Márchate
- Gracias por acompañarme a casa
- ¿No me vas a invitar a una última copa, Sash?
- No
.....................................................................................
Porque no haces más que agrandar mi tristeza y llenar los huecos de esperanza vana, como el último aliento de un muerto.
Porque ya he tenido suficiente de rezar a dioses sordos de alma que miran hacia otro lado
Porque no quiero morir por tus besos, respirar por tu boca, soñar con tus ojos.
Porque no hay ángel que extienda sus alas para protegerme del daño que ya me has hecho sin saberlo
Porque no quiero encerrarte en palabras para sentirte mío ni verme derrotada por saber que es la única forma de tenerte
Porque no quiero despertar mañana fría, sintiéndome sola, deseando compartir el café contigo
Porque no pienso maldecir tu nombre golpeando la almohada, ni puedo derramar una lágrima más por nadie
Porque no quiero que lo sepas, porque no quiero morderme la lengua
Porque nunca hubo época para tenerte, tiempo para amarte ni año para bendecirte
Porque no quiero imaginar como serían los domingos a tu lado ni desear peleas estúpidas por ver quién se ducha primero
Porque no quiero luchar por merecerte, ni avergonzarme de quien soy, de cómo soy, de lo que veo
Porque no quiero decepcionarte ni que me decepciones
Porque sé que acabaría como siempre acaban estas cosas
Porque prefiero sentir nostalgia por lo que nunca ha ocurrido que desear que nunca hubiese pasado
Porquen no quiero ver tu cara en aquellos que me regalan besos porque les sobran
Porque no quiero recoger las migajas que dejan aquellas con quien eres sincero
Porque no quiero desear ser otra para bailar contigo por las calles vacías cuando todos duermen
Porque no quiero sentirme insegura cuando te tenga cerca
Porque no quiero más canciones prohibidas por recuerdos , ni películas que duelen ni regalos que esconder
Porque ya sabemos cómo acaba el cuento cuando es el príncipe quien besa a la rana
Y gira la cara si nos vemos de nuevo porque no quiero cruzarme con tu mirada
Y yo daré media vuelta si sales a mi encuentro porque no quiero ver cómo te callas
Nothing left to say
Podemos considerar que ya se ha acabado, ¿no? De una vez por todas.
Quién nos iba a decir que iba a ser yo quien daría ese paso. La que nunca da un paso en uno u otro sentido finalmente le ha echado un par de huevos a la situación. ¿Sorprendido? No me extraña, yo también lo estoy.
Pero uno de los dos tenía que hacerlo, la situación parecía una sitcom de nosotros mismos, una película insoportablemente ñoña en la que los dos amigos acaban juntos, se separan, siguen tan superamigos y al final se dan cuenta de que están hechos el uno para el otro...
Cariño, esto no es el cine y nos ha faltado la última parte.
El final feliz.
Casi hace cuatro años que me dejaste plantada en una rotonda, con dos libros debajo del brazo, tu regalo de cumpleaños (gracias, por cierto, creo que no te las di en su momento) y el estómago en un puño. No me dolió lo suficiente para llorar. No me afectó lo suficiente para desaparecer de tu vida. No pilló desprevenida lo suficiente como para sentirme culpable ni me heló el alma lo suficiente como para culparte de todo.
Así que rotos mis esquemas por primera vez, sorprendida por mi falta de sentimiento, decidí romper la regla y que por una vez, tras una relación (ya que fue rara desde el principio me cuesta aplicarle ese término), quedara un cariño.
Considerémoslo mi primer error. O mi primer paso en falso.
Fuiste tú el que desapareciste. Durante una breve temporada. Hasta que otra, esa sí, te rompió el corazón.
Y decidí sacarte de casa, llevarte a beber cerveza hasta perder el sentido y, al contrario de lo que realmente sucedió, marcarnos un tango por los viejos tiempos, de esos que al día siguiente nos hacen desayunar juntos.
Pero no. Tu alma destrozada por la pena no te dejaba ver más allá de tu jersey de cuello alto.
Y así llevamos casi cinco putos años. Hablando por teléfono contándonos la vida, haciendo estúpidas referencias al pasado y yo, yo tirando piedras más allá de la línea que no se debe cruzar y tú recogiendo algunas, dejando caer algunas otras pero nunca devolviéndolas a mi terreno.
Y ya me he cansado.
No puedo
Quizá tenga razón esa amiga mía que dice que me he enamorado de ti cuando no debía hacerlo. A destiempo. Tarde. Muy muy tarde.
No lo sé. Realmente no sé el sentimiento que me provocas.
Pero hasta que lo descubra...
...no tengo nada más que decir.
Quién nos iba a decir que iba a ser yo quien daría ese paso. La que nunca da un paso en uno u otro sentido finalmente le ha echado un par de huevos a la situación. ¿Sorprendido? No me extraña, yo también lo estoy.
Pero uno de los dos tenía que hacerlo, la situación parecía una sitcom de nosotros mismos, una película insoportablemente ñoña en la que los dos amigos acaban juntos, se separan, siguen tan superamigos y al final se dan cuenta de que están hechos el uno para el otro...
Cariño, esto no es el cine y nos ha faltado la última parte.
El final feliz.
Casi hace cuatro años que me dejaste plantada en una rotonda, con dos libros debajo del brazo, tu regalo de cumpleaños (gracias, por cierto, creo que no te las di en su momento) y el estómago en un puño. No me dolió lo suficiente para llorar. No me afectó lo suficiente para desaparecer de tu vida. No pilló desprevenida lo suficiente como para sentirme culpable ni me heló el alma lo suficiente como para culparte de todo.
Así que rotos mis esquemas por primera vez, sorprendida por mi falta de sentimiento, decidí romper la regla y que por una vez, tras una relación (ya que fue rara desde el principio me cuesta aplicarle ese término), quedara un cariño.
Considerémoslo mi primer error. O mi primer paso en falso.
Fuiste tú el que desapareciste. Durante una breve temporada. Hasta que otra, esa sí, te rompió el corazón.
Y decidí sacarte de casa, llevarte a beber cerveza hasta perder el sentido y, al contrario de lo que realmente sucedió, marcarnos un tango por los viejos tiempos, de esos que al día siguiente nos hacen desayunar juntos.
Pero no. Tu alma destrozada por la pena no te dejaba ver más allá de tu jersey de cuello alto.
Y así llevamos casi cinco putos años. Hablando por teléfono contándonos la vida, haciendo estúpidas referencias al pasado y yo, yo tirando piedras más allá de la línea que no se debe cruzar y tú recogiendo algunas, dejando caer algunas otras pero nunca devolviéndolas a mi terreno.
Y ya me he cansado.
No puedo
Quizá tenga razón esa amiga mía que dice que me he enamorado de ti cuando no debía hacerlo. A destiempo. Tarde. Muy muy tarde.
No lo sé. Realmente no sé el sentimiento que me provocas.
Pero hasta que lo descubra...
...no tengo nada más que decir.





