Capítulo 7: Por la boca muere el pez
Vale, lo sé, estoy poco productivo últimamente desde el punto de vista bloguiano, qué le vamos a facer (en realidad desde otros puntos de vista también estoy poco productivo). También es verdad que llevo una racha de aúpa. Bueno, más bien de lo contrario de aúpa, porque me ha tenído más que aupado, un poco chafadillo, pero no he encontrado el antónimo en el diccionario, así que nada, la frase se queda como está.
De hecho, todavía estoy un poco chafadillo. La cuestión es que el centro de gravedad de mis males se encuentra en la garganta y la boca, básicamente. Todo empezó con una amigdalitis que se me infectó, y no se me curó, todo lo contrario, empeoró y mucho, y me dejó sin defensas y se me inflamaron las encías y el paladar, y me salieron llagas en la lengua, y no pude comer durante una semana, porque hasta los fideos parecían clavárseme como si llevaran pinchos, etcétera, etcétera, etcéeeetera.
Después de que toda la gente que me rodeaba me preguntara (oh, qué casualidad) dónde había metido la boca, al final les tuve que enseñar una foto quedando el asunto zanjado.
La cosa es que después de que el clamoxil hiciera su trabajo, la semana pasada fui víctima de los cambios de microclima a los que me obliga de vez en cuando mi trabajo, y pillé un resfriado (también de aúpa) que me ha vuelto a atacar a la garganta (además de los clásicos moquitos), dejándome una voz como la de Sara Montiel aproximadamente, la nariz roja y ataques constantes de tos que no me dejan dormir.
Pues eso que algún día los viruses acabarán conmigo, y ese día no está muy lejano.

Y por cierto, bienvenida de nuevo Barbie. Se te echaba de menos!
De hecho, todavía estoy un poco chafadillo. La cuestión es que el centro de gravedad de mis males se encuentra en la garganta y la boca, básicamente. Todo empezó con una amigdalitis que se me infectó, y no se me curó, todo lo contrario, empeoró y mucho, y me dejó sin defensas y se me inflamaron las encías y el paladar, y me salieron llagas en la lengua, y no pude comer durante una semana, porque hasta los fideos parecían clavárseme como si llevaran pinchos, etcétera, etcétera, etcéeeetera.
Después de que toda la gente que me rodeaba me preguntara (oh, qué casualidad) dónde había metido la boca, al final les tuve que enseñar una foto quedando el asunto zanjado.
La cosa es que después de que el clamoxil hiciera su trabajo, la semana pasada fui víctima de los cambios de microclima a los que me obliga de vez en cuando mi trabajo, y pillé un resfriado (también de aúpa) que me ha vuelto a atacar a la garganta (además de los clásicos moquitos), dejándome una voz como la de Sara Montiel aproximadamente, la nariz roja y ataques constantes de tos que no me dejan dormir.
Pues eso que algún día los viruses acabarán conmigo, y ese día no está muy lejano.

Y por cierto, bienvenida de nuevo Barbie. Se te echaba de menos!