Pero todo tiene un límite. Soportó cuanto pudo, soportó lo que un alma puede soportar en eso que llaman ente.
Y al final explotó. Bueno, realmente no fue una explosión. Simplemente decidió que era suficiente para él. Había soportado tantas quejas que no podía con más en tan volátil cuerpo. Gritó sus dolores, sus pesares y sus quejas. Pero ellos no creían que tuviera derecho a hacerlo.
Todos, sin faltar uno, supieron como hacer que cada día fuese peor para él. Incluso habiendo vuelto yo, sentía que sus gritos eran distintos. Todos tenían un tono de reproche que no era hacia mí, pero yo no supe escucharlo. Simplemente, dejé que gritaran como siempre, como habían venido haciendo siempre.
Y vencieron. Su pobre valía se resquebrajo como las hojas marrones que ahora estarán cayendo de vuestros árboles. Se rompió en mil pedazos su pequeña fuerza de voluntad y decidió que tenía que suplicar su libertad.
No estaba en mis manos, como es obvio. Por ello, no fue a mí a quien se la pidió. La pidió más alto; abrió la Ventana y gritó a Zeus o aquel dios que allá arriba lo escuchase. Gritó y suplicó su libertad por haber aguantado lo que no era para él.
Y, gracias a quien fuese, lo consiguió. Se marchó. Un día, sin saber porqué, la Ventana apareció abierta hasta sus topes. El aire húmedo entraba por ella y yo pensaba que era debido a las lluvias que arriba se escuchaban. Pero no, esa humedad era de las lágrimas que después yo tendría que verter por él.
Se había marchado porque lo merecía, porque era el momento de compensar tanto dolor como había aguantado.
Antes de marcharse me dejó una sonrisa escrita con sus mejores alegrías en un pequeño trozo de papel que encontró. Dejó las alegrías que pudo haber conseguido y dejó buenos deseos. Entonces la humedad llegó a mis ojos. De nuevo, volví a llorar.
Había partido quien lo merecía, pero quien era mi único consuelo.
Y ellos no sienten paz por su marcha. Sienten dolor porque, muy a su pesar, gracias a ellos, él consiguió salir y ellos han de quedarse. Qué gran dolor los queda ahora a ellos, que saben que no conseguirán nunca irse por su maldad, sus voces, su dolor lacerante…
Espero que allá, arriba, encuentres la paz que te mereces.
“Los malos a veces descansan, los imbéciles nunca.”
Saludos desde el Inframundo.
Quizá hayan sido las gotas de dolor que se filtran de la lluvia, que caen aquí abajo y dejan sólo eso, llanto.
Quizá haya sido el gris que entra por la Ventana. O quizá sólo haya sido que era el mes apropiado para callar.
El hecho es que de repente, sin motivo aparente, una extraña sensación de silencio gobernó el Inframundo. Lleva días lloviendo, sin nadie que se queje de ello. Lleva días oscureciendo antes de lo acordado, sin que ninguno de Ellos haya decidido que yo tenga la culpa. Lleva días flotando la tristeza, la nostalgia, el dolor, por el ambiente, sin que yo tenga la culpa.
Algo había ocurrido, algo tenía que haber pasado y yo tenía que descubrirlo.
No era una de mis mejores funciones, el indagar. Mejor dejarse ver, sin más; mejor, sólo esperar que la noticia llegara sin más…
Pero cuando llegó, dolió tanto o más que a Ellos.
Al haber marchado yo unos meses del maldito Inframundo, entre ellos habían decidido que toda la ira y rencor tenían que descargarla en alguien. Y escogieron, como siempre, desde su cobardía ruin que los llevó aquí, al más débil. Al más bueno, pues de entre Ellos, alguno hay que no se queja, que es bueno. Esos son los que escasean, los que menos se dejan ver, pero su presencia ayuda a llevar los días.
Pero todo tiene un límite. Soportó cuanto pudo, soportó lo que un alma puede soportar en eso que llaman ente.
Y al final explotó. Bueno, realmente no fue una explosión. Simplemente decidió que era suficiente para él. Había soportado tantas quejas que no podía con más en tan volátil cuerpo. Gritó sus dolores, sus pesares y sus quejas. Pero ellos no creían que tuviera derecho a hacerlo.
Todos, sin faltar uno, supieron como hacer que cada día fuese peor para él. Incluso habiendo vuelto yo, sentía que sus gritos eran distintos. Todos tenían un tono de reproche que no era hacia mí, pero yo no supe escucharlo. Simplemente, dejé que gritaran como siempre, como habían venido haciendo siempre.
Y vencieron. Su pobre valía se resquebrajo como las hojas marrones que ahora estarán cayendo de vuestros árboles. Se rompió en mil pedazos su pequeña fuerza de voluntad y decidió que tenía que suplicar su libertad.
No estaba en mis manos, como es obvio. Por ello, no fue a mí a quien se la pidió. La pidió más alto; abrió la Ventana y gritó a Zeus o aquel dios que allá arriba lo escuchase. Gritó y suplicó su libertad por haber aguantado lo que no era para él.
