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The lost Boys
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"Ayer hice algunas cosas muy malas. Quiero decir muy malas. Ya sabes. Pero hoy hago algunas cosas buenas. No se. Ya sabes."
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Haciendo memoria: Oscura inocencia
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Mi hermana Rebeca y yo siempre hemos tenido la costumbre o manía de escondernos en cualquier sitio y asustarnos en el momento más inoportuno. Desde que éramos niñas hasta que yo me fui de casa. Tengo que reconocer que a ella se le daba mucho mejor que a mi. Si de mayor sufro del corazón, se lo deberé todo a ella. No sé como no nos han salido canas porque francamente, éramos unas auténticas hijas de la gran *piiiiip*
Para que os hagáis una idea, una noche me metí en mi habitación para acostarme. Duermo con la puerta cerrada. Me puse el pijama, me metí en la cama y apagué la luz. Cuando ya estaba casi dormida, Rebeca apareció de debajo de mi cama saltándome encima. Era mejor que yo porque tenía paciencia y era incansable. Podía acechar durante horas si era necesario. Unas veces me esperaba en el garaje, o detrás de la puerta del baño. O llamaba a la puerta y se agachaba para que no la viese al abrirla. Esto me lo suele hacer mucho otro de mis amigos y el otro día me tiró al suelo en medio de un grito que resonó por toda la escalera. Si escuchas con atención, aún puede escucharse el eco...
Mon Mère resultaba salpicada en muchas ocasiones recibiendo alguno que iba dedicado a mi o a Rebeca. Una vez me escondí en la despensa durante mucho rato y la primera que abrió la puerta fue ella... Aún me escuecen las orejas al recordarlo.
Siempre hemos tenido unos juegos un tanto peculiares y morbosos esta Rebeca y yo. Como cuando jugábamos a las autopsias con las barriguitas y las Nancys. (creo recordar que lo he mencionado alguna vez por aquí...)
Disfrutábamos de lo lindo con todo aquello que daba miedo o asustaba a la otra.
Yo pasaba horas en la puerta de casa, observando los hormigueros del pequeño jardín de la entrada. Me gustaba meter una hormiga negra en el hormiguero de las rojas y al revés. Las rojas eran mucho más agresivas y no tardaban en despedazarla. Me gustaba coleccionarlas. Las cogía vivas y las pegaba a una hoja de papel con una cola transparente y les daba nombres que escribía debajo. Me gustaba mirarlas hasta que dejaban de moverse.
También nos gustaban mucho las lagartijas. Las solíamos vestir con flores de tela de uno de esos juegos de “crea tus flores” aunque a veces se nos partían en el proceso. También nos gustaba mirar hasta que dejaban de moverse. Era raro que pudieran seguir haciéndolo con el torso seccionado, y aguantaban mucho más que las hormigas...
Cuando todo terminaba, las metíamos en una caja de cerillas y oficiábamos un funeral. Los motivos religiosos siempre me han llamado la atención. Yo misma bautizaba a mi hermana cada vez que nos bañaban juntas porque mi abuela se empeñaba en decir que iría a parar al limbo. Y cuando fuimos algo más mayores, yo tendría unos diez años, la llevé a una iglesia y tomamos la comunión las dos. Me intrigaba y asustaba que no fuésemos al cielo como los demás niños, por más que mi profesora dijese que los niños no tienen pecados. A principios de los ochenta, el 99% de los niños estudiaban religión, estaban bautizados y comulgaban cuando tocaba. En mi clase era la única que pasaba esas clases dibujando y mirando a los demás por el rabillo del ojo. Mi padre opinaba que uno debe elegir cuando es adulto y sabe lo que hace, y no cuando tiene nueve años, comprado por los regalos del acontecimiento. Si era duro ser un niño, mucho más ser un niño diferente. Ahora, con 31 pienso lo mismo que él, así que supongo que todos estamos estigmatizados desde pequeños, ya sea por unos o por otros.
Como dije hace poco, los sombreros de copa me han fascinado desde siempre. Y las arañas. Arañas con sombreros de copa. Eso era lo que dibujaba en clase siempre que había que dibujar algo. Los sombreros de copa llevaban una puerta que al abrirla, aparecía otra araña diminuuuta... Me encantaban esos recortables para vestir a muñecas de papel, pero yo me hacía los míos. No eran muñecas, eran arañas. Les hacía preciosos trajes de lolita y las colgaba de un hilo en cualquier parte. En casa de mis abuelos encontraban su hogar bajo la máquina de coser. Ellos siempre pretendían disuadirme pidiéndome que dibujase perritos o gatitos. O paisajes soleados.
También le arrancaba las alas a las moscas. Aunque dejé de jugar con ellas cuando al apretarles del bulbo que hace las veces de cuerpo, vi que salían larvas. Los bichos sin patas me dan mucho asco. Allí descubrí que los gusanos de la descomposición (otro tema que me atraía e inquietaba) provienen de las propias moscas que los depositan en la carne, y no de la carne en si.

