Salón del Cómic

Inauguro el blog con el acto Friki de la temporada por excelencia. El Salón del Cómic.
Por segundo año consecutivo, Prizz, el señor R y yo misma nos desplazamos hasta Barcelona para invadir la casa del sufrido hermano de Prizz. Nada más llegar, el señor R sacó de su sitio todos los canales de televisión en busca de uno que emitiese los mundiales.
Hermano nos llevó a cenar a una pizzería donde todo estaba de vicio. Yo me atreví con el pollo cajún Y mientras discutíamos sobre la descendencia de los mismos (de los cajunes, se entiende, no de los pollos) que si eran los hijos de los franceses colonos, que si Lobezno era cajún, que si porqué se llamará pollo cajún, si éste fijo que es catalán de pura cepa y demás preguntas sin resolver, se nos hicieron las tantas y decidimos que si queríamos aprovechar el domingo y llegar pronto al salón era hora de retirarse.
Como no, lo de aprovechar el domingo y levantarnos pronto era una simple forma de hablar. El señor R llevaba bastante rato despierto, seguramente, preguntándose los resultados de los partidos y sin poder ver la tele, ya que Hermano dormitaba alegremente en el suelo del comedor “me siento culpable, te desintonizo todos los canales y te obligo a dormir en el suelo”
Total, tres duchas y un desayuno común después, agarramos el tren de cercanías (ya que Hermano vive en San Cugat y no nos apetecía coger el coche por el tema del aparcamiento)
Unas cuantas paradas de metro más allá, empezamos a seguir a la gente con aspecto extraño y sin más complicaciones, llegamos al salón. Este año el acceso estaba fácil, o al menos, nos costó poco encontrarlo.
El ambiente me encanta. Gente entrando y saliendo llena de bolsas, gente sentada por el suelo, cosplay varios...
Sincronizamos los relojes y al tema.
Perdimos el rastro del señor R al salir del primer stand.
No puedo decir todo lo que llegamos a comprar. Este año veníamos preparados con la cartera llena y aún así, hubo grandes escarnios a la tarjeta de crédito. Lo más destacable es que volvimos a encontrarnos con el chico que tiene las cajas de sobres de la edición básica de “El señor de los anillos” Compramos una entera por 30 leuros y le dije a Prizz que si nos sobraba algo podríamos coger otra más. Al volver la esquina decidimos que mejor nos la llevábamos ya, a ver si se terminan, oyes.
Como pesaban aquellas cajas, rediós.
Tres horas más tarde, cargados hasta los topes (al final me hice con el tomo de “From Hell”, ahora o nunca. Parece que siempre tengo cosas que me urgen más y de esta no pasa) decidimos que ya era hora de comer. Mientras buscaba entre la gente al señor R, al que habíamos encontrado y perdido en varias ocasiones, vi un grupo de gente que llevaba en brazos unos muñecos preciosos. Nunca había visto algo así. ¡¡¡Completamente articulados y guapísimos!!! ¿De donde los habrán sacado? Esto no lo han comprado en España, fijo. Prizz me decía que les podía preguntar, pero soy muy vergonzosa y me daba corte, así que me conformé con mirarlos fijamente con cara de empanada envidiosa.
La vuelta a san Cugat se nos hizo cuesta arriba. Literalmente. Como pesaban las bolsas. Que calor. Que sed. Como pesan las putas bolsas, joder. Que yo me deshidrato. Que yo me meo. Ah, pues ahora te tendrás que esperar. Tengo hambreeeee.
Al final, una escalada sin oxigeno desde la estación de trenes de cercanías hasta el piso de Hermano.
Contentos pero cansados y la sensación agridulce, de que tengo una nueva obsesión que no podré satisfacer. Los preciosos muñecos articulados. Me arrepiento de no haberle hecho caso al Prizz y preguntarles.
Al final nos han dado las seis comiendo y enseguida nos hemos venido, que mañana hay que trabajar y no es cuestión de llegar demasiado tarde a casa.
Por hoy ya vale. Paso de deshacer las bolsas y colocar todo lo que hemos comprado. Lo único que hemos hecho, abrir todos los sobres de “El señor de los anillos” Al final le han salido unas cuantas que no tenía, entre ellas tres nazgul.
El año que viene habrá que repetir :)
Sonando: Rammstein – Wollt ihr das bett in flameen sehen