Y, gracias a quien fuese, lo consiguió. Se marchó. Un día, sin saber porqué, la Ventana apareció abierta hasta sus topes. El aire húmedo entraba por ella y yo pensaba que era debido a las lluvias que arriba se escuchaban. Pero no, esa humedad era de las lágrimas que después yo tendría que verter por él.
Se había marchado porque lo merecía, porque era el momento de compensar tanto dolor como había aguantado.
Antes de marcharse me dejó una sonrisa escrita con sus mejores alegrías en un pequeño trozo de papel que encontró. Dejó las alegrías que pudo haber conseguido y dejó buenos deseos. Entonces la humedad llegó a mis ojos. De nuevo, volví a llorar.
Había partido quien lo merecía, pero quien era mi único consuelo.
Y ellos no sienten paz por su marcha. Sienten dolor porque, muy a su pesar, gracias a ellos, él consiguió salir y ellos han de quedarse. Qué gran dolor los queda ahora a ellos, que saben que no conseguirán nunca irse por su maldad, sus voces, su dolor lacerante…
Espero que allá, arriba, encuentres la paz que te mereces.
“Los malos a veces descansan, los imbéciles nunca.”
Saludos desde el Inframundo.
Comentario:
Las partidas son siempre dolorosas. Que la tristeza, el miedo y las ausencias no te impidan seguir adelante. Todo está bien. Y estará aún mejor. También en el inframundo. De alguna extraña manera estoy segura.
Comentario:
entonces se fue?Lo siento mucho, aunke kiza no pueda con la presión del inframundo, quizá tu también debas hacer eso...salir de allí y respirar de nuevo...sentir que estás viva..y quizá de nuevo arriba, llegue el reencuentro.bsitos
Comentario:
Perdon por esl spam, no es mi culpa se trata de un explorador de internet llamado OPERA, lo voy a desinstalar de una vez.
Comentario:
Este post da para mucho.
Antes que nada decirte que lo del cambio en el blog es debido a que estoy liado con la plantilla o mejor con la configuración avanzada. Ya lo solucionaré.
Ahora tu post:
La energía generada por afectos internos puede salvar vidas si la persona la resignifica y logra darle la importancia que realmente tiene, si comprendiera que a veces la solución a los grandes dramas existenciales no está en cambios gruesos, negociaciones con otros.
Pase lo que pase afuera , hay cosas que nadie ni nada te quitarán, aunque todo el esqueleto se sacuda y muchos miedos e incertidumbres invadan tu tierra, tu eres tu, y tu esencia puede sanar del golpe, necesitas trabajar en ti, con la confianza de que hay cosas de ti que se merecen respirar, salir afuera, y vivir cosas que están allí , a tu lado, antes de que ya no las puedas disfrutar, y entendiendo que TODOS tenemos momentos en los que no podemos más y somos capaces de muchas cosas cuando llegamos a esos fondos y no temas a las caídas... se hicieron para que podamos levantarnos como muchas veces tu lo haces, límpiate el polvo y toma tu lanza, la batalla continúa, con momentos deliciosos y momentos amargos... estará en ti recordar que ambos momentos son parte de la misma lección de vida de la que siempre podrás rescatar lecciones ocultas, que te harán una persona más fuerte y más sabia...
Un fuerte abrazo
Antes que nada decirte que lo del cambio en el blog es debido a que estoy liado con la plantilla o mejor con la configuración avanzada. Ya lo solucionaré.
Ahora tu post:
La energía generada por afectos internos puede salvar vidas si la persona la resignifica y logra darle la importancia que realmente tiene, si comprendiera que a veces la solución a los grandes dramas existenciales no está en cambios gruesos, negociaciones con otros.
Pase lo que pase afuera , hay cosas que nadie ni nada te quitarán, aunque todo el esqueleto se sacuda y muchos miedos e incertidumbres invadan tu tierra, tu eres tu, y tu esencia puede sanar del golpe, necesitas trabajar en ti, con la confianza de que hay cosas de ti que se merecen respirar, salir afuera, y vivir cosas que están allí , a tu lado, antes de que ya no las puedas disfrutar, y entendiendo que TODOS tenemos momentos en los que no podemos más y somos capaces de muchas cosas cuando llegamos a esos fondos y no temas a las caídas... se hicieron para que podamos levantarnos como muchas veces tu lo haces, límpiate el polvo y toma tu lanza, la batalla continúa, con momentos deliciosos y momentos amargos... estará en ti recordar que ambos momentos son parte de la misma lección de vida de la que siempre podrás rescatar lecciones ocultas, que te harán una persona más fuerte y más sabia...
Un fuerte abrazo
Comentario:
Muy buena esa última frase. Cuando se quiere ha alguien hay que dejarlo marchar, dejale ir, pero dejarle ir, no es llorar por que se ha marchado. Sino sentir su alegria como propia y alegrarse que no esté, ya que es eso lo que quiere, no estar ahi
No estes triste, se feliz que lo mereces. Que mania le tengo al joio Inframundo!!!!!!!!!
Un beso guapa
No estes triste, se feliz que lo mereces. Que mania le tengo al joio Inframundo!!!!!!!!!
Un beso guapa