Desde los ojos de un niño, las cosas cotidianas pueden ser grandes misterios que no parecen tener respuesta. Y cuando la tienen, quiere decir que hemos crecido. La idea nos asalta a veces abriéndose camino despacio, y otras empujando dolorosamente.

Sonando: U2 - So Cruel

 
Comentario:
Rebeca, ¿así que matarme, eh?, ¿así que me odiabas, eh?, ¿así que les pasa a todos los hermanos, eh?, ¿así que sigues acechando, eh? ¿eh? ¿eh?...
No he contado cierta historia sobre una linterna y un jua jua porque me ha dado reparo y todo jejeje

Pepsilo, estoy deseando que nos la cuentes. La historia del gurripato superviviente ;)
Y anda que vaya tela lo del canario amarillo... arf.

Girl... no tengo que mencionar cierta fobia a los animales sin patas, ¿verdad? ¡¡¿VERDAD?!! A Prizz le pasa lo mismo con los bichos. Pobre. Hay que admitir que lo tenéis peor, bichos hay a patadas...
 
Comentario:
pffff yo no puedo con los bichos desde que mi padre metió mi chupete en leche condensada y lo puso al lado de un hormiguero. desde entonces tengo un trauma bastante importante... no puedo tener ningún tipo de bicho cerca!! ni una hormiga (aunque no piquen), ni una mosca (aunque tampoco pique) ni nada de nada que se pueda considerar bicho.

culebras, serpientes, ratas... todo vale, menos los bichos!!!

pd.- bueno, ahora ando un poco más avanzada en mi "bichofobia" y si la hormiga está a una distancia prudente, a lo mejor no grito ni corro :S
 
Comentario:
En el patio de mi casa solían caer gurripatos (gorriones volantones, en mi casa siempre los hemos llamado así, qué pasha) y todos se acababan muriendo, yo estaba acostumbrada a coger los cuerpos inertes con mis manos para tirarlos al cubo de la basura (curioso, no usaba escoba y recogedor para ese menester, hubiera sido tratarlos como a una basura, con muy poco respeto, y al fin y al cabo acababan de albergar una vida). Dejé de hacerlo cuando una vez lo que cogí no fue el cuerpo de un gurripato, sino el de un canario amarillo. Lo primero que noté fué que me costó despegarlo del suelo porque el pobre se dejó los sesillos en el susodicho; pero lo peor fue al darle la vuelta, que tenía todo el cuerpo lleno de eso que dices que las moscas dejan de regalito. Gritar y soltarlo lejos fue todo uno. Los cadáveres que vinieron después los recogí con la escoba, por si acaso...

Un día escribiré sobre uno de aquellos gurripatos. Uno que sobrevivió.

Besos desde el cálido sur.
 
Comentario:
Puede ser que quisiera matarla... si quizas si, hubo un tiempo en que la odie, pero supongo que les pasa a todos los hermanos no?
ten cuidado porque sabes que sigo acechando.....
 
Comentario:
Tengo el absoluto convencimiento de que en el interior de cada niño, hay un pequeño homicida. Los niños son crueles por naturaleza. Quizá por ese afán de explorar, de ver lo que pasa si...
A veces, cuando me paseo por esos recuerdos, hay cosas que no puedo explicar como, en algún momento, salieron de mi. Como pude pensar, o decir, o hacer. Cosas que me son completamente ajenas. ¡¡Os aseguro que nunca he pasado a los gatitos!! ¡¡Palabrita de boy scout!! (<--No entiendo el porqué de este dicho. Un día de estos os hablaré de ellos. De los boy scout, digo)
 
Comentario:
Me lo leía todo muy alegremente hasta las larvas de la mosca... puaj... jejejejeje. La primera parte del blog parece la introducción en la confesión de un asesino múltiple. Puede que todos seamos pequeños asesinos en potencia, pero sólo unos pocos pasan de las hormigas a los gatitos (el paso previo a dedicarse en exclusiva a destripar personas)... ...
No